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04 junio 2014

¿Referéndum para qué, para quién?


Tras el anuncio de abdicación de Su Majestad el Rey, los republicanos de la extrema izquierda española no han perdido ni un minuto para calentar sus maquinarias y movilizar sus redes para armar mucho ruido en la calle, ya que en las urnas la extrema izquierda se queda en lo que es: una minoría insignificante. Los que arman mucho ruido, pocos argumentos tienen.

El gran argumento de los republicanos tipo segunda república es que para ellos la Monarquía no es democrática porque el Rey no lo elige el pueblo, y por eso quieren una república, una de las guillotinas, una que no respeta ni las opiniones ajenas y corta la cabeza a todos los que se oponen a ella.

Lo que nunca dicen claramente es que el tipo de república soñada es la de Fidel Castro o de Hugo Chávez, una república comunista opresora que lleva a la ruina a la economía nacional, al desabastecimiento con mercancías con las tiendas vacías y con cartillas de racionamiento, para acabar todos -menos los funcionarios del único partido gobernante- en la miseria más absoluta.

Nadie de los que gritan a favor de la república parece caer en la cuenta de que en España las cosas no cambiarían a mejor, sino todo lo contrario. Nadie repara en que existen muchas repúblicas en Europa, donde los problemas son más o menos los mismos, causados por la gestión deficiente de sus políticos gobernantes. 

Nadie repara en el hecho de que durante los últimos 67 años en ningún estado europeo se ha celebrado ningún referéndum sobre la forma de estado -salvo en España, donde la Monarquía Parlamentaria fue ratificada por el 80% del pueblo al votar favorablemente a la Constitución de 1978-, y los únicos que hubo se celebraron en Italia en 1947, que fue manipulado y falseado por los estadounidenses, tan poco dados a apoyar las opciones monárquicas y sin dejar tiempo al entonces Rey Umberto II para demostrar que podía reinar mejor que su padre, que no tuvo otra alternativa que coexistir con la dictadura de Mussolini, y otro en Grecia, durante cuya dictadura militar el Rey Constantino no tuvo más alternativa que el Rey Vittorio Emanuele de Italia.

Nadie parece reparar en el hecho de que los países de Europa Oriental -Bulgaria, Rumanía, Serbia, Montenegro- perdieron sus Monarquías, tan queridas por sus pueblos, por la imposición de un régimen totalitario comunista, y que después de la caída del telón de acero no se ha restablecido el orden democrático y constitucional previo a la toma del poder por los comunistas prosoviéticos ni se ha pensado en la conveniencia que el pueblo decidiera sobre si quería seguir con el sistema republicano instaurado por los comunistas.

Nadie parece reparar en el hecho de que Alemania, el país más destacado y económicamente importante de Europa, instauró la república sin consultar al pueblo, ni en 1918 ni en 1945, en ambos casos dominada por las potencias vencedoras de las guerras mundiales. 

Argumentan los republicanos que las generaciones actuales son diferentes a las de 1978 y que también deben tener derecho a decidir. Curioso argumento. En Alemania llevan 65 años con una Ley Fundamental, que no es ninguna constitución aprobada por referéndum, que no permite celebrar ningún referéndum nacional, y en cuya redacción ni siquiera han podido intervenir diputados elegidos para constituir una asamblea constituyente. Y a pesar de esta y otras irregularidades, nadie parece plantear que sería necesario un cambio para que las generaciones actuales decidan sobre el estado que quieran tener.

Tampoco se ha oído a ninguno de estos republicanos de pacotilla que exigen lo mismo en repúblicas totalitarias tan afines a sus pensamientos políticos como son Corea del Norte, Cuba o China.

En ninguna Monarquía la población ha planteado la necesidad de celebrar un referéndum sobre la continuidad o no de la Monarquía cuando ha cambiado el Monarca. Claro que siempre existen minorías radicales que lo hacen, pero siempre son irrelevantes.

Y nadie repara en el hecho de que no se discute sobre el modelo de república, como si la forma republicana fuese de por sí paradisíaca y perfecta, cuando en realidad existen muchas formas de repúblicas.

¿No es democrática la Monarquía? Entonces ¿qué hay de la Unión Europea, donde los máximos representantes se autonombran y eternizan en sus cargos sin intervención del Parlamento Europeo? ¿Cómo se mide el grado de democracia de la que disfruta un país? Si partimos de los jefes de estado de las repúblicas europeas, ninguno ha llegado a serlo por decisión popular, sino por decisión de los partidos mayoritarios, y aunque se elija directamente, no hay otra alternativa que votar a uno de los dos o tres candidatos impuestos por los partidos mayoritarios. La democracia, empero, se mide por cómo se elige a los concejales, alcaldes, diputados y jefes de gobierno, que son los que deciden la política diaria, no cómo se establece el acceso a la jefatura del estado.

