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22 noviembre 2010

Trigésimo quinto aniversario de la Proclamación de Su Majestad el Rey de España Don Juan Carlos I

Hoy se cumplen treinta y cinco años de la Proclamación de Don Juan Carlos I como Rey de España, un aniversario que debería dar lugar a muchas celebraciones y a exposiciones sobre la evolución del Reino de España en estos siete lustros de historia.

Todos sabemos que el actual titular de la Corona de España llegó a ocupar el Trono por las complicadas maniobras del régimen franquista de asegurar una transición pacífica a un nuevo orden democrático, que el mismo General Franco consideró ineludible, aunque no cabía en su propia mentalidad política, y de enlazar el nuevo orden político en España con la legitimidad histórica de la Monarquía aún saltándose lo más importante en toda sucesión legítima al trono, ya que el titular verdadero de los derechos dinásticos y, por tanto, históricos fue Su Alteza Real Don Juan de Borbón, Conde de Barcelona, quien heredó la sucesión al trono de su augusto padre Don Alfonso XIII tras la renuncia primero del primogénito Don Alfonso y del segundo en la línea de sucesión, Don Jaime, por incapacidad para ejercer como príncipe heredero y eventual rey.

La situación en 1975 era lo bastante complicada como para replantear, tras la muerte del dictador, el aceso al trono previa renuncia por parte de Don Juan Carlos I a favor de su augusto padre. Los apoyos por parte del régimen franquista, que ostentaba el poder en España en aquel momento y que sólo aceptaba la sucesión en la jefatura del estado por haber sido una decisión del General Franco en 1969, eran muy precarios. Don Juan, por su parte, había reunido a su alrededor la oposición al franquismo en el exilio y defendía un restablecimiento de la democracia en contra de los criterios de Franco, lo que supuso para él ser excluido de la sucesión pudiendo sólo asegurar que su hijo Don Juan Carlos fuera formado en España para ser el sucesor definitivo de Franco, después de que el general jugara con la posibilidad de recurrir al Duque de Cádiz como alternativa a la línea de Don Juan.

Sea como fuere, en 1975 había que aceptar lo decidido por el que fuera jefe de estado y dictador durante cuarenta años con tal de salvar la Monarquía -restaurada ya nominalmente en 1947 bajo la regencia de Franco- y la transisicón pacífica, de modo que Don Juan Carlos I fue la solución de consenso de toda la clase política.

El resultado fue una época de cambios políticos ilusionante y bastante ordenada, dirigida por Adolfo Suárez, seguramente el hombre que en aquel momento supo hacer lo  más correcto o adecuado y asegurar la cooperación de todos los grupos políticos relevantes, aunque hoy en día se ve con más claridad que también cometió muchos errores. Pero a posteriori siempre es fácil criticar lo que en su día se consideraba un gran logro, y tampoco dependía todo de una sola persona, sino de muchos factores e intereses contrapuestos.

Quizás lo más criticable desde el punto de vista monárquico es que el Rey cediera en exceso prerrogativas que debería haber reservado, si no a la Corona, sí al menos a instituciones independientes para asegurar que los límites entre los poderes del estado no fueran transgredidas y que la Corona pudiese en todo momento velar por el máximo respeto a dicha separación de poderes. Porque hoy en día es un hecho que la separación de poderes no existe, precisamente porque la Constitución carece de mecanismos que la aseguran.

La Constitución en sí misma es resultado del consenso entre los más diversos grupos de interés y se elaboró con esta dificultad con la mejor de las intenciones. Pero querer complacer a todos conlleva los defectos intrínsecos de la misma. No vale con copiar modelos constitucionales de otros países, como la Ley Fundamental de la República Federal de Alemania y su sistema de estados federados convertido en España en él de comunidades autónomas, ambos técnicamente muy similares, pero de hecho muy defectuoso de partida por el concepto de la asimetría entre ellas, algo que no ocurre con los estados federados alemanes. La concesión excesiva a los intereses regionalistas en España llevó a lo que hoy destaca como principal fallo del sistema autonómico: un sistema  pseudofederal con demasiadas autonomías, descoordinación legislativa, exceso de competencias autonómicas que prevalecen sobre las del estado, coste desproporcionado de las administraciones autonómicas y despilfarro por una mentalidad irresponsable de la clase política española anclada en el siglo XIX y alejada del ciudadano que tiene que pagar los excesos de sus gobernantes.

