Mostrando entradas con la etiqueta Constitucion española 1978. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Constitucion española 1978. Mostrar todas las entradas

06 diciembre 2010

Trigésimo segundo aniversario de una Constitución prostituida

Un año más, un aniversario más: La Constitución Española de 1978 cumple 32 años. Quizás este trigésimo segundo año de su vigencia sea uno de los más complicados, y no tanto por adolecer de defectos en su redacción que facilitan su desmontaje paulatino, sino más por la defectuosidad de las instituciones que deberían velar por su cumplimiento.

Este año, el hecho tal vez más perjudicial para el orden constitucional en España haya sido la sentencia del Tribunal Constitrucional (¡vaya contradicción!) sobre el Estatuto de Autonomía de Cataluña, declarando constitucionales preceptos tan inconstitucionales como "Cataluña es una nación", con la excusa que lo que consta en el preámbulo no tiene efectos legales. Lo que sí tiene son efectos políticos claros. 

El Tribunal Constitucional hace tiempo que dejó de ser una institución independiente para velar por el cumplimiento de la Constitución. El alto tribunal ha degenerado en una institución controlada por las mayorías políticas en el Congreso y, por tanto decide según las tendencias ideológico-políticas de cada gobierno y sus aliados.

De nada sirve el juramento de los gobernantes de "cumplir y hacer cumplir la Constitución", cuando en realidad se dedican a probar de qué manera pueden desmontar el orden constitucional para sumir al país en el caos.

Ni siquiera Su Majestad el Rey se preocupa lo más mínimo por el cumplimiento de la Carta Magna de España, que hace 32 años aprobó con su firma cediendo casi todo su poder al pueblo, es decir, a la representación electa del mismo en el Congreso y el Senado. Y el poco poder que le puede quedar al Rey ni lo ejerce, ni siquiera el moral, el llamado poder moderador, salvo que las cosas se ponen ya muy, muy feas.
Así que este año lo único que se puede celebrar que la Constitución -a pesar de todos los contratiempos- haya sobrevivido, aunque con daños serios en su carrocería. 

Lo peor que puede pasar a un orden constitucional es un deterioro tal de la situación social y económica que haya que declarar el estado de alarma para asegurar el orden en el tráfico aéreo, secuestrado por una huelga ilegal de unos cientos de personas dedicadas al control aéreo. Realmente es un hecho que no se recuerda que haya ocurrido en ningún país de Europa Occidental en las últimas décadas.

Un país a la deriva con una Constitución a la deriva. Esta es la situación en este aniversario de la Constitución. Le pone a uno los pelos de punta y da ganas de gritar de desesperación.

España es un país al borde de un ataque de nervios. No hay nada que celebrar. Sólo se puede decir: Lo más importante es que sigamos vivos.


06 diciembre 2009

Trigésimo primer aniversario de la Constitución Española de 1978

Cada año que pasa, las celebraciones del Día de la Constitución se le antojan a uno como la constatación de que España se encuentra en una situación política cada vez más complicada.

Este año, han sido los nacionalistas catalanes los que más han atacado al orden constitucional del Reino de España. Su Estatuto de autonomía reformado hace cuatro años y aprobado por los catalanes en un referendo con la más baja participación electoral registrada hasta aquella fecha en Cataluña y, por tanto, con una legitimidad democrática más que discutible al contar sólo con el voto favorable del 36,51% de los catalanes con derecho a voto y siendo mayoría los que se abstuvieron de ir a votar, aún está pendiente de una decisión definitiva del Tribunal Constitucional sobre la constitucionalidad de algunas de sus disposiciones manifiestamente inconstitucionales.


No es de recibo que el alto tribunal no haya sido capaz de tomar una decisión objetiva sobre un asunto de tanta importancia, ya que los estatutos son la norma fundamental inmediatamente inferior a la Constitución. De hecho, el gobierno tripartito catalán aplica dicho Estatuto sin esperar siquiera una decisión del Tribunal Constitucional, al que considera incompetente para decidir sobre los asuntos catalanes. Y no bastante con esto, la presidente del Tribunal Constitucional no sólo lleva más tiempo del permitido en su cargo, que debía haberse renovado hace ya tiempo, sino que además es sospechosa de connivencia con el entorno etarra y con los nacionalistas catalanes para los que su marido hizo un informe altamente remunerado sobre cuestiones en los que juegan intereses creados de los que se debería mantener alejada la máxima responsable del tribunal en cuestión. Foto: Sanción de la Constitución por S.M. el Rey.

