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27 diciembre 2010

Mensaje de Navidad de S.M. el Rey o Vivir en el mundo de Yupi

Según informa El Mundo, la audiencia del mensaje de Su Majestad el Rey ha llegado a su nivel más bajo de la última década.

Una media de 7.120.000 espectadores han seguido este año el mensaje navideño del Rey, lo que supone de nuevo el peor dato de la última década, con 850.000 menos que en 2009 y cerca de dos millones menos que en 2000, según un estudio de Barlovento Comunicación sobre datos de Kantar Media.

El discurso de Nochebuena del Monarca ha vuelto a perder este año seguidores, a pesar de la TDT y de los 33 canales que lo han ofrecido en esta ocasión, cuatro más que el año pasado, cuando atrajo a 7.979.000 personas (que ya fue el menos visto de la última década), con una cuota del 72,0%, frente al 65,6% de este año.

En cambio, los índices de consumo televisivo en la franja horaria correspondiente al mensaje han sido los segundos mayores de la historia, sólo por detrás de los registrados el año pasado. Un total de 10.847.000 individuos veían televisión en dicha franja, alrededor de 225.000 espectadores menos que en 2009.

La evolución de la audiencia de la alocución de don Juan Carlos ha sido la siguiente en la última década: 9.140.000 espectadores y 87,2% de "share" en el año 2000; 8.956.000 en 2001; 8.265.000 en 2002; 8.457.000 en 2003; 8.235.000 en 2004; 8.648.000 en 2005; 8.683.000 en 2006; 8.738.000 en 2007; 8.593.000 en 2008 y 7.979.000 en 2009.

El Rey recibió al dictador Chávez
Estos datos dan que pensar. Y la culpa la tiene enteramente el Rey, con su actitud manifiestamente mejorable en cuestiones tan fundamentales como han sido y siguen siendo los ataques al orden constitucional, la insumisión del gobierno catalán en lo que se refiere a la ejecución y el acatamiento de las sentencias de los más altos tribunales españoles, las afrentas del dictador comunista venezolano Chávez a España y la expropiación paulatina de patrimonio de españoles en dicho país, así como la indiferencia aparente ante los problemas de desgobierno que sufre España, con un gobierno que no está dispuesto a buscar soluciones serias para remontar la crisis económica y financiera.

Dijo S.M. el Rey:

"Llegamos al final de un año difícil y complejo, marcado por una crisis económica, en España y en otros países, más larga e intensa de lo esperado. En nuestro caso ha puesto de manifiesto desequilibrios y deficiencias estructurales que hemos de resolver juntos con eficacia y prontitud."

Palabrería hueca al estilo de Zapatero, a parte de que falta a la verdad. "Más larga e intensa de lo esperado." Estaba anunciado que iba a ser una crisis muy dura para España, hecho que negó el primer ministro Zapatero reiteradamente incluso cuando ya era más que evidente.

"Lo más doloroso es que ha golpeado a tantos hombres y mujeres que han sufrido -en su propia carne o en sus familias- la pérdida de empleos. Los parados concentran nuestras preocupaciones; son una prioridad insoslayable. La sociedad española no puede dejar que, especialmente, tantos jóvenes carezcan por más tiempo de un trabajo."

¿La sociedad? Majestad, ¿qué puede hacer la sociedad para remediar esta situación? ¿Qué hace Vuestra Majestad para que se busquen alternativas? Es muy fácil decir estas cosas y trasladar la responsabilidad, como hace Zapatero, a la sociedad. Las soluciones tienen que venir del gobierno, que debe coordinarse con todos los sectores de la economía nacional para buscar salidas e incentivar la actividad económica en todos los ámbitos.

"Pienso asimismo en quienes han tenido que cerrar comercios, talleres o negocios. En todas las personas que han asumido grandes sacrificios y esfuerzos a lo largo de este año: trabajadores asalariados, autónomos, profesionales, empresarios, pensionistas o funcionarios. Todos ellos merecen nuestro más amplio respaldo. Sus múltiples desvelos diarios y los de millones de familias, cuentan con nuestra mayor gratitud pues contribuyen al bien de todos."

Vale, muy bien. Gratitud. Respaldo. Majestad, ¿cómo se tiene que articular este respaldo? El bien de todos está siendo delapidado desde hace años por un gobernante pródigo que inventa prestaciones y derechos sociales sobre la marcha para camelarse a sus votantes, y luego resulta que tiene que dar marcha atrás a sus inventos sociales porque el estado no tiene recursos suficientes para pagar estos repartos injustificados de una riqueza menguante. ¿Cuál es el esfuerzo de Vuestra Majestad para enderezar lo que tuerce cada día este gobierno de inútiles?

"La crisis ha requerido la adopción de importantes decisiones por parte de nuestros poderes e instituciones públicas a todos los niveles. A escala europea ha exigido concertar nuevas iniciativas. Pese a ciertos signos alentadores, todavía no se ha logrado una plena estabilización y recuperación internacional."

La crisis ha requerido tales decisiones, pero no se ha tomado apenas ninguna realmente eficaz. Por eso mismo no se ha logrado ninguna estabilización, mientras que la recuperación se ha limitado a países que sí han tomado medidas serias y han sabido coordinar los sectores de su economía para reactivarla.

"Es preciso seguir adelante con empeño, ganar la batalla al paro con decisión, constancia y firmeza; mejorar en productividad y competitividad, en educación e innovación; y volver a situar a nuestra economía con visión de futuro en el pelotón de cabeza, manteniendo nuestra protección y cohesión social."

El Páis de las Maravillas versus El Mundo de Yupi
¡Decidselo al gobierno, Majestad! En los últimos siete años España sólo ha perdido competitividad porque tenemos un gobierno que ha recortado todos los grandes proyectos de infraestructuras cuando aún quedaban recursos para financiarlos, y el desaguisado separatista en Cataluña no ha hecho sino contribuir a una huida mayor de inversores de un país de locos. Por añadidura, no existe esa protección y cohesión social precisamente porque el gobierno ha arruidano al estado y ha creado y eliminado prestaciones sociales por puros intereses electorales, desatendiendo la capacidad financiera real del país.

"Sin un crecimiento adecuado no crearemos empleo. Y para crecer como necesitamos, debemos proseguir y abordar juntos las reformas necesarias, cumpliendo además nuestros compromisos en materia presupuestaria y de déficit. Se trata de modernizar nuestro modelo productivo y de generar mayor confianza para reactivar nuestra economía, proyectando al mundo nuevos ejemplos de vitalidad y de impulso como sociedad."

Todos sabemos lo que hay que hacer, Majestad, menos el gobierno - o digamos los gobiernos, ya que tenemos 18. Estos discursos balsámicos no sirven de nada. Lo que esperan los ciudadanos de su Rey es que tenga un discurso independiente y que sea también capaz no sólo de apuntar los problemas, sino de criticar a los que los causan o agravan.

"Pudimos salir con éxito de anteriores crisis económicas. Disponemos de las condiciones y de los instrumentos necesarios para lograrlo de nuevo."

¿Disponemos de ellos? Lo dudo. Esta crisis no se parece a las anteriores, porque la situación es diferente. Lo que sí es cierto es que todas las crisis económicas severas se han producido bajo gobiernos del PSOE. ¡Qué casualidad! Ahora las soluciones dependen de medidas estructurales de envergadura que este gobierno no es capaz de tomar.

