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06 noviembre 2014

La farsa de la reunificación alemana y la injusticia con Prusia

Artículo escrito en 2009, pero igual de actual que entonces

La mal llamada reunificación de 1990 tras la caída del Muro y del Telón de Acero (ordenada por Moscú) fue una farsa preparada con mucha antelación.
Por una parte, la potencia vencedora de la Unión Soviética quería librarse de los estados satélites del bloque del este, completamente arruinados por una gestión nefasta de la economía, sin sufrir por ello un verdadero perjuicio. Por tanto, era evidente que se iba a ayudar a los alemanes para lograr la ansiada reunificación al cargar a la República Federal de Alemania el estado en quiebra de la Alemania Central, sumido en un estado de posguerra, y encima recibiendo dinero por ello. Los alemanes ya lo harán, dirían entonces Gorbachov y camaradas, y también son lo suficientemente tontos como para verlo encima como una concesión generosa de la Madrecita Rusia. Foto: La traición firmada y sellada y los alemanes engañados como chinos: Hecho grrran negossio (Gorbachov) - Ei, gude, isch bin 'n eschte Bismack - en palatino-moguntino: Toma ya, estoy hecho todo un Bismarck (Kohl).

A todo ello precedió toda una farsa carnavalesca bien planificada. En primer lugar aparecieron los turistas veraniegos procedentes de la zona de ocupación oriental que sorprendentemente se apercibieron de que la frontera húngara resultaba ser más permeable de lo habitual (los alemanes del este no podían traspasarla en dirección oeste). Ahora bien, desde la represión violenta de sus ansias de libertad en 1956, los húngaros gozaban de cierta autonomía, sobre todo durante los últimos años de la dominación por la Unión Soviética, pero que cerrasen de repente ambos ojos en materia de tránsito transfronterizo hacia Austria sí que parecía un poco llamativo. Teatro de farsas en Berlín oriental: Schabowski abre la frontera demasiado pronto - "por un despiste" - posiblemente tras una pregunta en clave de uno de los periodistas presentes en la rueda de prensa con motivo de la nueva Ley de Viajes.

De esta manera, el oeste de Alemania se llenó cada vez más con habitantes de la zona de ocupación oriental, lo que puso al país bajo una presión creciente, porque los alemanes de la zona soviética incluso pretendían solicitar asilo para quedarse.
Al mismo tiempo, eiverbibsch (1), comenzó a protestar por allí y por allá un movimiento ciudadano de formación espontánea, sobre todo en Sajonia, una región que ya bajo la dictadura nacionalsocialista tendía a aclamar al régimen, y más tarde, tras el cambio del régimen (¿o fue más bien sólo un cambio de los símbolos y nombres políticos?), también aclamaba al régimen opresor comunista, que en realidad sólo fue la continuación del régimen nazi bajo una nueva denominación social, cuya abreviatura "DDR" se parece sorprendetemente a "Tercer Imperio Alemán", es decir "Drittes Deutsches Reich". Dicho movimiento ciudadano tenía la osadía de atribuirse como éxito suyo la decisión de Moscú sobre la devolución de la zona de ocupación soviética a la Alemania residual de la República Federal de Alemania, lo que este movimiento celebraría como la "revolución pacífica". Nuuu (2).
(1) eiverbibsch (sajón) = ¡toma ya!; (2) Nu (sajón) = exclamación tipo "bueenooo..."

Lo que es un hecho es que no se trataba de ninguna decisión del pueblo. A ello se añadía que las potencias vencedoras occidentales no tenían una visión tan abierta del asunto, sobre todo el Reino Unido y Francia, los dos países que más han odiado a Alemania en todos los tiempos, si no tomamos en consideración a Polonia, que supera a ambos. Por añadidura se sumó la traición por parte de los políticos alemanes de provincia, cuya visión política no llegaba mucho más lejos que a la otra orilla del río Rin en Bonn. Precisamente el Canciller Federal Kohl, originario del Palatinado, antigua provincia bávara integrada tras la guerra en el estado artificial de Renania-Palatinado, y que ya sólo por su origen como no-prusiano era un enemigo en potencia de Berlín y de Prusia (de hecho tardó ocho años en habilitar Berlín como sede del gobierno y nunca ocupó la nueva cancillería en el río Spree). Junto a su ministro Schäuble (ese de origen suebo que quiere abatir aviones de pasajeros si hay sospecha de terroristas a bordo, entre otras lindezas), que parece anclado de por vida a la poltrona ministerial y que estuvo encargado de traicionar los intereses alemanes en las negociaciones 2+4 sobre la simulación de reunificación, Kohl era un jefe de gobierno lo menos idóneo para poder hacer frente a la carga de la reunificación que de repente había caído sobre sus espaldas. Quería emular a Bismarck, pero apenas logró llegar más lejos de lo que hubiera llegado un gobernador provincial bávaro del Palatinado. Foto: Los trapicheos de Kohl con el partido del bloque (3) CDU del este, aquí con el trapichero mayor de la RDA y flauta del bloque (4) de Maizière.
(3) Partido del Bloque: En la "RDA" existía una simulación de pluralidad política. El bloque comunista del partido comunista SED (después PDS y hoy Die Linke) estaba formado principalmente por el SED, pero también por partidos con nombres de partidos occidentales como CDU, LDPD (= FDP), NDPD (= NPD) y DBP (Partido de los Campesinos). En el este se sabía ya bastante de farsas... (4) Los políticos de los partidos del bloque se llamaban popularmente "flautas del bloque", porque sólo tocaban la música de acuerdo con lo que ordenaba el SED.
Al margen de todo ello, en 1989 los políticos alemanes no sólo carecían del necesario coraje político, sino también de una conciencia de identidad respecto de la historia alemana y la anexión de los territorios del este de Prusia por parte de Polonia, Rusia y la actual Lituania, (entonces aún en la URSS) algo completamente contrario al derecho internacional, pero como dichos territorios habían sido de Prusia, no parecían tener mayor interés.

Así se explica que -en contra de todo sentido común- se incluyera a Polonia en las negociaciones sobre la "reunificación", como si se tratara de una parte negociadora en igualdad de derechos.
El tembleque de Polonia tenía sus motivos, y aún hoy está tiritando por ser consciente de que prácticamente la mitad de su territorio no es parte de Polonia, sino que pertenece a Prusia, mientras que no tiene el valor suficiente para recuperar sus propios territorios orientales pertenecientes hoy a Ucrania, entonces aún dentro de la URSS (claro que los de Prusia son mucho más apetecibles económica y paisajísticamente). Pero en fin, con los zopencos provincianos del oeste de Alemania lo tenían mucho más fácil. Foto: Kohl con Bush en la cumbre del G-7. Sorry, that's Moscow's decision.

