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24 diciembre 2010

Mensaje de Navidad de Su Majestad el Rey de España


¡Buenas noches! Quiero que mis primeras palabras sean para transmitir de corazón a todos los españoles mis mejores deseos de paz, prosperidad y felicidad en estas Fiestas Navideñas y para el Año Nuevo 2011.

Llegamos al final de un año difícil y complejo, marcado por una crisis económica, en España y en otros países, más larga e intensa de lo esperado. En nuestro caso ha puesto de manifiesto desequilibrios y deficiencias estructurales que hemos de resolver juntos con eficacia y prontitud.

Lo más doloroso es que ha golpeado a tantos hombres y mujeres que han sufrido -en su propia carne o en sus familias- la pérdida de empleos. Los parados concentran nuestras preocupaciones; son una prioridad insoslayable. La sociedad española no puede dejar que, especialmente, tantos jóvenes carezcan por más tiempo de un trabajo.

Pienso asimismo en quienes han tenido que cerrar comercios, talleres o negocios. En todas las personas que han asumido grandes sacrificios y esfuerzos a lo largo de este año: trabajadores asalariados, autónomos, profesionales, empresarios, pensionistas o funcionarios. Todos ellos merecen nuestro más amplio respaldo. Sus múltiples desvelos diarios y los de millones de familias, cuentan con nuestra mayor gratitud pues contribuyen al bien de todos.

La crisis ha requerido la adopción de importantes decisiones por parte de nuestros poderes e instituciones públicas a todos los niveles. A escala europea ha exigido concertar nuevas iniciativas. Pese a ciertos signos alentadores, todavía no se ha logrado una plena estabilización y recuperación internacional.

Es preciso seguir adelante con empeño, ganar la batalla al paro con decisión, constancia y firmeza; mejorar en productividad y competitividad, en educación e innovación; y volver a situar a nuestra economía con visión de futuro en el pelotón de cabeza, manteniendo nuestra protección y cohesión social.

Sin un crecimiento adecuado no crearemos empleo. Y para crecer como necesitamos, debemos proseguir y abordar juntos las reformas necesarias, cumpliendo además nuestros compromisos en materia presupuestaria y de déficit. Se trata de modernizar nuestro modelo productivo y de generar mayor confianza para reactivar nuestra economía, proyectando al mundo nuevos ejemplos de vitalidad y de impulso como sociedad.

Pudimos salir con éxito de anteriores crisis económicas. Disponemos de las condiciones y de los instrumentos necesarios para lograrlo de nuevo.

Somos una gran Nación, orgullosa de su pluralidad y diversidad, integrada en la Unión Europea con la que estamos comprometidos y por la que siempre hemos apostado. Un país de personas laboriosas y creativas, con una juventud espléndida, un inmenso y variado patrimonio cultural, modernas infraestructuras y muchas empresas punteras a escala internacional. La misma España que ha sido capaz de progresar y de superar con éxito muchas pruebas.

No hemos llegado hasta aquí para dejarnos vencer por las dificultades, para renunciar a nuestras ambiciones de construir un país cada vez mejor.

Debemos desterrar el desánimo, levantar la cabeza, aunar esfuerzos y continuar la faena, conscientes de lo que somos, de lo que ya tenemos y de lo que podemos avanzar.

Los nuevos tiempos requieren grandes compromisos por parte de todos. Si queremos ganar el futuro, debemos mirar más allá, estimular ilusiones y fortalecer capacidades, sabiendo que juntos llegaremos siempre más lejos.

Por todo ello, para salir de la crisis y asegurar nuevos horizontes de prosperidad y de bienestar, necesitamos unidad, responsabilidad y solidaridad. Estos son los mejores aliados para vencer dificultades y alimentar nuestras esperanzas. Los mismos que han guiado a otros países.

Creo que la actual situación ha puesto de relieve lo evidente: de cómo le vaya a España depende cómo le vaya a cada uno de los españoles. Por eso, no caben actitudes individuales ni colectivas de indiferencia o de egoísmo, que a la postre nos dañan a todos.