"Somos una gran Nación, orgullosa de su pluralidad y diversidad, integrada en la Unión Europea con la que estamos comprometidos y por la que siempre hemos apostado. Un país de personas laboriosas y creativas, con una juventud espléndida, un inmenso y variado patrimonio cultural, modernas infraestructuras y muchas empresas punteras a escala internacional. La misma España que ha sido capaz de progresar y de superar con éxito muchas pruebas."

El desfile el Día de la Hispanidad este año ha sido una muestra más del deterioro del país.
España baja cada vez más en los rankings internacionales. La gran nación corre el riesgo de convertirse en un conglomerado de naciones inventadas. Las infraestructuras son insuficientes por el parón del gobierno socialista, y la falta de ingresos del estado conlleva que no sean mantenidas adecuadamente. Al igual que se van profesionales cualificados a otros países con más oportunidades y mejores sueldos, las empresas menguarán ante las dificultades de financiación y la descoordinación entre los gobiernos autonómicos y sus normativas que dificultan una actividad de ámbito nacional, como en materia de medio ambiente, energía o urbanismo. ¿Por qué no apunta Vuestra Majestad esa problemática para exigir a los gobiernos españoles una mayor sensatez a la hora de regular actividades? Y eso de la juventud espléndida, que en un número nada desdeñable se dedica al botellón, da como mínimo una imagen bastante dudosa de su esplendor.

"No hemos llegado hasta aquí para dejarnos vencer por las dificultades, para renunciar a nuestras ambiciones de construir un país cada vez mejor."

¿En qué mundo vive Vuestra Majestad? El país está en una situación cada vez peor. Amenaza la quiebra del estado por no poder atender debidamente el pago de sus deudas, que disimula con la emisión de bonos de estado cada vez más costosos y más difíciles de colocar en los mercados. Las ambiciones de Vuestro gobierno han sido, ante todo, de tipo ideológico, marcada por los estrechos contactos con regímenes comunistas tercermundistas y la ausencia de los foros más importantes para nuestro país como son los países líderes de la UE y Noreteamérica.

"Debemos desterrar el desánimo, levantar la cabeza, aunar esfuerzos y continuar la faena, conscientes de lo que somos, de lo que ya tenemos y de lo que podemos avanzar."

¿Qué somos, Majestad? Cada vez tenemos menos y vamos hacia atrás. Levantar la cabeza ¿qué quiere decir? Se nota que Vuestra Majestad no tiene que luchar contracorriente cuando quiere crear una empresa u obtener un crédito del ICO. ¿Sabéis, por casualidad, cuántos caminos hay que recorrer para luego no tener más que gastos? ¿Cuál es la aportación real de las administraciones públicas a la creación de empleo y la dinamización de la actividad económica?

"Los nuevos tiempos requieren grandes compromisos por parte de todos. Si queremos ganar el futuro, debemos mirar más allá, estimular ilusiones y fortalecer capacidades, sabiendo que juntos llegaremos siempre más lejos."

Es la continuación del bla bla bla del párrafo anterior, Majestad. El futuro se gana si se puede afrontar con ilusión. Pero si la ilusión por hacer algo de provecho, por tener iniciativa, es frustrado por la acción de los funcionarios, anclados en normativas enrevesadas destinadas a poner cuantas más trabas posibles a cualquier iniciativa de un ciudadano, se consigue todo menos estimular la ilusión y de aprovechar las capacidades de los ciudadanos, que son al fin y al cabo los que tienen que sacar adelante un país gobernado por una panda de inútiles despilfarradores.

"Por todo ello, para salir de la crisis y asegurar nuevos horizontes de prosperidad y de bienestar, necesitamos unidad, responsabilidad y solidaridad. Estos son los mejores aliados para vencer dificultades y alimentar nuestras esperanzas. Los mismos que han guiado a otros países."

Pues, Majestad, ¡decidselo a Zapatero y sus camaradas. El gobierno socialista se caracteriza por fomentar la desunión de España y de sus ciudadanos, porque anhela recrear una situación como la que hubo en 1936, por ser altamente irresponsable en la administración de los recursos públicos y por ser insolidario con los que realmente crean riqueza. Esta situación lleva a la desesperanza, y por eso mismo muchos optan por abandonar el país.

"Creo que la actual situación ha puesto de relieve lo evidente: de cómo le vaya a España depende cómo le vaya a cada uno de los españoles. Por eso, no caben actitudes individuales ni colectivas de indiferencia o de egoísmo, que a la postre nos dañan a todos."

¿Esto qué quiere decir? Aquí el egoísmo ha sido él del gobierno. El gobierno ha actuado de forma individual y no concertada. Como vaya a cada uno de los españoles depende de cómo le vaya a España, y no al revés, como decís, Majestad. No depende de los individuos cómo le va a ir a su país, depende fundamentalmente de la acción del gobierno nacional y de los gobiernos autonómicos. La Comunidad de Madrid es un buen ejemplo para ver de quién depende la marcha del país, porque a pesar de una política nacional nefasta, el gobierno autonómico ha sabido controlar el gasto y conseguir una actividad económica sostenida, con un incremento del desempleo más atenuado.

Los individuos hacen lo que les dejan hacer. El ciudadano individual no va a actuar pensando en el conjunto de la sociedad en la que vive. Es una estupidez mayúscula lo que decís, y se nota que el discurso lo escribe el gobierno y no la Casa Real, porque el equipo de Zapatero siempre intenta responsabilizar a los demás por los desaciertos de su gestión.

"Nada que valga la pena se consigue sin renuncias y sin entrega. Es preciso fomentar el ejercicio de grandes valores y virtudes como la voluntad de superación, el rigor, el sacrificio y la honradez. Valores y virtudes cuya ausencia no es ajena al origen de la crisis, y que son consustanciales a toda sociedad justa y equitativa."

Promulgación de la Constitución el 6-12-1978
Esta frase da realmente náuseas. ¿Qué virtudes y qué valores? Serán los que no tiene el gobierno - y que no tiene Vuestra Majestad. Porque tener valores es defender la Constitución y el orden constitucional. Voluntad de superación es llamar la atención sobre los ataques a la unidad nacional. Tener valores es decir al gobierno lo que hace mal. - ¿O es tener valor? me parecfe que no tenéis ni valores ni valor, Majestad.

"En definitiva, debemos unir nuestras fuerzas para alcanzar nuevos logros colectivos, con confianza en nosotros mismos y en nuestro país, contando con la acción de nuestras instituciones en el marco de convivencia y estabilidad que asegura nuestra Constitución."

La Constitución no asegura nada, Majestad. Ni siquiera quién la promulgó asegura que sea cumplida. Vuestras instituciones, que administran la justicia en Vuestro nombre, colaboran con aquellos que quieren acabar con la Constitución. En Cataluña no existe ese marco de convivencia y estabilidad. En el país Vasco parece que la situación se ha normalizado un poco, al igual que en Galicia. Pero el riesgo sigue latente. ¿Cómo queréis, Señor, que tengamos confianza en nuestro país si los que deben protegerlo se desentienden de su defensa?

"Todos, empezando por nuestros partidos políticos y agentes económicos y sociales, somos importantes para conjugar voluntades en esta dirección, con generosidad, sentido de Estado y pensando en el interés general."

Claro, todos somos importantes. El jefe de estado es importante, pero destaca por no tener ningún papel relevante. Está visto que no existe generosidad para aunar voluntades y para pensar en el interés general, Majestad.

"Quiero reiterar esta noche que el terrorismo solo suscita condena y repudio en cuantos defendemos la libertad y la democracia. No nos debe faltar determinación para acabar con esta lacra. Honremos y arropemos con todo nuestro cariño y solidaridad a las víctimas de la violencia terrorista y a sus familias."