Igualmente preocupante es que el gobierno de la nación no hace otra cosa que dejar pasar todo lo que se permite el tripartito catalán. Es manifiesta la intención del gobierno de Zapatero de apoyar cualquier movimiento que debilite la unidad nacional y el orden constitucional. Que se consienta al gobierno autonómico catalán cualquier exceso legal y que se mantenga a una presidente del Tribunal Constitucional sólo con tal de seguir controlando la mayoría de dicho órgano de decisión es una parte de la actitud irresponsable del gobierno. Otra que se ha sumado estos días a muchas otras actuaciones legislativas de los socialistas es que se intente restringir cada vez más las libertades individuales alegando intereses supremos como los derechos de autor. Perseguir el uso fraudulento de propiedad intelectual ajena no puede justificar en ningún caso la intervención restrictiva o censora en los medios de comunicación como son los sitios de Internet o los blogs, menos aún saltándose la mínima garantía legal que son los tribunales que deben dictar cualquier decisión de cierre o embargo de cuentas en Internet.

Cuando un estado pierde la capacidad de velar por el orden constitucional y las libertades públicas e individuales por medio de la actuación de órganos independientes del ejecutivo y del legislativo, se pone en serio riesgo todo el orden democrático de libertades encaminando al país hacia una dictadura atroz. Al combinar esta deriva antidemocrática con la pérdida constante de valores y la introducción de medios de vigilancia extrema de la vida privada de los ciudadanos (véase Sitel), la situación se vuelve aún más preocupante. Foto: Los ponentes de la Constitución.

En este trigésimo primer aniversario de la Constitución Española de 1978 el panorama es bastante desolador. Pocas son ya las actividades de los partidos y de las instituciones para festejar los logros que supuso la Carta Magna en 1978, porque definió sobre todo los derechos fundamentales de un pueblo que quería vivir en libertad y con garantías democráticas.

Sólo un partido defiende con entusiasmo y decisión la Constitución: C's - Ciudadanos. El Partido de la Ciudadanía está demostrando en Cataluña que es el único partido presente en el Parlamento Catalán que sigue defendiendo la legalidad constitucional y los derechos de todos los españoles en dicha comunidad autónoma. Ojalá todos los demás hicieran lo mismo. Pero parece prevalecer el deseo de destruir lo logrado en más de treinta años y de acabar con una convivencia en paz, prosperidad y libertad. Lo que tiene que prevalecer es la libertad del individuo, no un estado sin ley a merced de políticos irresponsables que sólo se interesan por crear realidades ajenas a la voluntad popular y que nada aportan a la vida en sociedad y en libertad. Foto: El Congreso aplaude la aprobación de la Constitución.

Sería deseable que el próximo aniversario suponga una reconducción de la situación actual y que se pueda celebrar el aniversario de la Constitución sin interrogantes ni mal sabor de boca. La Constitución de 1978 ofrece muchas oportunidades nunca aprovechadas. Intentemos hacer un uso responsable de ellas en lugar de destruirla con demagogia populista, nacionalista y pseudoprogre.

¡Viva la Constitución!
¡Viva España!

¡Viva el Rey!



07 diciembre 2008

ERC llama al regicidio

La izquierda está que arde. Arde de fanatismo, de intolerancia, de mentalidad antidemocrática y de sed de sangre.

Después del exabrupto del señor alcalde de Getafe, Pedro Castro, (más bien de la revelación de lo que piensa en realidad), ahora sale este sapo antiestético a pedir la muerte del Rey y quema simbólicamente la Constitución.

El diputado de ERC, Joan Tardá, aseguró hoy que sus declaraciones en un acto de las Juventudes de ERC en el Día de la Constitución, en que exclamó “muerte al Borbón” durante su intervención, hacían referencia “de forma metafórica” a una “frase célebre”, y afirmó que nunca ha deseado “la muerte de ninguna persona”.

“Me parece poco riguroso que se diga que yo afirmé eso”, explicó Tardá en una entrevista a RAC1, en la que aclaró que aludió a una “expresión popular de la Guerra de Sucesión, en la que se apelaba metafóricamente a la lucha en contra de los borbones y lo que entonces significaban”.