Lo que olvidan casi todos es que la Monarquía Parlamentaria es la forma de estado más democrática imaginable, ya que el jefe del estado es ajeno a toda lucha partidista e ideología política, está por encima de la política diaria, y por ello es el mejor representante del pueblo entero, no sólo de una parte, así como de la historia entera de su país, ya que su dinastía es la que ha acompañado decisivamente toda la trayectoria nacional.

Acabar con esta magnífica forma de estado sería acabar con la verdadera democracia, con la estabilidad, con la unidad nacional, con la cohesión. Por lo tanto, ¿para qué sirve el referéndum o a quién le sirve? No al pueblo, desde luego.

   

17 febrero 2012

Alemania: La república bajo mínimos



Después de varios meses de interminables debates sobre las sospechas de corrupción del hasta ahora presidente de la República Federal de Alemania, esta mañana Christian Wulff presentó su dimisión, sin que hubiera hasta la fecha pruebas del tráfico de influencias del que le acusan desde hace tres meses algunos medios de comunicación como Bild y Der Spiegel.

Todo comenzó a raíz de un préstamo privado que un empresario amigo de Wulff había concedido a éste -siendo aún presidente del estado federado de Baja Sajonia- para la compra de su nuevo chalé, y ello a un tipo de interés preferencial, algo que tampoco es algo poco habitual.

Tras aparecer esta noticia en los medios, Wulff cometió el error de querer tapar el asunto como algo baladí, y entonces se averiguó que en realidad actuaba como prestamista la mujer del empresario. Otro error fue que entonces sustituyera el préstamo por otro concedido -también a un tipo de interés preferencial- por el banco BW Bank, el banco del estado federado de Baden-Württemberg. Lo que no se ha podido probar aún es que este empresario recibiera trato especial por parte del gobierno de Baja Sajonia, y sólo en tal caso sería algo perseguible.

Después, la prensa, ni corta ni perezosa, hizo más indagaciones sobre la vida anterior del presidente de la república. Resulta que durante su tiempo como ministro-presidente de Baja Sajonia pasaba sus vacaciones en chalés de lujo de aquel y otros empresarios, aunque en algunos casos pagando, otras las pasaba en casas de amigos de la juventud. Así, todo se convirtió en una auténtica caza de brujas, llegando algunos incluso a contar historias de los tiempos de instituto, cuando Wulff había sido miembro activo de la Union de Estudiantes, organización estudiantil de la CDU que tiene actividades en los institutos de bachillerato (así lo contó el redactor jefe del semanario Die Zeit, compañero de instituto de Wulff).

Olaf Glaeseker, Christian Wulff
La cosa se complicó cuando se averiguó que el ex portavoz y jefe de prensa de Wulff, Olaf Glaeseker, tanto en el gobierno de Baja Sajonia como en la Presidencia de la República sí hizo mal uso de sus cargos al contratar todos los eventos de la CDU y/o del gobierno de Baja Sajonia con la empresa de un amigo, algo similar a lo que en España es el caso Gürtel, aunque menos extenso. Wulff cesó a Glaeseker el 22 de diciembre de 2011, lo que indicaba que sabía más de lo que se había contado hasta entonces. Las investigaciones de la fiscalía incluso llevaron a un registro en la Presidencia de la República a finales de enero, algo insólito hasta entonces.

Desde entonces, el acoso y derribo contra Wulff no cesaba. Incluso el diario alemán Die Welt publicó un artículo sobre los valores de la monarquía redescubiertos a raíz de la cada vez más desprestigada república.

Wulff apenas llevaba un año y ocho meses en el caso, después de que los medios también consiguieran acosar al anterior presidente de la república, Horst Köhler, a raíz de unas opiniones sobre las misiones militares en el exterior, aunque su dimisión se produjo finalmente por no querer firmar una ley que implicaba un mayor endeudamiento de Alemania a consecuencia de la crisis del Euro. Todo hace pensar que al final son los medios de comunicación y otros grupos de presión que deciden quién puede estar en un cargo y quién debe dimitir, pues no a todos se aplica el mismo rasero, ya que no se investiga a toda la clase política con la misma meticulosidad.