Como el gobierno, más solidario con los terroristas que con las víctimas. Las víctimas no interesan ya ni a la oposición. No existe una determinación a la hora de acabar con los terroristas. La mejor prueba es que el gobierno sigue negociando con ETA y hace concesiones a sus presos.

"Por otro lado, continuemos prestando la máxima atención a los excluidos y marginados, trabajando por la igualdad de oportunidades y en apoyo de los discapacitados. Redoblemos asimismo esfuerzos para combatir las drogas y terminar con la inaceptable violencia de género. Y por supuesto, cuidemos más nuestro entorno natural."

Me pregunto qué tiene que ver el entorno natural con problemáticas sociales como la marginación y la violencia de género. Esa frasecita es todo lo que tenéis que decir sobre un enotorno natural cada vez más deteriorado en España, especialmente en las costas y en la sierra madrileña. Unir tantos temas diferentes en una misma frase ilustra lo poco relevante que parecen ser estos asuntos.

"Nos jugamos mucho a diario en el mundo complejo y competitivo en que vivimos. Por eso tenemos que defender el papel y los intereses de España en el plano internacional y mantener nuestros compromisos con la paz y el desarrollo de muchas naciones necesitadas. En este marco dirijo mi gratitud y afecto, a los miembros de nuestras Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad desplazados en otros países, que han sufrido la pérdida de compañeros que permanecen en nuestro recuerdo."


SS.MM. los Reyes en Bulgaria en 1991. ¡Qué tiempos aquellos!
Como si el despilfarro que supone la presencia militar en zonas geográficas con las que no tenemos nada que ver mejorase nuestro papel en el mundo. ¿Cuál es el desarrollo que experimenta Afganistán desde que España y Europa tienen tropas destinadas allí? ¿Se justifica perder soldados en un país en guerra que aumenta su producción de opio gracias o a pesar de nuestra presencia militar? El papel de España en el exterior debería otro muy diferente, y sobre todo no debería centrarse en dictaduras comunistas amigas del gobierno socialista.

"Pero el año 2010 nos deja también alegrías, realizaciones y esperanzas, incluidos numerosos triunfos inolvidables en la historia de nuestro deporte. ¡Estoy convencido de que 2011 nos aportará nuevos éxitos y avances en muchos campos!"

Pues qué bien, como si los triunfos deportivos arreglasen algo en nuestro país. Por ahora nos espera un éxito destacable: la quiebra del estado al no poder pagar sus deudas con nuevas emisiones de bonos invendibles.

"He contado siempre, y muy especialmente este año, con el afecto de los españoles y con el activo apoyo del Príncipe de Asturias. Al expresar mi agradecimiento quiero, una vez más, asegurar que sigo y seguiré cumpliendo siempre con ilusión mis funciones constitucionales al servicio de España. Es sin duda mi deber, pero es también mi pasión."

Espero que no os equivoquéis. Las cuotas de pantalla de Vuestro mensaje de Navidad demuestran que ese afecto y apoyo está menguando. Espero que aprendáis de ello, porque con discursos tan aburridos y vacuos no vaís a mejorar el interés que tengan los españoles por lo que decís. Es lo que tiene rodearse de republicanos y hacerles la pelota.

"Quiero terminar reiterando mi plena confianza en España y en nuestros ciudadanos. Confianza en nuestra capacidad y fortaleza para dejar a nuestros hijos y nietos un país cada vez mejor, con mayor prosperidad en cada pueblo, ciudad y Comunidad Autónoma. En suma, plena confianza en que seguiremos progresando."

Un país que por ahora va cada vez peor, quedando para los nietos la ruina del estado, del sistema de pensiones y la poca esperanza de encontrar empleos bien pagados y estables. Confianza es buena, control es mejor. Controlad al gobierno y a las instituciones, para empezar, y luego exigid que hagan lo que tienen que hacer para que este país pueda tener un futuro, que según las palabras del propio primer ministro Zapatero tardará al menos cinco años en recuperarse. Y si lo dice Vuestro amigo bolchevique, habrá que añadir tres años más.

Así que, ¿a quién le va a interesar lo que diréis las Navidades de 2011? Seguramente, la audiencia bajará en un millón de espectadores.



25 diciembre 2010

Iluminación navideña o La decadencia de Occidente


Cada año de nuevo, especialmente a lo largo de los últimos ocho años, la iluminación navideña de Madrid y muchas otras ciudades europeas se ha convertido en todo menos el enaltecimiento del significado de las fiestas de la Natividad de Cristo.

La enajenación de estas fiestas llega a tal punto que gran parte de las sociedades europeas ya no está en condiciones de explicar el porqué de la Navidad, convertida en una fiesta de consumo y de regalos sin sentido más allá del deseo de recibir gratuitamente objetos de los demás.

Cuando se pregunta a los ciudadanos en la calle qué es la Navidad y por qué se celebra, especialmente los más jóvenes no saben lo que significa ni siquiera el nombre.

Navidad viene de Natividad (del Señor Jesu Cristo), como Weihnachten de la Noche Sagrada (geweihte Nacht). Y se llega a aberraciones de convertir esta fiesta en "Feliz cambio de temporada" o "Felices Vacaciones", como si el hecho de tener vacaciones en estas fechas fuera un motivo de celebración y fiesta o se tratara de celebrar simplemente el cambio estacional (cuando en realidad se trata del solsticio por ser el 21 de diciembre el día más corto del año. ¡Qué barbaridad! ¡Qué blasfemia!

La Navidad, desde hace décadas, pierde cada año más de su significado. El aspecto más repugnante de la vorágine comercial es la imposición global de la imagen de un San Nicolás degenerado en Santa Claus à la Coca Cola. El poder del marketing estadounidense ha conseguido eliminar cualquier rasgo del San Nicolás original y sustituirlo por un monigote de colores chillones y con ropaje más que cutre que ya no recuerda ni de lejos que en realidad se trata de la figura de aquel obispo de Bizancio, al que le siguió la leyenda de haber sido generoso con los niños en fechas navideñas.

Lo más triste es que incluso los políticos que se autodenominan o consideran conservadores -cuanto más hipócritas-  han sustituido la imaginaria tradicional por un desfile de diseños de moda geométricos muy alejados de lo que transmite la Navidad, presumiblemente para no ofender a nuestros conciudadanos de otras religiones, sobre todo la tan radical e intolerante religión musulmana, cuyos feligreses se sienten ofendidos por cualquier cosa que suene a cristianismo. Y se olvidan de que la Navidad es una fiesta profundamente cristiana, incluso cuando antiguos símbolos paganos de origen germánico hayan sido convertidos en soportes de simbología crsitiana.

Esta cobardía de nuestros políticos europeos, tan poco representantivos del sentir general de sus pueblos, tan poco dignos administradores de una herencia histórica basada en la cultura cristiana y occidental, ha convertido nuestra Navidad en un espectáculo comercial de luces y sombras, de renuncias y enajenaciones, de traición y sedición, para entregar a nuestra cultura occidental sin defensas posibles a las hordas bárbaras venidas de oriente que nos imponen su detestable estilo de vida al ritmo  de su infiltración en nuestras sociedades, muchas veces pagados con nuestros impuestos en forma de exagerados e injustificados beneficios se subsidios sociales. Es una situación creada a partir de las Resoluciones de Estrasburgo de 1973, aprobadas sin legitimidad alguna por representantes de los pueblos europeos occidentales y sin conocimiento por parte de éstos, para entregarnos sin contrapartida alguna a la hegemonía islámica por razones que se desconocen. ¿Quién en su sano juicio se entrega al enemigo más feroz y sanguinario para garantizar su propia decapitación?