Los treinta y cinco años de Monarquía Parlamentaria y Constitucional deberían ser la culminación de la democracia consolidada, una mentalidad democráctica, plural y respetuosa con todos, una sociedad cosmopolita, moderna y orgullosa de  las particularidades regionales sin caer en el extremismo nacionalista, es decir,  lo suficientemente racional y responsable para no permitir atropellos de la libertad individual por el fanatismo de políticos provincianos encerrados en un nacionalismo regionalista irreal, surrealista y peligroso para la convivencia pacífica de los ciudadanos españoles.

La democracia española y su régimen constitucional sufren hoy el mismo deterioro que la salud de Su Majestad el Rey, que en vísperas del trigésimo quinto aniversario de su proclamación no ha tenido reparos a la hora de recompensar la ineptitud de ministros que nada han hecho por el país concediéndoles altas distinciones de la Monarquía, debido a que cumple "órdenes" el presidente del gobierno y a que ni siquiera en esta materia reservó en su día alguna discrecionalidad a la Corona. Premiar la ineptitud de ministros con una gestión desastrosa es un acto poco enaltecedor del papel de la Corona en un país donde todo el poder parece estar en manos de un ejecutivo que no muestra ni el más mínimo respeto a la separación de poderes. El Rey no es responsable de actos que le impone el régimen constitucional, pero aún así es moralmente responsable por haber manifestado Su Real Aprecio a personas que nada han contribuido a la prosperidad del Reino de España.

Si los primeros lustros de la democracia que trajo Su Majestad el Rey a España fueron años de ilusión y de renovación, los últimos siete años han sido los de un deterioro sin precedentes de un régimen democrático, con una fuerza centrífuga cada vez más pronunciada, de una pérdida de garantías constitucionales, con opresión totalitaria de partes de la población en función de su lengua vehicular -que no es otra que la lengua oficial de todo el Reino de España- unida a todo tipo de vejaciones y limitaciones que su persecución supone, así como de un deterioro económico en todo el país y una política exterior nefasta como consecuencia -ante todo- de una gestión política irresponsable y la falta de voluntad de ver la realidad como es y no como algunos quieren que fuera, siendo, al parecer, más importante dedicarse a cuestiones ideológicas irrelevantes para poner a la sociedad patas arriba sin solucionar problemas reales como el desempleo y sin garantizar una convivencia pacífica en el respeto a una historia común que no cambiará por mucho que se intente manipular.

Este trigésimo quinto aniversario de la proclamación es, por ende, un motivo de preocupación más que un momento de alegría, ya que la aparente falta de preocupación de la Corona por el orden constitucional y político no favorece en absoluto la adhesión ciudadana a la forma de estado, porque especialmente en momentos de crisis lo que cuenta son los hechos, no los entramados legales que el ciudadano a pie no entiende.

Sea esta conmemoración a la vez una llamada a Su Majestad el Rey de preocuparse más por su pueblo para que su mensaje sea claro, decidido e independiente del ejecutivo a la hora de velar por el sentido de la responsabilidad de sus gobernantes.

¡Viva el Rey!
¡Viva la Monarquía!
¡Viva España!




24 noviembre 2007

La Justicia catalana limita la libertad de expresión

Zensura con Z de Zapatero

Bloqueado el blog de HastaLosHuevos a instancias de la Cámara de Comercio Catalana por difundir una lista de productos fabricados en Cataluña

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Cito a HastaLosHuevos: "... llama mucho la atención la celeridad con la que el gobierno de Z “el Zensor” se ha apresurado a ejecutar esta sentencia, cuando todavía estamos esperando que actúe para que la Ley de Banderas, tras una sentencia del Supremo, se ejecute en toda España (sentencia mucho más fácil de implementar). Pero esto es como todo, y aquí se demuestra el verdadero interés que tiene el Gobierno por hacer cumplir según que resoluciones, sometidas al arbitrio de su propio interés."

La Justicia catalana atenta gravemente contra los preceptos constitucionales:



Artículo 16 1.
Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley.