Un jefe de estado sirve ante todo para encarnar al estado y a su pueblo, es decir, en cierto modo es la representación encarnada del estado y de la nación. Esta función transfiere al cargo la dignidad y el prestigio que se le atribuye tanto en el propio país como en el extranjero. Pero, lamentablemente, el ejercicio de esta responsabilidad como expresión de la identidad del pueblo con su estado no existe cuando el jefe del estado proviene de un partido político y, por lo tanto, no es capaz en absoluto de representar a todo el pueblo. Estas características se dan aún menos cuando el político elegido para este cargo no es elegido por su pueblo, sino por unos pocos o incluso sólo dos representantes de los partidos en el gobierno o de los dos partidos de mayor peso y se proceda a su elección formal por un órgano del estado (aquí la Asamblea Federal), que en realidad sólo hace el paripé de la aprobación de lo que ya habían decidido antes los goobernantes o los líderes de los dos partidos mayoritarios. Wulff es el mejor ejemplo de una democracia representativa llevada al absurdo y cuyo máximo órgano para el ejercicio de la soberanía sustraída al pueblo presenta como voluntad popular una decisión tomada entre la canciller federal y el ministro de asuntos exteriores, encima incluyendo en dicha asamblea federal a ciudadanos no elegidos democráticamente y nombrados ad hoc por los parlamentos de los estados federados (representados en la Asamblea Federal a través del Consejo Federal [Senado]) para que éstos actúen como electores, cuando éstos se usan y de los que se abusa como monigotes de una fingida cercanía popular muy alejada del pueblo.

Esta es precisamente la razón por la que la república está bajo mínimos como forma de estado, ya que la misma problemática se da en todas estas repúblicas represetativas en las que los representantes del pueblo se atribuyen tales facultades de represetación que les llevan a pensar que lo que ellos piensan que es mejor para el pueblo es lo que representa la voluntad popular. Esa lejanía de la clase política hace que muchos pueblos redescubran los valores de la Monarquía, y así son cada vez más los que se manifiestan por las calles de Rumanía, Serbia, Montenegro y otros países para pedir la restauranción de su Monarquía. Por mucho que ciertos sectores republicanos esgrimen que al Rey no se le puede elegir, al presidente de la república en cambio sí, la verdad es que en las repúblicas el pueblo no tiene nada que decir a la hora de elegir o cesar al presidente, mientras que el Rey, sustraído a toda lucha política y siendo el mejor representante de un pueblo y su pasado, presente y futuro, por asumir su cargo por herencia dinástica y por ser preparado para ello desde su nacimiento, es el mejor representante imaginable de un pueblo y la forma más real y natural de representar a todas las generaciones de un pueblo. La continuidad histórica de una dinastía, la rectitud de los integrantes de la Real Familia y la legitimidad del ejercicio nacida de la trayectoria histórica de la Monarquía de un país son garantía de estabilidad, unidad y máxima preparación para el más alto cargo de la nación, con todo el prestigio que ello implica para la proyección internacional del país.

Alemania, que en su configuración actual es sólo un país con fronteras interiores artificiales, dibujadas sobre el mapa por las fuerzas de ocupación tras la Segunda Guerra mundial, despreciando la configuración histórica de los estados alemanes y sus identidades nacionales, carece hoy de esas identidades, como carece también de las virtudes prusianas de un estado primero disuelto por los nacionalsocialistas y luego borrado del mapa por los vencedores de la guerra. Lo que ha ocurrido a la jefatura del estado en Alemania no es sino el reflejo de un pueblo en estado de disolución, en medio de un mundo globalizado sin identidades nacionales, sometido a una dictadura mundial en manos de oligarcas al servicio de un gobierno en la sombra. Alemania necesita repensarse, reorganizarse y dar un nuevo comienzo a algo que comenzó mal y a lo que se dio continuidad artificiosa cuando era el momento de empezar algo diferente sobre nuevas bases para afrontar el futuro con ilusión y con ideas nuevas.



25 enero 2011

El fracaso de la república portuguesa

Cavaco Silva celebrando una victoria pírrica

En las elecciones presidenciales en la República de Portugal el pasado domingo se produjo el mayor nivel de abstención de la historia de la democracia portuguesa. El presidente de Portugal, Aníbal Cavaco Silva, resultó reelegido en los comicios presidenciales con el menor número de votos a favor en la historia de estas elecciones en el país luso, con 2,23 millones de papeletas, debido a la elevada abstención, que alcanzó el 53,3 por ciento.

Según los datos oficiales, Cavaco Silva congregó porcentualmente un apoyo mayor que cuando fue elegido como presidente por primera vez, en 2006, pero reunió menos votos absolutos. El candidato conservador ganó ayer en la primera vuelta con el 52,94 por ciento de los sufragios, casi dos puntos y medio más que hace cinco años (50,5 por ciento), pero con casi 550.000 votos menos. Lo que parece una victoria aplastante en porcentaje, en realidad es un espejismo.

En el año del centenario de la república, nacida con sangre a partir del asesinato del penúltimo Rey Carlos I de Portugal y la abdicación forzada de su sucesor, el Rey Manuel II, la república presenta su mayor fracaso  de todos. El descrédito de la clase política lusa, con el país bajo la atenta mirada de los mercados por su fragilidad financiera y alto déficit público, se reflejó en los comicios celebrados ayer, con un índice de participación notablemente bajo.