Así es que cada Navidad resulta más aberrante, más repugnante, más atemorizante ver cómo la imagen luminosa  de nuestras ciudades se parece más a una cuadratura del círculo o una circulatura del cuadrado de unos valores que los gobernantes parecen haber inventado para no tener que acordarse de ellos. Una cosa es la laicidad del gobierno, del estado, y otra muy diferente es la vacuidad de la sociedad a la hora de celebrar una fiesta religiosa, profundamente europea, al no saber explicar, en su inmensa mayoría, cuál es el significado real de la misma.

Por añadidura, la mezcla entre San Nicolás convertido en Papa Noël y hasta en la aberración cocacolense de Santa Claus -de Sante Klaas [holandés] por la influencia holandesa en Estados Unidos- y los Reyes Magos, impensable aún a principios de los ochenta en España, no ha hecho sino aumentar la confusión sobre el origen de la fiesta y el sentido de los regalos, pues los regalos de San Nicolás nada tienen que ver con aquellos de los Reyes Magos, siendo diferentes los destinatarios como diferentes los porteadores de los mismos. Los que adoraron a Cristo en su pesebre regalaron con otros objetivos que el que fuera obispo cristiano en tiempos posteriores en tierras bizantinas, cuya leyenda se fue transformando en cada región europea para adquirir personalidad propia, aunque hasta la imposición cocacolense prácticamente nunca había perdido su carácter y aspecto obispal, ya que como tal obispo humanitario había sido considerado como alguien que diera una pequeña alegría especialmente a los niños más necesitados -y sólo a éstos- de su zona de influencia.

Los políticos, por tanto, merecen nuestra reprobación por pervertir el sentido de la Navidad con una imaginaria láica llevada al extremo de la enajenación simbólica de una fiesta cristiana a la que traicionan y ofenden. Lo más consecuente sería que, antes de blasfemar y vilipendiar los valores mismos de la Natividad de Cristo, decidieran suprimir del todo la fiesta y la vorágine consumista para dejar su celebración reservada a los ámbitos privados cristianos sin más imposiciones de laicismo feroz. Pero al mismo tiempo deberían omitir cualquier referencia a otras religiones que parecen hoy en día más sagradas que las vacas de la India, con tal de no ofender a sus fanáticos seguidores que no hacen más que amenazar a nuestras sociedades europeas con reprimendas por las ofensas que dicen se les propinan, cuando en realidad son ellos quienes ofenden a todo un continente,  en connivencia con los políticos que tan indignamente nos representan. 

Ha llegado un punto en el que los europeos y -por extensión-  los norteamericanos nos debemos plantear hacer frente a la destrucción de nuestra cultura y nuestros valores. La Navidad comercial y política es la muestra más contundente del riesgo que estamos corriendo en la actualidad. 

La Navidad no es, hoy en día, una fiesta de la felicidad, sino un motivo de preocupación. El deterioro de los símbolos que se usan para decorar el mes de su celebración es equivalente al deterioro de nuestra sociedad occidental. Hoy más que nunca queda patente que algo muy grave puede ocurrir. De nosotros, los ciudadanos, depende encauzar la situación y reconducirla. Sólo que no tengo mucha esperanza de que esto ocurra. Más bien parece que vamos directamente al desastre.

Disfruten de lo que queda de la Navidad.


¡Feliz Navidad a todos los lectores de Occidente a la Deriva!

24 diciembre 2010

Mensaje de Navidad de Su Majestad el Rey de España


¡Buenas noches! Quiero que mis primeras palabras sean para transmitir de corazón a todos los españoles mis mejores deseos de paz, prosperidad y felicidad en estas Fiestas Navideñas y para el Año Nuevo 2011.

Llegamos al final de un año difícil y complejo, marcado por una crisis económica, en España y en otros países, más larga e intensa de lo esperado. En nuestro caso ha puesto de manifiesto desequilibrios y deficiencias estructurales que hemos de resolver juntos con eficacia y prontitud.

Lo más doloroso es que ha golpeado a tantos hombres y mujeres que han sufrido -en su propia carne o en sus familias- la pérdida de empleos. Los parados concentran nuestras preocupaciones; son una prioridad insoslayable. La sociedad española no puede dejar que, especialmente, tantos jóvenes carezcan por más tiempo de un trabajo.

Pienso asimismo en quienes han tenido que cerrar comercios, talleres o negocios. En todas las personas que han asumido grandes sacrificios y esfuerzos a lo largo de este año: trabajadores asalariados, autónomos, profesionales, empresarios, pensionistas o funcionarios. Todos ellos merecen nuestro más amplio respaldo. Sus múltiples desvelos diarios y los de millones de familias, cuentan con nuestra mayor gratitud pues contribuyen al bien de todos.

La crisis ha requerido la adopción de importantes decisiones por parte de nuestros poderes e instituciones públicas a todos los niveles. A escala europea ha exigido concertar nuevas iniciativas. Pese a ciertos signos alentadores, todavía no se ha logrado una plena estabilización y recuperación internacional.

Es preciso seguir adelante con empeño, ganar la batalla al paro con decisión, constancia y firmeza; mejorar en productividad y competitividad, en educación e innovación; y volver a situar a nuestra economía con visión de futuro en el pelotón de cabeza, manteniendo nuestra protección y cohesión social.

Sin un crecimiento adecuado no crearemos empleo. Y para crecer como necesitamos, debemos proseguir y abordar juntos las reformas necesarias, cumpliendo además nuestros compromisos en materia presupuestaria y de déficit. Se trata de modernizar nuestro modelo productivo y de generar mayor confianza para reactivar nuestra economía, proyectando al mundo nuevos ejemplos de vitalidad y de impulso como sociedad.

Pudimos salir con éxito de anteriores crisis económicas. Disponemos de las condiciones y de los instrumentos necesarios para lograrlo de nuevo.

Somos una gran Nación, orgullosa de su pluralidad y diversidad, integrada en la Unión Europea con la que estamos comprometidos y por la que siempre hemos apostado. Un país de personas laboriosas y creativas, con una juventud espléndida, un inmenso y variado patrimonio cultural, modernas infraestructuras y muchas empresas punteras a escala internacional. La misma España que ha sido capaz de progresar y de superar con éxito muchas pruebas.

No hemos llegado hasta aquí para dejarnos vencer por las dificultades, para renunciar a nuestras ambiciones de construir un país cada vez mejor.

Debemos desterrar el desánimo, levantar la cabeza, aunar esfuerzos y continuar la faena, conscientes de lo que somos, de lo que ya tenemos y de lo que podemos avanzar.

Los nuevos tiempos requieren grandes compromisos por parte de todos. Si queremos ganar el futuro, debemos mirar más allá, estimular ilusiones y fortalecer capacidades, sabiendo que juntos llegaremos siempre más lejos.

Por todo ello, para salir de la crisis y asegurar nuevos horizontes de prosperidad y de bienestar, necesitamos unidad, responsabilidad y solidaridad. Estos son los mejores aliados para vencer dificultades y alimentar nuestras esperanzas. Los mismos que han guiado a otros países.

Creo que la actual situación ha puesto de relieve lo evidente: de cómo le vaya a España depende cómo le vaya a cada uno de los españoles. Por eso, no caben actitudes individuales ni colectivas de indiferencia o de egoísmo, que a la postre nos dañan a todos.