Claro, y nosotros, los ciudadanos, somos tontos de los cojones (Pedro Castro dixit) y nos lo creemos. Entre otras porque en tiempos de la guerra de sucesión también se pedía la tercera república. Se trata de contextualizar, igual que la salida de tono barriobajera de Castro hace unos días. Pedir la muerte del Rey es un llamamiento al regicidio, y evidentemente no se pide hoy en día la muerte de Felipe V, sino del Rey reinante, que estorba a los separatistas catalanes para alcanzar la independencia injustificable.

Lamentó Tardá que “la anécdota acabe prevaleciendo por encima de la categoría” (llamar al regicidio es para él una anécdota) y defendió que el acto de las JERC pretendía evidenciar el rechazo a una Constitución que “no reconoce los derechos nacionales de Cataluña y que, además, impone una institución monárquica que es ajena a la legalidad republicana de entonces”. ¿Legalidad republicana de entonces? ¿De cuándo? ¿Cómo que se impone? ¡Hubo un referéndum en 1978 y el pueblo convalidó la restauración monárquica!

“Entiendo que puede ser más o menos afortunado”, reconoció, pero consideró: “Se haga lo que se haga, seremos objetivo de la gente interesada que sólo quiere hacer daño”. Encima va de víctima.

No obstante, subrayó que lo importante era denunciar un discurso institucional que no permite al pueblo catalán el derecho a decidir, y otras cuestiones fundamentales para encarar los retos del siglo XXI”.

En una nota de aclaración posterior, el republicano aseguró que nunca ha deseado “la muerte de ninguna persona”, lo que queda avalado por su “larga trayectoria política, siempre en el marco de los valores democráticos y de progreso”, expuso. Claro, ya se ve lo democráticos que son sus valores. Matar al Rey es un valor democrático e imponer al pueblo un sistema político, también.

En este sentido, planteó que su expresión se refirió a una crítica a la monarquía como institución, que en “ningún caso se debe interpretar dirigida a una persona física”, y volvió a criticar que determinados medios de comunicación aprovechen la ocasión para “descontextualizar” unas palabras, con el objetivo de “criminalizar” a determinadas formaciones políticas, sentencia. Para mi, ERC es un partido antisistema que está al margen de la Constitución.

Creo que está claro lo que quiso decir este fanático republicano. Seguramente lamentará que hoy en día no exista la guillotina para poner al pueblo ante hechos consumados como allá en 1789. Me pregunto quién es el señor Tardá para pedir la muerte de nadie o para querer imponer al pueblo qué forma de estado debemos tener.

Por otra parte, Jordi Cañas, portavoz del Comité Ejecutivo de Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía, ha invitado a ERC a dejar los cargos públicos de las instituciones “si no están de acuerdo con el Estado y el sistema constitucional”, en respuesta a lo manifestado este sábado por el diputado de ERC en el Congreso Joan Tardà.

Cañas ha recordado que “mientras algunos hacen pedagogía de la democracia y el respeto, como el acto organizado por Ciudadanos en la plaza de Cataluña de Barcelona, celebrando con la ciudadanía los valores que defiende nuestra Constitución, otros ejercen de peligrosos pirómanos de la política”.

Para Ciudadanos, “tenemos un problema, aunque algunos no lo quieran ver, porque hay partidos como ERC, BNG, PNV o EA que quieren dinamitar el Estado de las Autonomías” y algunos de estos partidos “como ERC y BNG están gobernando en determinadas Comunidades Autónomas con el beneplácito y el apoyo del PSOE, y en Cataluña con el respaldo del PSC liderado por José Montilla”.

Bono justifica lo injustificable “para mantener el poder”
.

El portavoz de Ciudadanos se ha referido igualmente a la reacción de José Bono, presidente del Congreso y dirigente del PSOE, quitando hierro a la intervención del diputado del ERC en la que gritó “muerte al Borbón” calificándola de “propia de un partido que es capaz de cualquier cosa para mantener el poder. Hasta justificar lo injustificable con el objetivo de amparar a un aliado de Gobierno del PSC en Cataluña. Una aliado que el día 6 de diciembre quema y entierra la Constitución, mientras desea la muerte del Jefe del Estado”.

Para Cañas, "Tardà debe pedir inmediatamente disculpas por sus palabras, ya que de no ser así la Fiscalía debería investigar lo sucedido.