Artículo 20 1.
Se reconocen y protegen los derechos:
a) A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción.
b) A la producción y creación literaria, artística, científica y técnica.
c) A la libertad de cátedra.
d) A comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión. La ley regulará el derecho a la cláusula de conciencia y al secreto profesional en el ejercicio de estas libertades.
2. El ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa.


Libertad no se escribe con Z de Zapatero.

Información veraz: Lista de productos fabricados en Cataluña

"Permaneceremos en la legalidad mientras ésta nos sea útil"

-- Pablo Iglesias (ESO SE LLAMA 100 AÑOS DE HONRADEZ)

19 noviembre 2007

Y al trigésimo segundo año... ¿le resucitaron?

20-N, treinta y dos años después

Hoy hace treinta y dos años que falleció el General Franco, un acontecimiento que ya queda muy atrás y casi quedó en el olvido ... si no fuera por el pZoe y la obsesión de Z y camaradas de resucitar constantemente los tiempos de la segunda república y el régimen de Franco, que no fue sino consecuencia de lo que ocurrió en esta república cuando estuvo gobernada por el pZoe y los grupos radicales de la izquierda.

Hasta finales de los noventa, parecía superada esta época, con las heridas cerradas y bien curadas. Precisamente el cambio de gobierno en 1996 hizo creer que España comenzaba una nueva era sin el lastre de la historia.

Pero no. La izquierda no perdona, su rencor no tiene límites, y nunca va a superar que perdió esa guerra tan cruenta causada por ella misma y que llevó tan chapuceramente que la tuvo que perder, a pesar de contar con aliados tan estrambóticos como peligrosos como la URSS de Stalin. Llama la atención la semejanza con las amistades actuales de Z.

En su afán de mirar hacia atrás y abrir viejas heridas, Z ha conseguido dividir a la nación y retroceder en el tiempo. Z realmente no vivió la época de Franco, tiene un recuerdo virtual y nublado de su abuelo, que no fue tan héroe como nos pintó y al que no pudo conocer por nacer veintitantos años después de que falleciera, pero tiene clara una cosa: Añora la segunda república y recrea todos sus males.

A finales de los setenta se rodó una película, técnicamente no muy buena, pero muy ilustrativa de lo que era la actitud de los españoles tras los primeros años de democracia. Se basó en el libro de Vizcaíno Casas, "Y al tercer año resucitó", tratando de la hipotética resurrección de Franco tres años después. Además, ilustra muy bien el desmadre autonómico del momento (muy parecido, en el fondo, al actual si pensamos en las comunidades "históricas"), pero llega a la conclusión que todo tiene que evolucionar y que no hay marcha atrás.

La historia es un hecho objetivo. No se puede manipular estableciendo por ley lo que debemos recordar y lo que no. Modificar la historia es algo típico de los regímenes totalitarios. Este afán por cambiar la historia al gusto del régimen lo describe muy bien George Orwell en "1984". Lamentablemente, parece que las novelas y películas de ciencia ficción más negativas van a ser las que se convierten en realidad (se puede pensar en "Soylent Green", de principios de los setenta, relativa a los problemas de alimentación y de la eutanasia).

En un momento en que ya apenas hay personas que se reúnan para recordar la muerte de Franco, muy al contrario lo que aún pasaba hasta 1984 con las macromanifestaciones de Fuerza Nueva en la Castellana y que declinaron en los años posteriores de forma significativa, no veo la necesidad de resucitar fantasmas del pasado con la Ley de la Memoria Histérica y actuaciones semejantes.

La derecha en España se ha vuelto cada vez más respetuosa y, sobre todo, no mira constantemente al pasado. Pero son los que no hacen otra cosa que hablar de paz, respeto, diálogo y mirar hacia el futuro los que hacen justo lo contrario. Podemos verlo en todas las manifestaciones de la izquierda y extrema izquierda: Los antifascistas van armados hasta los dientes para ir contra los que consideran fascistas, izquierda y extrema izquierda (pZoe, IU, sindicatos, partidos extraparlamentarios tipo Movimiento Comunista) se manifiestan contra guerras inexistentes y con banderas soviéticas, los artistas sostenidos económicamente por el gobierno actual ya no se preocupan por la integridad física de nuestros soldados que mandan a la guerra en Afganistán.