Nada que valga la pena se consigue sin renuncias y sin entrega. Es preciso fomentar el ejercicio de grandes valores y virtudes como la voluntad de superación, el rigor, el sacrificio y la honradez. Valores y virtudes cuya ausencia no es ajena al origen de la crisis, y que son consustanciales a toda sociedad justa y equitativa.

En definitiva, debemos unir nuestras fuerzas para alcanzar nuevos logros colectivos, con confianza en nosotros mismos y en nuestro país, contando con la acción de nuestras instituciones en el marco de convivencia y estabilidad que asegura nuestra Constitución.

Todos, empezando por nuestros partidos políticos y agentes económicos y sociales, somos importantes para conjugar voluntades en esta dirección, con generosidad, sentido de Estado y pensando en el interés general.

Quiero reiterar esta noche que el terrorismo solo suscita condena y repudio en cuantos defendemos la libertad y la democracia. No nos debe faltar determinación para acabar con esta lacra. Honremos y arropemos con todo nuestro cariño y solidaridad a las víctimas de la violencia terrorista y a sus familias.

Por otro lado, continuemos prestando la máxima atención a los excluidos y marginados, trabajando por la igualdad de oportunidades y en apoyo de los discapacitados. Redoblemos asimismo esfuerzos para combatir las drogas y terminar con la inaceptable violencia de género. Y por supuesto, cuidemos más nuestro entorno natural.

Nos jugamos mucho a diario en el mundo complejo y competitivo en que vivimos. Por eso tenemos que defender el papel y los intereses de España en el plano internacional y mantener nuestros compromisos con la paz y el desarrollo de muchas naciones necesitadas. En este marco dirijo mi gratitud y afecto, a los miembros de nuestras Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad desplazados en otros países, que han sufrido la pérdida de compañeros que permanecen en nuestro recuerdo.

Pero el año 2010 nos deja también alegrías, realizaciones y esperanzas, incluidos numerosos triunfos inolvidables en la historia de nuestro deporte. ¡Estoy convencido de que 2011 nos aportará nuevos éxitos y avances en muchos campos!

He contado siempre, y muy especialmente este año, con el afecto de los españoles y con el activo apoyo del Príncipe de Asturias. Al expresar mi agradecimiento quiero, una vez más, asegurar que sigo y seguiré cumpliendo siempre con ilusión mis funciones constitucionales al servicio de España. Es sin duda mi deber, pero es también mi pasión.

Quiero terminar reiterando mi plena confianza en España y en nuestros ciudadanos. Confianza en nuestra capacidad y fortaleza para dejar a nuestros hijos y nietos un país cada vez mejor, con mayor prosperidad en cada pueblo, ciudad y Comunidad Autónoma. En suma, plena confianza en que seguiremos progresando.

¡Muy feliz Navidad y Año Nuevo 2011, en nombre propio y de mi Familia, a todos los españoles y a cuantos extranjeros viven con nosotros!

Buenas noches. 


26 diciembre 2009

Análisis del Mensaje de Navidad de S.M. el Rey de España


Sabemos desde hace muchos años que los discursos de Su Majestad el Rey las suele escribir el mismo gobierno, un aspecto que es tan lamentable como contrario al principio de división de poderes, sobre todo teniendo en cuenta que la jefatura del estado no forma parte del poder ejecutivo, sino constituye de por sí un poder representativo y moderador.


Frecuentemente, los mensajes de Navidad del Rey son bastante poco expresivos. Lógicamente, el Rey se tiene que mantener al margen de la política, pero tampoco tiene por qué decir lo que quiere el gobierno que diga.  


En este sentido, aunque S.M. el Rey comenzó diciendo que España es "un país que no puede comprenderse sin esa rica diversidad consustancial al mismo ser de España", lo que enumera como sus "reflexiones de esta noche" basadas en "tres tareas fundamentales" deja entrever el plumero zapateril del discurso:


"En primer lugar, superar tensiones y divisiones, sobre la base de los principios y valores que alimentan lo mejor de nuestra convivencia e inspiran nuestra Constitución." Eso está muy bien. El Rey tiene el deber de defender la Constitución y el orden constitucional. Este aspecto, que los nacionalistas tildan de falta de realismo y que no representa, supuestamente, el sentir de la población, es fundamental. La Constitución no es mala, por mucho que se reclame por sectores minoritarios una reforma en profundidad. Lo que hace falta es desarrollarla plenamente y garantizar los derechos que dice tenemos todos los ciudadanos. Pero esa defensa de la Constitución se queda un tanto hueca, pues falta un llamamiento al sentido común y el sentido de la responsabilidad de los políticos a la hora de salvaguardar el orden constitucional, y está visto que precisamente los que parecen dictar este discurso son más que tibios a la hora de aplicar la Constitución.


"En segundo lugar, sumar voluntades en torno a los grandes temas de Estado, reforzando nuestra cohesión interna y nuestra proyección exterior." Pues muy bien, qué bonito suena. está claro que la cohesión interna sufre y la proyección exterior sufre aún más. El ejemplo más reciente ha sido el incidente con la opositora saharaui Haidar y el lamentable espectáculo ofrecido por el gobierno. No estaría mal que S.M. el Rey dijera algo más concreto sobre el tema y que exigiera al gobierno más seriedad. Por otra parte, el Rey mismo ha permitido ser utilizado en sendas visitas no oficiales de los dictadores Chávez y Morales, lo que no favorece precisamente la proyección exterior de nuestro Reino.


"Y, finalmente, redoblar esfuerzos para que España vuelva a crecer y a crear empleo. Cuanto antes, y de forma sostenible." ¡Cómo chirria esta frase, Majestad! Esto no podría haberlo dicho mejor nuestro patético presidente del gobierno, al que le gusta últimamente tanto la palabra "sostenible", que como todo su discurso no dice prácticamente nada. 


Sin entrar más en estos temas, el Rey pasó a hacer un resumen general de nuestra situación:


"Vivimos tiempos complejos y difíciles. El Siglo Veintiuno va a cumplir su primera década. El mundo es más global en sus posibilidades -gracias a las comunicaciones y a los avances tecnológicos-. Más global también en sus desafíos -que desbordan las fronteras nacionales-. Desafíos que van desde la lacra del terrorismo, la crisis económica o el cambio climático, hasta las pandemias o el narcotráfico. Todos ellos requieren de la acción conjunta de los Estados.


Es mucho lo que nos jugamos en los próximos años. El futuro impone decisiones estratégicas de gran calado, tanto a nivel interno como a escala europea e internacional. Decisiones en materia económica y financiera, energética, medioambiental, educativa o tecnológica. Todas ellas esenciales para no perder el tren del progreso, defender el futuro de nuestro Planeta, y asegurar el mejor porvenir a las nuevas generaciones."


Igual que suele hacer nuestro gobierno, estas frases externalizan los problemas internos de tipo económico, financiero, medioambiental y de seguridad. No se mencionan los problemas hechos en casa, que son enteramente responsabilidad del gobierno español y que difícilmente se pueden resolver con la cooperación internacional. Claro que existen cuestiones que inevitablemente tienen que contar con el consenso internacional, como es el medio ambiente, pero incluso el tema del cambio climático es tan anodino en su definición como todo lo que llaman ahora sostenible. 


