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06 julio 2010

Algunas reflexiones sobre la ley del aborto


La nueva Ley de Interrupción del Embarazo es origen de fuertes polémicas entre los grupos que desde siempre están enfrentados por razones ideológicas. Pero más allá del enfrentamiento ideológico, la nueva ley de los socialistas tiene dos características de envergadura:

  • Por una parte rompe con un principio fundamental heredado del Derecho Romano, que consagra ciertos derechos inherentes a toda persona con extensión al naciturus, el no nacido, aún a pesar de no ser persona en el sentido estricto de la ley, pero de los que es titular a partir de su concepción.
  • Los socialistas, tan dados a hablar de derechos, niegan con esta ley los derechos que siempre eran propios del no nacido desde hace más de dos mil años y que la sociedad cristiana adoptó como propios en virtud de los principios que proclama.

Romper con una tradición jurídica que consagraba derechos fundamentales hasta para los no nacidos mucho antes de que se establecieran los derechos fundamentales del hombre en épocas más recientes se podría considerar perfectamente un regreso a una concepción salvaje de la sociedad sin seguridad jurídica. Es, sin duda, un signo más de la decadencia de Occidente.

Esta herencia del Derecho Romano quedaba plasmada en casi todos los códigos que regían nuestra vida civil en el mundo Occidental de influencia romana, como por ejemplo en estos:


Código Civil del Distrito Federal y Territorio de la Baja California de 31-03-1884:

Artículo 11: La capacidad jurídica se adquiere por el nacimiento; pero desde el momento en que un individuo es procreado, entra bajo la protección de la ley y se le tiene por nacido para los efectos declarados en el presente Código Civil.


Siete Partidas, Ley III Título XXIII 4ª Partida:

Demientre que estodiere la criatura en el vientre de su madre, toda cosa se faga o se diga a prodella, aprovéchase ende, bien así como si fuese nascida; mas lo que fuese dicho o fecho a daño de su persona o de sus cosas nos empesce... Et am dixieron que si alguna muger preñada hobiese fecho cosa por que debiese morir, que la criatura que nasciere della debe seer libre de la pena, et por ende deben guardar la madre fasta que para.


El nacimiento determina la personalidad; pero el concebido se tiene por nacido para todos los efectos que le sean favorables, siempre que nazca con las condiciones que expresa el artículo siguiente.

Desde la perspectiva del Derecho Penal, en el aborto se trata de una práctica delictiva ,por dar fin de forma voluntaria a una nueva vida humana, que sólo se despenaliza bajo ciertas circunstancias.

En la Grecia y la Roma antiguas el aborto, así como el infanticidio, estaban generalmente permitidos y socialmente aceptados. Desde que el Derecho se humanizó por influencia del cristianismo, el aborto se ha castigado siempre como un crimen.

En el siglo XX se han producido varias modificaciones en esa situación: la Unión Soviética permitió el aborto en 1920, y en la década de los 30 se añadieron varios países escandinavos y posteriormente otros del Este de Europa entonces bajo la dominación soviética, así como Japón.

A partir de finales de los años 60 se va permitiendo el aborto provocado -con más o menos restricciones, según los países- en el mundo occidental, aunque en muchas naciones sigue respetándose y protegiéndose el derecho a la vida del no nacido.

La reforma del Código Penal establece en el artículo 41 7 bis:


1. No será punible el aborto practicado por un médico, o bajo su dirección, en centro o establecimiento sanitario, público o privado, acreditado y con consentimiento expreso de la mujer embarazada, cuando concurra algunas de las circunstancias siguientes: 

1ª: Que sea necesario para evitar un grave peligro para la vida o la salud física o psíquica de la embarazada y así conste en un dictamen emitido con anterioridad a la intervención por un médico de la especialidad correspondiente, distinto de aquél por quien o bajo su dirección se practique el aborto.
En caso de urgencia por riesgo vital para la gestante, podrá prescindiese del dictamen y del consentimiento expreso. 

