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11 mayo 2012

Bankia y el desaguisado de las fusiones de cajas de ahorros

Desde mi punto de vista, las fusiones de las cajas de ahorros han sido un error grave, algo así como la última medida del gobierno socialista para incrementar los nefastos efectos de su mala gestión de la economía y de la crisis. 
En primer lugar, el problema no es el tamaño de las entidades, un argumento que siempre se esgrima, sino el funcionamiento mismo de las cajas. Antiguamente, las cajas de ahorros estaban pensadas para ofrecer servicios bancarios a los ciudadanos normalitos, sin grandes patrimonios, de darles préstamos y mejorar sus condiciones de vida de esta forma. Eran entidades de cercanía, de ámbito municipal y provincial. Posiblemente, el primer error fue permitir a las cajas expandirse más allá de sus límites geográficos originales, y así entraron en competencia entre ellas. La competencia no es mala si sirve para diversificar la oferta y obligar a prestar mejores servicios. Pero, en realidad, las cajas se convirtieron en instrumentos del poder político, a la vez que comenzaron a hacerse la competencia en unos servicios que sólo manteniendo su carácter particular y la limitación geográfica de las entidades podían competir con la banca comercial. Antaño, las cajas de ahorros se prestaban servicios entre ellas, precisamente por su carácter local.

Otro error fue entregar su control a los gobiernos de turno del lugar de su sede social, algo que implica dos problemas: Las entidades no son dirigidas siguiendo criterios profesionales y financieros, sino siguiendo criterios de interés político. Además, su expansión por toda España es contradictoria con que siguieran siendo feudos de los políticos de sus respectivas sedes sociales, es decir, los políticos gobernantes de una comunidad autónoma o de unos ayuntamientos concretos llegaron a controlar a una macrocaja que actuaba en toda España. Pensemos sólo en La Caixa, Unicaja, Caja de Madrid o Caja de Cataluña. Si se parte del principio de la legitimidad del control político sobre las cajas en función de su ámbito de actuación, si se establece fuera de su ámbito original no se entiende muy bien que un político andaluz decida sobre la política comercial en Castilla, o uno catalán sobre la que se aplica en Andalucía, etc.

Al margen de este sistema, que no recuerdo muy bien en qué momento llegó a este exceso que conocemos, porque cuando eran cajas de ámbito municipal o provincial nunca se oía hablar tanto de las cajas, ha sido un error que las cajas se dejaran en manos de los políticos. Tampoco en su origen las cajas eran una iniciativa política, sino más bien de beneficencia, y las entidades que las dirigían al principio no tenían ninguna vinculación con el poder político, sino a veces eran de la Iglesia Católica, otras de empresarios comprometidos socialmente, y así existen orígenes diversos y curiosos que no se deberían haber abandonado del todo. Por lo tanto se plantea la pregunta de ¿cómo se llegó a la situación de que fueran las autonomías y los ayuntamientos quienes tomaron el control de las cajas?

Esta situación ha llevado a que las cajas concedieran financiación sin control durante los tiempos de bonanza, y a los gobiernos interesaba que la economía creciera animando al consumo y a la compra de casas. Pero lo peor quizás hayan sido las inversiones no rentables como en el caso del Aeropuerto de Ciudad Real (y otros),  que pesan realmente mucho más en las cuentas al suponer una pérdida total, ya que son grandes proyectos sin retorno alguno. Por el otro lado, todos conocemos los abusos de las cajas en materia de comisiones, que superan a veces las de los bancos comerciales y son totalmente contrarias a las finalidades de las cajas.