La abstención superó en 15 puntos la registrada en las anteriores elecciones presidenciales y batió un nuevo récord histórico al superar a la registrada en 2001, cuando alcanzó el 50,29 por ciento.

También se registró un incremento importante de los votos en blanco, decisión por la que optaron 132.182 electores, frente a los 58.977 de 2006. Los periódicos lusos, que coincidieron hoy en dar su portada a un feliz Cavaco Silva haciendo con sus dedos el signo de la victoria desde el balcón del Palacio de Belém, destacaron en sus primeras páginas la abstención "récord" de ayer, interpretada como una señal de protesta de los ciudadanos.

El socialista Manuel Alegre fue el gran perdedor, pues pese a contar con todo el apoyo de su partido, sus resultados han sido inferiores a los de hace cinco años cuando se presentó en solitario. Entonces obtuvo el 20,7 por ciento; ayer, tan sólo el 19,7 por ciento.

El independiente Fernando Nobre, por el contrario, puede darse por muy satisfecho con un digno resultado de entre el 14,1%, casi tanto como lo que obtuvo Mario Soares en 2006 (14,31 por ciento). 

El comunista Francisco Lopes quedó por debajo de lo esperado (7,1 por ciento), seguido de José Coelho (4,5 por ciento). 

La izquierda está acabada, como se puede comprobar con estos resultados, y es la izquierda la que trajo la república a Portugal por la fuerza.

Otra nota negativa de la jornada estuvo en las dificultades técnicas que muchos electores se encontraron a la hora de ejercer su voto. La introducción de un nuevo carné de identidad —una apuesta por la tecnología de los socialistas— jugó una mala pasada a muchos ciudadanos, que vieron cómo el sistema informático falló y no pudieron votar. Pequeños boicots en algunas localidades que no votaron como forma de protesta por falta de infraestructuras también fueron noticia, así como las bajas temperaturas en todo el país, que a más de uno le animó a quedarse en casa. Ser progre no es sinónimo de progreso, y así les va a los lusos con sus socialistas.

Portugal necesita un cambio sustancial en su sistema político. La república ha demostrado no servir como forma de estado, el presidente de la república no tiene la adhesión ni la representatividad que tendría un Rey de Portugal. La izquierda portugesa ha hundido el país en una crisis económica y política grave.

La situación creada a raíz de estas elecciones puede significar un adelanto de las elecciones generales. En el caso de que, en los próximos meses se produzca el rescate del FMI, muchos creen que el socialista José Sócrates no tendrá más remedio que dimitir. Aunque también hay quienes creen que la renuncia del primer ministro se producirá más bien en caso de que no se aprueben los próximos presupuestos. Un tercer posible escenario es que el anticipo de las elecciones venga como consecuencia de la disolución del Parlamento por Cavaco Silva. Pero en algo parece que todos están de acuerdo: la cuenta atrás hacia la crisis se inicia hoy.

¡Abajo la república!
¡Viva S.A.R. Don Duarte, Duque de Braganza!


01 junio 2010

Alemania: La república malograda


En realidad, Alemania nunca debía haberse convertido  en república. Nadie la quería y nadie la votó. Ese es el principal problema y es sintomático para lo que ocurre hoy tras la dimisión por sorpresa del presidente de la república.

En Alemania siempre han tenido cierto problema con la democracia directa. Nunca se consulta al pueblo, se le pone ante los hechos consumados, se trate de la primera o de la occidental (no hace falta hablar de la oriental) de las dos segundas repúblicas. Tampoco después de la incorporación por adhesión de lo que era la república comunista de Alemania Central los políticos alemanes tuvieron el valor de refundar el estado sobre nuevas bases, con una constitución y con una participación ciudadana que nunca ha existido más allá de lo testimonial.

La primera república nació ya tocada de ala tras una guerra mundial que comenzó por una nimiedad y acabó en desastre europeo. Nació porque el emperador alemán se ausentó sin asumir su parte de la responsabilidad, no dispuesto a abdicar en el príncipe heredero y dedicado ya sólo al fornicio con su amante en un palacete en los Países Bajos. Aún así, nadie de los políticos del momento pensó en celebrar un referendum, en cambio sí se lanzaron varios a proclamar la república sin contar con la legitimación para ello. Eso explica, quizás, la poca identificación con el estado, con una democracia no desarrollada, apenas 50 años después de abolirse el estado feudal en Prusia.