Nada que valga la pena se consigue sin renuncias y sin entrega. Es preciso fomentar el ejercicio de grandes valores y virtudes como la voluntad de superación, el rigor, el sacrificio y la honradez. Valores y virtudes cuya ausencia no es ajena al origen de la crisis, y que son consustanciales a toda sociedad justa y equitativa.

En definitiva, debemos unir nuestras fuerzas para alcanzar nuevos logros colectivos, con confianza en nosotros mismos y en nuestro país, contando con la acción de nuestras instituciones en el marco de convivencia y estabilidad que asegura nuestra Constitución.

Todos, empezando por nuestros partidos políticos y agentes económicos y sociales, somos importantes para conjugar voluntades en esta dirección, con generosidad, sentido de Estado y pensando en el interés general.

Quiero reiterar esta noche que el terrorismo solo suscita condena y repudio en cuantos defendemos la libertad y la democracia. No nos debe faltar determinación para acabar con esta lacra. Honremos y arropemos con todo nuestro cariño y solidaridad a las víctimas de la violencia terrorista y a sus familias.

Por otro lado, continuemos prestando la máxima atención a los excluidos y marginados, trabajando por la igualdad de oportunidades y en apoyo de los discapacitados. Redoblemos asimismo esfuerzos para combatir las drogas y terminar con la inaceptable violencia de género. Y por supuesto, cuidemos más nuestro entorno natural.

Nos jugamos mucho a diario en el mundo complejo y competitivo en que vivimos. Por eso tenemos que defender el papel y los intereses de España en el plano internacional y mantener nuestros compromisos con la paz y el desarrollo de muchas naciones necesitadas. En este marco dirijo mi gratitud y afecto, a los miembros de nuestras Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad desplazados en otros países, que han sufrido la pérdida de compañeros que permanecen en nuestro recuerdo.

Pero el año 2010 nos deja también alegrías, realizaciones y esperanzas, incluidos numerosos triunfos inolvidables en la historia de nuestro deporte. ¡Estoy convencido de que 2011 nos aportará nuevos éxitos y avances en muchos campos!

He contado siempre, y muy especialmente este año, con el afecto de los españoles y con el activo apoyo del Príncipe de Asturias. Al expresar mi agradecimiento quiero, una vez más, asegurar que sigo y seguiré cumpliendo siempre con ilusión mis funciones constitucionales al servicio de España. Es sin duda mi deber, pero es también mi pasión.

Quiero terminar reiterando mi plena confianza en España y en nuestros ciudadanos. Confianza en nuestra capacidad y fortaleza para dejar a nuestros hijos y nietos un país cada vez mejor, con mayor prosperidad en cada pueblo, ciudad y Comunidad Autónoma. En suma, plena confianza en que seguiremos progresando.

¡Muy feliz Navidad y Año Nuevo 2011, en nombre propio y de mi Familia, a todos los españoles y a cuantos extranjeros viven con nosotros!

Buenas noches. 


26 diciembre 2009

Análisis del Mensaje de Navidad de S.M. el Rey de España


Sabemos desde hace muchos años que los discursos de Su Majestad el Rey las suele escribir el mismo gobierno, un aspecto que es tan lamentable como contrario al principio de división de poderes, sobre todo teniendo en cuenta que la jefatura del estado no forma parte del poder ejecutivo, sino constituye de por sí un poder representativo y moderador.


Frecuentemente, los mensajes de Navidad del Rey son bastante poco expresivos. Lógicamente, el Rey se tiene que mantener al margen de la política, pero tampoco tiene por qué decir lo que quiere el gobierno que diga.  


En este sentido, aunque S.M. el Rey comenzó diciendo que España es "un país que no puede comprenderse sin esa rica diversidad consustancial al mismo ser de España", lo que enumera como sus "reflexiones de esta noche" basadas en "tres tareas fundamentales" deja entrever el plumero zapateril del discurso:


"En primer lugar, superar tensiones y divisiones, sobre la base de los principios y valores que alimentan lo mejor de nuestra convivencia e inspiran nuestra Constitución." Eso está muy bien. El Rey tiene el deber de defender la Constitución y el orden constitucional. Este aspecto, que los nacionalistas tildan de falta de realismo y que no representa, supuestamente, el sentir de la población, es fundamental. La Constitución no es mala, por mucho que se reclame por sectores minoritarios una reforma en profundidad. Lo que hace falta es desarrollarla plenamente y garantizar los derechos que dice tenemos todos los ciudadanos. Pero esa defensa de la Constitución se queda un tanto hueca, pues falta un llamamiento al sentido común y el sentido de la responsabilidad de los políticos a la hora de salvaguardar el orden constitucional, y está visto que precisamente los que parecen dictar este discurso son más que tibios a la hora de aplicar la Constitución.


