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27 mayo 2008

Centrismo es de cobardes

Lo que les pasa a los políticos en general y a los de la derecha en particular es que tienen problemas con reconocer públicamente que su ideología es la que más vale y aporta a la sociedad, y por eso tienen ahora esa actitud compulsiva de declararse centristas.


Pero cuanto más centrista se hace la derecha, más extremista se hace la izquierda, como se puede ver en Alemania, pues en realidad la izquierda carece de contenido ideológico desde que cayó -aparentemente- el bloque soviético y con él el mal llamado "socialismo real". Porque la izquierda recupera ahora un ideario, mientras que la derecha comienza a deshacerse del suyo sin necesidad alguna.


Tras casi dos décadas de decaimiento de la izquierda a causa de ese vacío ideológico (¿a quién iban a convencer de la bondad del sistema comunista / marxista-leninista / maoísta o, lo que es lo mismo, del totalitarismo bolchevique, si había fracasado estrepitosamente dejando tras de sí países completamente arruinados, con infraestructuras obsoletas y procedentes en gran parte del régimen político y económico anterior a 1945?), ahora parecen retomar la vieja ideología y táctica camuflándolas de nacionalismos sin base histórica, solidaridad con los más débiles y derroche de prestaciones sociales que no saben ni cómo financiar.


Se aprovechan del olvido, por una parte, y de la ignorancia de la juventud, por otra, a la que trabajan incesantemente desde hace dos o tres décadas para manipular sus mentes y sus conocimientos de la historia, imponiéndoles lenguas casi muertas en el pasado para crear artificialmente un sentimiento nacionalista que nunca había existido y desmembrar así a la nación y el estado al que su pueblo había pertenecido desde hace siglos.


Los partidos de la izquierda trabajan sin tregua en la manipulación constante de las mentes a través del lenguaje convirtiendo vocablos y formas neutrales en cuanto al género en palabras buenas o malas según la conveniencia. A través de esa manipulación terminológica consiguen implantar sus ideas en las cabezas de la gente, que con el tiempo va adoptando ante determinadas expresiones las actitudes que pretenden conseguir sus autores.


Se trata de ideas radicales, excluyentes, intolerantes y deformantes. Se trata de intimidar al ciudadano para que piense sólo en una dirección, para que actúe sólo de una determinada manera y se sienta culpable cuando contraviene el orden terminológico establecido creyendo haber atentado contra valores que son los que se deben tener como propios, como buenos y como prescritos por la ley.



La deformación del lenguaje y la consiguiente deformación de las ideas se acentúan por la izquierda al relativizar la forma de escribir y la forma de estudiar. Se rebaja la importancia de la ortografía (piénsese en la igualdaZ y otros inventos ortográficos de la campaña electoral) al igual que la importancia del esfuerzo al abolir de facto el sistema de notas en las escuelas y difundir la sensación y el deseo de que todo tiene que ser divertido, fácil y pagado por el estado, que los malos son los que hacen negocio, los capitalistas, los que pagan impuestos, los que compran artículos legales, y los buenos son los listillos , los parásitos sociales, los ilegales, los que venden mercancía falsificada, los que piratean o los que emulan el pago de cánones.


Nos encaminamos con esto a un estado tipo 1984 de Orwell en el que el Gran Hermano arregla todo y controla todo. La deformación del lenguaje y de las ideas se parece cada vez más a esa Nueva Dicción orwelliana que se describe en "1984". Nos manipulan por todas partes, cada vez con más ferocidad.


Ante esta situación, el error más grave de la derecha es el centrismo reinventado. El centrismo sólo sirvió durante un período muy limitado de la transición: 1977-1982. Pero ese centrismo demostró ser inservible posteriormente, pues había reunido a gente con ideas tan dispares como los franquistas y la socialdemocracia. UCD fue la mejor solución del momento para permitir un tránsito ordenado hacia el nuevo orden constitucional.


Ahora hacen falta ideas claras sin complejos. La izquierda ha intimidado tanto a la derecha que ésta se pliega cada vez más al dictado de la izquierda con tal de parecer moderna, tolerante y tantas otras cosas más; la izquierda intenta reeducar a la sociedad en una sola dirección, entendiéndose "reeducar" en el sentido marxista-leninista de la palabra. El goteo constante de sus mentiras vestidas de valores positivos hace efecto. La historia mil veces falsificada y difundida como la verdadera al final es aceptada como verdadera. Las palabrería hueca de Z es el mejor ejemplo. Es vacuidad, pero efectiva, intimida, crea sentimientos de culpabilidad con sólo decir algo contrario a lo que nos quieren dictar las mentes enfermas de la izquierda.


La derecha no se tiene que mover hacia el centro. Eso será un suicidio. Tiene que mostrarse valiente y convencida de sus ideas y no plegarse al ataque constante de una izquierda cuyos argumentos son fáciles de rebatir por carecer de sustancia y lógica, pero que se escudan detrás de una artillería terminológica y mediática feroz que exige buenas defensas, decisión y poder de convicción.