Tras el siguiente desastre autofabricado, sobre todo debido a la dejadez de la oposición y de los políticos de los partidos constitucionales en general al ganar las elecciones quien ya había anunciado que iba a destruir la democracia, el país -ya dividido y diezmado- intentó otro ensayo republicano en el oeste, en un principio marcado por hombres valientes que habían quedado tras perder mucho capital humano en una guerra sin sentido y sin posibilidad alguna de éxito. En un país derruido bajo las bombas de los aliados, despojado de su patrimonio cultural hoy escasamente recuperado, así como de un 40% de su territorio, se intentó un nuevo ensayo democrático con muchas limitaciones tan impuestas por los aliados occidentales como las fronteras artificiales de sus estados federados y, por esa misma razón, carente de mecanismos que fomentaran una mayor identificación con el estado.

El presidente de la república federal sólo es una institución decorativa, sin poder y sin apenas margen para opinar. No se elige por el pueblo, no vaya a ser que se repita la experiencia inexistente de la primera república (teniendo en cuenta que el enano de los alpes llegó al poder por el parlamento y gracias a los tontos útiles de la derecha conservadora de entonces, mientras hoy se falsifica la historia adjudicando el desastre al senil presidente Hindenburg), sino por una Asamblea Federal compuesta por la Cámara Baja y la Cámara Alta, más unos cuantos diputados de los parlamentos regionales designados por éstos para participar en la votación. Por eso, Alemania no ha tenido ni un presidente de la república que tuviera una amplia aceptación y fuese conocido ampliamente. Siempre han sido candidatos de consenso entre los grupos parlamentarios que controlan la mayoría en la asamblea que sólo se constituye para elegir al jefe del estado.

Quitando a Theodor Heuss, el primero y mejor presidente que tuvo la república federal, Horst Köhler quizás haya sido el menos anodino. Significativo es también que haya sido miembro de una parte del pueblo en vías de extinción, porque es hijo de una familia alemana del Norte de Bessarabia (antes Rumanía, luego Moldavia) de donde fue expulsada a consecuencia del pacto entre Hitler y Stalin y en 1942 trasladada forzosamente a la Polonia ocupada por los nazis para fines de repoblación germánica, donde nació Köhler cerca de Lublin un año antes de tener que huir de los rusos hacia Alemania Central, luego convertida en RDA, de donde su familia volvió a huir en 1953 para asentarse en Suebia (Alemania Occidental). Se puede decir que con él ha presidido el país un hombre que sabe mucho del pueblo alemán y que puede entender a todos.

Con su marcha, queda a la vista que Alemania es un país decadente cuya población ha perdido tanto la identidad como la homogeneidad. La falta de respeto a las instituciones y la propia cultura llevan Alemania a una deriva peligrosa. Los menos respetuosos en este momento son los Verdes con sus vociferantes representantes Trittin (antiguo maoista de la generación de 1968) y el turco Özdemir, que hace unos años tuvo que retirarse de la política por corrupción, pero a la que ha vuelto con nuevos bríos de impetuosidad y ego crecido. No se parecen dar cuenta, pero Alemania ya no es de los alemanes.
La cara de Köhler al comunicar su dimisión ha dicho más que mil palabras. No se trata sólo de un comentario malinterpretado sobre misiones militares en el exterior. Los problemas son más profundos. Gran parte de culpa tendra, sin duda, la canciller Merkel, pues no paran de dimitir pesos pesados de su partido, y los liberales coaligados con ella no están a la altura de las circunstancias, carentes de convicciones firmes y sometidos a la batuta de de la "codorniz de la zona" (Zonenwachtel; Zone es el nombre despectivo que los occidentales usamos para la antigua zona de ocupación soviética convertida luego en RDA), como la llama un conocido humorista alemán.

La república lleva estancada mucho tiempo. La incursión masiva de alemanes del este no ha sido sino un factor más para el desmembramiento del país. La participación de los comunistas del este en todas las instituciones ha deteriorado la calidad de la democracia, con ellos se han infiltrado miles de "stasis" (espías e informadores de los servicios secretos del este) en las instituciones, especialmente allá donde están en coalición con los socialmemócratos como en Berlín. La Stasi sigue trabajando, en ayuntamientos, en empresas de seguridad (¡vaya cinismo!), en todas partes. También aquí, en España, y quien no lo cree, que mire lo que pasa con Cuba, Venezuela y los tontos útiles que tenemos en España.

Un suceso como la dimisión de Köhler es impensable en una Monarquía. Es precisamente este uno de los grandes valores de la institución monárquica, pues su estabilidad fortalece al país y no lo deja caer en una situación de precariedad institucional aún cuando otras instituciones dejan bastante que desear.

A Alemania le queda poco tiempo si quiere sobrevivir. Quizás lo que hace falta es un cambio radical. Disolver Alemania y dividirla en nueve estados independientes para volver a la situación anterior a 1871 no sería mala idea. Ayudaría al pueblo alemán a reencontrarse con su origen y su identidad, la de cada una de sus regiones históricas. Pero claro, eso implicaría volver a la Monarquía, y no veo el pueblo alemán capaz de ser tan imaginativo y creativo. Es un pueblo acabado. Qué pena.