2ª: Que el embarazo sea consecuencia de un hecho constitutivo de delito de violación del artículo 429, siempre que el aborto se practique dentro de las doce primeras semanas de gestación y que el mencionado hecho hubiese sido denunciado. 

3ª: Que se presuma que el feto habrá de nacer con graves taras físicas o psíquicas, siempre que el aborto se practique dentro de las veintidós primeras semanas de gestación y que el dictamen, expresado con anterioridad a la práctica del aborto, sea emitido por dos especialistas de centro o establecimiento sanitario, público o privado, acreditado al efecto, y distintos de aquél por quien o bajo cuya dirección se practique el aborto. 

2. En los casos previstos en el número anterior no será punible la conducta de la embarazada, aun cuando la práctica del aborto no se realice en un centro o establecimiento público o privado acreditado o no se hayan emitido los dictámenes médicos exigidos".

Cabe preguntarnos si estamos, por tanto, ante una nueva pérdida de derechos y no ante una extensión de los derechos mediante la legalización de la interrupción voluntaria (incluso arbitaria) del embarazo por no tener en cuenta los derechos que tradicionalmente asistían al no nacido.

Pero por otra parte se trata -también- de una polémica un tanto hipócrita y contradictoria. Como ya comenté en

El debate entre besugos sobre el aborto

"los socialistas creen que resuelven los problemas dictando leyes controvertidas. Pero lo cierto es que con una ley no se soluciona nada si no va acompañada de medidas concretas. En este caso concreto, lo que se pretende es dar el máximo de libertad para abortar sin asumir otras responsabilidades como son la educación, la información exhaustiva, la asistencia psicológica y toda una estructura para apoyar a quienes no desean abotar, pero que optan por esta medida tan drástica por razones primordialmente económicas."

Además, "lo que las organizaciones pro vida quieren vendernos es el derecho a la vida como una imposición ideológica, igual que los socialistas nos venden el derecho al aborto como un logro en derechos sociales. Pero ambos bandos parecen olvidarse de los derechos del no nacido, cada uno a su manera."

Por su parte, el Partido Patético (PP) sólo aprovecha este tema cuando le conviene estratégicamente, ya que cuando gobernó con Aznar no cambió ni un ápice de la anterior ley del aborto, como tampoco puso coto a los atropellos de los nacionalistas (que en el caso de Galicia incluso llegó a igualar bajo el mandato del ex ministro franquista Manuel Fraga y que no ha corregido con Feijoo incumpliendo promesas electorales explícitas).

Para volver al tema que nos ocupa, también cabe otra reflexión. Está claro que la sociedad actual poco tiene que ver con la sociedad romana de hace dos o tres mil años. La sociedad evoluciona, está más informada, vive a un ritmo mucho mayor que antes, tiene una mayor expectativa de vida y necesidades muy diferentes a las que imperaban en tiempos remotos. Desde ese punto de vista puede pensarse que también cuestiones como el aborto voluntario adquieren otra dimensión.
Si pensamos en la sociedad griega anterior a la romana, era habitual controlar el crecimiento de la población abandonando de forma habitual a los nacidos no deseados (considerados -más o menos- no viables económica o socialmente) en la periferia de las poblaciones. La sociedad griega no era por ello más salvaje que la romana, más bien todo lo contrario.

Como dije en el comentario citado, "la legislación restrictiva, que en el fondo apunta a imponer a toda la sociedad unos criterios morales o éticos hasta cierto punto discutibles, además nunca ha tenido un efecto real sobre el número de abortos realizados. Este y otros aspectos de la problemática se resumen muy bien en un estudio sobre la legislación sobre el aborto en Sudamérica y que confirma la opinión expuesta más arriba. A ello hay que añadir el impacto económico del aborto mismo sobre las mujeres de estratos sociales desfavorecidos, como muy bien se explica en otro estudio sobre el tema y del que cito el siguiente párrafo muy ilustrativo:

Cabe esperar que la morbilidad asociada del aborto ilegal disminuya tras la liberalization de los instrumentos legales correspondientes y la prestación de buenos servicios de aborto. Ya se dispone de datos procedentes de diversos países que confirman esta hipótesis. Por ejemplo, en la ciudad de Nueva York (Estados Unidos de América), el número de ingresos por aborto ilegal con complicaciones en los diez hospitales municipales disminuyó en un 50 % aproximadamente durante los años que siguieron a la liberalization de la ley en 1970 (17). También se ha comunicado de Yugoslavia una disminución del 50 % en el número de ingresos por esa razón durante el decenio que siguió a la liberalization de la ley sobre el aborto (18). En Gran Bretaña y otros países de Europa Oriental se han observado reducciones análogas.

Pero al margen de las consideraciones anteriores, hay mucho más que dejan de lado las organizaciones pro vida. El derecho a la vida también supone el derecho a una vida digna. ¿Cuál es la vida que espera a un no nacido en el seno de un entorno social deprimido y sin expectativas de poder darle una educación y una formación suficientes para poder llevar una vida digna? Obligar a un niño a vivir en condiciones infrahumanas o en un entorno que no le ofrece garantías de una prosperidad mínima crea tanto problemas al futuro miembro de la sociedad como a la sociedad misma como pueden ser la marginación y la delincuencia. Además, obligar a sus progenitores a cargar con el coste que supone tener un hijo impide que éstos puedan vivir en mejores condiciones.


En Nueva York se comprobó que la legalización del aborto y su financiación para las clases desfavorecidas ha tenido una incidencia muy positiva sobre los barrios marginales, ya que la disminución de embarazos no deseados ha mejorado las condiciones de vida de este grupo social en su conjunto."

Se podría argumentar, por tanto, que la sociedad ha cambiado hasta tal punto que incluso cabe reconsiderar la tradición jurídica romana anteponiendo el interés de la mujer embarazada a los derechos que asisten al naciturus desde su concepción, unos derechos más teóricos que reales mientras que no haya nacido y que entran en colisión con el derecho a una vida digna de la mujer a la que el embarazo y el posterior nacimiento del hijo y la carga económica subsiguiente pueden limitar sustancialmente en su desarrollo personal posterior y/o en su situación económica y social. Por añadidura, cabe un debate sobre los derechos del no nacido que se quedan en precario si no cuenta con garantías de desarrollo personal, educativo, profesional, social y económico para tener una vida digna y con un bienestar mínimo.  Además, el derecho a la vida es un derecho fundamental de toda persona. El problema aparece, por tanto, a partir de la definción que se da al concepto de "persona", que como hemos podido escuchar y leer, es muy diferente en algunos socialistas como Bibí Aido. 

Sea como fuere, no entiendo muy bien a las organizaciones pro vida. Si los que tienen las convicciones defendidas por ellas, por la Iglesia Católica y hasta por el PP (al margen de sus propias contradicciones e incoherencias) descartan el aborto por cualquiera de las causas que lo justifican legalmente, ¿de qué se preocupan? Sólo abortarán los que de todas maneras no comparten sus ideas, los que no darían -presumiblemente- una educación de calidad o una vida económica y socialmente digna, o bien los que piensan de forma diametralmente opuesta a dichas organizaciones, lo que, dicho de una forma irónica-sarcástica, en teoría podría contribuir a que disminuirá notablemente el número de personas favorables al aborto tal y como lo plantea la izquierda tan radical que desgobierna. Tal vez merezca una reflexión adicional.

Salvando las distancias, en el fondo con el aborto es como con otras cuestiones marcadas por la imposición ideológica. De lo que no parecen ser capaces los grandes movimientos sociales en España y otros países occidentales es dejar más libertad al ciudadano a la hora de decidir ciertas cuestiones que son fundamentales para su vida. Una cosa es proteger derechos y libertades y otra limitarlos por razones ideológicas o recaudatorias. Vivir y dejar vivir, que cada uno sea feliz a su manera, mientras que no limite la libertad de los demás. La falta de objetividad en el debate es el principal escollo para llegar a un consenso.

