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30 julio 2010

El consumidor frente al odio de los separatistas catalanes

El escritor Josep Pla  dijo hace años: 
“El catalanismo no debería prescindir de España, porque los catalanes fabrican muchos calzoncillos, pero no tienen tantos culos”.

España al rojo vivo
Hace unos meses salió un informe según el cual la venta de productos catalanes en el resto de España ha bajado de media un 20% desde 2005. Así lo refleja también un artículo aparecido estos días en ABC, aunque no especifica estos datos.

Desde que gobierna en Cataluña el tripartito, la imagen de Cataluña ha sufrido mucho en el resto de España. El odio que muestran los nacionalistas a todo lo que suene o se parezca a España ha causado en muchos ciudadanos del resto de España una fuerte antipatía hacia todo lo catalán. 

Tras las numerosas salidas de tono de políticos como Carod-Rovira, Benach o Puigcercós, especialmente también desde aquel viaje de Carod-Rovira a Perpiñán para negociar con ETA que no cometiera más atentados en Cataluña, aumentaron las llamadas al boicot a productos catalanes. Y aunque no parecía tener mucho eco, el boicot lleva ya varios años funcionando y aumentando, como se desprende de la información sobre comercio interior entre Cataluña y el resto de España. 

Una cosa está clara: Sólo cuando a los empresarios catalanes les empiezan menguar los ingresos, éstos empezarán a hacer algo contra la locura separatista. 

Ciertamente es injusto boicotear productos catalanes, porque con ello se daña a todos los que vivan y trabajen en Cataluña. Tampoco está claro qué empresas apoyan al independentismo y al odio antiespañol.  Pero por otra parte el boicot constituye también la única forma de actuar contra el separatismo. ¿Cómo, si no, se puede influir en esa política irracional de los políticos catalanes y de los políticos españoles que apoyan a aquellos, como es el caso de Zapatero?

Los ciudadanos en general tenemos poco poder. Nuestra capacidad de influir en decisiones como la de prohibir los toros o impedir que los centros públicos catalanes ofrezcan la posibilidad de la enseñanza íntegra en español se limita a las elecciones cada cuatro años. Luego deciden los representantes del pueblo en función de sus intereses partidistas lo que se hará o no se hará. 

Últimamente, los independentistas catalanes han tenido mucho interés por las consultas populares. Pero claro, sólo sobre temas que les interesan. En la cuestión de las corridas de toros han optado por no consultar al pueblo.  

Así las cosas, ¿qué le queda al ciudadano para hacerse oír? No hará falta que nadie llame al boicot de productos catalanes. Cada uno actuará según su conciencia. Son actitudes tal vez irracionales, pero ¿son racionales las políticas catalanas? ¿Es racional decir Correbous sí, toros no, artesanía catalana sí, muñecas flamencas no? ¿Por qué deben comprarse detergentes fabricados en Cataluña? ¿Por qué no optar por detergentes fabricados en Madrid o Sevilla? ¿Cava sí? ¿Y por qué no espumoso de La Mancha? El mercado es libre, el consumidor también. Si en Cataluña no hay libertad para decidir si ir a los toros o hablar en español, habrá que hacer uso de otras libertades como la de comprar los productos que uno quiera.

Si en una tienda me tratan mal, ¿cuál es mi poder para castigar a dicha tienda? Evidentemente, no ir más. Hay muchas tiendas del mismo tipo para elegir. Entonces, ¿cuál es el poder del ciudadano frente a Carod, Montilla, Saura o Mas? ¿Son ellos sensatos gobernando? ¿Por qué tendría que ser sensato el consumidor pensando en los trabajadores de Cataluña? También puede pensar en los trabajadores de Sevilla o Madrid.  La supervivencia de una tienda depende de su imagen, la calidad de su servicio y de su oferta. La de una región depende de su imagen, sus gentes y su competitividad frente a otras. Luego es el ciudadano quien decide dónde comprar, dónde pasar sus vacaciones, dónde vivir. ¿Por qué una empresa decide establecerse en uno u otro país?

No apoyo un boicot, porque sé que hay muchos catalanes que no son como sus gobernantes, porque sé que hay gente valiente como Albert Rivera, Carmen de Rivera, Jordi Cañas y todos que les apoyan y que viven y trabajan en Cataluña y no merecen sufrir en sus carnes las consecuencias irracionales -aunque perfectamente entendibles- de la mala imagen de Cataluña creada. Ya sufren bastante la imposición, la persecución y la falta de libertad en Cataluña. El boicot, en realidad, se lo hacen los mismos que siembran odio y mala imagen.

Pero, sin duda, hemos aquí un grave dilema para muchos.