Nos venden las fusiones (y la subsiguiente pérdida de oferta y competencia) como la panacea, cuando se ve que el remedio ha sido peor que la enfermedad. Tradicionalmente, en toda economía libre de mercado con un sistema de protección social, cuando una empresa o un banco entraba en situación de quiebra se liquidaba dicha entidad, y así la carga era básicamente de los socios o accionistas de ésta, que con la compra de participaciones sociales asumen su responsabilidad (responder con sus aportaciones de capital) en caso de quiebra. Y para salvaguardar los intereses de los depositantes existe el fondo de garantía, que cubre al menos a los depósitos de los menos pudientes. Proceder a una liquidación controlada, que se puede hacer, es mucho mejor que cargar a toda la sociedad el coste de la salvación de entidades de la bancarrota. Esto haría, además, que sus gestores actuaran con más diligencia para no comprometer la continuidad del banco o de la caja.

La salvación del euro también se nos vende como mal inevitable, pues alegan que lo que podría venir después sería aún peor. ¿Y era tan malo tener monedas nacionales? El euro ha eliminado la competitividad, la ventaja comparativa entre unas y otras economías nacionales al igualar precios y costes, pero, en realidad, las economías ya no tienen la flexibilidad de antes y la falta de oferta y competencia ha destruido empleo y capacidad adquisitiva. Aplicado a las cajas y entidades bancarias, las fusiones han destruido riqueza, empleo y variedad de oferta, la expansión de las cajas a entidades que se hacen la competencia en el ámbito nacional ha desvirtuado su finalidad y les ha hecho perder su carácter de cercanía al ciudadano normalito. Las cajas realmente sólo pueden competir con los bancos en su ámbito original, al trabajar a gran escala han perdido su razón de ser y sólo han sido instrumentos de poder de los políticos regionales.

Una solución muy buena habría sido convertir a las cajas en bancos cooperativos como existen en Alemania y Austria. Los bancos cooperativos nacieron de forma similar a las cajas de ahorros y montes de piedad (que también existen en Alemania y Austria, pero donde están limitadas a sus ámbitos municipales o territoriales, siendo también, pero en menor grado, instrumentos de poder de los gobiernos, con los mismos efectos negativos de despilfarro, aunque allí el sistema es más complejo: Las cajas de ahorros dependen de los Bancos Territoriales de los estados federados que asumen, además, funciones de delegaciones del Banco Federal Alemán con sus cámaras de compensación y que también ha sido desvirtuados por los políticos dedicados a jugar a banqueros y especuladores). Los bancos cooperativos ideados por Raiffeisen y los bancos populares (>bancos del pueblo para el pueblo) se han salvado bastante bien de la crisis. Funcionan como cooperativas de clientes, es decir, cada cliente adquiere como mínimo una participación y como máximo de 17 a 50, dependiendo de la entidad, cada participación cuesta unos 50 euros. El capital social es, por tanto, de los clientes-cooperativistas, y éstos eligen a sus directivos, que suelen ser profesionales del sector financiero. Por las participaciones se pagan dividendos (alrededor del 6% anual) y casi siempre las cuentas no tienen comisiones de mantenimiento ni de transferencia. Nunca se ha oído que los bancos populares y de Raiffeisen hayan estado involucrados en tejemanejes políticos. Además, fomentan a los autónomos, las pymes y al pequeño ahorrador, a la vez que ofrecen servicios bancarios completos. Pero en España a nadie parece habérsele ocurrido copiar este sistema.

Por lo tanto, no creo que las fusiones sean la solución, nunca lo han sido, sólo crean macroentidades que no se pueden controlar. Más bien debe replantearse todo este sistema bancario y de cajas de ahorros, sobre todo en las cajas haría falta algo completamente nuevo, recuperando la esencia de las cajas, pero volviendo a tenerlas como cajas provinciales interconectadas para dar un mejor servicio, pero sin grandes consejos administrativos y sin políticos que les metan mano.


28 enero 2011

La desaparición de la esencia de las cajas de ahorros (I): Caja Layetana

A raíz de los cambios inminentes en el ámbito de las cajas de ahorros, puede ser interesante repasar un poco la historia de algunas de estas entidades, que sin duda tenían algo de entrañable y hasta familiar cuando se constituyeron. Este carácter se está perdiendo desde hace bastantes años, especialmente desde que comenzaron a salir de sus provincias de origen mediante fusiones y sobre todo desde que fueron sometidas a los intereses de los políticos locales y autonómicos para servir a intereses que nada tienen que ver con su origen y finalidad.