Más información sobre los aspectos legales aquí.

07 marzo 2010

El debate entre besugos sobre el aborto

Este domingo tuvo lugar una nueva oleada de manifestaciones contra la nueva ley del aborto. Sólo en Madrid asistieron unas 600.000 personas, pero en total hubo 100 manifestaciones en todo el país. En apariencia parece ser un clamor popular contra esta nueva ley promovida y aprobada por los progres del PSOE y sus aliados, pero en realidad todo este debate no es más que expresión de dos bandos ideológicos irreconciliables, mientras que no se analiza el problema de fondo.

Como es ya habitual, los socialistas creen que resuelven los problemas dictando leyes controvertidas. Pero lo cierto es que con una ley no se soluciona nada si no va acompañada de medidas concretas. En este caso concreto, lo que se pretende es dar el máximo de libertad para abortar sin asumir otras responsabilidades como son la educación, la información exhaustiva, la asistencia psicológica y toda una estructura para apoyar a quienes no desean abotar, pero que optan por esta medida tan drástica por razones primordialmente económicas.

Lo que las organizaciones pro vida quieren vendernos es el derecho a la vida como una imposición ideológica, igual que los socialistas nos venden el derecho al aborto como un logro en derechos sociales. Pero ambos bandos parecen olvidarse de los derechos del no nacido, cada uno a su manera.

Tener que dar a luz un niño no deseado puede suponer para muchas mujeres la obligación a la "no vida", es decir, a dar fin a un desarrollo personal que se ve truncado por tener que hacer frente al coste que supone criar y educar a un niño y tener que adaptar la vida a esta nueva circunstancia. Este aspecto es especialmente grave en las clases bajas, cuando las mujeres no disponen de medios para financiar una familia. Y a pesar de que hoy en día existe muchísima información sobre la prevención de los embarazos, la falta de medios y de conocimientos unida a la inconciencia es muchas veces causa de embarazos no deseados. Y cuanto más joven sea la mujer, más grave puede ser el impacto del embarazo no deseado.

Para las clases altas los embarazos no deseados nunca han supuesto un problema, pues siempre han podido viajar a países donde el aborto estaba permitido, y con dinero todo se puede hacer. Incluso teniendo hijos no deseados sus vidas no tenían por qué sufrir las consecuencias de la nueva responsabilidad.

La legislación restrictiva, que en el fondo apunta a imponer a toda la sociedad unos criterios morales o éticos hasta cierto punto discutibles, además nunca ha tenido un efecto real sobre el número de abortos realizados. Este y otros aspectos de la problemática se resumen muy bien en un estudio sobre la legislación sobre el aborto en Sudamérica y que confirma la opinión expuesta más arriba. A ello hay que añadir el impacto económico del aborto mismo sobre las mujeres de estratos sociales desfavorecidos, como muy bien se explica en otro estudio sobre el tema y del que cito el siguiente párrafo muy ilustrativo:

Cabe esperar que la morbilidad asociada del aborto ilegal disminuya tras la liberalization de los instrumentos legales correspondientes y la prestación de buenos servicios de aborto. Ya se dispone de datos procedentes de diversos países que confirman esta hipótesis. Por ejemplo, en la ciudad de Nueva York (Estados Unidos de América), el número de ingresos por aborto ilegal con complicaciones en los diez hospitales municipales disminuyó en un 50 % aproximadamente durante los años que siguieron a la liberalization de la ley en 1970 (17). También se ha comunicado de Yugoslavia una disminución del 50 % en el número de ingresos por esa razón durante el decenio que siguió a la liberalization de la ley sobre el aborto (18). En Gran Bretaña y otros países de Europa Oriental se han observado reducciones análogas.


