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22 noviembre 2009

Trigésimo cuarto aniversario de la Proclamación de S.M. el Rey

Es fácil, desde la distancia, criticar lo que se hizo mal en aquellos momentos tan delicados. La situación en España era más que compleja al fallecer el General Franco y con él todo su régimen autoritario. Su Majestad el Rey hizo una gran labor, y quizás por las presiones de todos los grupos implicados en el cambio político, no tuvo otra alternativa. Aún así, no está de más analizar algunos puntos con una visión crítica.


Hoy hace treinta y cuatro años de la proclamación de Su Majestad el Rey. Lejos quedan los años de cambio y transformación en España que dieron tanto impulso a una sociedad renovada. Lejos quedan también los años del consenso y del espíritu democrático.

Felices fueron los años en los que S.M. el Rey aún pintaba algo, porque durante los primeros años posteriores a la muerte del General Franco todo el poder estaba en manos del Rey, y el Rey supo administrar bien el legado recibido del régimen anterior, pues entregó el poder al pueblo, o para ser más exactos: a los representantes del pueblo.


Y hemos aquí el problema de las democracias actuales en Europa: Por mucho que nos cuenten la historia de que todo el poder emana del pueblo y la soberanía reside en el pueblo, la realidad es muy diferente.


El pueblo -sea en España o en otros países europeos pertenecientes a la Unión Europea- tiene muy poco poder al estar privado casi por completo de la facultad de intervenir directamente en las decisiones políticas de envergadura. Salvo raras excepciones, pues sólo en Suiza se practica desde hace siglos esa democracia directa mediante un gran número de plebiscitos al año sobre cuestiones muy diversas y que en algunos cantones pequeños aún se celebran en la plaza mayor de la capital cantonal.


S.M. el Rey fue demasiado generoso a la hora de entregar el poder a los representantes del pueblo. Debería haber previsto muchos más mecanisos que garanticen la independencia de los cuatro poderes del estado entre sí: Jefatura del Estado, Poder Ejecutivo, Poder Legislativo y Poder Judicial.

A lo largo de este año ha quedado demostrado -nuevamente- de una forma apabullante que no existe tal división de poderes. Acabar con ella desde siempre ha sido objetivo primordial de los socialistas, pues muchos recordamos la célebre frase de Alfonso Guerra de que "Montesquieu ha muerto". Y fue precisamente Montsquieu quien creó la idea de la división de poderes para garantizar el buen funcionamiento del estado.


Los principales problemas políticos actuales -en lo que se refiere a las instituciones del estado- es la corrupción. Esa corrupción es tanto económica como moral. Destacan dos jueces, cuya labor al frente de sus respectivos tribunales parece todo menos honrada e imparcial: Garzón por un lado y la presidente del Tribunal Constitucional por el otro.


El primero haciendo lo que presuntamente conviene al gobierno socialista, con connivencias rarísimas como aquella cacería con el ex ministro Bermejo y el jefe de la policía judicial, así como una fiscal de peso en el asunto Gürtel. A ello se añaden corruptelas varias como el presunto el cobro no declarado de "becas" de un banco privado y honorarios durante su excedencia en Estados Unidos o decisiones procedimentales más que dudosas. No es que en muchos casos le falte razón al juez para proceder contra determinados grupos de corrupción organizada, pero ¿qué credibilidad tiene un juez que no es moralmente ejemplar y que deja a la vista cada dos por tres que parece actuar más movido por intereses partidistas que por amor a la justicia?


La segunda, como se ha sabido estos días, no sólo parece tener una estupenda relación con los nacionalistas catalanes, sino también con el entorno de ETA. ¡Una presidente del Tribunal Constitucional! Esta claro que es la persona menos indicada para dirigir tan alto tribunal.


Si pensamos que la Justicia se administra en nombre de S.M. el Rey, ante tanto desvarío me pregunto ¿qué es lo que hace el Rey para que no ensucien su nombre? Porque ensuciar el nombre del Rey es ensuciar el nombre de España. Y aunque no tenga ya ningún poder real para intervenir en el funcionamiento de la Justicia, al menos podría llamar la atención sobre el grado de inmoralidad con que se administra en su nombre la Justicia.