El señor Bono también se ha lucido. Vaya defensor de la Constitución y la democracia que tilda de exabrupto sin mayor importancia las serias amenazas de Tardá contra el Rey y la democracia. Deberían suspender a Tardá de su cargo en el Congreso y abrir diligencias por injurias y amenazas de muerte al Rey. Es hora que se ponga orden, pero la defensa del orden constitucional no les importa lo más mínimo a estos políticos demócratas de pacotilla. Parece que sólo Ciudadanos tiene el valor de defender la Constitución.

06 diciembre 2008

Trigésimo aniversario de la Constitución Española

El aniversario de hoy es importante. La Constitución Española de 1978 cumple tres décadas de vigencia.

Se trata de un aniversario que debería significar la llegada de la madurez, la consolidación definitiva de un sistema constitucional y de la mentalidad democrática del pueblo al que debe servir de código de conducta, de marco legal para un ordenamiento propio de un estado de derecho organizado como monarquía parlamentaria.

Pero la situación es muy diferente. El orden constitucional de 1978 sufre un desgaste galopante, no por la insuficiencia que podría presentar el texto fundamental del Reino de España, sino por la falta de voluntad de los políticos de hacer de la Constitución un instrumento útil para la convivencia en lugar de ir desmontándola paulatinamente y poner en duda la vigencia de los derechos que pretende garantizar.

Se trata de una constitución para la que los diputados de la asamblea constituyente tomaron como base diversas constituciones democráticas europeas occidentales para que sirviera, al igual que los textos de referencia, como garante del sistema democrático constitucional.

De hecho, el texto constitucional no ha sido desarrollado plenamente, precisamente por la falta de voluntad de los políticos. Aún quedan competencias por transferir, no sólo del estado a las autonomías, sino en mucho mayor grado de las autonomías a los ayuntamientos. Pero se trata de no perder poder, no de servir a los ciudadanos.

La Constitución no ha sido reformada prácticamente nunca desde su promulgación. (hubo algún aspecto relativo a la Unión Europea). Sin embargo, hay aspectos reformables, como las competencias autonómicas o la protección de determinados derechos como la educación en lengua española desde el preescolar hasta el bachillerato y la universidad o el acceso a la función pública en igualdad de condiciones en todo el territorio del Reino de España.

La Constitución de 1978 realmente es una constitución muy completa. Las disposiciones constitucionales son lo suficientemente amplias como para poder desarrollarla en plenitud y sin necesidad de reforma, ya que muchos temas de relevancia son susceptibles de ser definidos por leyes orgánicas.

Con la discusión se pretende, en realidad, provocar un cambio tan radical que haga necesario convocar una nueva asamblea constituyente, con lo que la izquierda quiere conseguir que se discuta incluso la forma del estado para acabar con la monarquía parlamentaria y eliminar esa institución de garantía democrática y control que es la Corona y acabar con esa odiada "indisolubilidad de la unidad de España" para satisfacer los anhelos irracionales de los separatistas catalanes, vascos y gallegos de hacer pedazos un país que disfruta de una unidad nacional desde hace más de 500 años.


En una ocasión, el presidente autonómico de Andalucía dijo que se debería poder reformar con más facilidad como es el caso de Alemania, pero con esa opinión sólo demuestra que primero no entiende nada de la situación alemana y en segundo lugar es poco democrático pretender cambiar la Constitución al antojo de las mayorías existentes. Alemania no tiene constitución, sino una Ley Fundamental, una pseudo-constitución, promulgada en 1949 tras la división efectiva de las zonas de ocupación occidentales y la zona soviética, por concesión graciosa de las tres potencias vencedoras occidentales EE.UU., Gran Bretaña y Francia, que habían decidido dividir Alemania en virtud de los Acuerdos de Yalta y en desprecio de la soberanía del pueblo alemán que entonces y hasta 1990 prácticamente no existía, una Ley Fundamental que establecía que tras la reunificación se debía elegir una asamblea constituyente para que fuera el pueblo alemán quien votara una nueva Constitución, precepto incumplido al igual que la trampa de la reunificación (parcial) con Alemania central (la antigua RDA comunista) mediante una adhesión a la República Federal de Alemania.