El resultado de toda esta farsa carnavalesca alrededor de la presunta reunificación fue que no sólo se saltaron la Ley Fundamental (esa pseudo-constitución impuesta en 1949 por los británicos y modificada cada dos por tres según antoja a los políticos), ya que dicha ley establecía claramente las reglas para tal suceso (Asamblea Constituyente, Refundación de Alemania), sino se dejó también fuera de juego al Tratado de Potsdam, que era la causa de que Polonia sudara la gota gorda, porque si se hubieran llevado las negociaciones en el sentido de dicho tratado, no podrían haber evitado la devolución de Pomerania, Silesia, el este de Brandemburgo y Prusia Oriental (en las fronteras de 1918) - Prusia Occidental, el Territorio del Memel y Posen ya se habían perdido en dicho año. Para más inri, Kohl no fue ni capaz de corregir los abusos polacos respecto de la línea de los ríos Oder y Neisse (en 1945 se había establecido como límite el río Neisse oriental y no el occidental), pues aún reconociendo como un hecho inamovible la pérdida de la mayor parte de los territorios del este, la anexión del este de Brandemburgo y del oeste de Silesia, así como de la ciudad de Stettin (al oeste del río Oder) sí que son totalmente ilegales. Mapa: Prusia dentro de las fronteras alemanas de 1900.

Entonces tuvieron la gloriosa idea de dividir la zona de ocupación soviética primero en 5 nuevos estados federados (igual de artificiales como los occidentales, diseñados sobre el mapa por los británicos) para solicitar y aprobar después su adhesión a la República Federal de Alemania, truco con el que se esquivó con picaresca la Ley Fundamental (la cual modificaron luego eliminando todo vestigio de tales disposiciones). No en vano -y diría que con cierta malicia- se había elegido por Moscú el 9 de noviembre de 1989 como día para la apertura del muro, el mismo día que en 1918 se había convertido en el día de los traidores de la patria que firmaron el nefasto Tratado de Versailles. Foto: ¡Qué risas aquellas! Negociación en el Cáucaso en 1990. El Ministro de Asuntos Exteriores alemán Genscher alias IM Tulpe (su presunto alias como espía de los servicios secretos de Alemania oriental, vinculación nunca probada), Gorbachov y Kohl: ¿Quién traiciona a quién a favor de quién o, en general, quién traiciona a quién o el qué a favor de quién?

No suficiente con la traición de la patria, se presentó otra oportunidad para la traición de Prusia. No se anuló la disolución forzosa de Prusia como estado, ordenada en contra del derecho internacional por potencias extranjeras por hacer a Prusia -injustificadamente- responsable del régimen nazi, cuando todo el movimiento nacionalsocialista liderado por el austríaco Hitler, nacionalizado alemán de forma irregular, partía de Baviera y se servía de la estructura militar prusiana y una mentalidad prusiana de obediencia al poder para consolidar su régimen, con lo que se perdió otra oportunidad histórica para una jugada de gran estadista. En esta fecha, Alemania Occidental tenía una oportunidad única para reparar las injusticias históricas y ejercer presión sobre la Unión Soviética, que estuvo económica y políticamente en una situación de fuerte debilidad. El haber privado a todo un pueblo de su país y gran parte de sus tierras, que representaban cerca de dos tercios del territorio alemán de 1900, es algo que no se puede aceptar.

Por eso, 25 años después de la reunificación parcial en forma de una adhesión de un territorio parcial, es decir, de los estados centrales de Alemania, ha llegado el momento de reparar esta injusticia especialmente en el marco de la reforma del federalismo de Alemania y restablecer Prusia como estado. A la vista de que la República Federal de Alemania no tiene la voluntad de defender los intereses prusianos y las reclamaciones legítimas de los ciudadanos prusianos expulsados cruelmente de sus tierras, si no habían sido asesinados, sólo un estado prusiano -sea como estado federado de Alemania o como estado independiente- podría recuperar y defender la unidad estatal y nacional. Foto: Las negociaciones 2+4: ¿Polonia como potencia vencedora? En cualquier caso fue el país que más tajada ha sacado de la guerra, habiéndola instigado junto a Churchill ya durante los años veinte.
El vigésimo quinto aniversario de la caída del muro no es motivo para celebraciones, sino motivo para repensar la política panalemana de las últimas seis décadas y de someter la actuación de los representantes del pueblo -tan alejados del pueblo- a un juicio más severo. Alemania como nación unificada ha sido un fracaso desde que Bismarck dejó de ser canciller imperial.

23 febrero 2011

Trigésimo aniversario del intento de golpe de estado en España

S.M. el Rey dirigiéndose a la nación en la madrugada del 24-F
Hace hoy treinta años de los sucesos del 23 de febrero de 1981, cuando una parte de los altos mandos militares se sumaron a una operación que debía tener como resultado un golpe de estado, pero que fracasó porque no todos los militares se sumaron a dicha operación. Hasta el día de hoy no queda muy claro quiénes estaban detrás del golpe, ya que sólo se conocieron los que ejecutaron el mismo en Valencia, en Madrid y pocos sitios más.

Los golpistas dejaron al margen de sus acciones a la Casa Real y ocuparon sólo el Congreso y algunos puntos estratégicos. Donde quizás fue más efectivo el golpe fue en Valencia, donde el General Miláns del Bosch era el Capitán General de la Región Militar de Valencia. 

La madrugada del 23 al 24 de febrero, sobre las 3 horas, Su Majestad el Rey, tras evaluar la situación y aguardar acontecimientos, hizo un llamamiento por televisión para que los militares renunciaran a sus propósitos de instaurar una nueva dictadura militar, y quizás fue por ese llamamiento que no todos los altos mandos de los tres ejércitos se sumaran a la operación, lo que hizo que durante la mañana del 24 el golpe fracasó y los militares abandonaron el Congreso.

La actuación del Rey fue clave y a la vez fue un momento estelar, ya que como salvador de la democracia adquirió gran prestigio no sólo en España, sino en todo el mundo.

¿Cuáles fueron las razones para dicho golpe de estado? 

En realidad, la situación política en España en aquel momento fue comparativamente menos delicada que hoy en día, entre otras cuestiones porque la locura nacionalista aún no había llegado a los extremos que se puede observar hoy especialmente en Cataluña, y económicamente España estaba creciendo lenta pero constantemente.

Políticamente el país aún vivía en una situación inestable en cuanto que la transición estaba en plena marcha y la Constitución sólo llevaba algo más de dos años en vigor. En las Fuerzas Armadas aún quedaban muchísimos mandos de la época franquista, y es allí donde residía el mayor malestar con los cambios políticos.

Por añadidura, los políticos de entonces, al igual que los de hoy, se dedicaban a todo menos a aúnar fuerzas y trabajar juntos, de forma responsable, en la modernización de España. Los desvaríos nacionalistas crearon problemas adicionales y la banda terrorista ETA no hacía más que matar, en aquel año alrededor de 100 personas perdieron la vida por sus acciones violentas con coches bomba y tiros en la nuca.