"En segundo lugar, sumar voluntades en torno a los grandes temas de Estado, reforzando nuestra cohesión interna y nuestra proyección exterior." Pues muy bien, qué bonito suena. está claro que la cohesión interna sufre y la proyección exterior sufre aún más. El ejemplo más reciente ha sido el incidente con la opositora saharaui Haidar y el lamentable espectáculo ofrecido por el gobierno. No estaría mal que S.M. el Rey dijera algo más concreto sobre el tema y que exigiera al gobierno más seriedad. Por otra parte, el Rey mismo ha permitido ser utilizado en sendas visitas no oficiales de los dictadores Chávez y Morales, lo que no favorece precisamente la proyección exterior de nuestro Reino.


"Y, finalmente, redoblar esfuerzos para que España vuelva a crecer y a crear empleo. Cuanto antes, y de forma sostenible." ¡Cómo chirria esta frase, Majestad! Esto no podría haberlo dicho mejor nuestro patético presidente del gobierno, al que le gusta últimamente tanto la palabra "sostenible", que como todo su discurso no dice prácticamente nada. 


Sin entrar más en estos temas, el Rey pasó a hacer un resumen general de nuestra situación:


"Vivimos tiempos complejos y difíciles. El Siglo Veintiuno va a cumplir su primera década. El mundo es más global en sus posibilidades -gracias a las comunicaciones y a los avances tecnológicos-. Más global también en sus desafíos -que desbordan las fronteras nacionales-. Desafíos que van desde la lacra del terrorismo, la crisis económica o el cambio climático, hasta las pandemias o el narcotráfico. Todos ellos requieren de la acción conjunta de los Estados.


Es mucho lo que nos jugamos en los próximos años. El futuro impone decisiones estratégicas de gran calado, tanto a nivel interno como a escala europea e internacional. Decisiones en materia económica y financiera, energética, medioambiental, educativa o tecnológica. Todas ellas esenciales para no perder el tren del progreso, defender el futuro de nuestro Planeta, y asegurar el mejor porvenir a las nuevas generaciones."


Igual que suele hacer nuestro gobierno, estas frases externalizan los problemas internos de tipo económico, financiero, medioambiental y de seguridad. No se mencionan los problemas hechos en casa, que son enteramente responsabilidad del gobierno español y que difícilmente se pueden resolver con la cooperación internacional. Claro que existen cuestiones que inevitablemente tienen que contar con el consenso internacional, como es el medio ambiente, pero incluso el tema del cambio climático es tan anodino en su definición como todo lo que llaman ahora sostenible. 


No está mal pedir "decisiones que deben tener visión anticipatoria y estar a la altura de los retos planteados" y que "para afrontar estos retos, es preciso desplegar nuestras mayores capacidades, con una España sólida y cohesionada, en una Europa dinámica y solidaria", pero esperar del gobierno Zapatero que se anticipe a los acontecimientos cuando durante años negaba su evidencia a pesar de haber quedados certificados por expertos nacionales e internacionales con bastante antelación es pedir mucho. Resulta más que desalentador oír de boca del Rey la misma palabrería hueca que a Zapatero: sólido, cohesionado, dinámico, solidario. Claro que "los tiempos actuales nos reclaman tesón y fortaleza. Fortaleza como país que a todos nos proporciona libertad, estabilidad y progreso", sólo que la fuerza se le escapa a este gobierno entre las manos, pues para garantizar libertad, estabilidad y progreso se debe garantizar en primer lugar el orden constitucional de España y la fortaleza en su proyección exterior, pero ninguna de las dos cosas se da actualmente.