08 abril 2008

Por un Tibet libre - Boicot a las Olimpíadas

Los ciudadanos parecen ser capaces a lo que los políticos no se atreven: Plantar cara a la dictadura comunista china por sus flagrantes violaciones de la libertad de expresión, la ocupación ilegal de un país pacífico y soberano y la desvirtuación y manipulación de los Juegos Olímpicos, unos juegos que deben ser expresión de la libertad y la paz y no del enaltecimiento de un regimen inhumano y contrario a lo que se defiende en Occidente y que nos cuentan que defienden en Iraq y Afganistán.

Los incidentes registrados en Londres y París son positivos para llamar la atención sobre un problema que el probablemente corrupto comité olímpico y el regimen dictatorial chino quieren maquillar. No se entiende que el presidente del COI se muestre ofendido diciendo que la llama olímpica no tiene nada que ver con China. Pero es China el país que organiza los juegos y los utiliza para lavar su imagen. Sim embargo, los acontecimientos recientes en el Tibet demuestran que en China existen problemas serios, que el COI no quería ver hace siete años ni ahora.

Parece ser la primera vez que se produzcan tales incidentes durante el recorrido de la llama olímpica, pero tampoco en el pasado -a excepción de Moscú, cuyas Olimpíadas fueron boicoteadas oficialmente- ha habido nunca un país anfitrión que desprecia tan abiertamente los derechos humanos y la independencia de países pacíficos como el Tibet, un país que por otra parte ya lo habían abandonado a su suertla potencias occidentales durante la Primera Guerra Mundial.

Lo que también llama la atención es que en la radio se puede escuchar que son supuestamente grupos antisistema los que causan los incidentes, cuando son, evidentemente, muchos tibetanos que los protagonizan. Es como quitar importancia al tema y ponerse de lado de China.
Yo por mi parte no veré ni una retransmisión de las Olimpíadas como una forma de boicot a los juegos organizados por ese país cyo sistema político no parece haber salido de los años cincuenta y que practica un capitalismo salvaje nada compatible con sus proclamas políticas.

22 marzo 2008

Tibet y la cobardía de Occidente

Los recientes acontecimiento en el Tibet son una muestra más de lo poco que cambian los regímenes dictatoriales comunistas. Adjudicaron las Olimpíadas a China confiando en una normalización de la situación de los drechos humanos en China, y ahora se sorprenden. Me pregunto en qué mundo viven los políticos de Occidente y dónde han adquirido su cultura política, si es que tienen alguna. Lo que no tienen en ningún caso es sentido común, pues de lo contrario no habían confiado en China. No se puede confiar en un régimen comunista calcitrante y trasnochado como el maoismo reconvertido en capitalismo salvaje decimonónico, pero con las mismas estructuras y la misma imaginería de los años cincuenta.

Lo que trae el capitalismo salvaje e inhumano (lo inhumano es algo innato a los chinos) es descontento de aquellas parte de la población que no pueden participar en la riqueza creada, especialmente los pueblos sometidos como el tibetano. En eso, en China no prece haber cambiado nada desde los tiempos de los antiguos emperadores. La opresión de los pueblos sometidos es una práctica ancestral de los imperios, cuya economía vive en gran parte de la esclavitud, aunque hoy en día esa esclavitud no se llame así, al igual que las sociedades paralelas son la realidad de lo que los políticos nuestros llaman integración, una integración que según ellos depene del país de acogida y no del ciudadano acogido.

Lo que ocurre ahora en China es la consecuencia de la esclavitud moderna y de la opresión de territorios anexionados ilegalmente. Lo que ocurrió al Tibet se plasma muy bien el la película 7 Años en Tibet. Lo que ocurrió después y ocurre ahora es lo mismo que pasó en Hungría en 1956 o en Chequia en 1968: Occidente calló, se escondió y se dedicó palabrería hueca. Lo que tocaría ahora es boicotear las Olimpíadas en Pekín como primera medida de sancion y luego la obstaculización de las importaciones desde China y obligar así de paso a la industria occidental a vover a fabricar en Europa o América del Norte. Así se matarían dos pájaros de un tiro: Se haría tambalear el régimen comunista e imperialista chino y se apoyaría activamente la independencia del Tibet. Lo que no tiene lógica alguna es apoyar una independencia ilegal del Kósovo y luego no apoyar al Tibet para que recupere su ansiada libertad e independencia de China, pues su anexión fue del todo ilegal y contraria al Derecho Internacional.

Decir ahora que el boicot a las Olimpíadas no serviría de nada y que en todo caso mejoraría la situación de los derechos humanos en China es una falacia. Occidente haría mejor en mostrarse fuerte y decidido frente a regímenes totalitarios en lugar de anteponer los intereses económicos a los valores e ideales occidentales y que al fin y al cabo sólo benefician a las grandes empresas, pero no a los ciudadanos de las democracias occidentales.

No a la participación en las Olimpíadas en Pekín. Sí a la indepndencia del Tibet.