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23 febrero 2011

Trigésimo aniversario del intento de golpe de estado en España

S.M. el Rey dirigiéndose a la nación en la madrugada del 24-F
Hace hoy treinta años de los sucesos del 23 de febrero de 1981, cuando una parte de los altos mandos militares se sumaron a una operación que debía tener como resultado un golpe de estado, pero que fracasó porque no todos los militares se sumaron a dicha operación. Hasta el día de hoy no queda muy claro quiénes estaban detrás del golpe, ya que sólo se conocieron los que ejecutaron el mismo en Valencia, en Madrid y pocos sitios más.

Los golpistas dejaron al margen de sus acciones a la Casa Real y ocuparon sólo el Congreso y algunos puntos estratégicos. Donde quizás fue más efectivo el golpe fue en Valencia, donde el General Miláns del Bosch era el Capitán General de la Región Militar de Valencia. 

La madrugada del 23 al 24 de febrero, sobre las 3 horas, Su Majestad el Rey, tras evaluar la situación y aguardar acontecimientos, hizo un llamamiento por televisión para que los militares renunciaran a sus propósitos de instaurar una nueva dictadura militar, y quizás fue por ese llamamiento que no todos los altos mandos de los tres ejércitos se sumaran a la operación, lo que hizo que durante la mañana del 24 el golpe fracasó y los militares abandonaron el Congreso.

La actuación del Rey fue clave y a la vez fue un momento estelar, ya que como salvador de la democracia adquirió gran prestigio no sólo en España, sino en todo el mundo.

¿Cuáles fueron las razones para dicho golpe de estado? 

En realidad, la situación política en España en aquel momento fue comparativamente menos delicada que hoy en día, entre otras cuestiones porque la locura nacionalista aún no había llegado a los extremos que se puede observar hoy especialmente en Cataluña, y económicamente España estaba creciendo lenta pero constantemente.

Políticamente el país aún vivía en una situación inestable en cuanto que la transición estaba en plena marcha y la Constitución sólo llevaba algo más de dos años en vigor. En las Fuerzas Armadas aún quedaban muchísimos mandos de la época franquista, y es allí donde residía el mayor malestar con los cambios políticos.

Por añadidura, los políticos de entonces, al igual que los de hoy, se dedicaban a todo menos a aúnar fuerzas y trabajar juntos, de forma responsable, en la modernización de España. Los desvaríos nacionalistas crearon problemas adicionales y la banda terrorista ETA no hacía más que matar, en aquel año alrededor de 100 personas perdieron la vida por sus acciones violentas con coches bomba y tiros en la nuca.

Adolfo Suárez había sido el hombre clave de los inicios de la transición, pero fue poco decidido a la hora de llevar a cabo las reformas, quizás porque quería quedar bien con todas las fuerzas políticas, una actitud que más tarde hizo fracasar su segundo proyecto político, el Centro Democrático y Social (CDS). Por añadidura, la izquierda de socialistas y comunistas le hacía la vida imposible, por lo que decidió dimitir. Y ese fue el momento clave para los militares franquistas para intentar dar un golpe de estado, ya que el 23 de febrero debía haber sido investido su sucesor Leopoldo Calvo Sotelo. La interinidad del poder ejecutivo ofreció un momento de debilidad adecuado para las acciones militares de ese día.

La principal culpa del golpe quizás la tenga, por tanto, la izquierda española, y hasta me atrevería a aventurar que fue esa izquierda que deseaba un acontecimiento así para poder ganar las elecciones y hacer una limpieza en las Fuerzas Armadas para eliminar para siempre todos los militares que podrían tener ideas franquistas. Precisamente fue eso lo que pasó después, cuando Felipe González ganó las elecciones de octubre de 1982, en parte consiguiendo el paso a la reserva de muchos altos mandos a cambio de elevadas pensiones, mientras que otros, que fueron más prudentes cuando se fraguó el golpe de estado y esperaron acontecimientos sin desvelar su simpatía con los golpistas. Estos últimos fueron luego los más beneficiados con buenos destinos. Los socialistas compraron así a muchos militares sin un perfil político claro y se aseguraron el poder y la neutralidad de las Fuerzas Armadas.