No está mal pedir "decisiones que deben tener visión anticipatoria y estar a la altura de los retos planteados" y que "para afrontar estos retos, es preciso desplegar nuestras mayores capacidades, con una España sólida y cohesionada, en una Europa dinámica y solidaria", pero esperar del gobierno Zapatero que se anticipe a los acontecimientos cuando durante años negaba su evidencia a pesar de haber quedados certificados por expertos nacionales e internacionales con bastante antelación es pedir mucho. Resulta más que desalentador oír de boca del Rey la misma palabrería hueca que a Zapatero: sólido, cohesionado, dinámico, solidario. Claro que "los tiempos actuales nos reclaman tesón y fortaleza. Fortaleza como país que a todos nos proporciona libertad, estabilidad y progreso", sólo que la fuerza se le escapa a este gobierno entre las manos, pues para garantizar libertad, estabilidad y progreso se debe garantizar en primer lugar el orden constitucional de España y la fortaleza en su proyección exterior, pero ninguna de las dos cosas se da actualmente.


¿Cómo se quiere conseguir "fortaleza como ciudadanos más preparados y competentes, promoviendo la educación y la igualdad de oportunidades" cuando el sistema educativo decae cada vez más y el país pierde competitividad al no garantizar ni siquiera la movilidad de la mano de obra dentro del país, cada vez más limitada por las nuevas barreras lingüísticas que impiden que ciudadanos preparados trabajen en cualquier parte de España porque prevalece su conocimiento de las lenguas regionales sobre sus conocimientos técnicos y profesionales. Por lo tanto, no es del todo cierto que existe una "fortaleza en el plano económico y social, con un tejido productivo cada vez más innovador, competitivo y activo en el mundo, capaz de mantener y elevar nuestro bienestar social", éste es más bien la mentalidad de Alicia en el País de las Maravillas de Zapatero, ya que sólo muy pocas autonomías españolas están progresando en este campo, y no precisamente las gobernadas por el partido del presidente del gobierno.


Y hemos aquí otra perla que debe haber salido del mismísimo Palacio de la Moncloa: "Esa mayor fortaleza requiere el más amplio entendimiento y solidaridad entre todos los españoles, entre todas y cada una de nuestras Comunidades Autónomas. No nos podemos permitir que las legítimas diferencias ideológicas resten energías al logro de los consensos que piden nuestros ciudadanos." Suena al "arrimar el hombro" que tanto le gusta a Zapatero, cuando en realidad sólo quiere que todos apoyen sus ideas equivocadas de cómo gobernar el país. Zapatero parece olvidar que gestionar el país es responsabilidad de quien ha sido elegido para ello, no de los que se han quedado en la oposición.


Igualmente hueco queda decir que "en las últimas décadas hemos sido capaces de resolver grandes problemas, contando con el esfuerzo de todos, la voluntad de acuerdo y el liderazgo responsable de nuestros dirigentes políticos, económicos y sociales" y que "la experiencia nos demuestra que todos somos necesarios para culminar con éxito esa tarea", pero esto no es reflejar la realidad. Los problemas actuales de España en materia social, educativa y económica no se resuelven por la capacidad de iniciativa de los ciudadanos, sino dependen exclusivamente de la política que sigue en gobierno para incentivar que los ciudadanos se esfuercen. SIn una política económica y fiscal acertada nada se conseguirá, y todo apunta a que se ponen cada vez más trabas a la iniciativa privada tomando medidas que sólo conseguirán destruir empleo y ahuyentar inversiones.


Al "interés general" tienen que servir, ante todo, los gobernantes, los diputados, los ayuntamientos y sus concejales. Es evidente que para conseguir resultados aceptables "necesitamos actuar con inteligencia y generosidad, y aplicar la fuerza de la unidad, del diálogo y del compromiso, en el marco del respeto a nuestra Constitución", pero ¿acaso la clase política ha dado muestras de actuar con inteligencia y compromiso? ¿Qué hay de las redes de corrupción que se han descubierto a lo largo de este año? ¿Se puede decir que la actuación en Cataluña frente a las consultas populares ilegales, el caso Haidar, el creciente desempleo ha sido inteligente? ¿qué quiere decir eso de la generosidad? ¿Quién tiene que ser generoso con quién Majestad?


En el papel, "la Constitución garantiza un amplio abanico de derechos y libertades, fundamenta una avanzada articulación de nuestra rica diversidad territorial y nos dota de instituciones que son claves para la estabilidad y convivencia democráticas, y el buen funcionamiento del conjunto de España". Pero las instituciones en realidad no son independientes para garantizar "el mejor y más justo ejercicio de sus responsabilidades", y decir que "todos debemos preservar esa independencia en aras de la confianza que los ciudadanos tienen depositada en ellas" es tanto como no querer ver la realidad y llamarla por su nombre. Para empezar, la misma presidente del Tribunal Constitucional no es independiente, como tampoco lo es el juez Garzón, y tampoco lo es Su Majestad el Rey, que debería ser capaz de escribir sus discursos él mismo o al menos personas muy independientes del poder ejecutivo controlado por Zapatero. Sería deseable que el Rey llamara la atención sobre los bajos índices de confianza de los ciudadanos en las instituciones y su desinterés por la política que consideran bastante deplorable por todo lo que ocurre.


También la valoración del Rey de la crisis económica podría haber sido más aleccionadora en lugar de repetir lo que nos cuentan todos los días y que en realidad no aporta nada al debate. Decir que "se han tomado medidas a escala internacional, europea y nacional para detener la crisis y paliar sus efectos" y que "son muchos los esfuerzos y sacrificios desplegados a todos los niveles" para terminar con decir que "queda mucho por hacer, es preciso seguir adelante" es como quedarse en el limbo. La crisis no se resuelve con afirmar que ésta nos "exige trabajar juntos en la misma dirección", sino exigiendo al gobierno que se ponga las pilas. Esto suena como si dependiera de los ciudadanos de a pie que podamos salir del agujero en el que nos han metido los que han gobernado en España durante los últimos seis años. Sabemos muy bien que es "necesario seguir adoptando medidas, lograr acuerdos entre nuestras fuerzas políticas, económicas y sociales, que permitan, por un lado, asegurar la mayor solidaridad y, por otro, acometer las reformas precisas, a fin de lograr una pronta recuperación en un clima de seguridad y confianza", pero ¿qué es lo que se está haciendo y por qué no se ha logrado hacer lo que en otros países europeos sí parece estar dando frutos?


No ha faltado la defensa de la política social y antiterrorista del gobierno y sus logros, así como de los compromisos militares en el exterior. No veo lo que dice apreciar el Rey al decir que "nuestra seguridad, nuestro progreso y bienestar, dependen cada vez más de una eficaz protección y promoción de nuestros intereses en el mundo. Lo palpamos a diario. Por ello, importa consensuar y coordinar al máximo el papel internacional de España." El papel de España en el exterior es más que dudoso, no sabemos nada de la misión real en Afganistán o en el Líbano. ¿Qué tiene que ver Afganistán con nuestra libertad y nuestro progreso? Es un hecho que desde que comenzó la ocupación del país de Oriente Medio por la OTAN, han aumentado el poder de los talibanes y el uso obligatorio del burka, así como la producción de opio. En el Líbano la capacidad de controlar los movimientos fronterizos sin control entre Líbano y Siria no existe, como se ha podido ver en más de un reportaje en televisión. Las tropas allí estacionadas sólo cuestan inmensas sumas de dinero, y España no pinta nada en esta zona ni puede hacer nada.


Tras mencionar la importancia de la presidencia española de la Unión Europea, que sin duda pasará sin que sirva para impulsar una mayor unión, sino más bien todo lo contrario si tenemos en cuenta la afición del ejecutivo de Zapatero a los dictadores iberoamericanos, el Rey terminó con una tibia llamada al "sentido de Estado, tanto a la hora de gobernar, como de ejercer la oposición" y la reiteración de la palabrería hueca relativa al esfuerzo común de todos.