Lo que no veo acertado es permitir el aborto más allá del tercero o cuarto mes de gestación, ya que a partir al menos del quinto mes y gracias a los avances tecnológicos el no nacido / nacido prematuro tiene grandes posibilidades de supervivencia, lo que también justifica considerar que tiene ciertos derechos como futura persona humana que nadie debería poder quitarle. Toda mujer que quiere abortar debería tener claro qué hacer en el plazo de los primeros tres meses. Aún así, es finalmente la mujer la que debe decidir y es ella la que tiene que vivir con lasd posibles (y probables) consecuencias psicológicas y físicas que tiene un aborto voluntario, y es precisamente en este punto en el que corresponde al estado, a la sanidad pública o privada, dar el mejor consejo y un máximo de información y asistencia psicológica a quien esté en la difícil situación de decidir sobre la vida del no nacido. El aborto voluntario no deja de ser un acto cruel por el que se quita la vida a un nuevo ser humano por razones principalmente egoístas.

Pero al margen de las consideraciones anteriores, hay mucho más que dejan de lado las organizaciones pro vida. El derecho a la vida también supone el derecho a una vida digna. ¿Cuál es la vida que espera a un no nacido en el seno de un entorno social deprimido y sin expectativas de poder darle una educación y una formación suficientes para poder llevar una vida digna? Obligar a un niño a vivir en condiciones infrahumanas o en un entorno que no le ofrece garantías de una prosperidad mínima crea tanto problemas al futuro miembro de la sociedad como a la sociedad misma como pueden ser la marginación y la delincuencia. Además, obligar a sus progenitores a cargar con el coste que supone tener un hijo impide que éstos puedan vivir en mejores condiciones.

En Nueva York se comprobó que la legalización del aborto y su financiación para las clases desfavorecidas ha tenido una incidencia muy positiva sobre los barrios marginales, ya que la disminución de embarazos no deseados ha mejorado las condiciones de vida de este grupo social en su conjunto.

En todo el debate alrededor de la nueva ley del aborto lo que ha faltado ha sido una información objetiva y completa. Los diferentes grupos a favor y en contra sólo han polemizado y han hecho gala de mucha hipocresía. Y aunque las organizaciones pro vida ofrezcan alternativas y ayudas para las mujeres que llevan a buen fin los embarazos no deseados, lo que falta es todo un sistema de apoyo del estado que facilite la gestión de los trámites para adopciones y de ayudas durante el embarazo a mujeres socialmente desfavorecidas. Y, finalmente, lo que no pueden pretender las organizaciones pro vida es que sea el estado y con ello toda la sociedad quienes financien los embarazos no deseados y la vida de las nuevas familias para salvarlas de la ruina sólo porque se imponga la prohibición del aborto por supuestas razones morales o éticas. La irresponsabilidad de algunos por no tomar precauciones cuando procede no puede ser financiada con justificaciones ideológicas y a costa de todos los contribuyentes.

En cualquier caso, tratándose de un tema de envergadura, lo que sería deseable es que el pueblo entero decida sobre la cuestión en un referéndum. Pero un referendum exige una información exhaustiva y equilibrada, algo que no interesa a los promotores de la nueva ley.

17 octubre 2009

Manifestación por la Vida y contra la Ley del Aborto

La protesta contra la ampliación de la Ley del Aborto es masiva. Es lógico que los planes del gobierno socialista de despenalizar casi completamente el aborto hasta un período muy elevado de gestación provoque una contestación amplia en la sociedad.

No es discutible que el no nacido adquiere derechos a partir de su concepción, sobre todo a partir de un momento en el que su desarrollo como vida humana.


Ya en tiempos del Derecho Romano, en los que la ciencia no tenía ni de lejos los conocimientos de hoy en día, se consideraba que el no nacido tenía ciertos derechos garantizados, no como persona, pero como futura persona, condición que adquiere en el momento de su nacimiento.


El feto tampoco es del todo propiedad exclusiva de la madre. Claro que la mujer y futura madre es quien debe poder decidir sobre su propia vida, sobre su salud y sobre su cuerpo, pero concebir una nueva vida también implica algunas responsabilidades, igual que evitar la concepción no deseada es en primer lugar responsabilidad de la mujer. Y no son pocos los casos en los que el padre del futuro niño se ha mostrado contrario a la decisión de la mujer de abortar.