Podría alegarse que hoy en día estos fines fundacionales no se dan en la misma medida que hace cien o ciento cincuenta años, pero es una argumentación más interesada que real. Si bien es cierto que el nivel de vida de todos los ciudadanos ha aumentado considerablemente y que hoy las operaciones bancarias no sólo están generalizadas, sino que son imprescindibles para cualquier gestión de pago o cobro, las cajas de ahorros sí podrían seguir siendo un eficaz factor de equilibrio y competitividad frente a la gran banca ofreciendo condiciones especialmente diseñadas para los ciudadanos de clase media y media-baja, así como para los profesionales autónomos y pequeñas y medianas empresas, todos ellos poco interesantes para la banca comercial.

Como una de las entidades que van a ser absorbidas en breve por Caja de Madrid -aunque Caja de Madrid ya anunció que en principio mantendría la identidad y autonomía de las cajas integradas en ella- quiero presentar a la Caja de Ahorros Layetana (Caixa Laietana), cuyo origen y trayectoria son un buen ejemplo de lo que era y debería seguir siendo la esencia de las cajas de ahorros. En lo sucesivo iré presentando a otras cajas de ahorros para ir repasando la historia de este modelo de entidades financieras y compararlas con las de otros países europeos. Se verá que su conversión en bancos -como parece ser el caso de La Caixa - Caja de Ahorros de Barcelona no sólo no es conveniente, sino que no es necesaria, pues existen otras alternativas para garantizar la cercanía futura al ciudadano y para evitar que las cajas sigan siendo un instrumento de la política de los partidos gobernantes.

Fundada el 8 de febrero de 1863 en Mataró (Barcelona), la Caja Layetana concentró durante siete décadas su operatividad efectiva en su ciudad de origen, hasta que en 1935, con la inauguración de la sucursal de Argentona, inició la expansión por su comarca natural. Paulatinamente echó raíces en poblaciones importantes del litoral y del interior de Cataluña. En 1976 inauguró su primera oficina en Barcelona y en 1988 se asentó en Madrid.

Los orígenes de Caixa Laietana se remontan al 8 de julio de 1859. El proyecto fundacional contaba de antemano con los apoyos necesarios, aunque no pudo conseguir su propósito hasta cuatro años más tarde, tras superar todos los escollos. Los iniciadores del proyecto alcanzaron el anhelado objetivo el 8 de febrero de 1863. Nacía una nueva Caja para “fomentar entre las clases laboriosas los hábitos de economía”.

El liderazgo, la tenacidad y la amplitud de miras del joven liberal Josep García Oliver (1834-1883) fueron providenciales en el empeño. Formado en sus viajes a Inglaterra, tenía conocimientos sólidos de economía y las ideas muy claras. Sobrino de un fabricante de lonas, fue la piedra angular, el impulsor de la fundación de la Caja, cuando aún no había cumplido los treinta años.

Josep García Oliver era fundador y secretario del Ateneo Mataronés. Esta institución, la más importante del s. XIX en la ciudad, acogió en su seno a la Caja de Ahorros en sus primeros años de existencia, hasta que consiguió tener sede propia. Artífice de la Biblioteca Popular (1866), génesis de la Obra Social más antigua de la Caja, fue alcalde de Mataró y diputado en las Cortes, por el Partido Liberal Monárquico, en la época de la restauración borbónica.

En plena Revolución Industrial, Mataró tenía mucho empuje en el orden demográfico y en el terreno productivo y comercial, destacando por las hilaturas de algodón, las fábricas textiles accionadas por vapor y las empresas manufactureras. El llamado Carril de Mataró había inaugurado en 1848 la primera línea férrea española.

