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20 noviembre 2008

El 20-N y la libertad de expresión





Hoy hace 33 años que falleció el General Francisco Franco, dictador militar del Reino de España durante 39 años (36 años en lo que había sido zona republicana).

Hasta hace poco, no era ningún problema que la gente que añora aquellos tiempos pasados del franquismo se manifestara libremente por las calles y el Valle de los Caídos para poner de manifiesto su amor por el régimen totalitario, que fue transformado en democracia por la hábil e inteligente labor de nuestro augusto Rey Don Juan Carlos I, nombrado en 1969 por el General Franco para sucederle a título de Rey, un Rey que supo transformar los Principios Generales del Movimiento en la base para la transformación del país en democracia parlamentaria occidental auténtica posibilitando el referéndum para establecer dicho sistema en 1977 y convocar las Cortes Constituyentes que elaborarían la actual Constitución de 1978.

Lo que causa ahora preocupación -aunque no sorpresa- no es que aún existan personas que adoren al difunto general y su icono José Antonio Primo de Rivera que quieran celebrar esta conmemoración doble por ambas personalidades de otros tiempos delante de sus tumbas en el Valle de los Caídos, sino que hoy ya no es posible que estas personas se manifiesten libremente, pues al acudir al Valle de los Caidos con sus vestimentas particulares supone que por razones políticas y censoras se les impida el acceso al recinto. Se alega que es lo que dispone la Ley de Memoria Histórica, una ley destinada a tergiversar la historia de España y a amordazar a los que no piensan igual que sus autores. Foto: Vista desde el el monumento del Valle de los Caídos.

El estado actual de abandono del Valle de los Caídos, que al margen de su significado histórico es un lugar privilegiado para disfrutar de la naturaleza y de las panorámicas únicas sobre la sierra y Madrid, es de iguales proporciones que el deterioro de nuestra democracia, en la que la libertad de expresión se ve cada vez más acosada por los autores y los ejecutores de dicha ley, una ley destinada no a mejorar el conocimiento de nuestra historia, sino a abrir viejas heridas, incrementar la crispación entre los españoles y a falsear y utilizar los hechos históricos para manipular las mentes de aquellos que no tienen ninguna noción de los tiempos pasados por no haberlos vivido ni físioca ni conscientemente.

El deteriorio del Valle de los Caidos como monumento histórico-artístico (nótese que las tiendas y la cafetería en la entrada llevan cerradas mucho tiempo, el recinto apenas es restaurado, el número de visitantes es bajísimo) y su profanación por nuestro juez justiciero de todos los dictadores no bolcheviques del mundo (que no se ha planteado nunca abrir causas contra Castro, Che Guevara, Hugo Chávez, Daniel Ortega por genocidas ni investigar el paradero de muchos de los niños de la guerra que los republicanos españoles enviaron a Rusia contra su voluntad y sin garantías, infringiendo los derechos humanos y los derechos fundamentales de los menores de edad, donde les esperó una vida en un sistema dictatorial comunista inhumano y sin libertad, sin posibilidad de volver a España tras la guerra y manipulados por los gobernantes bolcheviques de Rusia para ser buenos ciudadanos comunistas en el espíritu marxista-leninista-estalinista) ya se había producido en tiempos del gobierno Aznar, no lo olvidemos, al igual que el deterioro de la calidad de enseñanza ya iniciado bajo el gobierno de Felipe González y que Aznar no remedió a pesar de haber tenido la oportunidad de anular la reforma del sistema educativo pendiente de aplicación en marzo de 1996. Foto: La cruz del Valle de los Caídos y acceso a la Basílica con las tumbas del General Franco y de José Antonio Primo de Rivera.