Pero antes de reformar la Constitución, hay muchos otros problemas por resolver. Nuestros políticos harían mejor en no gastar sus energías en discusiones inútiles sobre reformas constitucionales y estatutarias o en hablar o no hablar con bandas terroristas sobre si se impone o no una independencia de una región que nunca ha sido un país independiente (discusiones que por otra parte son completamente contrarias a la Constitución que no permite la secesión territorial). Lo que desea el pueblo español es que pueda vivir en paz, en prosperidad y sin preocupaciones vitales como empleo, educación de calidad, estabilidad política y libertad en todos los ámbitos.

La antigüedad de una constitución no es sinónimo de haber sido superada por el tiempo. La constitución del Gran Ducado de Luxemburgo demuestra que las constituciones están pensadas para perdurar en el tiempo sin mayores reformas. Creo que en pocos países se discute tanto sobre la Constitución como en España, porque en pocos países se quiere acabar con la propia nación para sumirla en el caos. Desearía que nuestros gobernantes leyesen la Constitución y que se atuviesen a ella, porque así lo quiso el pueblo español en 1978. Pocas veces en estos 30 años he visto tanto infantilismo político como en la actualidad. Se polemiza sobre cuestiones que ni tienen que ver con los problemas actuales ni aportan nada a la convivencia y a la prosperidad del país. La Constitución de 1978 aún la hicieron hombres con cierta grandeza, con formación, con cultura y con valores, algo que queda reflejado en el discurso que pronunció Su Majestad el Rey el día de la promulgación. Los políticos actuales sólo muestran desprecio hacia la Constitución, expresión de su incultura, su falta de mentalidad democrática y su nulo interés por servir a la sociedad española y al progreso.

Para terminar adjunto el discurso de promulgación de Su Majestad el Rey. Las palabras del Rey lo dicen todo.


Discurso de promulgación

Pronunciado por S. M. el Rey Don Juan Carlos I, ante las Cortes, el 27 de Diciembre de 1978

Señoras y señores Diputados,Señoras y señores Senadores:

Como expresión de los momentos históricos que estamos viviendo, y cuando acabo de sancionar, como Rey de España, la Constitución aprobada por las Cortes y ratificada por el pueblo español, quiero que mis palabras, breves y sencillas, sean ante todo de agradecimiento hacia los miembros y grupos de estas Cámaras que han elaborado la norma fundamental por la que ha de regirse nuestra convivencia democrática.

Y para proyectar hacia el futuro este sentimiento de gratitud por la labor realizada, formulo mi más sincero deseo de que todas las fuerzas políticas vean cumplidas cuantas esperanzas han depositado en el texto constitucional, a la vez que confío en su buena volutad para aceptar y ejercer la responsabilidad que en su aplicación les corresponde.

Mi saludo, también, al Gobierno de la Nación, a la Sala de Gobierno del Tribunal Supremo, a la Junta de Jefes de Estado Mayor, a las representaciones de los Altos Organismos e Instituciones del Estado, así como a las religiosas y del Cuerpo Diplomático que hoy se encuentran aquí.

En todos ellos quisiera significar el reconocimiento hacia las distintas Instituciones que, de una u otra forma, han contribuido a esta empresa colectiva que ahora culmina, y concretar el mensaje de paz y solidaridad de los españoles hacia las demás naciones de la Tierra.
Y gracias, por fin al pueblo español, verdadero artífice de la realidad patria, representado por las distintas fuerzas parlamentarias, y que ha manifestado en el referéndum su voluntad de apoyo a una Constitución que a todos debe regirnos y todos debemos acatar.

Con ella se recoge la aspiración de la Corona, de que la voluntad de nuestro pueblo quedara rotundamente expresada. Y, en consecuencia, al ser una Constitución de todos y para todos, es también la Constitución del Rey de todos los españoles.

Si ya en el mismo instante de ser proclamado como Rey señalé mi propósito de considerarme el primero de los españoles a la hora de lograr un futuro basado en una efectiva concordia nacional, hoy no puedo dejar de hacer patente mi satisfacción al comprobar como todos han sabido armonizar sus respectivos proyectos para que se hiciera posible el entendimiento básico entre los principales sectores políticos del país.

Pienso que este hecho constituye el mejor aval para que España inicie un nuevo período de grandeza.

Y hoy, como Rey de España y símbolo de la unidad y permanencia del Estado, al sancionar la Constitución y mandar a todos que la cumplan, expreso ante el pueblo español, titular de la soberanía nacional, mi decidida voluntad de acatarla y servirla.