Adolfo Suárez había sido el hombre clave de los inicios de la transición, pero fue poco decidido a la hora de llevar a cabo las reformas, quizás porque quería quedar bien con todas las fuerzas políticas, una actitud que más tarde hizo fracasar su segundo proyecto político, el Centro Democrático y Social (CDS). Por añadidura, la izquierda de socialistas y comunistas le hacía la vida imposible, por lo que decidió dimitir. Y ese fue el momento clave para los militares franquistas para intentar dar un golpe de estado, ya que el 23 de febrero debía haber sido investido su sucesor Leopoldo Calvo Sotelo. La interinidad del poder ejecutivo ofreció un momento de debilidad adecuado para las acciones militares de ese día.

La principal culpa del golpe quizás la tenga, por tanto, la izquierda española, y hasta me atrevería a aventurar que fue esa izquierda que deseaba un acontecimiento así para poder ganar las elecciones y hacer una limpieza en las Fuerzas Armadas para eliminar para siempre todos los militares que podrían tener ideas franquistas. Precisamente fue eso lo que pasó después, cuando Felipe González ganó las elecciones de octubre de 1982, en parte consiguiendo el paso a la reserva de muchos altos mandos a cambio de elevadas pensiones, mientras que otros, que fueron más prudentes cuando se fraguó el golpe de estado y esperaron acontecimientos sin desvelar su simpatía con los golpistas. Estos últimos fueron luego los más beneficiados con buenos destinos. Los socialistas compraron así a muchos militares sin un perfil político claro y se aseguraron el poder y la neutralidad de las Fuerzas Armadas.

Hoy en día sería impensable otra proeza como la de 1981, sobre todo porque no queda casi nada de un ejército con capacidad de controlar los puntos neurálgicos del estado y del gobierno, pero también porque el contexto político con la Unión Europea haría inviable una dictadura militar por el asilamiento que supondría para España.

Lo que sí quedó demostrado es el papel importantísimo de la Monarquía y de la figura del Rey para salvaguardar la estabilidad política en una situación extrema. Pero no sólo eso. En los últimos meses el Rey ha ejercido una función clave como la de resolver problemas como el estancamiento en la renovación del Tribunal Constitucional, así como otros embrollos causados por un gobierno de ineptos. Para algunos puede parecer poco, pero nos encontramos muchas veces en situaciones extremas en las que el Rey suele intervenir de una forma muy diplomática para solucionar lo que ni el gobierno ni la oposición parecen querer solucionar por puros intereses partidistas y estratégicos.

Treinta años después de aquel golpe de estado fracasado demasiados políticos no parecen haber aprendido la lección. Se creen muy seguros en el orden político actual, y así se olvidan siempre de nuevo de los intereses supremos de España y de sus ciudadanos que son, principalmente, la buena gestión del estado, la honradez, la transparencia, la cooperación entre la sfuerzas políticas, la unidad nacional por encima de bizarros interesas nacionalistas y el orden constitucional.

Que vivamos hoy en una situación de estabilidad institucional no significa que ésta no se pueda ver alterada de la noche a la mañana. Sin que sea comparable, la situación estancada en los países del norte de África ha llevado a una oleada de revueltas y protestas, con la caída de gobiernos y regímenes. Cada país o región puede ser muy diferente, pero los momentos límites pueden provocar reacciones populares que desarrollan una dinámica propia poco previsible.

Ojalá el día de hoy haga repensar a muchos políticos su actitud actual en cuestiones fundamentales para la ciudadanía. Quizás este año sea un año clave para que algo cambie a mejor sin revulsivos más graves que algún vuelco electoral. 

22 noviembre 2010

Trigésimo quinto aniversario de la Proclamación de Su Majestad el Rey de España Don Juan Carlos I

Hoy se cumplen treinta y cinco años de la Proclamación de Don Juan Carlos I como Rey de España, un aniversario que debería dar lugar a muchas celebraciones y a exposiciones sobre la evolución del Reino de España en estos siete lustros de historia.

Todos sabemos que el actual titular de la Corona de España llegó a ocupar el Trono por las complicadas maniobras del régimen franquista de asegurar una transición pacífica a un nuevo orden democrático, que el mismo General Franco consideró ineludible, aunque no cabía en su propia mentalidad política, y de enlazar el nuevo orden político en España con la legitimidad histórica de la Monarquía aún saltándose lo más importante en toda sucesión legítima al trono, ya que el titular verdadero de los derechos dinásticos y, por tanto, históricos fue Su Alteza Real Don Juan de Borbón, Conde de Barcelona, quien heredó la sucesión al trono de su augusto padre Don Alfonso XIII tras la renuncia primero del primogénito Don Alfonso y del segundo en la línea de sucesión, Don Jaime, por incapacidad para ejercer como príncipe heredero y eventual rey.

La situación en 1975 era lo bastante complicada como para replantear, tras la muerte del dictador, el aceso al trono previa renuncia por parte de Don Juan Carlos I a favor de su augusto padre. Los apoyos por parte del régimen franquista, que ostentaba el poder en España en aquel momento y que sólo aceptaba la sucesión en la jefatura del estado por haber sido una decisión del General Franco en 1969, eran muy precarios. Don Juan, por su parte, había reunido a su alrededor la oposición al franquismo en el exilio y defendía un restablecimiento de la democracia en contra de los criterios de Franco, lo que supuso para él ser excluido de la sucesión pudiendo sólo asegurar que su hijo Don Juan Carlos fuera formado en España para ser el sucesor definitivo de Franco, después de que el general jugara con la posibilidad de recurrir al Duque de Cádiz como alternativa a la línea de Don Juan.

Sea como fuere, en 1975 había que aceptar lo decidido por el que fuera jefe de estado y dictador durante cuarenta años con tal de salvar la Monarquía -restaurada ya nominalmente en 1947 bajo la regencia de Franco- y la transisicón pacífica, de modo que Don Juan Carlos I fue la solución de consenso de toda la clase política.

El resultado fue una época de cambios políticos ilusionante y bastante ordenada, dirigida por Adolfo Suárez, seguramente el hombre que en aquel momento supo hacer lo  más correcto o adecuado y asegurar la cooperación de todos los grupos políticos relevantes, aunque hoy en día se ve con más claridad que también cometió muchos errores. Pero a posteriori siempre es fácil criticar lo que en su día se consideraba un gran logro, y tampoco dependía todo de una sola persona, sino de muchos factores e intereses contrapuestos.

Quizás lo más criticable desde el punto de vista monárquico es que el Rey cediera en exceso prerrogativas que debería haber reservado, si no a la Corona, sí al menos a instituciones independientes para asegurar que los límites entre los poderes del estado no fueran transgredidas y que la Corona pudiese en todo momento velar por el máximo respeto a dicha separación de poderes. Porque hoy en día es un hecho que la separación de poderes no existe, precisamente porque la Constitución carece de mecanismos que la aseguran.