La falta de identificación con el propio país, la manipulación a través de los medios de comunicación controlados por la izquierda y la educación y la falta de profesionalidad y de principios en el buen gobierno de la nación llevan al desastre y deterioran la democracia, que antes de Z parecía muy bien asentada.

La democracia actual la tenemos gracias a la habilidad de S.M. el Rey que supo encauzar la política en la dirección correcta al elegir a Adolfo Suárez como presidente del gobierno, que fue el mejor hombre para aquel momento. Acusar hoy al Rey de ser un reducto del franquismo es una insolencia, pues la Familia Real encabezada entonces por Don Juan de Borbón siempre se caracterizaba por su convicción de tener que restablecer la democracia. Hacerlo como lo hizo el Rey fue complicado, primero desde su proclamación como sucesor de Franco a título de Rey el 23 de julio de 1969, luego dentro de la legalidad vigente en 1975 y sin alterar los ánimos de los que aún ostentaban el poder efectivo. Seguramente, la mayor parte de los dirigentes franquistas tenían muy claro que el cambio que tenía que producirse era inevitable y necesario. Pero a la izquierda le cuesta reconocerlo. Es ella la fuerza más reaccionaria hoy en día.

Es de esperar que el año próximo, cuando se celebre el trigésimo aniversario de la Constitución, un nuevo gobierno haya conseguido reconducir la política errónea de ahora para que el siguiente 20-N no sea más que un hecho histórico más visto con toda normalidad, igual que el escudo de San Juan que enlaza con la historia desde los Reyes Católicos y fue también el primer escudo "constitucional" (la Constitución sólo establece los colores nacionales, no el escudo, que se cambió en 1981). Entender la historia es saber como fue y no como algunos quieren que fuera y por lo que introducen la educación para la tiranía. La Monarquía parlamentaria es la mejor garantía para que no haya tiranías.

18 noviembre 2007

El miedo en los talones

¿Es el pueblo español un pueblo democrático?

Desde que España, tras su restauración monárquica el 22 de noviembre de 1975, se convirtiera definitivamente en democracia parlamentaria con la aprobación en referéndum de la Constitución de 6 de diciembre de 1978, la mentalidad de los españoles ha cambiado evolucionando en democrática - ¡pero sólo en parte!

El primer revés de esa evolución democrática hacia un afianzamiento de la tolerancia y la aceptación de los resultados de las elecciones vino de mano del pZoe con Felipe González. Ya entonces, aunque de una forma más comedida que en la actualidad, se quería pintar en color rosa el pasado republicano convirtiendo en los buenos de la película a los que realmente fueron el origen del alzamiento nacional. También entonces los socialistas sólo llegaron al poder por un hecho insólito: el intento de golpe de estado de 23 de febrero de 1981, del que nunca se supo quién estaba realmente detrás, ya que sólo se detuvieron a los pocos exaltados que lo llevaron a cabo.

González y sus camaradas se ocuparon de desmontar paulatinamente a la nación arrinconando al Rey, que apenas aparecía en actos oficiales de importancia. Los desfiles del Día de la Hispanidad habían sido reducidos a actos efímeros que lucían poco. Yo lo comparaba con Puyi, el último emperador de China, al que confinaron a su palacio hasta que le mandaron al exilio definitivamente.

Con el PP llegó realmente un cambio que aliviaba. No sólo por liberarnos de un gobierno corrupto e inepto que había ganado demasiadas elecciones, sino porque parecía que al fin se había superado la transición pudiendo enterrar definitivamente el recuerdo constante al que se llamaba, por parte de la izquierda, de un pasado en cualquier caso poco edificante. La tergiversación de la historia es el afán permanente de la izquierda, que parece sólo puede vivir y sobrevivir haciendo creer a los votantes que lo suyo era el paraíso y el infierno venía de la derecha. Además, juegan con la ventaja de la lejanía de los tiempos pasados, tan nefastos para España, y que apenas quedan personas que pueden contar la verdad, comiendo el tarro a los jóvenes que por naturaleza (cosa que nunca he entendido) se consideran más de izquierdas que de derechas, por eso de la "actitud rebelde" propia de todo joven. ¿Se puede ser rebelde y de derechas? ¿A qué viene ese afán de derribar lo existente para hacer la revolución? ¿Acaso alguna revolución ha sido positiva para un pueblo? ¿Cuál de las revoluciones pasadas se hizo desde abajo, desde el pueblo? Ni la francesa, ni la bolchevique, ambas se hicieron desde arriba, desde la nobleza (sic!), en una el que tiraba de los hilos fue el Duque de Orleans, en el segundo caso fue el Emperador de Alemania y la alta nobleza alemana que mandaba en el ejército (sic!) que pensaban usar a Lenin para quitarse el frente ruso de encima. Lo malo de jugar con fuego es que uno se puede quemar.