La Justicia es el mejor ejemplo de lo mal que se hicieron las cosas en 1978 al redactar la Constitución. La Constitución en sí no es mala, pero deja demasiado margen para la interpretación subjetiva, cuando sólo debe permitir una interpretación objetiva.

La Justicia tendría que haber quedado fuera de toda influencia de los partidos políticos evitando que los más altos puestos de la judicatura se nombrasen por el Congreso o directamente por el gobierno. ¿Cómo es posible que muchas actuaciones dependan de la voluntad del Fiscal General del Estado, un cargo político al servicio del gobierno de turno? ¿Cómo es posible que el Consejo General del Poder Judicial se divida en derecha e izquierda, igual que el Tribunal Constitucional, donde ya no cuenta lo que es o no constitucional, sino qué opinión tiene mayoría en el órgano de decisión. ¿Prevalece la Constitución o la capacidad interpretativa y de imaginación de los jueces que componen cada órgano? Por lo visto lo segundo.


Existen otros problemas aparte de la Justicia. El sistema electoral actual ha demostrado ser lo más alejado de la democracia participativa. Su sistema inflexible de listas cerradas y la contradictoria regulación de que los escaños obtenidos por listas cerradas pasen a ser propiedad de los diputados o concejales aún cuando decidan dejar el partido por cuya lista cerrada llegaron a ocupar su escaño, ha llevado a una situación esperpéntica en toda España. Se trapichea con los escaños y los votos de los tránsfugas, otros intentan montarse una existencia mientras dure el chollo para venderse luego al mejor postor, y nadie piensa en los votantes que confiaron su voto a un partido y su programa electoral, no directamente a las personas que salieron elegidas.


Este sistema tan imperfecto de elección de los representantes del pueblo, que administran la soberanía popular y el poder emanado del pueblo -en la mayoría de los casos de forma irresponsable y moralmente deplorable-, ha propiciado que se formen cada vez más redes de corrupción y se aprovechen cada vez más políticos para colocarse a sí mismos o a sus amigos y allegados en posiciones muy lucrativas, como por ejemplo la esposa del señor Montilla que acumula, al parecer, 15 cargos en diferentes administraciones locales.


¿Y qué dice S.M. el Rey a todo esto? ¡NADA! No bastante con no haber previsto mecanismos eficaces para contrarrestar cualquier mal uso de la democracia, opta por no decir nada, algo que seguramente muchísimos españoles saludarían con entusiasmo. En lugar de eso recibe a dictadores y dictadorzuelos en la Zarzuela, aunque sólo estén de paso, y les ríe las gracias. En lugar de decirle al gobierno lo que hace mal, cae en el error de alabar al presidente del gobierno como alguien que sabe lo que hace.


Es curioso que S.M. el Rey esté más a gusto con gobiernos socialistas filorepublicanos, cuando son precisamente éstos los que relegan al Rey a un lugar menos que representativo. Actualmente tenemos una Jefatura del Estado tan poco vistosa en el mismo grado que es patético todo el gobierno, que no sabe muy bien qué hacer ante los problemas que se le acumulan.
Quizás sea uno de los aniversarios de la proclamación más anodinos de todos. Lo que era ilusión hace treinta y cuatro años ahora es -en el mejor de los casos- indiferencia. Desearía que dentro de un año la situación cambiare para mejor y que todos podamos gritar con alegría y entusiasmo:

¡VIVA EL REY!

Aún así digo: ¡Felicidades, Majestad, por el trigésimo cuarto aniversario de Vuestra Proclamación! ¡Dios Os guarde muchos años!

10 marzo 2009

Garzón se ríe de la Justicia

España es un país divertido. Hay mucha gente que se ríe constantemente, sobre todo los que son de la izquierda sectaria y radical, afines al PSOE o a los nacionalistas. Especialmente esa izquierda postcasposa suele ser muy forofa de los Hermanos Marx, que se reían siempre a costa de los demás.

Estos días, el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón alegó que no actuó "de mala fe" al ocultar al Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) que cobró 203.000 dólares por organizar un ciclo de conferencias en la Universidad de York entre marzo de 2005 y junio de 2006 y que el órgano de gobierno de los jueces "nunca le preguntó si iba a cobrar" por estas actividades.