Hoy en día sería impensable otra proeza como la de 1981, sobre todo porque no queda casi nada de un ejército con capacidad de controlar los puntos neurálgicos del estado y del gobierno, pero también porque el contexto político con la Unión Europea haría inviable una dictadura militar por el asilamiento que supondría para España.

Lo que sí quedó demostrado es el papel importantísimo de la Monarquía y de la figura del Rey para salvaguardar la estabilidad política en una situación extrema. Pero no sólo eso. En los últimos meses el Rey ha ejercido una función clave como la de resolver problemas como el estancamiento en la renovación del Tribunal Constitucional, así como otros embrollos causados por un gobierno de ineptos. Para algunos puede parecer poco, pero nos encontramos muchas veces en situaciones extremas en las que el Rey suele intervenir de una forma muy diplomática para solucionar lo que ni el gobierno ni la oposición parecen querer solucionar por puros intereses partidistas y estratégicos.

Treinta años después de aquel golpe de estado fracasado demasiados políticos no parecen haber aprendido la lección. Se creen muy seguros en el orden político actual, y así se olvidan siempre de nuevo de los intereses supremos de España y de sus ciudadanos que son, principalmente, la buena gestión del estado, la honradez, la transparencia, la cooperación entre la sfuerzas políticas, la unidad nacional por encima de bizarros interesas nacionalistas y el orden constitucional.

Que vivamos hoy en una situación de estabilidad institucional no significa que ésta no se pueda ver alterada de la noche a la mañana. Sin que sea comparable, la situación estancada en los países del norte de África ha llevado a una oleada de revueltas y protestas, con la caída de gobiernos y regímenes. Cada país o región puede ser muy diferente, pero los momentos límites pueden provocar reacciones populares que desarrollan una dinámica propia poco previsible.

Ojalá el día de hoy haga repensar a muchos políticos su actitud actual en cuestiones fundamentales para la ciudadanía. Quizás este año sea un año clave para que algo cambie a mejor sin revulsivos más graves que algún vuelco electoral. 

27 diciembre 2010

Mensaje de Navidad de S.M. el Rey o Vivir en el mundo de Yupi

Según informa El Mundo, la audiencia del mensaje de Su Majestad el Rey ha llegado a su nivel más bajo de la última década.

Una media de 7.120.000 espectadores han seguido este año el mensaje navideño del Rey, lo que supone de nuevo el peor dato de la última década, con 850.000 menos que en 2009 y cerca de dos millones menos que en 2000, según un estudio de Barlovento Comunicación sobre datos de Kantar Media.

El discurso de Nochebuena del Monarca ha vuelto a perder este año seguidores, a pesar de la TDT y de los 33 canales que lo han ofrecido en esta ocasión, cuatro más que el año pasado, cuando atrajo a 7.979.000 personas (que ya fue el menos visto de la última década), con una cuota del 72,0%, frente al 65,6% de este año.

En cambio, los índices de consumo televisivo en la franja horaria correspondiente al mensaje han sido los segundos mayores de la historia, sólo por detrás de los registrados el año pasado. Un total de 10.847.000 individuos veían televisión en dicha franja, alrededor de 225.000 espectadores menos que en 2009.

La evolución de la audiencia de la alocución de don Juan Carlos ha sido la siguiente en la última década: 9.140.000 espectadores y 87,2% de "share" en el año 2000; 8.956.000 en 2001; 8.265.000 en 2002; 8.457.000 en 2003; 8.235.000 en 2004; 8.648.000 en 2005; 8.683.000 en 2006; 8.738.000 en 2007; 8.593.000 en 2008 y 7.979.000 en 2009.

El Rey recibió al dictador Chávez
Estos datos dan que pensar. Y la culpa la tiene enteramente el Rey, con su actitud manifiestamente mejorable en cuestiones tan fundamentales como han sido y siguen siendo los ataques al orden constitucional, la insumisión del gobierno catalán en lo que se refiere a la ejecución y el acatamiento de las sentencias de los más altos tribunales españoles, las afrentas del dictador comunista venezolano Chávez a España y la expropiación paulatina de patrimonio de españoles en dicho país, así como la indiferencia aparente ante los problemas de desgobierno que sufre España, con un gobierno que no está dispuesto a buscar soluciones serias para remontar la crisis económica y financiera.