Importante es el paso que acabamos de dar en la evolución política que entre todos estamos llevando a cabo. Importante es la aprobación de una Ley básica como la que hoy he sancionado y que constituye el marco jurídico de nuestra vida común; pero pensemos que la ruta que nos aguarda no será cómoda ni fácil, y que, al recoger el fruto de la etapa que se cierra, debemos abrigar también la ilusión de no desfallecer en nuestro empeño, el propósito de no ceder terreno al desánimo y la seguridad de mantener el pulso necesario para sortear escollos y dificultades.

Si hemos acertado en lo principal y lo decisivo, no debemos consentir que diferencias de matiz o inconvenientes momentáneos debiliten nuestra firme confianza en España y en la capacidad de los españoles de profundizar en los surcos de la libertad y recoger una abundante cosecha de justicia y de bienestar.

Porque si los españoles sin excepción sabemos sacrificar lo que sea preciso de nuestras opiniones para armonizarlas con las de otros; si acertamos a combinar el ejercicio de nuestros derechos con los derechos que a los demás corresponde ejercer; si postergamos nuestros egoísmos y personalismos a la consecución del bien común, conseguiremos desterrar para siempre las divergencias irreconciliables, el rencor, el odio y la violencia, y lograremos una España unida en sus deseos de paz y de armonía.
De acuerdo con estos propósitos, la Monarquía, que como Institución integradora debe estar por encima de discrepancias circunstanciales y de accesorias diferencias, procurará en todo momento evitarlas o conjugarlas para extraer el principio común y supremo que a todos debe impulsarnos: lograr el bien de España.

Los pueblos de España tienen planteadas grandes demandas en el orden del reconocimiento de sus propias peculiaridades, del trabajo, de la vida familiar, de la cultura y la igualdad efectiva de las oportunidades en el ejercicio cotidiano de la libertad.

A todo ello hemos de consagrar nuestros esfuerzos en el tiempo que se avecina.

Íntimamente identificados con el pueblo, siempre cerca de él, en contacto directo con sus preocupaciones y urgencias, podremos garantizar para el futuro el orden social justo a que todos aspiramos.

Al reiterar a todos mi agradecimiento y mi satisfacción, quiero terminar expresando el orgullo que siento por estar al frente de los españoles en estos tiempos decisivos en que nuestras miradas deben dirigirse al porvenir con fe, con optimismo, con decisión y valentía, con la más ilusionada de las esperanzas.

El día de mi proclamación tuve ocasión de decir que el "Rey es el primer español obligado a cumplir con su deber".

Por eso repito ahora que todo mi tiempo y todas las acciones de mi voluntad estarán dirigidas a este honroso deber que es el servicio de mi Patria.

06 diciembre 2007

Vigésimo noveno aniversario de la Constitución

¡Viva la Constitución de 1978!


Hoy es el vigésimo noveno aniversario de la promulgación de la Constitución Española de 1978. Es una constitución para la que los diputados de la asamblea constituyente tomaron como base diversas constituciones democráticas europeas occidentales y que establece y consolida la monarquía parlamentaria como forma de estado y garante del sistema democrático constitucional.

En la actualidad y por la insistencia de la izquierda (que en realidad anhela volver a un sistema republicano tan desastroso y sanguinario como la segunda república) se discute mucho sobre la necesidad de reformar la Constituión, al igual que los estatutos de autonomía, cuando tales reformas no son necesarias ni responden a un clamor de la sociedad española, pues como se ha visto en el caso del estatuto de autonomía de Cataluña, el interés es efímero y apenas se acude a votar sí o no a un nuevo estatuto de autonomía.

La Constitución de 1978 realmente es una constitución muy completa. En una ocasión, el presidente autonómico de Andalucía dijo que se debería poder reformar con más facilidad como es el caso de Alemania, pero con esa opinión sólo demuestra que primero no entiende nada de la situación alemana y en segundo lugar es poco democrático pretender cambiar la Constitución al antojo de las mayorías existentes. Alemania no tiene constitución, sino una Ley Fundamental, una pseudo-constitución, promulgada en 1949 tras la división efectiva de las zonas de ocupación occidentales y la zona soviética, por concesión graciosa de las tres potencias vencedoras occidentales EE.UU., Gran Bretaña y Francia, que habían decidido dividir Alemania en virtud de los Acuerdos de Yalta y en desprecio de la soberanía del pueblo alemán que entonces y hasta 1990 prácticamente no existía, una Ley Fundamental que establecía que tras la reunificación se debía elegir una asamblea constituyente para que sea el pueblio alemán quien votara una nueva Constitución, precepto incumplido al igual que la trampa de la reunificación (parcial) con Alemania central (la antigua RDA comunista) mediante una adhesión a la República Federal de Alemania.