Los franquistas celebraron su última gran manifestación en 1984, cuando aún llenaron el Paseo de la Castellana con un millón de manifestantes, pero a partir de entonces decaía el número de asistentes a las manifestaciones del 20-N año tras año, mientras que los antiguos franquistas se integraron en la vida política democrática, entre otras cosas porque la mayoría ya no tenía edad para un activismo político y porque los jóvenes de entonces se darían cuenta que no tiene sentido desear la vuelta de un régimen que ya no tenía sentido en la década de 1980. Que se manifestaran los franquistas nunca ha supuesto ningún problema para la democracia española, como tampoco es ningún problema que otros se manifiesten a favor de la URSS, cuando ésta lleva casi dos décadas disuelta, que enarbolen banderas inconstitucionales anteriores a la dictadura de Franco o que erijan estatuas a Stalin o Lenin, como ha pasado en algunos municipios andaluces, en demostración del espíritu de libertad y democracia que viven algunos políticos andaluces del progresismo más rancio. Foto: Monasterio del Valle de los Caídos con hospedería.

Preocupa por tanto que este año el gobierno haya dispuesto controles de acceso al Valle de los Caídos para discriminar a los asistentes según el color de sus camisas o la forma de sus insignias. Preocupa que este mismo mes el organismo autonómico catalán de censura y limitación de la libertad de expresión del CAC (símbolo del radicalismo catalanista) haya decidido retirar las licencias a dos emisoras de la COPE y dos emisoras de Punto Radio (ABC-Vocento) por no compartir las ideas del catalanismo más radical representado por el tripartito nacionalsocialista y separatista de PSC, ERC e IU (IC-V) y no someterse al dictado ideológico en Cataluña. Preocupa que un solo juez pueda reabrir tumbas y heridas para volver a abrir un capítulo de la história que se suponía superado. Preocupa, en fin, el deterioro de la democracia española, que por tan buen camino iba hasta hace cinco años y que nunca en estos 30 años de democracia constituicional, 32 años de democracia efectiva y 33 años de democracia coronada había sufrido un acoso tan atroz y desmesurado como bajo el gobierno del peor de todos los presidentes del gobierno españoles de la democracia.

Si hay algo que conmemorar en este 20 de noviembre es la llegada de la democracia a España de la mano de nuestro augusto Rey Don Juan Carlos I, una democracia que debe garantizar a todos los ciudadanos su libertad de manifestar sus gustos y opiniones de forma pacífica y sin limitaciones o discriminaciones de ninguna índole, coincidan o no con el actual sistema democrático, porque en esto consiste la democracia. Otra cosa es que se intente derrocar el actual sistema democrático monárquico por la fuerza y mediante la manipulación de las mentes y de la opinión pública, convirtiendo la memoria histórica de todo un pueblo en la memoria histérica de un gobierno sectario que nos dicta lo que debemos pensar y decir. La Constitución de 1978.


Por la monarquía parlamentaria y constitucional
Por la democracia

¡Franco ha muerto!
(Stalin también)


¡Viva España!
¡Viva el Rey!

19 noviembre 2007

Y al trigésimo segundo año... ¿le resucitaron?

20-N, treinta y dos años después

Hoy hace treinta y dos años que falleció el General Franco, un acontecimiento que ya queda muy atrás y casi quedó en el olvido ... si no fuera por el pZoe y la obsesión de Z y camaradas de resucitar constantemente los tiempos de la segunda república y el régimen de Franco, que no fue sino consecuencia de lo que ocurrió en esta república cuando estuvo gobernada por el pZoe y los grupos radicales de la izquierda.

Hasta finales de los noventa, parecía superada esta época, con las heridas cerradas y bien curadas. Precisamente el cambio de gobierno en 1996 hizo creer que España comenzaba una nueva era sin el lastre de la historia.

Pero no. La izquierda no perdona, su rencor no tiene límites, y nunca va a superar que perdió esa guerra tan cruenta causada por ella misma y que llevó tan chapuceramente que la tuvo que perder, a pesar de contar con aliados tan estrambóticos como peligrosos como la URSS de Stalin. Llama la atención la semejanza con las amistades actuales de Z.

En su afán de mirar hacia atrás y abrir viejas heridas, Z ha conseguido dividir a la nación y retroceder en el tiempo. Z realmente no vivió la época de Franco, tiene un recuerdo virtual y nublado de su abuelo, que no fue tan héroe como nos pintó y al que no pudo conocer por nacer veintitantos años después de que falleciera, pero tiene clara una cosa: Añora la segunda república y recrea todos sus males.