El centro murió con UCD, intentó una reanimación con el CDS, pero feneció definitivamente a partir de 1986. La mayoría de los centristas se ha ido integrando en el Partido Popular, pero esta integración ha provocado la formación de nuevas corrientes difícilmente conciliables. El centrismo constituye, por tanto, una especie de camisa de fuerza que mantiene unido lo que a la larga es incompatible.


El PP está dominado por estructuras obsoletas, despóticas y cerradas que no permiten tampoco una convivencia fructífera de las diferentes corrientes. Por esa razón precisa una renovación profunda si quiere sobrevivir como partido, tanto de sus dirigentes como de sus fundamentos ideológicos. Tiene que defender una ideología compacta, clara y planteada con argumentos convincentes y liberarse de personas que carecen de mentalidad democrática y de equipo, porque sólo un equipo abierto a propuestas, pero firme en sus convicciones y la defensa de sus valores y principios puede convencer a los ciudadanos para que lo voten. La actual centritis, en cambio, amenaza con convertirse en una enfermedad crónica que hará que el PP languidezca hasta su desaparición.


En realidad, la coalición pre-PP compuesta por AP, PL y PDP debería separarse para que cada uno de los partidos se articule con independencia de los otros dos. Seguramente ofrecería más opciones a la sociedad, más variedad de ideas y programas y más posibilidades de cooperación. Todos juntos se limitan y se neutralizan. Necesitamos ideas, no cosas que no huelen ni tienen sabor. Ser centrista es de cobardes.

25 noviembre 2007

...y el gobierno sigue mintiendo falsificando y manipulando la realidad

Sobre el éxito de la manifestación de la AVT y los valores democráticos

Ayer tuvo lugar en Madrid una nueva manifestación de la AVT (Asociación de Víctimas del Terrorismo). La delegación del gobierno sólo autorizó un recorrido limitado con el fin de deslucir la protesta (Santa Entracia hasta Plaza de Colón) y mintió nuevamente acerca del número de participantes.

Un gobierno que presume de decir siempre la verdad (es decir: la mentira - véase "1984" de Orwell) usa esa dialéctica totalitaria de negar la realidad y de presentarla cómo le conviene. Muy al contrario de olo que ocurría durante el gobierno de Aznar, la televisión pública en manos del pZoe se utiliza para manipular. Mientras que las manifestaciones demagógicas de la izquierda se retransmitían en directo por la cadena pública, desde que gobierna Z se omite la información.

Dijo hace unos días la vicepresidenta del gobierno, María Teresa de la Vogue "La Fashionaria", que ellos siempre están con las víctimas, sean de la asociación que sea y de la ideología que tengan, pero la realidad demuestra lo contrario. ¿A qué viene la constante descalificación de estas manifestaciones y el desprecio hacia las víctimas? ¿Dónde está esa asociación que montó el pZoe para restar representatividad a la AVT? La señora Manjón está muy callada desde hace tiempo, tan parlanchina durante el período posterior a los atentados del 11-M.

Seguramente, la asistencia no fue la que yo esperaba que hubiera, pero aún así no se puede negar importancia a más de medio millón de manifestantes venidos de toda España para protestar contra la política proetarra del gobierno. La constante afrenta contra las víctimas de ETA al tratarlas como los malos de la película mientras se intenta presentar a los separatistas vascos como demócratas dedicados a encontrar una vía para el diálogo, es realmente indignante.

Lo que no nos explican nunca es el contenido de ese diálogo y esa paz en un país que no está en guerra, sino en el que existen organizaciones criminales que intentan imponer por la fuerza una independencia de tres provincias que nunca han sido un país independiente y nunca han sido pobladas por un pueblo con identidad propia, sino por una población española con características regionales particulares, igual que suele pasar en cualquier parte de cualquier país europeo.

Nunca dejan claro que no hay nada negociable. ETA-Batasuna-PNV-etc. buscan una sola cosa: la independencia. Y no sólo eso: Quieren anexionarse a la comunidad foral de Navarra, lo que es aún más una contradicción histórica. Navarra sí fue un reino independiente que se unificó con España por lógica y voluntariamente. En último extremo sería Navarra la que podría reclamar la reincorporación de Guipúcoa como parte histórica de su territorio.

Negociable sólo sería la fecha de la independencia o del referéndum para decidir sobre ella. Es una agenda muy clara y escueta. Entonces ¿para qué tantas reuniones con ETA? Sólo cabe pensar que, como oficialmente el gobierno de Z no puede reconocer estar completamente a favor de las pretensiones etarras-nacionalistas-separatistas, quieren dar pasitos para apaciguar el ímpetu violento y totalitario de ETA y acostumbrar al pueblo español lo que a todas luces parece ser una evolución inevitable. Lo que resulta incomprensible es que un gobierno de la nación se autorreduzca a una especie de gobierno gestor de la disolución de la unidad nacional cuando lo que realmente debería interesarle es mantener la unidad nacional y la autoridad de un gobierno de España que quiera y debería querer preservar un estado unido y estable, y encima negocia con un grupo que carece de toda legitimidad democrática y cuyo brazo político (actualmente ANV+PCTV) no alcanza una representatividad institucional suficiente para erigirse en representante del "pueblo vasco" o la "sociedad vasca", lo que se quiera que esto sea.