La Constitución en sí misma es resultado del consenso entre los más diversos grupos de interés y se elaboró con esta dificultad con la mejor de las intenciones. Pero querer complacer a todos conlleva los defectos intrínsecos de la misma. No vale con copiar modelos constitucionales de otros países, como la Ley Fundamental de la República Federal de Alemania y su sistema de estados federados convertido en España en él de comunidades autónomas, ambos técnicamente muy similares, pero de hecho muy defectuoso de partida por el concepto de la asimetría entre ellas, algo que no ocurre con los estados federados alemanes. La concesión excesiva a los intereses regionalistas en España llevó a lo que hoy destaca como principal fallo del sistema autonómico: un sistema  pseudofederal con demasiadas autonomías, descoordinación legislativa, exceso de competencias autonómicas que prevalecen sobre las del estado, coste desproporcionado de las administraciones autonómicas y despilfarro por una mentalidad irresponsable de la clase política española anclada en el siglo XIX y alejada del ciudadano que tiene que pagar los excesos de sus gobernantes.

Los treinta y cinco años de Monarquía Parlamentaria y Constitucional deberían ser la culminación de la democracia consolidada, una mentalidad democráctica, plural y respetuosa con todos, una sociedad cosmopolita, moderna y orgullosa de  las particularidades regionales sin caer en el extremismo nacionalista, es decir,  lo suficientemente racional y responsable para no permitir atropellos de la libertad individual por el fanatismo de políticos provincianos encerrados en un nacionalismo regionalista irreal, surrealista y peligroso para la convivencia pacífica de los ciudadanos españoles.

La democracia española y su régimen constitucional sufren hoy el mismo deterioro que la salud de Su Majestad el Rey, que en vísperas del trigésimo quinto aniversario de su proclamación no ha tenido reparos a la hora de recompensar la ineptitud de ministros que nada han hecho por el país concediéndoles altas distinciones de la Monarquía, debido a que cumple "órdenes" el presidente del gobierno y a que ni siquiera en esta materia reservó en su día alguna discrecionalidad a la Corona. Premiar la ineptitud de ministros con una gestión desastrosa es un acto poco enaltecedor del papel de la Corona en un país donde todo el poder parece estar en manos de un ejecutivo que no muestra ni el más mínimo respeto a la separación de poderes. El Rey no es responsable de actos que le impone el régimen constitucional, pero aún así es moralmente responsable por haber manifestado Su Real Aprecio a personas que nada han contribuido a la prosperidad del Reino de España.

Si los primeros lustros de la democracia que trajo Su Majestad el Rey a España fueron años de ilusión y de renovación, los últimos siete años han sido los de un deterioro sin precedentes de un régimen democrático, con una fuerza centrífuga cada vez más pronunciada, de una pérdida de garantías constitucionales, con opresión totalitaria de partes de la población en función de su lengua vehicular -que no es otra que la lengua oficial de todo el Reino de España- unida a todo tipo de vejaciones y limitaciones que su persecución supone, así como de un deterioro económico en todo el país y una política exterior nefasta como consecuencia -ante todo- de una gestión política irresponsable y la falta de voluntad de ver la realidad como es y no como algunos quieren que fuera, siendo, al parecer, más importante dedicarse a cuestiones ideológicas irrelevantes para poner a la sociedad patas arriba sin solucionar problemas reales como el desempleo y sin garantizar una convivencia pacífica en el respeto a una historia común que no cambiará por mucho que se intente manipular.

Este trigésimo quinto aniversario de la proclamación es, por ende, un motivo de preocupación más que un momento de alegría, ya que la aparente falta de preocupación de la Corona por el orden constitucional y político no favorece en absoluto la adhesión ciudadana a la forma de estado, porque especialmente en momentos de crisis lo que cuenta son los hechos, no los entramados legales que el ciudadano a pie no entiende.

Sea esta conmemoración a la vez una llamada a Su Majestad el Rey de preocuparse más por su pueblo para que su mensaje sea claro, decidido e independiente del ejecutivo a la hora de velar por el sentido de la responsabilidad de sus gobernantes.

¡Viva el Rey!
¡Viva la Monarquía!
¡Viva España!




11 noviembre 2010

Tercer Aniversario de Occidente a la Deriva

Nuevo logo de Occidente a la Deriva
El tiempo pasa deprisa. Hoy el blog Occidente a la Deriva cumple tres años. Desde hace tres años, a través de mi blog intento contribuir a contrarrestar la deriva de Occidente, cada vez más evidente.

En estos tres años, y como era de esperar, Occidente -y con él España- han sufrido y aún están sufriendo un deterioro económico, social y político que no hace sino acelerar la deriva hacia el desastre.

Hace 92 años, en 1918, Oswald Spengler comenzó a escribir su magna obra "La Decadencia de Occidente", que terminó en 1922. Justo después de la Primera Guerra Mundial tuvo la visión exacta de lo que iba a ocurrir a Occidente, ya que dicha guerra fue el principio del fin de la civilización occidental, una civilización marcadamente europea -y no olvidemos que Canadá y Estados Unidos de América tienen raíces profundamente europeas-, cristiana y desarrollada, a su vez fuertemente unida a un pasado cultural y políticamente glorioso como fue él de Grecia y Roma.

Especialmente a causa de la crisis económica, provocada básicamente por quienes ostentan el verdadero poder económico en el mundo y que suelen pertenecer al círculo tenebroso -oh, qué casualidad- del Consejo de Relaciones Exteriores (CFR) y del Club Bilderberg, pero también por la ineptitud de gobernantes con tan pocas luces como los que tenemos en España, se ha hecho aún más patente esta deriva de toda una sociedad europeo-norteamericana paralizada e impotente ante las fechorías de sus políticos.

Occidente a la Deriva ha ido evolucionando en estos tres años. Desde posturas inicialmente más conservadoras ha dado paso a un enfoque más independiente de posturas ideológicas concretas, dando paso a la rebelión ciudadana que tanta falta hace ante lo que sucede en España, Europa y Norteamérica.

Ello se debe, entre otras razones, a que su autor no se considera conservador, sino liberal en la más pura de las acepciones, independiente de posicionamientos ligados a una ideología política concreta, porque los valores tradicionales de una sociedad pueden perfectamente estar en sintonía con ideas relacionadas con el progreso social y la participación ciudadana.

Por añadidura, el sector conservador de España, representado básicamente por el Partido Popular, no es ningún ejemplo ni de democracia ni de coherencia ni de sentido común, como tampoco lo es en materia de honradez y buena gestión. Más o menos igual que el PSOE, cuyos logros más destacables son un paro nunca visto, un despilfarro nunca visto y la ineptitud total y absoluta de sus dirigentes.

Esta deriva que sufre Occidente -y que representan sus políticos en todas partes, pero especialmente en España- hace que la ciudadanía empieza a rebelarse - porque existen ciudadanos que piensan que esta situación no sólo necesita cambiar, sino que incluso se puede cambiar.