A finales de los setenta se rodó una película, técnicamente no muy buena, pero muy ilustrativa de lo que era la actitud de los españoles tras los primeros años de democracia. Se basó en el libro de Vizcaíno Casas, "Y al tercer año resucitó", tratando de la hipotética resurrección de Franco tres años después. Además, ilustra muy bien el desmadre autonómico del momento (muy parecido, en el fondo, al actual si pensamos en las comunidades "históricas"), pero llega a la conclusión que todo tiene que evolucionar y que no hay marcha atrás.

La historia es un hecho objetivo. No se puede manipular estableciendo por ley lo que debemos recordar y lo que no. Modificar la historia es algo típico de los regímenes totalitarios. Este afán por cambiar la historia al gusto del régimen lo describe muy bien George Orwell en "1984". Lamentablemente, parece que las novelas y películas de ciencia ficción más negativas van a ser las que se convierten en realidad (se puede pensar en "Soylent Green", de principios de los setenta, relativa a los problemas de alimentación y de la eutanasia).

En un momento en que ya apenas hay personas que se reúnan para recordar la muerte de Franco, muy al contrario lo que aún pasaba hasta 1984 con las macromanifestaciones de Fuerza Nueva en la Castellana y que declinaron en los años posteriores de forma significativa, no veo la necesidad de resucitar fantasmas del pasado con la Ley de la Memoria Histérica y actuaciones semejantes.

La derecha en España se ha vuelto cada vez más respetuosa y, sobre todo, no mira constantemente al pasado. Pero son los que no hacen otra cosa que hablar de paz, respeto, diálogo y mirar hacia el futuro los que hacen justo lo contrario. Podemos verlo en todas las manifestaciones de la izquierda y extrema izquierda: Los antifascistas van armados hasta los dientes para ir contra los que consideran fascistas, izquierda y extrema izquierda (pZoe, IU, sindicatos, partidos extraparlamentarios tipo Movimiento Comunista) se manifiestan contra guerras inexistentes y con banderas soviéticas, los artistas sostenidos económicamente por el gobierno actual ya no se preocupan por la integridad física de nuestros soldados que mandan a la guerra en Afganistán.

La falta de identificación con el propio país, la manipulación a través de los medios de comunicación controlados por la izquierda y la educación y la falta de profesionalidad y de principios en el buen gobierno de la nación llevan al desastre y deterioran la democracia, que antes de Z parecía muy bien asentada.

La democracia actual la tenemos gracias a la habilidad de S.M. el Rey que supo encauzar la política en la dirección correcta al elegir a Adolfo Suárez como presidente del gobierno, que fue el mejor hombre para aquel momento. Acusar hoy al Rey de ser un reducto del franquismo es una insolencia, pues la Familia Real encabezada entonces por Don Juan de Borbón siempre se caracterizaba por su convicción de tener que restablecer la democracia. Hacerlo como lo hizo el Rey fue complicado, primero desde su proclamación como sucesor de Franco a título de Rey el 23 de julio de 1969, luego dentro de la legalidad vigente en 1975 y sin alterar los ánimos de los que aún ostentaban el poder efectivo. Seguramente, la mayor parte de los dirigentes franquistas tenían muy claro que el cambio que tenía que producirse era inevitable y necesario. Pero a la izquierda le cuesta reconocerlo. Es ella la fuerza más reaccionaria hoy en día.

Es de esperar que el año próximo, cuando se celebre el trigésimo aniversario de la Constitución, un nuevo gobierno haya conseguido reconducir la política errónea de ahora para que el siguiente 20-N no sea más que un hecho histórico más visto con toda normalidad, igual que el escudo de San Juan que enlaza con la historia desde los Reyes Católicos y fue también el primer escudo "constitucional" (la Constitución sólo establece los colores nacionales, no el escudo, que se cambió en 1981). Entender la historia es saber como fue y no como algunos quieren que fuera y por lo que introducen la educación para la tiranía. La Monarquía parlamentaria es la mejor garantía para que no haya tiranías.