No olvidemos que Garzón se fue a EE.UU. supuestamente como becario para seguir unos estudios. Pero en realidad los estudios los impartió él cobrando un pastón procedente indirectamente del Banco Santander, según parece. Si esto no huele a prevaricación, el menos huele a podrido.

Ahora dice que actuó de buena fe y que no le preguntaron. A un ciudadano de a pie, Hacienda no le pregunta si ha cobrado algo sin declarar y da por hecho que conoce toda la legislación que le aplica por cualquier infracción leve o grave, aunque sólo fuere por entregar tarde una declaración, cuando es materialmente imposible conocer o incluso consultar tal legislación que Hacienda suele enumerar como aplicable, pero sin facilitar los textos legales o correspondientes o sus fuentes. El argumento que esgrimen tanto la administración tributaria como cualquier otra autoridad administrativa es que el desconocimiento de la ley no exime del deber de conocerla.

Es, por tanto, grave, gravísimo, que todo un magistrado juez de la Audiencia Nacional, uno de los tribunales más altos, desconozca normas fundamentales que afectan a sus ingresos y sus deberes de información a las instancias superiores como en el caso de la excedencia para fines académicos.

Está por ver qué hará ahora el CGPJ. Ya se sabe que gremios tan poderosos como los jueces, los abogados o los médicos suelen cubrirse las espaldas entre ellos. Pero Garzón lleva tiempo buscándose antipatías en su propio círculo profesional. Además, el comportamiento del juez desde hace al menos 15 años es un hecho bastante insólito en el mundo occidental. En cualquier país centroeuropeo la ausencia de la independencia política de un juez y su connivencia con el gobierno en combinación con un importante caso de corrupción hubieran tenido consecuencias contundentes. Añadiendo el incumplimiento de la ley en relación con rentas extraordinarias, la inhabilitación del juez debería ser inevitable.

Al igual que Al Capone era muy astuto al cometer delitos de sangre, que nunca se le pudieron probar, al final el juez más astuto en fechorías políticas cae sobre su propias contradicciones, faltas administrativas o eventuales delitos fiscales . Un juez comunista que vive como un burgués del siglo XIX y que no declara los ingresos que le sobran por todos los lados está dando una imagen pésima de un sistema judicial obsoleto e ineficaz. Un juez moralmente corrompido que pretende juzgar a los corruptos. Es cuando la imagen deformada vista a través de un esperpento es la imagen real de un país.

11 febrero 2009

El Esperpento de la Justicia

Qué fuerte. Pero qué fuerte. Esto es fortísimo. Es franquismo puro al más rancio estilo burgués de nuevos ricos. Resulta que el juez más mediático y entrometido en la política nacional se va de caza con el ministro de justicia socialista Bermejo, cuyo talante estalinista quedó patente tanto antes como durante su toma de posesión como ministro, y precisamente el mismo fin de semana en que Garzón lanzó su campaña anticorrupción que se ha llevado por delante al alcalde de Boadilla y al ex alcalde de Majadahonda dejando en muy mal lugar al partido patético de Mariano Rajoy alias DiCaprio (por lo del Titánic). Foto: Garzón y Bermejo en la cacería del fin de semana. Luego estos republicanos bolcheviques se ponen a criticar al Rey por irse de caza, y son ellos quienes viven realmente a cuerpo de rey.

Dice el peor ministro de justicia que ha tenido España en los últimos 33 años que fue pura casualidad de que coincidiera con el juez. Será porque no hay más cotos de caza en España. También sería casualidad que cenaran juntos.

Es así como se administra la justicia en España, entre cacerías y cenas en restaurantes. Se supone que con un asunto tan gordo entre manos, el juez tendría que estar el su despacho y tomar declaración a los detenidos, no pegando tiros por los montes jienenses. El suceso tiene, además, pinta de ser una reunión informal para acordar las maniobras siguientes, pues es evidente que el juez comunista mediático y el estalinista buscan un modo de acabar definitivamente con la oposición, y como hoy en día ya no lo pueden hacer como durante la segunda república, lo hacen utilizando la justicia amoldándola a sus necesidades.