Sin duda, "la Corona tiene como norte el servicio a España y a todos los españoles", pero no veo con claridad el "compromiso diario con todos" por parte del Rey y del Príncipe de Asturias. Sería deseable un mensaje con más fuerza y determinación que se pueda considerar un ejemplo de la independencia de la Casa de Su Majestad el Rey del ejecutivo de turno. Es, precisamente, uno de los grandes valores de la Monarquía que la Corona sea también ese paraguas protector cuando sea menester darles un tirón de orejas a los que no quieren o no saben defender el interés general de la nación y de los ciudadanos. Es evidente que las instituciones máximas del estado no hacen lo que deben hacer y que el resultado de su gestión no es para nada aceptable. Un discurso del Rey sería mucho más útil e incentivaría más a todos si fuese más explícito con los acontecimientos actuales y la poca eficacia de los gobernantes. Desearía que Su Majestad el Rey diera ejemplo ejerciendo la jefatura del estado con más independencia y determinación. Sin duda el alto ejemplo de nuestro augusto Rey aportaría mucho más a la nación que mil discursos dictados por la Moncloa. Los ciudadanos queremos un Rey ejemplar, no una marioneta del poder ejecutivo.


¡Feliz Navidad, Majestad! 
¡Que el año de 2010 sea también un año estelar de la Monarquía!

06 diciembre 2009

San Nicolás, un santo en el olvido

Hoy en día, poca gente sabe realmente quién era San Nicolás y que fue la leyenda alrededor de sus buenas obras la que le convirtió en Papá Navidades Papá Noël, (Francia) o Papaíto Heladitas (Rusia) que baja a la tierra en trineo tirado por renos para repartir regalos entre los niños.

La festividad de San Nicolás, cada 6 de diciembre, en realidad era el día de los regalos a los niños. Y no se trataba, tradicionalmente, de grandes regalos, sino de pequeños detalles en forma de chucherías, chocolate o simplemente alimentos que endulzaban la espera de la Noche Buena.

Así surgió la confusión entre Papá Noël y San Nicolás, que en realidad es la misma persona, y tal vez sólo siga existiendo la tradición del día 6, con los zapatos bien limpios puestos delante de la puerta, en países como Alemania, donde tal costumbre siempre había estado muy arraigada.

Tampoco el abrigo era lo que hoy parece tener que ser obligatoriamente ese atuendo cutre y de mal gusto creado por Coca Cola entre las dos grandes guerras, degenerado prácticamente a un disfraz carnavalesco (con una ridícula gorra que nada tiene que ver con la mitra de un obispo), cuando en realidad se trataba del manto de un obispo, que es lo que era San Nicolás en sus tiempos. Sólo en postales navideñas antiguas se puede reencontrar algún atuendo más acorde con la realidad que ese trapo rojo y blanco onmipresente que tergiversa por completo el significado de la Navidad y que nos llegó desde un país que nada tiene que ver con el origen de San Nicolás.

Por eso creo que no está de más reproducir aquí un poco la historia de San Nicolás. Sería deseable que los gobernantes -tan dados a hacer desaparecer todo símbolo cristiano de nuestra vida- volvieran un poco a los orígenes e hicieran partícipes a todos de las leyendas y tradiciones que dieron origen a las fiestas de Navidad, porque no sólo nos unen con nuestras raíces culturales e históricas, sino también transmiten valores que se han perdido por completo. San Nicolás ya sólo es un elemento decorativo del marketing navideño, sin el menor romanticismo ni significado para transmitirnos valores de humanidad y solidaridad.

Idéntico destino han tenido los Reyes Magos de Oriente, que en realidad jamás se ocuparon de llevar regalos a los niños, sino sólo a Cristo como nuevo rey en la tierra.

Nicolás de Myra (como se le denomina en oriente) o Nicolás de Bari (como se le denomina en occidente) fue un obispo que vivió en el siglo IV. Más de dos mil templos están dedicados a él en todo el mundo.

Nació en Patara, en la región bicantina de Licia (actualmente dentro del territorio de Turquía) en una familia adinerada y desde niño se destacó por su carácter piadoso y generoso. Sus padres, fervorosos cristianos, lo educaron en la fe.

Después de la muerte de sus padres, Nicolás heredó una gran fortuna que puso al servicio de los necesitados, según la hagiografía escrita por San Metodio, arzobispo de Constantinopla.

Al morir sus padres repartió toda su fortuna entre los pobres y se fue a vivir a Myra (Anatolia, actualmente Turquía), donde sería consagrado obispo de una forma muy curiosa. Dice la leyenda que varios sacerdotes y obispos se encontraban discutiendo sobre quién sería el futuro obispo, pues el anterior había fallecido. Al no ponerse de acuerdo, se decidió que fuera el próximo sacerdote que entrase en el templo que casualmente fue Nicolás de Bari.

Fue preso por un decreto del emperador Licinio contra los cristianos por el que fue encarcelado y su barba quemada, siendo liberado por el emperador Constantino.

Participó en el Concilio de Nicea, condenando las doctrinas de Arrio, quien se negaba a admitir el dogma de la divinidad de Cristo.

Para combatir los errores, utilizaba una dulzura exquisita, logrando grandes y sinceras conversiones, a pesar de su discreto talento especulativo y orador que tanto gusta a los orientales. Sin embargo, cuando se trataba de proteger a los más débiles de los poderosos, San Nicolás, a pesar de su avanzada edad, actuaba con gran arrojo y vigor. Foto:
Cuadro de Ilya Repin (1889): San Nicolás salvando a tres inocentes.

Murió el 6 de diciembre del año 345 en Myra, mas sus restos descansan en la ciudad portuaria italiana de Bari pues allí fueron a dar después que fueron retirados de Turquía tras la invasión musulmana. Tras su muerte se convirtió en el primer santo, no mártir, en gozar de una especial devoción en el Oriente y Occidente.

Multitud de relatos milagrosos aparecieron sobre él, desfigurando, a veces, su inminente carácter práctico y sencillo.


Milagros
Son muchos los milagros que se le atribuyen a Nicolás de Bari, pero algunos han traspasado los siglos y son conocidos por devotos y no devotos.

Protector y ayudador de las chicas en edad casadera o en busca de marido.
Se cuenta que en una ocasión supo de tres jovencitas que pretendían casarse pero su padre no podía pagar la dote correspondiente. Al saberlo Nicolás (pretendiendo realizar la caridad sin ser visto), dejó caer por la chimenea unas monedas de oro que coincidentemente cayeron en unas medias de lana que las jóvenes habían dejado secarse (por eso se cuelgan las medias tejidas que sirven para que ahí nos deje a nosotros los regalos que el niño Jesús nos manda desde el cielo, y por eso es el mito de que no puede ser visto por los que recibirán el regalo). Así, es conocido como el patrono de las parejas que desean tener un buen matrimonio y como protector de las familias en problemas económicos. En algunos países su imagen aparece con tres monedas de oro en las manos.

San Nicolás de Bari salva a tres inocentes.
U
no de los milagros más sorprendentes es él de haber resucitado por su intercesión a tres niños que habían caído de un árbol y muerto al instante. También se le atribuye el milagro de los tres niños sacrificados para dar de comer a los clientes de un hostelero, siendo devueltos a la vida por intercesión del santo. Por este motivo se le representa con tres niños a su lado en una cubeta. A pesar de ser anciano, seguía viajando, evangelizando y entregando juguetes a los niños para recordar a todos que en Navidad recibimos el mejor de los regalos a través de Cristo, la esperanza de la Salvación Eterna.