Por eso hace falta rebelarse y denunciar lo que funciona mal en este reino y en este continente. Por eso hace falta ofrecer o proponer alternativas y apoyar a todos que sean capaces o al menos tengan la voluntad y la disposición para poner en práctica otro estilo de gobernar, de gestionar y de hacer política.

Estoy seguro de que este blog, por su alcance limitado, no puede parar la deriva de Occidente. Pero lo que sí puede hacer es aportar un granito para que sus lectores reflexionen y se animen a poner otro granito a que las cosas cambien para mejor y que seamos cada vez más los que no sólo nos quejamos de lo que hay, sino que aunemos fuerzas para provocar un cambio, aunque sólo sea en nuestro ámbito más cercano. 

Gracias a todos que hayan seguido este blog desde sus inicios y a todos los que se han unido a él como lectores o comentaristas durante estos tres años. Espero que sigan todos interesados en sus contenidos y que éstos sirvan para sentirnos unidos en un objetivo común: Rebelarnos contra lo que no nos gusta.

Un abrazo muy fuerte,
Atreides

P.D.: Para modernizarse, este blog cambiará de aspecto. Como los cambios de diseño suponen mucho tiempo, irán apareciendo poco a poco.

27 noviembre 2009

Trigésimo cuarto aniversario de la Coronación

En el trigésimo cuarto aniversario de la consagración de la Corona, celebrada cinco días después de la Proclamción de Don Juan Carlos de Borbón como Rey de España tras el fallecimiento del dictador General Franco, parece oportuno hacer unas breves consideraciones sobre lo que significa hoy en día este rito religioso.

A lo largo de estos treinta y cuatro años, la religión católica ha sufrido un serio deterioro, igual que muchos de los valores tradicionales de la sociedad española.


Hasta ahora, todas las Monarquías europeas -a excepción de la albana- estaban estrechamente unidas a la fe cristiana, las del centro-sur y del sur de Europa a la Iglesia Católica, las del centro-norte y norte de Europa a la Iglesia Luterana o la Iglesia Anglicana, y las del este y sureste de Europa a la Iglesia Ortodoxa. Pero todas ellas tienen en común su pertenencia a la fe cristiana, y como en el caso de Gran Bretaña la Corona es igualmente cabeza de la iglesia.


Se trata de una tradición heredada de la temprana Edad Media, en realidad de los últimos tiempos del Imperio Romano ya cristianizado. Simbólicamente, aún hoy los Monarcas están sometidos -voluntariamente- a sus respectivas iglesias, lo que justifica las ceremonias de Coronación o Consagración de la Corona por el sumo sacerdote de cada país durante una misa especial celebrada a tal fin.


Aunque hoy en día nos pueda parecer anacrónico un acto solemne heredado de tiempos de la supremacía de la Iglesia Católica sobre el poder terrenal de los gobiernos absolutistas presididos por los Reyes, por medio del cual la Iglesia "legalizaba" el poder real y le infundía la gracia del espíritu santo (la Corona suele simbolizar esta unión entre el Rey y Dios al abrirse hacia el cielo para recibir al espíritu santo), conviene realzar los valores tradicionales de la Monarquía con profundas raíces cristianas. En nuestro caso, en España se sustituyó la Coronación por la Consagración de la Corona al quedar suprimido el acto de la Coronación física en tiempos de Carlos III, lo que hizo al Rey más terrenal y menos sometido a la Iglesia.

Sin embargo, la misma Monarquía parece creer cada vez menos en los valores que representa. Frecuentemente se nos recalca en los medios la "normalidad" de la vida de los integrantes de la Familia Real y su "igualdad" de su condición con el resto de los ciudadanos. Esa idea igualitaria en sí resulta cuanto menos irreal y absurda, pues no todos somos iguales ni podemos ser igualados. Se confunde la idea de la igualdad en derechos y oportunidades con el igualitarismo. No todos los trabajos pueden ser considerados iguales a efectos de productividad y salarios, y tampoco todos los ciudadanos pueden llegar a tener la misma situación social por su sola condición de ciudadanos. Somos iguales en derechos, pero no en privilegios ni en el estatus que podamos alcanzar en virtud del esfuerzo personal o de las circunstancias sociales, económicas o políticas.
Esa igualdad se da, en realidad, sólo en cuanto a la situación legal básica, pero incluso en lo que respecta a la aplicación de leyes, los altos cargos del estado están sometidos a muchas más disposiciones legales que el ciudadano corriente y gozan, por otra parte, de ciertas ventajas, incluso de inmunidad, aunque en este aspecto ya ha habido cambios en el pasado, pero aún así es necesaria la anulación de la inmunidad por el parlamento.

En este sentido, la máxima representación del estado, que en nuestro caso es la del Rey y la Familia Real, no es igual a todos los demás ciudadanos, ya que el Rey y su Real Familia son los primeros ciudadanos del país por su posición y su importancia.


Los Reyes representan, asimismo, el lazo con la historia del país en la que se funda su legitimidad dinástica (han sido pocas las Monarquías electivas y éstas han tenido una duración limitada). Sólo la trayectoria histórica de cada dinastía justifica el carácter hereditario de su acceso a la Corona y garantiza la adhesión del pueblo y su identificación con el Rey. La encarnación del estado en la figura del Rey y, por consiguiente, en la de la Familia Real es lo que hace visible y humano al estado representado en forma de símbolos, ceremonias y una serie de funciones que acompañan las actividades públicas de la Corona y que difícilmente puede alcanzar una república representativa como, por ejemplo, Alemania o Italia.

En este sentido, la Consagración de la Corona tras la Proclamación del Rey debe ser vista como un enaltecimiento de los altos valores de la Monarquía que siempre deberían seguir presentes en la vida política del país y que tan acertadamente recalcó Su Majestad el Rey en su discurso de la proclamación.


Discurso de la Proclamación de S.M. el Rey
Homilía de la coronación del Cardenal Tarancón

11 noviembre 2009

Segundo aniversario de Occidente a la Deriva

Occidente a la Deriva cumple hoy dos años de existencia.

Cuando empecé con este blog, era más que nada para no dejar caer en el vacío opiniones expresadas algunas veces sobre algunos temas. Pero al final, la cosa ha ido a más y se ha convertido casi en una adicción.

Siempre me ha gustado escribir. Y siempre me ha interesado la política. Así que este blog se ha convertido en mi medio de comunicación para opiniones sobre la política actual y algunos hechos históricos importantes, principalmente referidas a España, pero también a otros países de Europa y del mundo.

Pero escribir en un blog y llenarlo de entradas no es una actividad trivial. También implica ser responsable y escribir con estilo y algún conocimiento de causa. Al mismo tiempo, los blogueros somos casi algo así como un símbolo de la libertad de opinar, de la libertad de expresión, y esa libertad la ejercemos sin limitaciones. El límite sólo puede definirse allí donde empieza la libertad de los demás a disfrutar de las mismas libertades. Es un principio liberal. Y yo me considero fundamentalmente liberal en el sentido puro de la idea.