21 septiembre 2008

Payne considera que es una locura defender la República en España

El prestigioso hispanista norteamericano Stanley Payne calificó de «trance muy complicado» y de «inédito» el momento que atraviesa España y advirtió sobre los desastres que puede traernos el «nuevo movimiento republicano».

El historiador recordó que la experiencia republicana en España «ha sido desatrosa, pues la Primera colapsó el país y la Segunda lo dividió en una Guerra Civil». «Si con esta experiencia alguien cree que la República puede ser en este momento una solución para España, merece estar apartado en un manicomio», afirmó, intentando suavizar con sentido del humor su seria advertencia.

Payne hizo estas afirmaciones a un grupo de periodistas españoles después de pronunciar una conferencia en la Cátedra Príncipe de Asturias de la Universidad de Georgetown sobre «La España del siglo XXI: logros y retos», en la que hizo un repaso a la historia reciente de nuestro país tras la muerte de Franco y a la que asistió Don Felipe, que se encontraba de visita oficial en Washington.


No sólo la izquierda radical


El hispanista excluyó de esta tendencia republicana al «hombre de la calle, que no está politizado», y apuntó a «la extrema izquierda, a algún sector del Partido Socialista y a los ex comunistas, la llamada «izquierda hundida»», una minoría que, según explicó, no valora lo que significó la Transición de España a la democracia.

En su opinión, «el nuevo movimiento republicano hasta ahora no ha creado grandes dificultades, pero no sabemos qué va a ocurrir en el porvenir, porque pasar de la actual Constitución y de la actual estructura del Estado, instaurar la República o hacer una Segunda Transición será desastroso para España».

No obstante, Payne matizó que aunque un cambio drástico de sistema sería catastrófico, «otra cosa es reformar la Constitución, porque toda Constitución es reformable y, a veces, incluso deseable».

También se refirió en sus declaraciones al problema del nacionalismo radical, motivado por «la ausencia en la Constitución actual de un techo» que limite la transferencia de competencias a las Comunidades. En este sentido, añadió que conseguir que la estructura del Estado sea «estable» corresponde al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, algo que, en su opinión, «ha funcionado en el caso catalán, pero es mucho más difícil en el caso vasco», ya que implicaría una reforma de la Constitución no modesta, ni marginal y «éste es uno de los peligros» que amenazan a España.

Preguntado sobre la incapacidad que demuestran los dos grandes partidos, PP y PSOE, de ponerse de acuerdo sobre temas fundamentales, como la reforma de la Constitución, las autonomías y el terrorismo, Payne quiso ser prudente: «Hay que ver qué propuesta y en qué términos hace el Gobierno y cómo responde el PP. Pero será complicado, sobre todo en el caso vasco, porque hay exigencias enormes que son muy difíciles de satisfacer dentro de los moldes democráticos».

Además, aludió al «Gobierno interno del País Vasco» y afirmó que en esta Comunidad «no se respetan los derechos constitucionales, democráticos y civiles como se respetan en el resto de España. Hay un problema de abandono de los ciudadanos del País Vasco. El gobierno de nacionalismo radical, en varios aspectos, restringe los derechos. Este cinismo es un gran problema».

Payne, profesor emérito de Historia en la Universidad de Wisconsin-Madison, es autor de numerosos libros sobre España. El último publicado es «El colapso de la República. Los orígenes de la Guerra Civil (1933-36)».

31 mayo 2008

Nepal ante el abismo maoísta

Para echarse a temblar:
La dictadura comunista se ha impuesto por la fuerza del terror de las huestes guerrilleras maoístas lideradas por el camarada Prachanda el Feroz

Hablan de dictadura del proletariado, lo que recuerda los tiempos más tenebrosos del inicio de la dictadura bolchevique liderada por Lenin en Rusia en 1917. Los sucesos recuerdan la invasión del Tibet por las fuerzas armadas maoístas chinas y la transformación forzosa del pacífico estado confesional del Himalaya que estuvo marcada por los asesinatos masivos, la persecución y la opresión.

Los maoístas sólo tienen un tercio de los escaños del parlamento, pero aún así han impuesto su criterio: La abolición de la Monarquía y la introducción de la dictadura comunista al estilo más recalcitrante del marxismo-leninismo. A los nepalíes les espera un regimen de opresión, persecución y muerte unido a un desastre económico sin precedentes.

Los acontecimientos en el Reino del Nepal que se desarrollaron desde junio de 2001 sólo tuvieron una cobertura marginal por los medios de comunicación occidentales.