Al margen de los casos de aborto por razones de salud o supervivencia, los criterios que suelen primar cuando se decide abortar son los de la comodidad y de la imposibilidad económica de mantener a los hijos nacidos en condiciones sociales desfavorables. Por ejemplo, en Nueva York se experimentó una mejora considerable de la vida en los suburbios de los económicamente desfavorecidos cuando se comenzó a facilitar el aborto financiado por el ayuntamiento. Incluso se ha demostrado que haber evitado masivamente que crecieran niños en un entorno de marginación social ha disminuido la tasa de delincuencia en los barrios en cuestión. ¿Qué sentido tiene obligar a tener hijos a mujeres de estratos sociales marginados cuando sus hijos no tienen de entrada ninguna posibilidad de prosperar, de recibir una buena educación y de tener un puesto de trabajo digno en el futuro?


Pero con independencia de los criterios económicos y sociales que pueden justificar un aborto más allá de las razones medicas, lo que resulta del todo rechazable es un aborto libre sin una ley de plazos máximos. Abortar después de los tres meses debe considerarse un asesinato en toda regla, porque el estado de desarrollo del feto ya es tal que justifica la argumentación de que tiene derechos inalienables de los que no deben privarle ni el estado ni la madre ni el padre. Existen hoy en día todos los medios tecnológicos necesarios para saber antes de los tres meses si el aborto es justificable, y por otra parte existen parejas suficientes deseosas de adoptar hijos por no poder tener hijos propios, lo que elimina el problema económico que podrían alegar las mujeres que deciden abortar.


Puede ser relativa la representatividad de una manifestación en lo que se refiere a la voluntad popular, aunque 1,2 millones de manifestantes representan un clamor popular considerable, un número mayor al conseguido por otras manifestaciones de la izquierda radical en España, y además ha transcurrido pacífica y civilizadamente, sin saqueos ni destrozos como cuando se manifestaron por el Prestige o la guerra del Iraq. Pero, frecuentemente, se ha podido comprobar que por muy grande que sea el número de manifestantes, en las elecciones la gente decide de otra forma. Y también se ve claramente que el poder de convocatoria de grupos tipo Pro Vida, muy cercanos a la Iglesia Católica, es precisamente de alrededor del millón de manifestantes, con participantes muy activos en temas de religión, por lo que la representatividad social es más reducida. Pero lo que sí transmite la asistencia masiva a una manifestación es que existe una preocupación social que debe ser tenida en cuenta. Al fin y al cabo, lo que les valía antes al PSOE y a IU para justificar un cambio, también tiene que valer para los grupos contrarios a PSOE e IU.


Además, el gobierno socialista cree que con dictar leyes de acuerdo con sus planteamientos ideológicos resuelve todos los problemas, cuando esto no es así. Sólo hace falta ver lo que han supuesto las leyes de Violencia de Género y de Matrimonio Homosexual. El gobierno sólo consiguió que se aprobaran dichas leyes, pero no ha hecho nada más. Falta toda información complementaria para educar y/o concienciar a la población sobre estos temas.


En el caso del aborto, la información y la educación son aún más necesarias, ya que es un asunto que interesa a toda la población. La reciente aprobación de las píldoras abortivas del día después y de los cinco días después sólo lleva a un uso abusivo por parte de jóvenes que no tienen conocimientos detallados sobre sus consecuencias. Sobre el aborto en sí no existe una campaña de información amplia y objetiva, y existen serias dudas sobre la información previa que facilitan los centros médicos a las mujeres decididas a abortar. No hay garantías de que estas mujeres sean conscientes de la medida que van a tomar ni que los médicos las vayan a informar debidamente.


La ampliación de la ley del aborto sólo puede llevar a una trivialización del problema en lugar de fomentar el sentido de la responsabilidad de lo que supone gestar una nueva vida y de los derechos que tiene el no nacido al menos a partir del tercer mes. Un buen ejemplo de la trascendencia de estos derechos podría ser el Rey Alfonso XIII, que de hecho ya fue Rey antes de nacer por haber fallecido su padre antes de tiempo durante su gestación.