Otro de los milagros
cuenta cómo salvó la vida de tres generales condenados a muerte injustamente
y otro que, hallándose un grupo de marineros en medio de una tempestad y habiendo invocado la protección de San Nicolás, vieron aparecer la figura del santo sobre el barco, y al momento la tempestad era calmada.

Uno de los milagros más recientes
, ocurrido durante la Segunda Guerra Mundial, cuenta cómo en un bombardeo a la ciudad de Bari una madre se separó de su niño en medio de la confusión, apareciendo éste horas después en la puerta de la casa, sano y salvo. El niño contó cómo un hombre que describió como San Nicolás le ayudó, le protegió y lo llevó de regreso a su casa. Foto:
Basílica de San Nicolás en Bari, Italia.

Hay más leyendas, pero éstas las contaré el año que viene. Feliz Día de San Nicolás. ¿No es curioso que nuestra Constitución se aprobara el mismo día? Tal vez fuera una intercesión del santo para mediar entre las partes. ;-)


05 enero 2009

Los Reyes Magos, el Carnaval y la Pérdida de Valores

Mañana será el gran día festivo del consumismo, de la avaricia y del egoismo. Apenas una minoría pensará realmente en el significado del día. En vísperas, especialmente los padres con niños pequeños acudirán a los desfiles carnavalescos que se desarrollarán por los centros de las ciudades y los pueblos para ver un espectáculo publicitario-mediático que nada tiene que ver con aquellos hombres llamados Reyes Magos que supuestamente son los artífices de la compritis colectiva para engañar a los niños con regalos adquiridos para ellos supuestamente por estos tres hombres de tierras lejanas.

Lo de mago viene de sabio, no porque fueran unos magos que con su magia sacaron regalos de sus anchas mangas. De hecho, en otros idiomas no se habla de reyes, sino de sabios, los Tres Sabios llegados de Oriente. Y sólo en la cultura española parece que se haya hecho creer a los niños que son ellos quienes traen los regalos. En cualquier caso, tanto Papa Noel (el doble de San Nicolás para la Nochebuena) como los Reyes Magos son en sus funciones actuales una invención de hace apenas dos siglos y más bien producto comercial que religioso, ya que se desvirtúa su significado original.

A diferencia de San Nicolás, obispo en una ciudad costera de lo que era Bizancio y de cuya existencia y su buena labor sí queda alguna constancia, convertida con el tiempo en leyenda misteriosa que acabó situándole en la zona polar con su trineo tirado por renos, los Reyes Magos no se dedicaron a colmar de regalos a los niños ni mucho menos recorrieron España, sino que hicieron su ofrenda al Niño Jesús como muestra de respeto y presentación de honores que se debe a todo rey, siendo Él el Rey de Reyes anunciado por los ángeles. Así que resulta difícilmente creíble que se molestaran en subir a cada casa para dejar regalos bajo las camas a cambio de una galleta y un vaso de leche.

Sea como fuere, su sino no fue hacer regalos. Ellos forman parte de la historia bíblica, una historia que el comercio y el laicismo nos han hecho olvidar. Parece, además, anacrónico que con unas fiestas navideñas degeneradas a unas fiestas laicas sin simbología cristiana se siga celebrando este día como gran acontecimiento final de las vacaciones de invierno, las fiestas del solsticio o como quieran llamar algunos a estos días de la gula, del derroche y de la histeria colectiva por comprar y reunirse en comidas y cenas varias.

En Madrid y otras ciudades con alcaldes progres o pseudoprogres, la iluminación navideña ha quedado reducida a diseños de moda con luces en formación geométrica. No hay símbolo que se pueda llamar cristiano, no vaya a ser que nuestros enemigos de otra religión se ofendan, ellos que son tan dados a ofenderse por todo menos cuando se miran al espejo, ellos que cuentan con la tolerancia de la izquierda rancia y sectaria tan luchadora por los derechos de los ciudadanos, pero tan amnésicos cuando se trata de conocer la propia historia o de defender los valores propios del mundo occidental de profundas raíces cristianas, raíces que dieron origen a los derechos humanos y a los derechos individuales como los conocemos hoy, a pesar de que la iglesia católica fuera en su día tan fanática como los seguidores de la media luna. La diferencia consiste en que los primeros sí tenían valores que luego se pusieron en práctica con la evolución de la sociedad occidental, mientras que los segundos se quedaron anclados en la edad media quizás precisamente porque carecen de estos valores cristianos que suplen con mandatos salvajes e incivilizados y que les impiden avanzar más allá de una sociedad de estructuras intelectuales y funcionales medievales.

Los Tres Sabios de Oriente -de los que no se sabe muy bien si fueron dos, tres, siete o doce- practicaron por educación y por lo que consideraban su deber moral algo que hoy en día pocos practican: El respeto ante alguien que creían nacido para una posición superior en la sociedad humana. Con ellos se saludó al cambio que debía venir para reformar a la sociedad del momento.

En lugar de estos desfiles más parecidos al carnaval (con futbolistas disfrazados de Reyes Magos más parecidos a Priscilla Reina del Desierto, sobre grandes carrozas de papel maché, pintura, luces y tirando caramelos) sería mejor transmitir lo que significaba su llegada a Belén y las circunstancias que rodeaban al nacimiento de Cristo, algo mucho más navideñamente romántico y a la vez instructivo. La deriva que han tomado estos festejos se parece más bien a la marcha triunfal de Herodes.

Precisamente teniendo por delante una grave crisis económica, no estaría mal repensar las fiestas navideñas. Es un hecho denigrante que algunos hayan pasado a felicitar las "vacaciones". ¿Desde cuándo se desean "felices vacaciones"? Casi se debería negar el derecho a vacaciones a todos aquellos que no creen en el verdadero significado de estos días. No - ellos mismos se deberían negar a festejar unas fechas en las que no creen y que están vilipendiando con sus "felices vacaciones".

Pero quizás esta fiesta de los Reyes Magos es expresión de la pérdida de valores y de la pérdida de memoria histórica de una sociedad convertida en borreguil que se deja deslumbrar por el brillo de unos desfiles que tergiversan lo que representaban sus protagonistas y toman por tontos a unos niños que -cuando tengan ya un poco de capacidad de pensar- tienen que decirse que parece inverosímil que haya desfiles de los mismos personajes en todas las ciudades y hasta en los pueblos que luego en cuestión de pocas horas tienen que repartir regalos entre todos los niños de España (y del mundo entero). Tienen que sorprenderse por la competencia de un Papa Noel que se importó a España hace apenas treinta años, junto al abeto de Navidad y que ha sido desvirtuado por un chabacano atuendo diseñado por Coca Cola, desprovisto de los símbolos propios de un obispo y más parecido a una bata de meretriz de un club de carretera.

Tal vez los niños de hoy sean los que reformen todo esto el día de mañana, tras haber sucumbido Occidente en su decadencia imparable y en fase final. Para la estabilidad emocional hace falta un sistema de valores en los que se puede creer. Esta estabilidad será la que proporciona, a su vez, estabilidad a la sociedad y da cohesión a sus miembros. La magia de unos personajes bíblicos no consiste en el brillo de las luces y el tamaño de las carrozas carnavalescas, sino en la sencillez de lo que simbolizan y transmiten. Los mensajes ilusionantes no tienen que ser grandes discursos ni la simpatía tiene que ser comprada a base de regalos. Lo triste es que los gobernantes actuales ya no tienen la capacidad moral ni intelectual de transmitir nada, y así queda reflejado en todo lo que organizan.

¡Felices Reyes! ¡Que su sabiduría esté con vosotros!