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01 junio 2010

Alemania: La república malograda


En realidad, Alemania nunca debía haberse convertido  en república. Nadie la quería y nadie la votó. Ese es el principal problema y es sintomático para lo que ocurre hoy tras la dimisión por sorpresa del presidente de la república.

En Alemania siempre han tenido cierto problema con la democracia directa. Nunca se consulta al pueblo, se le pone ante los hechos consumados, se trate de la primera o de la occidental (no hace falta hablar de la oriental) de las dos segundas repúblicas. Tampoco después de la incorporación por adhesión de lo que era la república comunista de Alemania Central los políticos alemanes tuvieron el valor de refundar el estado sobre nuevas bases, con una constitución y con una participación ciudadana que nunca ha existido más allá de lo testimonial.

La primera república nació ya tocada de ala tras una guerra mundial que comenzó por una nimiedad y acabó en desastre europeo. Nació porque el emperador alemán se ausentó sin asumir su parte de la responsabilidad, no dispuesto a abdicar en el príncipe heredero y dedicado ya sólo al fornicio con su amante en un palacete en los Países Bajos. Aún así, nadie de los políticos del momento pensó en celebrar un referendum, en cambio sí se lanzaron varios a proclamar la república sin contar con la legitimación para ello. Eso explica, quizás, la poca identificación con el estado, con una democracia no desarrollada, apenas 50 años después de abolirse el estado feudal en Prusia.

Tras el siguiente desastre autofabricado, sobre todo debido a la dejadez de la oposición y de los políticos de los partidos constitucionales en general al ganar las elecciones quien ya había anunciado que iba a destruir la democracia, el país -ya dividido y diezmado- intentó otro ensayo republicano en el oeste, en un principio marcado por hombres valientes que habían quedado tras perder mucho capital humano en una guerra sin sentido y sin posibilidad alguna de éxito. En un país derruido bajo las bombas de los aliados, despojado de su patrimonio cultural hoy escasamente recuperado, así como de un 40% de su territorio, se intentó un nuevo ensayo democrático con muchas limitaciones tan impuestas por los aliados occidentales como las fronteras artificiales de sus estados federados y, por esa misma razón, carente de mecanismos que fomentaran una mayor identificación con el estado.

El presidente de la república federal sólo es una institución decorativa, sin poder y sin apenas margen para opinar. No se elige por el pueblo, no vaya a ser que se repita la experiencia inexistente de la primera república (teniendo en cuenta que el enano de los alpes llegó al poder por el parlamento y gracias a los tontos útiles de la derecha conservadora de entonces, mientras hoy se falsifica la historia adjudicando el desastre al senil presidente Hindenburg), sino por una Asamblea Federal compuesta por la Cámara Baja y la Cámara Alta, más unos cuantos diputados de los parlamentos regionales designados por éstos para participar en la votación. Por eso, Alemania no ha tenido ni un presidente de la república que tuviera una amplia aceptación y fuese conocido ampliamente. Siempre han sido candidatos de consenso entre los grupos parlamentarios que controlan la mayoría en la asamblea que sólo se constituye para elegir al jefe del estado.

Quitando a Theodor Heuss, el primero y mejor presidente que tuvo la república federal, Horst Köhler quizás haya sido el menos anodino. Significativo es también que haya sido miembro de una parte del pueblo en vías de extinción, porque es hijo de una familia alemana del Norte de Bessarabia (antes Rumanía, luego Moldavia) de donde fue expulsada a consecuencia del pacto entre Hitler y Stalin y en 1942 trasladada forzosamente a la Polonia ocupada por los nazis para fines de repoblación germánica, donde nació Köhler cerca de Lublin un año antes de tener que huir de los rusos hacia Alemania Central, luego convertida en RDA, de donde su familia volvió a huir en 1953 para asentarse en Suebia (Alemania Occidental). Se puede decir que con él ha presidido el país un hombre que sabe mucho del pueblo alemán y que puede entender a todos.