Dijo S.M. el Rey:

"Llegamos al final de un año difícil y complejo, marcado por una crisis económica, en España y en otros países, más larga e intensa de lo esperado. En nuestro caso ha puesto de manifiesto desequilibrios y deficiencias estructurales que hemos de resolver juntos con eficacia y prontitud."

Palabrería hueca al estilo de Zapatero, a parte de que falta a la verdad. "Más larga e intensa de lo esperado." Estaba anunciado que iba a ser una crisis muy dura para España, hecho que negó el primer ministro Zapatero reiteradamente incluso cuando ya era más que evidente.

"Lo más doloroso es que ha golpeado a tantos hombres y mujeres que han sufrido -en su propia carne o en sus familias- la pérdida de empleos. Los parados concentran nuestras preocupaciones; son una prioridad insoslayable. La sociedad española no puede dejar que, especialmente, tantos jóvenes carezcan por más tiempo de un trabajo."

¿La sociedad? Majestad, ¿qué puede hacer la sociedad para remediar esta situación? ¿Qué hace Vuestra Majestad para que se busquen alternativas? Es muy fácil decir estas cosas y trasladar la responsabilidad, como hace Zapatero, a la sociedad. Las soluciones tienen que venir del gobierno, que debe coordinarse con todos los sectores de la economía nacional para buscar salidas e incentivar la actividad económica en todos los ámbitos.

"Pienso asimismo en quienes han tenido que cerrar comercios, talleres o negocios. En todas las personas que han asumido grandes sacrificios y esfuerzos a lo largo de este año: trabajadores asalariados, autónomos, profesionales, empresarios, pensionistas o funcionarios. Todos ellos merecen nuestro más amplio respaldo. Sus múltiples desvelos diarios y los de millones de familias, cuentan con nuestra mayor gratitud pues contribuyen al bien de todos."

Vale, muy bien. Gratitud. Respaldo. Majestad, ¿cómo se tiene que articular este respaldo? El bien de todos está siendo delapidado desde hace años por un gobernante pródigo que inventa prestaciones y derechos sociales sobre la marcha para camelarse a sus votantes, y luego resulta que tiene que dar marcha atrás a sus inventos sociales porque el estado no tiene recursos suficientes para pagar estos repartos injustificados de una riqueza menguante. ¿Cuál es el esfuerzo de Vuestra Majestad para enderezar lo que tuerce cada día este gobierno de inútiles?

"La crisis ha requerido la adopción de importantes decisiones por parte de nuestros poderes e instituciones públicas a todos los niveles. A escala europea ha exigido concertar nuevas iniciativas. Pese a ciertos signos alentadores, todavía no se ha logrado una plena estabilización y recuperación internacional."

La crisis ha requerido tales decisiones, pero no se ha tomado apenas ninguna realmente eficaz. Por eso mismo no se ha logrado ninguna estabilización, mientras que la recuperación se ha limitado a países que sí han tomado medidas serias y han sabido coordinar los sectores de su economía para reactivarla.

"Es preciso seguir adelante con empeño, ganar la batalla al paro con decisión, constancia y firmeza; mejorar en productividad y competitividad, en educación e innovación; y volver a situar a nuestra economía con visión de futuro en el pelotón de cabeza, manteniendo nuestra protección y cohesión social."

El Páis de las Maravillas versus El Mundo de Yupi
¡Decidselo al gobierno, Majestad! En los últimos siete años España sólo ha perdido competitividad porque tenemos un gobierno que ha recortado todos los grandes proyectos de infraestructuras cuando aún quedaban recursos para financiarlos, y el desaguisado separatista en Cataluña no ha hecho sino contribuir a una huida mayor de inversores de un país de locos. Por añadidura, no existe esa protección y cohesión social precisamente porque el gobierno ha arruidano al estado y ha creado y eliminado prestaciones sociales por puros intereses electorales, desatendiendo la capacidad financiera real del país.