Ello no quita que el partido patético esté bastante podrido (como lo es aún más el partido socialista), pues encima no piensa abrir expedientes a sus políticos manchados de sospecha de corrupción. Si dimiten, algo habrá, en caso contrario podrían seguir en sus puestos, pues si fuera suficiente lanzar sospechas infundadas contra cualquiera, sería fácil acabar con todos.

Si los políticos fueran honrados, no les pasaría nada ni se verían involucrados en negocios con empresas de dudosa limpieza moral. Pero también parece evidente que el PP ha actuado de forma imprudente sabiendo desde hace al menos seis años a qué enemigo se enfrenta, permitiendo actuaciones de sus altos cargos municipales poco beneficiosas para el partido y actuando de forma muy torpe desde que perdió el gobierno nacional, como también es más que evidente que la actuación del juez Garzón no responde tanto al afán de hacer justicia y combatir delitos, sino de dañar a un partido político concreto, ya que no se ve semejante revuelo actuando contra los corruptos del PSOE como en el caso de Ibiza o de Villa PSOE. Foto: Bermejo en otra cacería. Insensible, burgués y hortera. Las cacerías son crueles y un despilfarro. Un puesto de tiro en una cacería cuesta fácilmente 3.000 euros, más lo que se paga por cada animal abatido. Por mucho que gana un ministro o un juez, en una cacería se pueden dejar fácilmente 10.000 euros.

Lo que es realmente indigno de un estado de derecho es la connivencia entre altos magistrados y el gobierno, por una parte, eliminando de esta forma la separación de poderes que en España brilla por su ausencia (Montesquieu ha muerto - Alfonso Guerra dixit), sino por otra parte también que un juez en concreto esté actuando ideológicamente, con una parcialidad que da miedo, y que esté constantemente dando titulares a la prensa y la televisión con lo que llamaría un circo mediático más que el cumplimiento del deber. No debe de haber juez más famoso en el mundo que Garzón, y esto es algo inconcebible, ya que la Justicia debe ser independiente y prácticamente anónima.

No puede ser que las actuaciones de un juez estén coordinadas con el agit-prop del gobierno socialista bolchevique del PSOE, y que el ministro de justicia se vaya de caza con el juez más importante de la Audiencia Nacional huele si no a delito, al menos a moralmente podrido. Es un nuevo capítulo del esperpento nacional. Los acontecimientos prometen mucho entretenimiento, igual una mezcla entre cine de terror y tragicomedia. Lo malo es que no será ficción, sino cruda realidad.

31 enero 2009

La Justicia española, justiciera del mundo mundial (libre)

La Audiencia Nacional se parece cada vez más a un brazo político de la extrema izquierda en la que campan por sus anchas jueces con ansias de hacer política y ajusticiar a todos los regímenes políticos menos aquellos que realmente oprimen a su población. Si en el pasado ha sido el juez Garzón el que dominaba los titulares de la prensa con sus particulares macrojuicios internacionales contra Pinochet, los generales de la dictadura argentina o el bando nacional de la Guerra Civil, ahora hay otro que quiere destacar con proezas justicieras procediendo contra el estado de Israel. Foto: El embajador israelí Schutz.

El embajador israelí, Raphael Schutz, se
ha mostrado este viernes sorprendido y molesto por la decisión de la Audiencia Nacional de admitir a trámite una querella dirigida contra siete responsables militares de este país, entre ellos el ex ministro Benjamin Ben Eliezer, por un bombardeo perpetrado en un barrio de la Franja de Gaza el 22 de julio de 2002 en el que murieron 14 civiles, la mayoría de ellos niños. Considera el embajador que se está abusando de la legislación española para intentar deslegitimar el derecho de defensa del Estado democrático de Israel. De momento, este viernes la embajada presentará ante el juez el material necesario “para demostrar que este auto no tiene ningún tipo de fundamento”.