Lo que nos faltaba en estos momentos es una constitución moldeable a discreción de los diputados como es el caso en Alemania. Lo que no se dice es que muchos preceptos de la actual Constitución ni siquiera se han desarrollado por falta de voluntad política, pues no se entiende que tras 29 años aún existan competencias que no han sido transferidas, porque los gobiernos nacionales de turno querían mantener competencias centrales en lugar de desarrollar las previsiones constitucionales.

Realmente hay pocas cosas que precisan una reforma, pues las disposiciones constitucionales son lo suficientemente amplias como para poder desarrollarla en plenitud y sin necesidad de reforma, ya que muchos temas de relevancia son susceptibles de ser definidos por leyes orgánicas. Con la discusión se pretende, en realidad, provocar un cambio tan radical que haga necesario convocar una nueva asamblea constituyente, con lo que la izquierda quiere conseguir que se discuta incluso la forma del estado para acabar con la monarquía parlamentaria y eliminar esa institución de garantía democrática y control que es la Corona y acabar con esa odiada "indisolubilidad de la unidad de España" para satisfacer los anhelos irracionales de los separatistas catalanes, vascos y gallegos de hacer pedazos un país que disfruta de una unidad nacional desde hace más de 500 años.

Pero antes de reformar la Constitución, hay muchos otros problemas que resolver. Nuestros políticos harían mejor en no gastar sus energías en discusiones inútiles sobre reformas constitucionales y estatutarias o en hablar o no hablar con bandas terroristas sobre si se impone o no una independencia de una región que nunca ha sido un país independiente (discusiones que por otra parte son completamente contrarias a la Constitución que no permite la secesión territorial). Lo que desea el pueblo español es que pueda vivir en paz, en prosperidad y sin preocupaciones vitales como empleo, educación de calidad, estabilidad política y libertad en todos los ámbitos.

Por eso digo que ¡Viva la Constitución!, porque es una constitución bastante bien hecha que no necesita ser reformada sino sólo desarrollada en profundidad, una constitución que todos los diputados, al igual que S.M. el Rey, juraron cumplir y hacer cumplir, pero que muchos diputados de la izquierda incumplen y no respetan, empezando por el señor Zeta que ante todo parece desear acabar con ella y con todo el país. Muchas constituciones son mucho más antiguas que la española, como la del Gran Ducado de Luxemburgo, lo que demuestra que están pensadas para perdurar en el tiempo sin mayores reformas. Creo que en pocos países se discute tanto sobre la Constitución como en España, porque en pocos países se quiere acabar con la propia nación para sumirla en el caos. desearía que nuestros gobernantes leyesen la Constitución y que se atuviesen a ella, porque así lo quiso el pueblo español en 1978. Pocas veces en estos 29 años he visto tanto infantilismo político como actualmente. Ojalá los resultados de PISA no sean aplicables a nuestros políticos, pero parece que PISA es sintomático no sólo para la población escolar.

Para terminar adjunto el discurso de promulgación de Su Majestad el Rey. Las palabras del Rey lo dicen todo.



Discurso de promulgación

Pronunciado por S. M. el Rey Don Juan Carlos I, ante las Cortes, el 27 de Diciembre de 1978

Señoras y señores Diputados,Señoras y señores Senadores:


Como expresión de los momentos históricos que estamos viviendo, y cuando acabo de sancionar, como Rey de España, la Constitución aprobada por las Cortes y ratificada por el pueblo español, quiero que mis palabras, breves y sencillas, sean ante todo de agradecimiento hacia los miembros y grupos de estas Cámaras que han elaborado la norma fundamental por la que ha de regirse nuestra convivencia democrática.

Y para proyectar hacia el futuro este sentimiento de gratitud por la labor realizada, formulo mi más sincero deseo de que todas las fuerzas políticas vean cumplidas cuantas esperanzas han depositado en el texto constitucional, a la vez que confío en su buena volutad para aceptar y ejercer la responsabilidad que en su aplicación les corresponde.