"Sin un crecimiento adecuado no crearemos empleo. Y para crecer como necesitamos, debemos proseguir y abordar juntos las reformas necesarias, cumpliendo además nuestros compromisos en materia presupuestaria y de déficit. Se trata de modernizar nuestro modelo productivo y de generar mayor confianza para reactivar nuestra economía, proyectando al mundo nuevos ejemplos de vitalidad y de impulso como sociedad."

Todos sabemos lo que hay que hacer, Majestad, menos el gobierno - o digamos los gobiernos, ya que tenemos 18. Estos discursos balsámicos no sirven de nada. Lo que esperan los ciudadanos de su Rey es que tenga un discurso independiente y que sea también capaz no sólo de apuntar los problemas, sino de criticar a los que los causan o agravan.

"Pudimos salir con éxito de anteriores crisis económicas. Disponemos de las condiciones y de los instrumentos necesarios para lograrlo de nuevo."

¿Disponemos de ellos? Lo dudo. Esta crisis no se parece a las anteriores, porque la situación es diferente. Lo que sí es cierto es que todas las crisis económicas severas se han producido bajo gobiernos del PSOE. ¡Qué casualidad! Ahora las soluciones dependen de medidas estructurales de envergadura que este gobierno no es capaz de tomar.

"Somos una gran Nación, orgullosa de su pluralidad y diversidad, integrada en la Unión Europea con la que estamos comprometidos y por la que siempre hemos apostado. Un país de personas laboriosas y creativas, con una juventud espléndida, un inmenso y variado patrimonio cultural, modernas infraestructuras y muchas empresas punteras a escala internacional. La misma España que ha sido capaz de progresar y de superar con éxito muchas pruebas."

El desfile el Día de la Hispanidad este año ha sido una muestra más del deterioro del país.
España baja cada vez más en los rankings internacionales. La gran nación corre el riesgo de convertirse en un conglomerado de naciones inventadas. Las infraestructuras son insuficientes por el parón del gobierno socialista, y la falta de ingresos del estado conlleva que no sean mantenidas adecuadamente. Al igual que se van profesionales cualificados a otros países con más oportunidades y mejores sueldos, las empresas menguarán ante las dificultades de financiación y la descoordinación entre los gobiernos autonómicos y sus normativas que dificultan una actividad de ámbito nacional, como en materia de medio ambiente, energía o urbanismo. ¿Por qué no apunta Vuestra Majestad esa problemática para exigir a los gobiernos españoles una mayor sensatez a la hora de regular actividades? Y eso de la juventud espléndida, que en un número nada desdeñable se dedica al botellón, da como mínimo una imagen bastante dudosa de su esplendor.

"No hemos llegado hasta aquí para dejarnos vencer por las dificultades, para renunciar a nuestras ambiciones de construir un país cada vez mejor."

¿En qué mundo vive Vuestra Majestad? El país está en una situación cada vez peor. Amenaza la quiebra del estado por no poder atender debidamente el pago de sus deudas, que disimula con la emisión de bonos de estado cada vez más costosos y más difíciles de colocar en los mercados. Las ambiciones de Vuestro gobierno han sido, ante todo, de tipo ideológico, marcada por los estrechos contactos con regímenes comunistas tercermundistas y la ausencia de los foros más importantes para nuestro país como son los países líderes de la UE y Noreteamérica.

"Debemos desterrar el desánimo, levantar la cabeza, aunar esfuerzos y continuar la faena, conscientes de lo que somos, de lo que ya tenemos y de lo que podemos avanzar."

¿Qué somos, Majestad? Cada vez tenemos menos y vamos hacia atrás. Levantar la cabeza ¿qué quiere decir? Se nota que Vuestra Majestad no tiene que luchar contracorriente cuando quiere crear una empresa u obtener un crédito del ICO. ¿Sabéis, por casualidad, cuántos caminos hay que recorrer para luego no tener más que gastos? ¿Cuál es la aportación real de las administraciones públicas a la creación de empleo y la dinamización de la actividad económica?

"Los nuevos tiempos requieren grandes compromisos por parte de todos. Si queremos ganar el futuro, debemos mirar más allá, estimular ilusiones y fortalecer capacidades, sabiendo que juntos llegaremos siempre más lejos."