Siempre ha habido y hay intentos de limitar esa libertad de expresión. A muchos políticos y gobernantes les molesta que exista gente que exprese libremente sus pensamientos y sus opiniones, muchas veces tan perjudiciales para aquellos que actúan sólo en su propio beneficio y en contra del interés general que encuentra su marco en la Constitución y el ordenamiento jurídico.

En estos dos años -como en años anteriores- no han faltado los intentos de limitar las libertades que ofrece hoy en día la red mundial de interconexión electrónica entre todos que tengan acceso a la red vía ordenador y quieran comunicarse. Pero a pesar de los intentos y de los usos indebidos -la libertad siempre implica la aparición de personas que violan las reglas más básicas de la convivencia- la libertad que se respira al poder comunicarse libremente con todo el mundo supone un gran avance social.

Los dos años de experiencia con mi blog han supuesto también un progreso para mi actividad de bloguero. Descubrir las mil maneras de impulsar la difusión de los contenidos y saber que existen ya muchos lectores habituales del blog es también una satisfacción. Con el tiempo, uno va perfeccionando su estilo, el diseño y los contenidos y puede observar que el blog alcanza mejores posiciones en algún que otro ranking de blogs como wikio, pasando en los últimos tres meses del 96 al 54 en política y subiendo unos 500 puestos en el general.

Al fin y al cabo, se escribe en un blog por amor al arte. Es un entretenimiento más satisfactorio que sentarse delante de un televisor, pasivamente, y a la vez contribuye a una mayor agilidad mental y el sentimiento de estar activo en un campo que permite relacionarse con otros blogueros, con los lectores o con participantes en debates, que a veces se desatan en algunos blogs discutiendo sobre temas de actualidad.

Escribir exige, además, mucha dedicación. Al principio uno no es consciente de la cantidad de tiempo que se tiene que invertir en la búsqueda de material para documentarse, para diseñar e ilustrar los artículos y para difundir los contenidos, actividades todas ellas que aportan un valor añadido, pues se aprende buscar, ser más eficiente a la hora de maquetar y crear un producto final atractivo e interesante.

La búsqueda también depende mucho de las motivaciones. A veces uno da con cosas curiosas o con blogs que se salen de lo habitual, con contenidos que animan a entrar en otras temáticas e interesarse por otros grupos de blogs. Porque Internet es un universo con muchos rincones recónditos.

Muchos blogueros principiantes se desaniman a los pocos meses, precisamente por el tiempo que pasan delante del ordenador y por no ver resultados inmediatos o no sentir satisfacción por lo creado. Sólo que una vez superadas esas enfermedades infantiles, el mundo de los blogs engancha y parece cada vez más interesante. Claro que a algunos no les emociona y dejan de dedicarse a ello. Es normal. No a todos nos gustan las mismas cosas.

Confío en no perder las ganas y seguir progresando con el blog. Temas no faltarán, tal como van el país y el mundo en general. Y espero que siga aumentando el círculo de asiduos lectores.

Occidente está a la deriva. Este blog pretende aportar su granito a que esto no siga siendo así. Esta ha sido y sigue siendo la intención del título que implica comentar la actualidad sin ser políticamente correcto y defender posiciones netamente occidentales. La corrección política es de cobardes, de lo temerosos de llamar las cosas por su nombre y descubrir las verdades.

En este sentido, Occidente a la Deriva expresa el coraje y la valentía para defender un mundo occidental que se hunde cada vez más como alguna vez se hundió el orden de la sociedad romana tras la invasión por los bárbaros y la emancipación de los sectores de la sociedad que vivían oprimidos y explotados, una situación expresada muy bien en la película Ágora. No sé si podremos conseguir parar el derrumbe, pero vale la pena intentarlo.

Temas relacionados:
La blogosfera - un medio de comunicación en constante evolución
Primer aniversario de Occidente a la Deriva


Wikio

10 noviembre 2009

Gran celebración de la caída del muro de Berlín

La noche pasada ha tenido lugar en Berlín la gran celebración oficial del vigésimo aniversario de la caída del muro. Desde hace días, todas las cadenas de televisión y radio alemanas y extranjeras han emitido reportajes amplios sobre aquel día histórico, también en España, donde la cadena más objetiva ha sido Intereconomía TV.

A pesar de la fuerte lluvia que caía durante todos los actos finales en la berlinesa Plaza de París, frente a la Puerta de Brandemburgo, el público aguantó los discursos, el concierto y el toque final de la caída de una hilera de 1 kilómetro de largo de piedras de dominó colocadas delante y por la zona de la Puerta de Brandemburgo, siguiendo el antiguo trazado del muro, decoradas con dibujos y pinturas de artistas de todo el mundo.


Paralelamente ha tenido lugar en la parisina Plaza de la Concordia otra celebración en homenaje a Berlín, tal vez un poco para compensar las reticencias de Francia hace veinte años respecto de una Alemania reunificada. Todo un detalle de los franceses, porque, además, se han esmerado en presentar un acto bastante original y colorido. Foto: La celebración en la Place de la Concorde de París: Color y música de Rostropovich desde cubiletes que imitaban las piezas del muro.

Si estas fiestas han servido para algo ha sido para acercar a la población, especialmente los jóvenes nacidos después de la caída del muro, a la historia reciente de Alemania y de Europa. También han vuelto a hablar de los países europeos liberados posteriormente del yugo comunista de la URSS y hoy casi todos miembros de la Unión Europea. Sin duda es motivo para celebrar esta fecha, aunque haya muchos aspectos bastante discutibles. En los discursos se notaba cierta mitificación de la intervención de algunas personalidades del momento que, en realidad, no jugaron ningún papel relevante en todo ello. Foto: Ángeles de la paz en algunos edificios berlineses, ayer por la mañana.

También llamó la atención la ausencia de Obama en tan importante celebración, a la que sólo acudió Hillary Clinton, la ministra de asuntos exteriores de EE.UU., y tampoco parece haber ido ninguno de los miembros del gobierno español, aunque esto no es de extrañar, pues las declaraciones de Zapatero en Polonia sobre el acontecimiento demuestran, una vez más, que no tiene ni idea de historia ni sabe calibrar cada cosa de acuerdo con su contexto, pues nada tiene en común el muro de la vergüenza con el régimen franquista ni la situación que vivían en la Alemania del Este. No me cabe duda de que, con lo poco que debe haber viajado Zapatero, en su juventud no saliera de España ni para ir a la playa y mucho menos para visitar a un régimen que en su fantasía infantil tiende a glorificar. En España se vivía con libertad física, aunque no política, durante al menos los últimos veinte años de la dictadura y no se pegaban tiros en la frontera para impedir que la gente saliera del país. Y durante la última década hasta hubo un crecimiento importante de la economía, pudiendo acceder a tiendas llenas de mercancías, cosa que en el este de Alemania era impensable. Foto: Lech Walesa antes de tumbar la primera de las piedras de dominó sobre la línea del muro.