Mi saludo, también, al Gobierno de la Nación, a la Sala de Gobierno del Tribunal Supremo, a la Junta de Jefes de Estado Mayor, a las representaciones de los Altos Organismos e Instituciones del Estado, así como a las religiosas y del Cuerpo Diplomático que hoy se encuentran aquí.

En todos ellos quisiera significar el reconocimiento hacia las distintas Instituciones que, de una u otra forma, han contribuido a esta empresa colectiva que ahora culmina, y concretar el mensaje de paz y solidaridad de los españoles hacia las demás naciones de la Tierra.
Y gracias, por fin al pueblo español, verdadero artífice de la realidad patria, representado por las distintas fuerzas parlamentarias, y que ha manifestado en el referéndum su voluntad de apoyo a una Constitución que a todos debe regirnos y todos debemos acatar.

Con ella se recoge la aspiración de la Corona, de que la voluntad de nuestro pueblo quedara rotundamente expresada. Y, en consecuencia, al ser una Constitución de todos y para todos, es también la Constitución del Rey de todos los españoles.

Si ya en el mismo instante de ser proclamado como Rey señalé mi propósito de considerarme el primero de los españoles a la hora de lograr un futuro basado en una efectiva concordia nacional, hoy no puedo dejar de hacer patente mi satisfacción al comprobar como todos han sabido armonizar sus respectivos proyectos para que se hiciera posible el entendimiento básico entre los principales sectores políticos del país.

Pienso que este hecho constituye el mejor aval para que España inicie un nuevo período de grandeza.

Y hoy, como Rey de España y símbolo de la unidad y permanencia del Estado, al sancionar la Constitución y mandar a todos que la cumplan, expreso ante el pueblo español, titular de la soberanía nacional, mi decidida voluntad de acatarla y servirla.

Importante es el paso que acabamos de dar en la evolución política que entre todos estamos llevando a cabo. Importante es la aprobación de una Ley básica como la que hoy he sancionado y que constituye el marco jurídico de nuestra vida común; pero pensemos que la ruta que nos aguarda no será cómoda ni fácil, y que, al recoger el fruto de la etapa que se cierra, debemos abrigar también la ilusión de no desfallecer en nuestro empeño, el propósito de no ceder terreno al desánimo y la seguridad de mantener el pulso necesario para sortear escollos y dificultades.

Si hemos acertado en lo principal y lo decisivo, no debemos consentir que diferencias de matiz o inconvenientes momentáneos debiliten nuestra firme confianza en España y en la capacidad de los españoles de profundizar en los surcos de la libertad y recoger una abundante cosecha de justicia y de bienestar.

Porque si los españoles sin excepción sabemos sacrificar lo que sea preciso de nuestras opiniones para armonizarlas con las de otros; si acertamos a combinar el ejercicio de nuestros derechos con los derechos que a los demás corresponde ejercer; si postergamos nuestros egoísmos y personalismos a la consecución del bien común, conseguiremos desterrar para siempre las divergencias irreconciliables, el rencor, el odio y la violencia, y lograremos una España unida en sus deseos de paz y de armonía.
De acuerdo con estos propósitos, la Monarquía, que como Institución integradora debe estar por encima de discrepancias circunstanciales y de accesorias diferencias, procurará en todo momento evitarlas o conjugarlas para extraer el principio común y supremo que a todos debe impulsarnos: lograr el bien de España.

Los pueblos de España tienen planteadas grandes demandas en el orden del reconocimiento de sus propias peculiaridades, del trabajo, de la vida familiar, de la cultura y la igualdad efectiva de las oportunidades en el ejercicio cotidiano de la libertad.

A todo ello hemos de consagrar nuestros esfuerzos en el tiempo que se avecina.

Íntimamente identificados con el pueblo, siempre cerca de él, en contacto directo con sus preocupaciones y urgencias, podremos garantizar para el futuro el orden social justo a que todos aspiramos.

Al reiterar a todos mi agradecimiento y mi satisfacción, quiero terminar expresando el orgullo que siento por estar al frente de los españoles en estos tiempos decisivos en que nuestras miradas deben dirigirse al porvenir con fe, con optimismo, con decisión y valentía, con la más ilusionada de las esperanzas.

El día de mi proclamación tuve ocasión de decir que el "Rey es el primer español obligado a cumplir con su deber".

Por eso repito ahora que todo mi tiempo y todas las acciones de mi voluntad estarán dirigidas a este honroso deber que es el servicio de mi Patria.