Está claro que el aborto es un tema serio que no debe ser despachado con ligereza por un gobierno frívolo que no tiene ni respeto por las vidas de sus soldados que manda a una guerra ilegítima en tierras lejanas que nada tienen que ver con España ni con Europa. Y no olvidemos que los socialistas y comunistas nunca han tenido respeto por la vida. Por eso mismo hay que pararles los pies. Y no olvidemos tampoco -y no lo olviden los manifestantes- que el PP de Aznar no hizo nada para evitar el aborto según el lema: La ley que la hagan otros, nosotros la aplicamos. No al aborto libre, pero sí a la ley de plazos y de limitación del aborto a circunstancias especiales. También hace falta ser realistas, no hipócritas.




Wikio

27 marzo 2009

De Linces y no tan linces

La recientemente iniciada campaña de la Iglesia Católica contra la ampliación de la Ley del Aborto me parece del todo desacertada. No es que yo estuviera a favor de que se amplíen los plazos para el aborto ni mucho menos que se permita que una menor pueda abortar sin el consentimiento de sus padres, sino considero desacertado enfocar como contrapunto el apoyo del estado a la protección del lince ibérico.

Una cosa no tiene que ver con la otra. Es más: Nos muestran un cartel con un bebé y un lince hablano de derechos del no nacido, de modo que la campaña es un desacierto doble: ¿Qué tiene que ver un bebé con un no nacido? ¿Y qué tiene que ver un lince con todo esto?

La Iglesia argumenta que se presta más atención al lince que a los no nacidos y que se gasta mucho dinero en su protección antes que ocuparse de los derechos de los no nacidos. Esto es demagogia barata y una total falta de inteligencia.

El lince ibérico es un animal autóctono en peligro de extinción, entre otras porque muchos ejemplares son atropellados por los coches que pasan por las carreteras de la zona de mayor implantación. El coste de su protección no sólo se justifica, sino España le debe esta protección por haberlo llevado al borde de la extinción. También los animales tienen derechos, y el lince, ante todo, tiene el derecho de poder sobrevivir en un país que nunca ha prestado mucha atención a su medio ambiente, su naturaleza y sus animales y plantas, a los que muchos maltratan sin ningún remordimiento de conciencia.

La Iglesia Católica practica demagogia simplista y tergiversa la percepción de los derechos de las personas y aquellos de los no nacidos, que son diferentes. Mostrar un recién nacido hablando de derechos es falsear la realidad. Ciertamente, en derecho el no nacido tiene ciertos derechos a partir de su concepción y más a partir de un determinado tiempo de desarrollo. Esto ha sido así ya en tiempos de los romanos. Pero en el cartel no se trata del recién nacido, al que asisten todos los derechos de un ciudadano salvo aquellos que sólo pueden tener o ejercer los mayores de edad.

Es una campaña errónea. Los obispos podrían haber sido más linces al tratar el tema. No se habla de forma clara de los derechos de la madre y del padre. Se trata de polemizar para remover emociones y no para provocar un debate inteligente sobre la cuestión. La campaña recuerda más bien a las que han hecho los partidos de la izquierda, que usa las emociones en lugar de la inteligencia.

La Iglesia Católica ganaría mucho más con una campaña inteligente sin intentar perjudicar los derechos de los linces. Creo que San Francisco de Asís no estaría muy conforme. El aparente desprecio de la Iglesia hacia los linces demuestra una visión poco evolucionada de la vida en general y de la responsabilidad de la sociedad respecto de su entorno natural en particular. Despreciar al lince como diciendo que da igual que se extinga mientras se impidan nuevos abortos voluntarios es una actitud deplorable y favorece poco el debate sobre la cuestión de fondo.

Demagogia barata, no gracias. Argumentación inteligente, sí.
¡Sí a la protección de los linces!
¡No a la ampliación de la ley del aborto!