La completa integración de la Caja en su zona de actuación conllevó la realización de numerosos proyectos en el ámbito sanitario, cultural, educativo y urbanístico. Destacan las viviendas sociales y los grupos escolares que se requerían para atender las necesidades del movimiento migratorio y el aumento demográfico.

La Obra Social, parte consustancial de Caixa Laietana, ha reafirmado su compromiso permanente con la sociedad, en todos los campos de la cultura, la educación, la salud, la concienciación medioambiental, la cooperación, la solidaridad y la cohesión social, gestionando y planificando los recursos de la obra propia y la obra en colaboración. Dos canales, una sola cosa. La Fundació Caixa Laietana, creada en 1987, gestiona una parte significativa de los recursos destinados a la Obra Social.

Así pues, el servicio propio como institución financiera se ha ido desarrollando paralelamente a la importante labor social, cultural y asistencial. Una proyección externa que perdura en el tiempo, adecuada a las circunstancias de cada etapa histórica. Caixa Laietana ha contribuido al bienestar y desarrollo socioeconómico de las personas, las familias y las empresas, apoyando las necesidades reales y orientando a dicha finalidad el conjunto de operaciones y servicios de su actividad financiera y la inversión productiva.

En enero de 2008, Caixa Laietana inauguró en Mataró su nueva sede corporativa, que dispone de una superficie útil de 32.000 m2 y de todos los avances tecnológicos. Integra los órganos de gobierno y dirección, la plataforma tecnológica y las actividades y procesos de los departamentos centrales, además de las sociedades del Grupo Caixa Laietana. El nuevo edificio, funcional y amplio, triplica el volumen de la antigua sede, transformada ahora en centro cultural.

La sede central está ubicada entre la avenida Lluís Companys y la calle Pablo Iglesias de Mataró, cerca de la Porta Laietana, en la entrada sur de la ciudad. Afirma su personalidad por la transparencia de los elementos constructivos que dejan pasar una luz diáfana. Dispone de una amplia zona de aparcamiento y tiene una comunicación perfecta con los principales ejes viarios. Desde la perspectiva de la calidad de servicio, las nuevas instalaciones destacan por la facilidad que tienen todos los clientes para efectuar sus gestiones en un espacio más amplio, confortable y accesible.

Al cierre del ejercicio de 2009, la entidad contaba con un total de 1.083 empleados y una red física de 256 oficinas, 238 situadas en Cataluña y 26 en la Comunidad de Madrid. En el marco de la actual evolución del sistema financiero, Caixa Laietana garantiza su función económica y social, salvaguarda y proyecta su identidad, e interactúa con los principales actores, mejorando su competitividad y capacidad de servicio, innovando el trabajo en red y ofreciendo depósitos, créditos y servicios financieros especializados, un poder de mercado asociado al grupo líder en el mercado español. 

Origen del nombre de "Layetana"
Los layetanos (laeatani, λαιαιτανοί) eran un pueblo íbero que habitaba en la costa de la provincia de Barcelona, al norte del río Llobregat y hasta el Tordera. Por el interior se extendían por la llanura del Vallés, puede que hasta la actual Manresa, aunque más probablemente esta ciudad era de los lacetanos, salvo que fuesen el mismo pueblo.

Las principales ciudades de su territorio fueron Ailuron o Lauro (la actual Mataró), como ciudad extramuros, que formaría un conjunto con la ciudadela y ceca de Ilturo (Burriac), Baitulon (Baetulo, la actual Badalona, a orillas del río Vaetulo, hoy Besós), Barcinon (Barkeno), Egara (Tarrasa) y Blanda (Blanes, cerca del río Larnum hoy Tordera).[1]

Barcinon fue fundada hacia el siglo VI a. C. (aunque después quizás fue refundada como Barkeno por los cartagineses). Anteriormente existió una ciudad cercana a Montjuïc, que probablemente se llamaba Laie de la que tomaron el nombre.