El incidente supone
una alteración de las relaciones exteriores de España. Respecto de las relaciones diplomáticas entre España e Israel, Schutz tan sólo ha recomendado al Gobierno de Zapatero que reflexione sobre el mal uso de la legislación española. Además, el embajador israelí ha considerado que existe una doble moral y rasero cuando se habla de Israel, pues los que protestan contra este estado no lo hacen en defensa de los derechos humanos sino “por motivos políticos contra Israel que no son del todo limpios". Foto: El general israelí Dron Almog, uno de los acusados.

Al igual que el embajador, el ministro de Defensa israelí, Ehud Barak, considera que "alguien que califica el asesinato de un terrorista como crimen contra la Humanidad vive en el mundo al revés". "Todos los responsables de Defensa, del pasado y del presente, actuaron correctamente en nombre del Estado de Israel y en virtud del compromiso de defender a los ciudadanos israelíes", añadió Barak. A su juicio, la decisión del juez Andreu es "particularmente alarmante" después de los hechos recientes ocurridos en la Franja de Gaza, durante la ofensiva militar israelí de tres semanas en la que se ha revelado la "verdadera cara" de Hamás.

España no es titular de la justicia en el mundo. En realidad, esta pretensión surgió en 2005 a raíz de una sentencia a favor de un ciudadano extranjero, ya que con anterioridad -y desde 1870- la justicia española sólo se consideraba competente si un caso implicaba a algún ciudadano español. Además, parece descabellado que los jueces españoles pretendan arreglar asuntos entre terceros países basándose sólo en que algún ciudadano palestino haya interpuesto en España una denuncia contra Israel por vulneración de derechos cuya protección no es asunto de España. Y si verdaderamente se trata de un problema de genocidio -término del que se abusa últimamente con suma ligereza-, aún está el Tribunal Internacional de La Haya el que se debe considerar competente y no un tribunal español. Foto: ¿Quién juzga a Putin por Grozni? Claro, quién querrá tener un accidente de coche...

Parece que la Justicia en España tiene demasiado tiempo de ocio y no hay procedimientos pendientes. Si
los jueces de la Audiencia Nacional se aburren, podrían tal vez echar una mano a sus compañeros de los juzgados de lo civil y de lo penal para reducir un poco los casos pendientes de tramitar.

Como siempre, el gobierno se escuda en el respeto a la independencia de la Justicia, como si ésta fuera realmente independiente del poder político. Esta independencia se ha visto recientemente en el caso de la Educación para la Ciudadanía. El gobierno siempre se muestra respetuoso con las decisiones de los jueces cuando le conviene, en caso contrario hace lo posible por sustituir a los magistrados no afines por otros que deciden conforme a sus pretensiones. Horas después de las declaraciones del ministro Moratinos, su homóloga israelí, Tzipi Livni, le expresó por teléfono su "preocupación" por la decisión de la Audiencia Nacional y le dejó claro que "Israel considera que se trata de una decisión política y no judicial".

La decisión
del juez de abrir una investigación para esclarecer si ha habido un delito contra la humanidad por el ataque en Gaza ocurrido el 22 de julio de 2002, en el que murieron un presunto líder de Hamas y catorce civiles, responde a una querella interpuesta por el Centro Palestino para los Derechos Humanos (PCHR, por sus siglas en inglés) por aquellos hechos. Sería interesante, por otra parte, conocer la opinión de dicho centro sobre el lanzamiento indiscriminado de cohetes desde territorio palestino sobre civiles israelíes. Foto: ¿Quién juzgará al abuelo? ¿Qué está pachucho? Pinochet también lo estaba...

¿Es España competente para juzgar a otros países? ¿Acaso tiene un mandato de la ONU para hacerlo? ¿Cuál es la ley internacional que avala la competencia de la justicia española para juzgar a terceros países independientes
por hechos no cometidos en España o por españoles, teniendo en cuenta que no existen leyes internacionales, en todo caso convenios multilaterales? Y ya puestos, podrían iniciar juicios contra dictadores sanguinarios como Fidel Castro, Hugo Chávez o Vladimir Putin, pero a tanto no llegan la independencia y el ámbito mundial de competencia de nuestra justicia, que, no se olvide, se administra en el nombre de S.M. el Rey, no en nombre de toda la humanidad. Foto: Putin no se anda con chiquilladas. ¿Qué juez se atrevería con él?