¿Cómo se quiere conseguir "fortaleza como ciudadanos más preparados y competentes, promoviendo la educación y la igualdad de oportunidades" cuando el sistema educativo decae cada vez más y el país pierde competitividad al no garantizar ni siquiera la movilidad de la mano de obra dentro del país, cada vez más limitada por las nuevas barreras lingüísticas que impiden que ciudadanos preparados trabajen en cualquier parte de España porque prevalece su conocimiento de las lenguas regionales sobre sus conocimientos técnicos y profesionales. Por lo tanto, no es del todo cierto que existe una "fortaleza en el plano económico y social, con un tejido productivo cada vez más innovador, competitivo y activo en el mundo, capaz de mantener y elevar nuestro bienestar social", éste es más bien la mentalidad de Alicia en el País de las Maravillas de Zapatero, ya que sólo muy pocas autonomías españolas están progresando en este campo, y no precisamente las gobernadas por el partido del presidente del gobierno.


Y hemos aquí otra perla que debe haber salido del mismísimo Palacio de la Moncloa: "Esa mayor fortaleza requiere el más amplio entendimiento y solidaridad entre todos los españoles, entre todas y cada una de nuestras Comunidades Autónomas. No nos podemos permitir que las legítimas diferencias ideológicas resten energías al logro de los consensos que piden nuestros ciudadanos." Suena al "arrimar el hombro" que tanto le gusta a Zapatero, cuando en realidad sólo quiere que todos apoyen sus ideas equivocadas de cómo gobernar el país. Zapatero parece olvidar que gestionar el país es responsabilidad de quien ha sido elegido para ello, no de los que se han quedado en la oposición.


Igualmente hueco queda decir que "en las últimas décadas hemos sido capaces de resolver grandes problemas, contando con el esfuerzo de todos, la voluntad de acuerdo y el liderazgo responsable de nuestros dirigentes políticos, económicos y sociales" y que "la experiencia nos demuestra que todos somos necesarios para culminar con éxito esa tarea", pero esto no es reflejar la realidad. Los problemas actuales de España en materia social, educativa y económica no se resuelven por la capacidad de iniciativa de los ciudadanos, sino dependen exclusivamente de la política que sigue en gobierno para incentivar que los ciudadanos se esfuercen. SIn una política económica y fiscal acertada nada se conseguirá, y todo apunta a que se ponen cada vez más trabas a la iniciativa privada tomando medidas que sólo conseguirán destruir empleo y ahuyentar inversiones.


Al "interés general" tienen que servir, ante todo, los gobernantes, los diputados, los ayuntamientos y sus concejales. Es evidente que para conseguir resultados aceptables "necesitamos actuar con inteligencia y generosidad, y aplicar la fuerza de la unidad, del diálogo y del compromiso, en el marco del respeto a nuestra Constitución", pero ¿acaso la clase política ha dado muestras de actuar con inteligencia y compromiso? ¿Qué hay de las redes de corrupción que se han descubierto a lo largo de este año? ¿Se puede decir que la actuación en Cataluña frente a las consultas populares ilegales, el caso Haidar, el creciente desempleo ha sido inteligente? ¿qué quiere decir eso de la generosidad? ¿Quién tiene que ser generoso con quién Majestad?


En el papel, "la Constitución garantiza un amplio abanico de derechos y libertades, fundamenta una avanzada articulación de nuestra rica diversidad territorial y nos dota de instituciones que son claves para la estabilidad y convivencia democráticas, y el buen funcionamiento del conjunto de España". Pero las instituciones en realidad no son independientes para garantizar "el mejor y más justo ejercicio de sus responsabilidades", y decir que "todos debemos preservar esa independencia en aras de la confianza que los ciudadanos tienen depositada en ellas" es tanto como no querer ver la realidad y llamarla por su nombre. Para empezar, la misma presidente del Tribunal Constitucional no es independiente, como tampoco lo es el juez Garzón, y tampoco lo es Su Majestad el Rey, que debería ser capaz de escribir sus discursos él mismo o al menos personas muy independientes del poder ejecutivo controlado por Zapatero. Sería deseable que el Rey llamara la atención sobre los bajos índices de confianza de los ciudadanos en las instituciones y su desinterés por la política que consideran bastante deplorable por todo lo que ocurre.