Como otros pueblos iberos, construían sus poblados sobre cerros y rodeados de murallas; las casas eran rectangulares y de piedra. Vivían de la caza, la pesca y la agricultura y tejían lana y lino. Su cerámica era poco desarrollada y trabajaban el bronce y el hierro. Almacenaban el grano en silos. Sus vinos eran apreciados. Uno de sus alimentos básicos fue un derivado lácteo similar al yogur.

Claudio Ptolomeo menciona también, como situado entre Baitulon y Ailuron, el Lunarion Akrum, el "Promontorio Lunario", probablemente un santuario lunar.

Existen referencias de monedas acuñadas con las leyendas Laiesken,[2] e Ilturo.
Los lacetanos provienen probablemente de los layetanos.
  1. Sanmartí, J. & Santacana, J. ELS IBERS DEL NORD. Rafael Dalmau, Ed., Barcelona, 2005. (ISBN 84-232-0691-2)
  2. Villaronga, L. Les seques ibèriques catalanes: una síntesi, Fonaments, 3, 1982.
Obtenido de "Layetanos"

16 enero 2011

La desvirtuación de las cajas de ahorros y la mala gestión

Monte de Piedad de Alfonso XIII de Santander
La megainyección de capital público en las cajas que prepara el Gobierno, de la que informó esta semana El Confidencial, no cuenta con el apoyo del Banco de España, como han confirmado ya distintas fuentes bien informadas. La razón es que esta medida deja en evidencia la política del supervisor desde el comienzo de la crisis. Además, esta recapitalización puede provocar un verdadero terremoto político, porque el Estado tomará el control de muchas entidades en detrimento de las comunidades autónomas.

Durante los últimos años, especialmente desde que se han ido fusionando las antiguas cajas de ahorros que estaban limitadas a sus provincias, han sufrido una desvirtuación de su finalidad: la de fomentar el ahorro entre la población y de facilitar la financiación y las operaciones bancarias a las pequeñas y medianas empresas, a profesionales autónomos y a agricultores. Además, en el pasado gestionaban los montes de piedad, casas de préstamos para la población más humilde, lo que hoy se englobaría en el concepto de los microcréditos.

Lo que más ha caracterizado a las cajas de ahorros ha sido su origen como entidades de utilidad pública que invertían -y aún invierten- parte de sus beneficios en obras sociales de diversa índole.

Causa de la desvirtuación ha sido, sin embargo, el sistema de gestión de las cajas de ahorros. Como entidades de titularidad pública constituyen al menos desde los años ochenta un objeto muy ansiado de los políticos de turno que ocupan cargos relevantes en función de quien gobierna en cada momento. Así se han convertido con el tiempo en instrumentos de poder político para financiar proyectos que poco o nada tienen que ver con la finalidad orginaria de las cajas. 

Aunque la fusión de las antiguas cajas provinciales y municipales puede considerarse útil con vistas a una mayor eficiencia de sus servicios, una mayor disponibilidad de los mismos en áreas territoriales más grandes y de responder a las necesidades de la movilidad y el tráfico de pagos, la creación de macrocajas ha facilitado también un alejamiento de los ciudadanos para convertir a estas entidades en bancos comerciales corrientes con las mismas desventajas de éstas.

La Caja de Castilla La Mancha (CCM) gestionada durante décadas por dirigentes del PSOE es un buen ejemplo de este desaguisado que se ha producido a raíz de la intervención de los políticos en la gestión y el uso de los recursos de las cajas para fines políticos y no sociales. La ruina de la CCM viene, entre otras causas, del exceso de créditos hipotecarios y proyectos desmesurados y nada rentables como el Aeropuerto de Ciudad Real, sobredimensionado y mal acabado y peor planificado. Parece evidente que en la CCM no se han respetado las reglas básicas de una buena relación entre el coeficiente de caja y los créditos concedidos, y tampoco se han tenido en cuenta los efectos de la crisis económica, tanto tiempo negada por el PSOE, que ha supuesto la reducción del retorno de los créditos para poder mantener la solvencia de la entidad.