Con su marcha, queda a la vista que Alemania es un país decadente cuya población ha perdido tanto la identidad como la homogeneidad. La falta de respeto a las instituciones y la propia cultura llevan Alemania a una deriva peligrosa. Los menos respetuosos en este momento son los Verdes con sus vociferantes representantes Trittin (antiguo maoista de la generación de 1968) y el turco Özdemir, que hace unos años tuvo que retirarse de la política por corrupción, pero a la que ha vuelto con nuevos bríos de impetuosidad y ego crecido. No se parecen dar cuenta, pero Alemania ya no es de los alemanes.
La cara de Köhler al comunicar su dimisión ha dicho más que mil palabras. No se trata sólo de un comentario malinterpretado sobre misiones militares en el exterior. Los problemas son más profundos. Gran parte de culpa tendra, sin duda, la canciller Merkel, pues no paran de dimitir pesos pesados de su partido, y los liberales coaligados con ella no están a la altura de las circunstancias, carentes de convicciones firmes y sometidos a la batuta de de la "codorniz de la zona" (Zonenwachtel; Zone es el nombre despectivo que los occidentales usamos para la antigua zona de ocupación soviética convertida luego en RDA), como la llama un conocido humorista alemán.

La república lleva estancada mucho tiempo. La incursión masiva de alemanes del este no ha sido sino un factor más para el desmembramiento del país. La participación de los comunistas del este en todas las instituciones ha deteriorado la calidad de la democracia, con ellos se han infiltrado miles de "stasis" (espías e informadores de los servicios secretos del este) en las instituciones, especialmente allá donde están en coalición con los socialmemócratos como en Berlín. La Stasi sigue trabajando, en ayuntamientos, en empresas de seguridad (¡vaya cinismo!), en todas partes. También aquí, en España, y quien no lo cree, que mire lo que pasa con Cuba, Venezuela y los tontos útiles que tenemos en España.

Un suceso como la dimisión de Köhler es impensable en una Monarquía. Es precisamente este uno de los grandes valores de la institución monárquica, pues su estabilidad fortalece al país y no lo deja caer en una situación de precariedad institucional aún cuando otras instituciones dejan bastante que desear.

A Alemania le queda poco tiempo si quiere sobrevivir. Quizás lo que hace falta es un cambio radical. Disolver Alemania y dividirla en nueve estados independientes para volver a la situación anterior a 1871 no sería mala idea. Ayudaría al pueblo alemán a reencontrarse con su origen y su identidad, la de cada una de sus regiones históricas. Pero claro, eso implicaría volver a la Monarquía, y no veo el pueblo alemán capaz de ser tan imaginativo y creativo. Es un pueblo acabado. Qué pena.

31 mayo 2010

Alemania a la deriva: Dimite el Presidente de la República Federal de Alemania

El presidente de la república alemán Horst Köhler (CDU) acaba de anunciar su dimisión irrevocable como jefe del estado alemán, lo que supone un acontecimiento de máxima gravedad que nunca se había producido en los 61 años de existencia de la República Federal de Alemania.

El presidente de la república justifica su decisión con la controversia levantada a causa de sus recientes valoraciones controvertidas de la misión de las tropas alemanas en Afganistán y en el exterior, con las que parecía poner en duda la constitucionalidad de la misma, pues según sus palabras se trata más de defender intereses económicos que interés políticos. Aunque posteriormente matizó sus palabras, los ataques contra el jefe del estado alemán no han cesado. Debido a esta falta de respeto a la máxima institución de Alemania ha decidido dimitir, lo que representa un hecho de máxima gravedad.