Es la continuación del bla bla bla del párrafo anterior, Majestad. El futuro se gana si se puede afrontar con ilusión. Pero si la ilusión por hacer algo de provecho, por tener iniciativa, es frustrado por la acción de los funcionarios, anclados en normativas enrevesadas destinadas a poner cuantas más trabas posibles a cualquier iniciativa de un ciudadano, se consigue todo menos estimular la ilusión y de aprovechar las capacidades de los ciudadanos, que son al fin y al cabo los que tienen que sacar adelante un país gobernado por una panda de inútiles despilfarradores.

"Por todo ello, para salir de la crisis y asegurar nuevos horizontes de prosperidad y de bienestar, necesitamos unidad, responsabilidad y solidaridad. Estos son los mejores aliados para vencer dificultades y alimentar nuestras esperanzas. Los mismos que han guiado a otros países."

Pues, Majestad, ¡decidselo a Zapatero y sus camaradas. El gobierno socialista se caracteriza por fomentar la desunión de España y de sus ciudadanos, porque anhela recrear una situación como la que hubo en 1936, por ser altamente irresponsable en la administración de los recursos públicos y por ser insolidario con los que realmente crean riqueza. Esta situación lleva a la desesperanza, y por eso mismo muchos optan por abandonar el país.

"Creo que la actual situación ha puesto de relieve lo evidente: de cómo le vaya a España depende cómo le vaya a cada uno de los españoles. Por eso, no caben actitudes individuales ni colectivas de indiferencia o de egoísmo, que a la postre nos dañan a todos."

¿Esto qué quiere decir? Aquí el egoísmo ha sido él del gobierno. El gobierno ha actuado de forma individual y no concertada. Como vaya a cada uno de los españoles depende de cómo le vaya a España, y no al revés, como decís, Majestad. No depende de los individuos cómo le va a ir a su país, depende fundamentalmente de la acción del gobierno nacional y de los gobiernos autonómicos. La Comunidad de Madrid es un buen ejemplo para ver de quién depende la marcha del país, porque a pesar de una política nacional nefasta, el gobierno autonómico ha sabido controlar el gasto y conseguir una actividad económica sostenida, con un incremento del desempleo más atenuado.

Los individuos hacen lo que les dejan hacer. El ciudadano individual no va a actuar pensando en el conjunto de la sociedad en la que vive. Es una estupidez mayúscula lo que decís, y se nota que el discurso lo escribe el gobierno y no la Casa Real, porque el equipo de Zapatero siempre intenta responsabilizar a los demás por los desaciertos de su gestión.

"Nada que valga la pena se consigue sin renuncias y sin entrega. Es preciso fomentar el ejercicio de grandes valores y virtudes como la voluntad de superación, el rigor, el sacrificio y la honradez. Valores y virtudes cuya ausencia no es ajena al origen de la crisis, y que son consustanciales a toda sociedad justa y equitativa."

Promulgación de la Constitución el 6-12-1978
Esta frase da realmente náuseas. ¿Qué virtudes y qué valores? Serán los que no tiene el gobierno - y que no tiene Vuestra Majestad. Porque tener valores es defender la Constitución y el orden constitucional. Voluntad de superación es llamar la atención sobre los ataques a la unidad nacional. Tener valores es decir al gobierno lo que hace mal. - ¿O es tener valor? me parecfe que no tenéis ni valores ni valor, Majestad.

"En definitiva, debemos unir nuestras fuerzas para alcanzar nuevos logros colectivos, con confianza en nosotros mismos y en nuestro país, contando con la acción de nuestras instituciones en el marco de convivencia y estabilidad que asegura nuestra Constitución."

La Constitución no asegura nada, Majestad. Ni siquiera quién la promulgó asegura que sea cumplida. Vuestras instituciones, que administran la justicia en Vuestro nombre, colaboran con aquellos que quieren acabar con la Constitución. En Cataluña no existe ese marco de convivencia y estabilidad. En el país Vasco parece que la situación se ha normalizado un poco, al igual que en Galicia. Pero el riesgo sigue latente. ¿Cómo queréis, Señor, que tengamos confianza en nuestro país si los que deben protegerlo se desentienden de su defensa?