El 1 de junio de 2001, el príncipe amable, como era conocido en Nepal el heredero al trono, insistía en elegir a su esposa. Los Reyes querían una novia de sangre azul designada por la familia. Tras meses de enfrentamiento, el joven Dipendra resolvió ese día la disputa asesinando a sus padres, SS.MM. los Reyes Birendra y Aishwarya, con dos fusiles de asalto M-16 y tiroteando a varios miembros de la Familia Real antes de pegarse un tiro en la sien.

Los Reyes de Nepal contaban con una gran popularidad en su país. Desde 1990, el Rey Birendra había iniciado reformas profundas para modernizar el Reino de Nepal y establecer instituciones democráticas para adaptarse poco a poco al resto del mundo. Con lo que no había contado fue que su hijo, el Príncipe Heredero Dipendra, educado en el Reino Unido, iba a ser quien diera lugar al hundimiento repentino de una Monarquía bien asentada y aceptada por el pueblo desde hace más de 240 años.

Los astrólogos, a los que se recurría tradicionalmente para saber qué decisiones tomar en el reino, habían advertido de los malos augurios que supondría el enlace del príncipe con su novia, que no era de sangre real, y que ello podría suponer la muerte del Rey y una crisis para la Monarquía. Sin embargo, lo que no preveían era que la negativa sería justo ese factor negativo del que habían advertido.

"Los últimos acontecimientos en Nepal colocan a la monarquía y a los partidos políticos en una situación de confrontación directa el uno con el otro", afirmó el comunicado de las autoridades indias, que añadió que esto sólo podía beneficiar a las fuerzas que no sólo desean minar la democracia, sino también la institución de la monarquía".

Gyanendra fue nombrado Rey de Nepal después de que el príncipe heredero Dipendra, de 30 años, falleciera a consecuencia de las heridas que se causó al intentar suicidarse tras el regicidio en serie perpetrado durante una reunión de la Familia Real. Gyanendra es el único hermano varón del Rey asesinado y fue coronado como el decimotercer monarca de la dinastía Shah, que reina en Nepal desde 1768.

Gyanendra no era demasiado popular. Se le acusó de querer reinstaurar la monarquía absoluta, ya que había discrepado con su hermano Birendra por haber abandonado demasiado rápido el absolutismo, en 1990, a causa de la presión popular. Y así lo hizo en 2005 al disolver el parlamento y suspender la Constitución de Nepal., tras lo cual gobernaba prácticamente con un estado de sitio permanente. Su popularidad también sufría a causa de su hijo Paras, un personaje detestado en Nepal por causar la muerte de un cantante, al que atropelló.

La ceremonia de ascenso al trono del tercer monarca en Nepal en tres días tuvo lugar en un antiguo palacio de la capital. Horas después, el cuerpo de Dipendra, que sólo reinó dos días y en estado de coma, fue incinerado en el recinto sagrado del templo de Pashupanipat, un lugar que estaba prácticamente desierto por el toque de queda.

Tras un largo tira y afloja de la guerrilla maoísta, que sin duda alguna recibe apoyo económico y logístico de la vecina China, el Rey Gyanendra tuvo que restablecer el orden parlamentario en el país y convocar elecciones. A pesar del hecho de que el pueblo nepalí se manifestaba mayoritariamente partidario de mantener la Monarquía, los maoístas impusieron con cada vez más vehemencia su criterio de abolir la Monarquía no haciendo concesiones al sentimiento monárquico del pueblo. Como todos los bolcheviques osan ser los representantes de la verdadera voluntad popular o de su "inmensa mayoría", cuando en realidad no llegan a tener un apoyo superior a un tercio de los votantes, un apoyo, como uno se puede imaginar fácilmente, que se consigue con el terror físico y psíquico ejercido sobre la población.

Muy ilustrativo de lo que va a pasar de ahora en adelante en este fenecido reino del Himalaya es lo que se publica en sendos sitios que los bolcheviques tienen en Internet, como el Sol Rojo peruano y alguna otra página-panfleto latinoamericana con el mismo contenido:

"El Camarada Prachanda nos advierte en una de sus últimas entrevistas (dada en ocasión del décimo aniversario de la guerra popular nepalí para The Worker, número 10), que la guerra popular de Nepal "en su preparación, inicio y desarrollo es diferente a todas las normas predominantes y convencionales del pasado movimiento comunista". Y luego presenta su singularidad así: "Nosotros hemos preparado la Guerra popular usando el parlamento, poniendo énfasis en un balance y coordinación entre la intervención política y militar, y nosotros hemos usado conversaciones de paz y cese al fuego contra el enemigo en un nuevo camino. Pero en este contexto una cosa es continua, la cual consiste, en poner la línea política revolucionaria en el centro, hacienda concreto análisis de las condiciones concretas y adoptando una línea de masas. En el contexto de la preparación, inicio y desarrollo de la Guerra popular, hemos ido desarrollando una correcta coordinación entre la línea política y militar".