En España, el que juega con fuego como un niño pequeño es Z. Quiere jugar a la revolución. Claro que hoy los que juegan con fuego no son los nobles ni la realeza, que para eso tenemos la democracia que relegó a la realeza a papeles representativos y moderadores y a la nobleza a ser como los demás ciudadanos. Pero jugar con fuego fascina a los niños y algunas mentes infantiles, inmaduras, irresponsables - o deficientes.

Z quiere jugar a las barricadas y a ser republicano, republicano bolchevique y sanguinario - aunque lo último sólo lo puede ser en sentido figurado, ya que la democracia se lo impide. Para eso crea división, crispación. Su gobierno subvenciona videojuegos en los que se matan rojos y fachas, abre viejas heridas y hurga en lo más profundo de lo que pensaba se había superado hace tiempo. Hurga en heridas que las generaciones nuevas de los últimos 32 años no han sufrido y que no saben lo que es. Juega con esas ganas enfermizas de matarse unos y otros por fanatismo ideológico. Y para que pueda surgir fanatismo, hay que acabar con el conocimiento de la historia -que ni Z tiene-, hay que crear analfabetos funcionales que superan los cursos escolares con cinco suspensos. Lo de saber es lo de menos, lo importante es tener una masa manipulable.

El nivel de analfabetos funcionales ya lo tenemos en el gobierno. Sólo hay que escuchar a ministras y ministros. Ese nivel intelectual bajísimo se une a la frivolidad con que tratan los problemas del país: Inflación galopante - ¡qué risa! ¡no es para tanto! ¡qué más da que Z no sepa ni siquiera lo que vale un café en un bar! Pero ese detalle fue significativo e ilustrativo del sentido de la realidad de Z y sus camaradas. El AVE pasa por un túnel del trayecto de Valladolid y se llena de polvo. Los edificios colindantes del corredor del AVE en Barcelona se agrietan y se tapan las grietas con silicona para que no se vean. Un túnel del AVE en el trayecto a Málaga se llama túnel de lavado y dejó a una población entera sin agua y manantiales porque cortaron copn ese túnel un acuífero importante. La burbuja inmobiliaria está a punto de estallar, cosa que se ha anunciado hace tiempo, pero al gobierno le da risa.

A todos esos problemas se añade el fanatismo lingüístico y separatista en algunas autonomías españolas. La población está sufriendo una opresión nunca conocida. Siendo el español lengua oficial de todo el país ¿cómo se entiende que haya que pagar multas por usar éste y no el idioma cooficial de la región en cuestión? ¿Cómo se entiende la "policía lingüística" en los patios de los colegios para ver si los niños hablan catalán entre ellos o siguen hablando español? ¿O que en Galicia hay que morirse en gallego para ser políticamente correcto? Se gastan millones en esa política del fanatismo separatista en lugar de tratar con naturalidad la coexistencia de dos lenguas en un mismo territorio.

Muchos ejemplos para lo que llamaría situación preocupante. Un país entrando en una espiral peligrosa de radicalización y manipulación. Si alguien no entiende cómo pudo producirse la guerra civil, ahora lo debería tener mucho más claro. Como también debería tener claro de dónde viene ese riesgo: ¡desde la izquierda! Una izquierda trasnochada, inepta y anclada en el pasado. Dejemos tranquilo al Valle de los Caídos y con él todo el recuerdo a tiempos que podrían haber sido mejores de no caer la Monarquía en 1931 (sin referéndum, con resultados electorales municipales manipulados por ¡la izquierda!), y dediquémonos a ser demócratas hoy y en adelante, sin rencores, sin fanatismos, sin imposiciones. Por la democracia y por España ¡Viva el Rey!