También podría ser que el gobierno español ni fuera invitado, pues Zapatero ha sido un experto en meter la pata hasta el fondo en más de una ocasión, y la canciller alemana no perdona ni una. ¿Y para qué invitar a un gafe que, además, es un fracasado en su país y que se codea con dictadores con aspiraciones bélicas? Desde luego se ve en qué lugar ha quedado España con el gobierno Zapatero.


Desde luego hay que reconocer a los alemanes el mérito de saber organizar estos actos a la perfección. En diseño y planificación los actos de Berlín han sido magníficos, y tampoco se han visto deslucidos en demasía por la lluvia. Lo que molesta un poco es que los poderosos del mundo siempre están lejos del pueblo, y seguramente se veía todo mucho mejor en la televisión que en el mismo lugar de las celebraciones. Foto: Gorbachov tras descubrirse un busto en su honor.

La reunión de tantos gobernantes con motivo de este acontecimiento ha sido, sin duda, una ocasión para ponerse de acuerdo sobre medidas inmediatas. No sería de extrañar que de esta cumbre camuflada de fiesta salgan acontecimientos inmediatos. Hay temas candentes como la llamada a la guerra de Chávez contra Colombia o cuestiones de cómo evitar que ZP presida la UE el año que viene.

La que más motivos ha tenido para celebrar este día ha sido, sin duda, la canciller federal Ángela Merkel, pues sin la caída del muro nunca habría llegado a ser lo que es y a tener el poder que tiene, por mucho que estuviera trepando por las estructuras del partido comunista. Hace veinte años nadie pensaría que una alemana del este llegaría a dirigir los destinos de una Alemania libre ampliada por lo que había sido la zona de ocupación soviética. Foto: Ángela Merkel y Joachim Gauck (izq., primer director del archivo de los expedientes de la Stasi tras la caída del muro) cruzando el Puente de la Calle de Bornholm, antiguo paso fronterizo para ciudadanos federales, en la mañana de ayer.

En estos veinte años se ha trabajado mucho para reunificar también físicamente a una ciudad partida en dos durante veintiocho años. A la vista están los resultados si se compara el Berlín de hoy con él de 1989. Muchas actuaciones arquitectónicas pueden ser discutibles, pero lo que sí se ha conseguido es rellenar el vacío y revitalizar el centro de una ciudad que entre muro y casas en ruinas estaba clínicamente muerto. Aún algunos no quieren verlo y añoran lo que había antes sin darse cuenta de que serían ya incapaces de soportar aquello. Queda por derribar los muros en algunas cabezas. Para ello quizás hagan falta veinte años más. Y teniendo en cuenta esto, queda una reflexión: ¿Cuánto tiempo tardarán los cubanos en recuperarse del desastre de la revolución?

09 noviembre 2009

Vigésimo aniversario de la caída del muro de Berlín - Aciertos y despropósitos

Después de tanto pesimismo que me causa el tema de la "reunificación" alemana, no quiero dejar de lado lo positivo de la caída del muro - o tal vez habría que decir derribo del muro de Berlín.

Hace veinte años el acontecimiento me cogió de sorpresa en Madrid. Hacía ya diez años que había dejado Alemania por considerarla un país acabado en muchos sentidos y por no coincidir con la mentalidad de lo que era el pueblo alemán en los años setenta, y eso siendo occidental, nacido en el oeste y criado en el oeste.

En aquellos años, aún no era tan fácil -por costoso- viajar espontáneamente en avión, y así tuve que contemplar el acontecimiento desde la televisión española, en la que se veía más a la presentadora que lo que ocurría realmente en la calle. A la mujer le gustaba salir en la cámara. Rosa María creo que se llama. Por suerte se jubiló. Foto: El día en que levantaron el muro, 13-08-1961.

Me dio pena no poder estar allí, subido al muro para desafiar a los polícias populares del este, incapaces de comprender lo que sucedía. Habría estado encantado de ondear una bandera prusiana allí arriba y saludar que cayera el muro de la vergüenza.

La zona soviética había sido una cárcel desde que el 13 de agosto de 1961 se levantara el muro. Los aliados occidentales lo sabían, pero los alemanes lógicamente no lo sabían. El levantamiento del muro fue un intento desesperado del régimen comunista para no quedarse sin mano de obra. Pero sólo prolongó la agonía de un estado que nunca llegó a desarrollarse más. Siempre se quedó en un estado de posguerra, con una sustancia cada vez más endeble. Foto: Restos del muro y torre de vigilancia en el Museo de los Aliados en Berlín-Reinickendorf (Oeste). Allí está la caseta original del Checkpoint Charly. Lo que han colocado en la calle es una imitación, y sólo por las protestas de haber eliminado la caseta original.

La apertura del muro no se produjo por casualidad. Ya en 1987 estaba claro que la zona soviética estaba a punto de liquidación por cierre de negocio. Esta situación de palpaba en las calles, en los comercios, en todo. En aquel año falleció mi abuela, que vivía en Berlín Oriental, y sé de qué estoy hablando. El abuelo se despidió justo un año antes. ¡Qué pena que ellos no pudieran vivir cinco años más y vivir aquello! ¡Qué pena más grande! Me asalta la emoción de pensarlo. Ella y el abuelo vivieron los restos de la Monarquía, la primera república, dos guerras mundiales y muchas penurias. Y dos dictaduras. ¡Qué castigo haber tenido que aguantarse por no haberse ido de allí a tiempo!

Hoy, su barrio es un barrio de lujo, animado, lleno de tiendas, bares, restaurantes. Las casas restauradas hasta con el estuco original. En 1987 sólo quedaba una tienda de alimentación casi sin alimentos, algún bar cutre con banderas comunistas y flores secas y poco más. Carros de carbón en las calles. Foto: En los sesenta, mucha gente sólo podía ver a los familiares así. Bueno, las casas junto al muro fueron derribadas al poco tiempo.

Andar por las calles de Berlín Oriental era deprimente. Para visitar a un familiar había que pasar por colas interminables en la Estación Friedrichstrasse, si llegaba uno en el S-Bahn, el metro de superficie, y pasar por tres o cuatro controles por el "Palacio de las Lágrimas", reducto histórico que Wowi también quería eliminar. Y no podías volver al oeste más tarde de las 0:00 horas del mismo día en el que habías entrado, pagando 5 Marcos occidentales por el visado y 25 Marcos occidentales de cambio obligatorio (1 DM = 1 Marco oriental). Si ibas en coche español, además te cobraban 10 Marcos occidentales de tasa de utilización de vías públicas. Ni en un parque de atracciones pagabas tanto. Pero aquello era un parque del atraco.
Tanto más me alegré de que cayera aquel régimen. Un régimen inhumano que hizo infeliz a tantos miles, cientos de miles y millones de alemanes durante cuatro décadas. Foto: El antiguo grandes almacenes de Jonas, cerca de la Plaza de Alejandro, servía durante la dictadura comunista como sede del Comité Central. Actualmente en restauración, es un monumento histórico artístico.