Eso significa: ¡Dictadura militar bolchevique! Esto significa: ¡Imposición por la fuerza de un regimen comunista opresor! Esto significa: ¡Persecución de todo aquel que se oponga al nuevo regimen!

Las palabras de Prachanda el Feroz recuerdan otras palabras pronunciadas en 1910 por el fundador del PSOE, Pablo Iglesias. Téngase en cuenta que lo que en su día dijo Pablo Iglesias es el ideario de todos los bolcheviques (socialdemócratas, socialistas y comunistas) del mundo y por el que se rige toda política de la izquierda, sea en Nepal o sea en España:

  • - "Para aquellos que no hayan estudiado bien estas cuestiones, aunque muchos lo sabrán, diré que el partido que yo aquí represento aspira a concluir con los antagonismos sociales,... esta aspiración lleva consigo la supresión de la magistratura, la supresión de la iglesia, la supresión del ejercito y la supresión de otras instituciones necesarias para este régimen de insolidaridad y antagonismo... Este partido... está en la legalidad mientras la legalidad le permita adquirir lo que necesita; fuera de la legalidad,... cuando ella no le permita realizar sus aspiraciones…”
  • -“No nos interesa hacer buenos obreros y empleados, buenos comerciantes. Queremos destruir la sociedad actual desde sus comienzos”.
  • -La desaparición del "odioso Maura" sería un gran bien para España y la Humanidad. (Diario de Sesiones del 5 de Mayo de 1910).
  • -“Debemos, viendo la inclinación de este régimen por S.S., comprometernos para derribar ese régimen. Tal ha sido la indignación por la política del Gobierno del Sr. Maura en los elementos proletarios que nosotros hemos llegado al extremo de considerar que antes que S.S. suba al Poder debemos ir hasta el atentado personal” (Pág. 439-443 Diario de Sesiones del 7 de Julio de 1910).
  • -“Queremos la muerte de la Iglesia… para ello educamos a los hombres, y así les quitamos la conciencia… No combatimos a los frailes para ensalzar a los curas. Nada de medias tintas. Queremos que desaparezcan los unos y los otros”. Esto lo dijo en el VI Congreso del PSOE en Gijón y lo recoge Luis Gómez Llorente en su libro Aproximación a la historia del socialismo español hasta 1921, Cuadernos para el Dialogo, Madrid,1972, página 169.
  • -“Nosotros estamos dispuestos a vencer -¿se entiende?-, no a defendernos. A matar y a dejarnos matar. A todo”. Pablo Iglesias en la Revista "El Socialista" el 17 de Octubre de 1933.
  • -“Quiero decirles a las derechas que si triunfamos colaboraremos con nuestros aliados; pero si triunfan las derechas nuestra labor habrá de ser doble, colaborar con nuestros aliados dentro de la legalidad, pero tendremos que ir a la Guerra Civil declarada. Que no digan que nosotros decimos las cosas por decirlas, que nosotros lo realizamos” (El Liberal, de Bilbao, 20 de enero de 1936).
  • -“La clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo, y como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la Revolución”.
  • -“La transformación total del país no se puede hacer echando simplemente papeletas en las urnas... estamos ya hartos de ensayos de democracia; que se implante en el país nuestra democracia."

Lo que ahora ha ocurrido debería llamar la atención de Occidente, pero no lo hace. Occidente ha estado callado durante todos estos años de "revolución" nepalí. Mientras tanto, nuestro augusto Rey de España se dedica a alabar a un gobernante que es de la misma calaña que Prachanda el Feroz, sólo que aplica métodos más moderados, aunque no menos peligrosos para la sociedad democrática. Manipular a la población desde la infancia y controlar todas las instituciones del estado es el objetivo de todo bolchevique, y en eso coinciden Z y Prachanda. Que no nos cuenten que la república es democracia pura. Ya se ve lo que supone abolir la Monarquía en Nepal: Terror, opresión e inestabilidad, pérdida de identidad y desastre económico. Pero lo ocurrido en Nepal también ilustra cómo un mal monarca puede acabar con cientos de años de Monarquía. Gyanendra accedió al trono sin haber tenido realmente ninguna posibilidad real, por su lejanía en la línea de sucesión. El trastorno mental que sufrió el príncipe heredero le allanó el camino, pero la vuelta atrás en el tiempo protagonizada por Gyanendra no fue el camino. Su escaso prestigio entre la población y la desaparición de la primera línea de la Familia Real, así como su poca preparación para ejercer como Rey y su carácter autoritario llevaron al Reino al desastre.
Adiós, Nepal, adiós, a tu pueblo le espera la época más negra de su historia.


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