Otro ejemplo puede ser la Caja de Ahorros de Cataluña, ahora CatalunyaCaixa tras la fusión con las cajas de Tarragona y Manresa, dirigida por otro socialista, el ex ministro de defensa Narcís Serra, que intenta recuperar liquidez friendo a sus clientes con comisiones y vendiéndoles seguros de vida.

Lo que ahora parece haberse descubierto como la panacea de todos los males de las cajas son más macrofusiones de las mismas y la inyección de capital para salvar la liquidez de las entidades de ahorro. Pero con una condición: que el poder pase al gobierno central. 

El gobernador del Banco de España, Fernández Ordóñez, vería con buenos ojos esta pérdida de poder de los políticos regionales -algo que intentaba la reforma de la LORCA del año pasado, pero que no ha conseguido-,  pero no comparte la necesidad de una recapitalización masiva del sector. La postura que ha mantenido hasta ahora es que las inyecciones concedidas por el FROB son suficientes y que la reestructuración de las cajas está prácticamente cerrada (quedan operaciones que no necesitarían fondos públicos, como la de Ibercaja-Unicaja o la de las cajas vascas).

La LORCA (Ley Orgánica de reforma de las Cajas de Ahorros) también supone la pérdida del craácter originario de las cajas para convertirlas en bancos. Lo que olvida el ejecutivo, tan dado a crear derechos sociales, es la función social que deben cumplir las cajas, y precisamente hoy en día sería deseable fomentar tal política de ahorro y de cercanía al ciudadano.

Para el supervisor del Banco de España hay que acelerar la integración, que los SIP deben comportarse como una sola entidad y presentarse ante el mercado como bancos, y que hay que acometer los cierres de oficinas y las reducciones de plantilla cuanto antes. Y, sobre todo, que hay que hacer un esfuerzo enorme de comunicación para mejorar la imagen del sector. Así lo aseguró recientemente el subgobernador Javier Aríztegui.

Pero, a partir de ahora, las fuentes consultadas señalan que las inyecciones masivas que prepara el Gobierno van a adoptar la forma de capital puro, es decir, cuotas participativas o acciones en aquellos SIP y fusiones que se conviertan en bancos. Eso significa que el Estado renunciará a ganar dinero con los intereses a cambio de hacerse con los derechos políticos derivados de ese capital.

Como estamos hablando de unas inyecciones de un mínimo de 30.000 millones -y que pueden llegar a 80.000 millones-, esos derechos políticos serán mayoritarios en numerosas entidades, especialmente las que tienen un mayor déficit de capital y las que tienen mayores activos problemáticos. Un concepto que incluye morosidad, créditos calificados como subestándar (no han entrado en mora pero probablemente lo harán) y activos inmobiliarios adjudicados, y que el Banco de España ha cifrado en 181.00 millones para el conjunto del sector.

Y si el Estado asume la mayoría de los derechos políticos, los perderán las comunidades autónomas, que han sido las dueñas y señoras de la mayoría de las cajas de ahorros en las últimas décadas. Los ayuntamientos y diputaciones también perderán todo su poder. Una auténtica revolución porque supone una nacionalización de facto de las entidades que puede provocar un enfrentamiento frontal del Gobierno de Zapatero con los barones regionales de su propio partido, del PP y de las formaciones nacionalistas.

Lo que no cambia en realidad es que las cajas convertidas en bancos seguirán bajo la batuta de los políticos, lo que hace prever que seguirán siendo utilizadas como instrumentos para la financiación de actuaciones de carácter pòlítico. Tal vez sería mejor volver a los orígenes y dejar la gestión de las entidades en manos de expertos. Los políticos en todo caso deberían limitar su participación a la supervisión y facilitar la transparencia de  la gestión y de los resultados de las cajas. El problema de las cajas no es tanto tu tamaño, sino más bien su alejamiento del ciudadano y de sus fines que justificaban su creación a mediados y a finales del siglo XIX.