Recuerdo el día que fuimos a ver un terreno en el este, que era de mi abuelo, y que se lo había quedado un funcionario comunista. Ya entonces este gran hijo de puta tenía coches occidentales, equipo de música de Sony y no sé cuántas comodidades más del "oeste capitalista", del "enemigo de la clase obrera". ¡Hijo de puta! Le dije: Adiós, hasta la reunificación. Yo ni corto ni perezoso. ¡Cómo odiaba a esa gentuza! Y él me respondió: ¡No la habrá nunca jamás! Y yo: ¡La reunificación vendrá antes de lo que uno piensa! ¡Toma!, pensé. Y mi olfato no me engañó: dos años y medio más tarde llegó la reunificación.

Eso sí: El hijo de puta hoy tiene dos Mercedes de lujo delante de la puerta, y nos costó quince años recuperar aquello que había ocupado. ¿Curioso, no? Los opresores viven tan holgadamente desaparecido el régimen que los alimentaba.

Pero aquello no podía durar más. Por eso me alegro que cayera el muro de contención. Aunque, en realidad, vivíamos mejor sin ellos. Lo que choca es que los alemanes del este sean tan desagradecidos. Sólo se quejan y alaban lo bien que vivían antes. Pero ¿¡No han visto cómo vivían antes!? Aquello era denigrante. Y más de un alemán occidental dice que mejor que vuelvan a levantar el muro desde el oeste y que se pudran. Foto: Alemania dividida en 4 zonas de ocupación. Legalmente era la situación hasta 1990.

Es como cuando dicen ahora los tarados de IU que no celebran la caída del muro porque aquello parece que era mejor de lo que tienen hoy. Y me digo: ¿Por qué estos hijos de puta comunistas no se van a Cuba a vivir en el paraíso? Ah, ya. Ya decía yo. Allí como mucho reparten hostias, cuando aquí reparten otras cosas.
La unión exprés con el este fue un error, pero era inevitable. No se podía mantener por más tiempo un estado que no era sino un invento creado sobre la marcha para justificar la zona de ocupación soviética más allá de 1949. Y también fue un experimento para ver si cala el mensaje totalitario. No es que no calara, ahora un 30% de la población tiene graves desarreglos psíquico-mentales añorando aquello. También la izquierda alemana de socialistas y verdes estaban por reconocer al estado del este. Querían mantener el paraíso comunista sin tener que vivir en él. Foto: Los del este invadiendo Berlín Occidental en los días posteriores al 9 de noviembre. Como los gremlins cuando se caen al agua. Muchos de ellos iban a pillar, aunque fuesen ceniceros en los servicios públicos.


La unión se hizo, pero se hizo mal. Aún así la veía necesaria y oportuna. Lo que no veo oportuno es cómo de hizo: Diferenciando entre este y oeste más allá de lo tolerable. Prometiendo lo que no se podía cumplir, aparentemente con un total desconocimiento de la situación real de aquello. Para cualquier perito tenía que ser fácil calcular el coste de recuperación de cada calle. E incluso sin hacer cálculos, con sólo ver lo que había quedaba claro que no sólo el coste era inmenso, sino también el tiempo iba a ser largo. Y así hablaron de paisajes florecientes, y éstos del este, pensando que lo que no se hizo en 40 años, ahora se iba a hacer en dos días. Foto: La línea en la calzada que indica el paso del muro delante de la Puerta de Brandemburgo. Al menos las protestas por eliminar los vestigios del muro de la vergüenza han conseguido que en algunos puntos se vuelvan a colocar restos de muro y paneles explicativos.
Pienso que lo que tenían que haber hecho -dado que el coste iba a ser elevado en cualquier caso- era igualar inmediatamente a todos: en sueldos, en gastos, en derechos y en obligaciones. Nada de privilegios. Funcionarios comunistas a la calle todos. Y empezar en condiciones de igualdad entre este y oeste. Se habrían evitado todo el vocerío prepotente de los del este cebados durante veinte años con dinero occidental. Y de seguro el partido comunista SED-PDS-Die LINKE no estaría donde está. Foto: El asunto de la reconstrucción del Palacio Real es una muestra más de lo mal que están los alemanes en sus cabezas. Mientras, en Potsdam, capital de Brandemburgo, no tienen tantos comecocos absurdos. Y es que a los bolcheviques en el fondo lo que les mola es vivir en palacios reales.

Pero aún así, me alegro que al menos una parte de Alemania se haya recuperado. Podría haber sido más, pero los de aquí se cagaban la patiña abajo pensando en que iba a ser muy osado poner los tratados encima de la mesa. Me alegro poder ir en coche por Brandemburgo y ver los ríos Oder y Warthe sin tener que pasar por control alguno. Pero aún me queda una sensación de opresión. Foto: El secretario del comité central del SED comunista Schabowski anunciando la apertura del muro. Dicen que se equivocó, y voy y me lo creo. Esa gentuza no daba ni un paso en falso.
Dicen que el olor es diferente en el Oeste. Así es. Aún hoy es diferente. También la pinta de los del este es diferente a la nuestra, la de los occidentales. Ellos lo ven en el acto y enseguida te tratan malamente. Parece que en lugar de ir avanzando, vamos hacia atrás. Sólo que ellos ahora pueden vestir de Armani si quieren y comer lo que les apetezca.

En el este sigue oliendo mal después de veinte años. Hay sitios donde ya no. Con tanta construcción nueva, algo tiene que cambiar. Pero vete a Brandemburgo y ya verás. Para más inri, los brandemburguenses ahora vuelven a tener un gobierno social-comunista. Debe ser que añoran de verdad la opresión y la mala gestión. Como las ratas cuando vuelven a las alcantarillas. ¡Que les zurzan!

Pero aún así, me alegro de la caída del muro. Al menos hay más libertad, aunque en Berlín Occidental se vivía mejor con el muro. Yo cuando voy, el este casi ni lo piso. A un occidental nunca le quitarán esa sensación que le invade al traspasar la antigua línea de división, al menos a ninguno que ha tenido ocasión de conocer ambos lados antes de 1989. Y con los que gobiernan Berlín, los social-comunistas, esto no tiene pinta de cambiar. Foto: Las cruces en memoria de los que fueron abatidos y asesinados por los policías populares del este al intentar saltar a la libertad. Wowereit las quería eliminar. Otro hijo de...

Y con esto voy a terminar esta entrada de hoy sobre los sentimientos que me invaden en día tan señalado. La verdad es que no creo que Alemania tenga algún futuro real como nación. Tal vez lo tendría dividido en varios estados históricos. Pero ya no existe ni el pueblo alemán como lo que era hasta 1970 (ni mucho menos como lo que había sido hasta 1933), ni tiene aquello aspecto de evolucionar política y socialmente en la dirección correcta.

Pero aún así me alegro que ya no exista el muro.