También la valoración del Rey de la crisis económica podría haber sido más aleccionadora en lugar de repetir lo que nos cuentan todos los días y que en realidad no aporta nada al debate. Decir que "se han tomado medidas a escala internacional, europea y nacional para detener la crisis y paliar sus efectos" y que "son muchos los esfuerzos y sacrificios desplegados a todos los niveles" para terminar con decir que "queda mucho por hacer, es preciso seguir adelante" es como quedarse en el limbo. La crisis no se resuelve con afirmar que ésta nos "exige trabajar juntos en la misma dirección", sino exigiendo al gobierno que se ponga las pilas. Esto suena como si dependiera de los ciudadanos de a pie que podamos salir del agujero en el que nos han metido los que han gobernado en España durante los últimos seis años. Sabemos muy bien que es "necesario seguir adoptando medidas, lograr acuerdos entre nuestras fuerzas políticas, económicas y sociales, que permitan, por un lado, asegurar la mayor solidaridad y, por otro, acometer las reformas precisas, a fin de lograr una pronta recuperación en un clima de seguridad y confianza", pero ¿qué es lo que se está haciendo y por qué no se ha logrado hacer lo que en otros países europeos sí parece estar dando frutos?


No ha faltado la defensa de la política social y antiterrorista del gobierno y sus logros, así como de los compromisos militares en el exterior. No veo lo que dice apreciar el Rey al decir que "nuestra seguridad, nuestro progreso y bienestar, dependen cada vez más de una eficaz protección y promoción de nuestros intereses en el mundo. Lo palpamos a diario. Por ello, importa consensuar y coordinar al máximo el papel internacional de España." El papel de España en el exterior es más que dudoso, no sabemos nada de la misión real en Afganistán o en el Líbano. ¿Qué tiene que ver Afganistán con nuestra libertad y nuestro progreso? Es un hecho que desde que comenzó la ocupación del país de Oriente Medio por la OTAN, han aumentado el poder de los talibanes y el uso obligatorio del burka, así como la producción de opio. En el Líbano la capacidad de controlar los movimientos fronterizos sin control entre Líbano y Siria no existe, como se ha podido ver en más de un reportaje en televisión. Las tropas allí estacionadas sólo cuestan inmensas sumas de dinero, y España no pinta nada en esta zona ni puede hacer nada.


Tras mencionar la importancia de la presidencia española de la Unión Europea, que sin duda pasará sin que sirva para impulsar una mayor unión, sino más bien todo lo contrario si tenemos en cuenta la afición del ejecutivo de Zapatero a los dictadores iberoamericanos, el Rey terminó con una tibia llamada al "sentido de Estado, tanto a la hora de gobernar, como de ejercer la oposición" y la reiteración de la palabrería hueca relativa al esfuerzo común de todos.


Sin duda, "la Corona tiene como norte el servicio a España y a todos los españoles", pero no veo con claridad el "compromiso diario con todos" por parte del Rey y del Príncipe de Asturias. Sería deseable un mensaje con más fuerza y determinación que se pueda considerar un ejemplo de la independencia de la Casa de Su Majestad el Rey del ejecutivo de turno. Es, precisamente, uno de los grandes valores de la Monarquía que la Corona sea también ese paraguas protector cuando sea menester darles un tirón de orejas a los que no quieren o no saben defender el interés general de la nación y de los ciudadanos. Es evidente que las instituciones máximas del estado no hacen lo que deben hacer y que el resultado de su gestión no es para nada aceptable. Un discurso del Rey sería mucho más útil e incentivaría más a todos si fuese más explícito con los acontecimientos actuales y la poca eficacia de los gobernantes. Desearía que Su Majestad el Rey diera ejemplo ejerciendo la jefatura del estado con más independencia y determinación. Sin duda el alto ejemplo de nuestro augusto Rey aportaría mucho más a la nación que mil discursos dictados por la Moncloa. Los ciudadanos queremos un Rey ejemplar, no una marioneta del poder ejecutivo.


¡Feliz Navidad, Majestad! 
¡Que el año de 2010 sea también un año estelar de la Monarquía!