Sólo mentes mezquinas y provincianas, infantiles e inmaduras, trasnochadas y soñadoras pueden querer algo diferente. Hoy en día faltan políticos con formato de grandes estadistas, hombres de estado bien formados, cultos y con principios, conscientes de la realidad social y económica, conocedores de la historia y, por tanto, seguros de lo que se debe hacer y lo que es conveniente que se haga. Pero lo que tenemos hoy en día en Europa son políticos nacidos de una generación de pseudorrevolucionarios resultantes de aquel movimiento de la llamada Generación del 68 (las revueltas estudiantiles tirapiedras y antisistema de París y Alemania) de los hijos de una burgesía inmovilista satisfecha con los logros económicos de la posguerra (guerra mundial), gente que fomentó la indisciplina y la rotura con los valores tradicionales por considerar más divertido destruir que construir.

El consenso de la transición en España no fue sino obra de hombres de estado y gente bien formada de la época anterior, pues si algo positivo hubo durante el franquismo era la formación de la élite intelectual, al margen de la ideología que dominaba a la sociedad. Los discursos eran claros, y no existía ambigüedad de valores.

La ambigüedad de valores comenzó con eso del "centro". Ser centrista, tanto de izquierda como de derecha, no es otra cosa que mezclar y diluir los valores y principios, por lo que éstos se convierten en inestables buscando la estabilidad, y esa búsqueda de la estabilidad puede llevar a los extremismos más que al consenso. Centrismo sólo puede ser una solución para salir del paso, pero no una opción duradera, lo que quedó patente con UCD y los intentos posteriores de Don Adolfo Suárez al mantener esa ambigüedad que le ayudó a salvar los obstáculos de los primeros años hasta 1981, pero no valía ya en los años posteriores al pulverizarse ese centro del consenso. Y lo que tratan de decirnos con eso de ser "de centro" no es otra cosa que confundirnos.

Después hay una gran diferencia entre lo que son los valores de la izquierda y de la derecha. La izquierda sólo sueña con la revolución, el romper con lo establecido para crear algo nuevo y terrorífico que va en contra de la naturaleza del hombre, por lo que hay que imponerlo por la fuerza, con la mentira, la demagogia y recurriendo a un materialismo dialéctico marxista-leninista-estalinista. Sólo responden a los intereses de grupos dirigentes para los que el pueblo sólo es un escollo y que debe ser manipulado y moldeado con frases huecas y biensonantes para hacerlo dócil mediante la manipulación terminológica y la anulación de la capacidad de pensar por sí mismo con conocimiento de causa. El mejor ejemplo para ello es el sistema educativo actual y sus contenidos. "Hacer a todos actuar como yo quisiera, ese es mi poder" (definición de Voltaire).

En cambio, la derecha se basa en valores bien asentados que tienen mucho fundamento empírico. Son valores acordes con la naturaleza humana, de sentido común y con una tolerancia intrínseca suficientemente generosa como para que todos puedan vivir y ser felices según su propia visión de la vida, que implican el respeto hacia los demás y, por consiguiente, suponen una autolimitación natural que permite a todos disfrutar de las mismas libertades en igualdad de condiciones. Claro que siempre hay sectores tendentes a la imposición, pero argumentando con estos mismos valores fundamentales (cristianos, políticos, sociales) también se les puede hacer ver que la libertad del hombre en una sociedad democrática no puede ser limitada por nadie, sino que sólo se puede encontrar sus límites donde empieza la libertad de los demás y que, por tanto, tiene que ser la misma para todos.

Las reacciones del gobierno socialista son una muestra más de su falta de talante democrático, en primer lugar su falta de respeto hacia los que han sufrido en sus carnes la acción terrorista, y en segundo lugar hacia una inmensa mayoría de la población que disiente de las proclamas de Z y sus locuaces. Ellos mismos se contradicen con lo que afirman al usar términos huecos, huecos por su falta de contenido real y programático, y lo que practican. Un gobierno que presume de aplicar siempre la ley y de respetar la legalidad (tan en consonancia con los principios de su adorado fundador Pablo Iglesias, quien dijo: "Permaneceremos en la legalidad mientras ésta nos sea útil" ) debería mostrar más talla democrática occidental (no democrática en sentido estalinista) y respetar, ante todo, la libertad de manifestarse y de defender planteamientos diferentes a los suyos. Pero para eso hacen falta principios basados en valores y cultura general. De ambas cosas carece la izquierda en España y en el mundo.