Este es el discurso de dimisión del presidente de la república:


"Mis manifestaciones sobre las misiones en el extranjero de las Fuerzas Armadas Federales que hice el 22 de mayo del año en curso han provocado fuertes críticas. Lamento que mis palabras hayan podido llevar a malentendidos en una cuestión tan importante y complicada para nuestra nación. Pero la crítica llega a tales extremos que se afirma que yo estaría a favor de misiones de las Fuerzas Armadas Federales que no estarían cubiertas por la Ley Fundamental. Esta crítica carece de toda justificación y deja echar en falta el debido respeto a mi cargo.

Por medio del presentre acto comunico mi dimisión del cargo de Presidente Federal - con efectos inmediatos. Doy las gracias a las muchas personas en Alemania que me han mostrado su confianza y que han apoyado mi labor. Les ruego que tengan comprensión para mi decisión.

De acuerdo con la Ley Fundamental, las facultades del Presidente Federal serán asumidas ahora por el Presidente del Consejo Federal. He informado telefónicamente al señor Alcalde Böhrnsen [Bremen] sobre mi decisión, asimismo al señor Presidente de la Dieta Federal, a la señora Canciller Federal, al señor Presidente del Tribunal Constitucional Federal y al señor Vicecanciller Federal. Ha sido para mi un honor de servir a Alemania como Presidente Federal."


Las palabras de la discordia del presidente saliente han sido estas:

"Desde mi punto de vista la realidad es la siguiente: Allí luchamos también por nuestra seguridad en Alemania, allí luchamos en unión con nuestros aliados sobre la base de un mandato de las Naciones Unidas. Todo esto significa que tenemos responsabilidad. Me parece correcto si en Alemania se vuelve a debatir también siempre de forma escéptica poniendo esto en duda.

Sim embargo, estimo que en general estamos en vías de comprender a la sociedad también en su aplitud, que un país de nuestro tamaño con esta línea de comercio exterior y, por tanto, con esta dependencia de l comercio exterior, tiene que saber igualmente que en caso de duda, en situaciones de emergencia también es necesaria una misión militar para garantizar nuestros intereses, por ejemplo para mantener libres las rutas comerciales, por ejemplo para evitar la inestabilidad de regiones completas que podría tener consecuencias negativas para nuestras oportunidades comerciales, de empleo y de ingresos. Todo ello debe ser objeto de un debate, y yo creo que no estamos tan mal encaminados."


Las funciones del presidente de la república serán asumidas interinamente por el presidente del Consejo Federal (Cámara Alta), Jens Böhrnsen (SPD), Alcalde-Presidente de la Ciudad Libre y Hanseática de Bremen, quien ha sido informado previamente sobre la decisión de Köhler.

Con esta dimisión, la canciller alemana Ángela Merkel se encuentra en una situación cada vez más complicada, ya que hace sólo una semana anunció su dimisión  el ministro presidente del estado federado de Hesse, Roland Koch (CDU), igualmente centro de ataques por su línea clara e inamovible en el gobierno regional de Hesse. Los menguantes apoyos en su propio partido y su fama de estar eliminando a todos los que puedan pararle los pies ponen en entredicho su capacidad para dirigir el gobierno federal.

El viernes, la canciller federal manifestó que no iba a comentar las declaraciones de Köhler, Es evidente que las relaciones entre Merkel y los pesos pesados occidentales de su partido están bajo mínimos.

El grado de decadencia política del país queda manifiesto a la vista de que todas las cadenas de televisión alemanas están volcadas en la ganadora del concurso de Eurovisión, mientras que la grave situación creada a consecuencia de la dimisión del presidente de la república queda en segundo lugar. Ante la situación creada algunos no tienen mejor ocurrencia que proponer a Lena para la jefatura del estado.

Las reacciones de la prensa son bastante sectarias y poco profundas. Apenas nadie analiza las verdaderas razones para esta dimisión. Tampoco parecen ser capaces de proponer candidatos, quedándose anclados en personajes caducos y desgastados en lugar de hacer propuestas novedosas y creativas. La prensa alemana tiene mucha culpa en esta dimisión de órdago que es respuesta a la deriva de una sociedad enferma.