"Todos, empezando por nuestros partidos políticos y agentes económicos y sociales, somos importantes para conjugar voluntades en esta dirección, con generosidad, sentido de Estado y pensando en el interés general."

Claro, todos somos importantes. El jefe de estado es importante, pero destaca por no tener ningún papel relevante. Está visto que no existe generosidad para aunar voluntades y para pensar en el interés general, Majestad.

"Quiero reiterar esta noche que el terrorismo solo suscita condena y repudio en cuantos defendemos la libertad y la democracia. No nos debe faltar determinación para acabar con esta lacra. Honremos y arropemos con todo nuestro cariño y solidaridad a las víctimas de la violencia terrorista y a sus familias."

Como el gobierno, más solidario con los terroristas que con las víctimas. Las víctimas no interesan ya ni a la oposición. No existe una determinación a la hora de acabar con los terroristas. La mejor prueba es que el gobierno sigue negociando con ETA y hace concesiones a sus presos.

"Por otro lado, continuemos prestando la máxima atención a los excluidos y marginados, trabajando por la igualdad de oportunidades y en apoyo de los discapacitados. Redoblemos asimismo esfuerzos para combatir las drogas y terminar con la inaceptable violencia de género. Y por supuesto, cuidemos más nuestro entorno natural."

Me pregunto qué tiene que ver el entorno natural con problemáticas sociales como la marginación y la violencia de género. Esa frasecita es todo lo que tenéis que decir sobre un enotorno natural cada vez más deteriorado en España, especialmente en las costas y en la sierra madrileña. Unir tantos temas diferentes en una misma frase ilustra lo poco relevante que parecen ser estos asuntos.

"Nos jugamos mucho a diario en el mundo complejo y competitivo en que vivimos. Por eso tenemos que defender el papel y los intereses de España en el plano internacional y mantener nuestros compromisos con la paz y el desarrollo de muchas naciones necesitadas. En este marco dirijo mi gratitud y afecto, a los miembros de nuestras Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad desplazados en otros países, que han sufrido la pérdida de compañeros que permanecen en nuestro recuerdo."


SS.MM. los Reyes en Bulgaria en 1991. ¡Qué tiempos aquellos!
Como si el despilfarro que supone la presencia militar en zonas geográficas con las que no tenemos nada que ver mejorase nuestro papel en el mundo. ¿Cuál es el desarrollo que experimenta Afganistán desde que España y Europa tienen tropas destinadas allí? ¿Se justifica perder soldados en un país en guerra que aumenta su producción de opio gracias o a pesar de nuestra presencia militar? El papel de España en el exterior debería otro muy diferente, y sobre todo no debería centrarse en dictaduras comunistas amigas del gobierno socialista.

"Pero el año 2010 nos deja también alegrías, realizaciones y esperanzas, incluidos numerosos triunfos inolvidables en la historia de nuestro deporte. ¡Estoy convencido de que 2011 nos aportará nuevos éxitos y avances en muchos campos!"

Pues qué bien, como si los triunfos deportivos arreglasen algo en nuestro país. Por ahora nos espera un éxito destacable: la quiebra del estado al no poder pagar sus deudas con nuevas emisiones de bonos invendibles.

"He contado siempre, y muy especialmente este año, con el afecto de los españoles y con el activo apoyo del Príncipe de Asturias. Al expresar mi agradecimiento quiero, una vez más, asegurar que sigo y seguiré cumpliendo siempre con ilusión mis funciones constitucionales al servicio de España. Es sin duda mi deber, pero es también mi pasión."

Espero que no os equivoquéis. Las cuotas de pantalla de Vuestro mensaje de Navidad demuestran que ese afecto y apoyo está menguando. Espero que aprendáis de ello, porque con discursos tan aburridos y vacuos no vaís a mejorar el interés que tengan los españoles por lo que decís. Es lo que tiene rodearse de republicanos y hacerles la pelota.

"Quiero terminar reiterando mi plena confianza en España y en nuestros ciudadanos. Confianza en nuestra capacidad y fortaleza para dejar a nuestros hijos y nietos un país cada vez mejor, con mayor prosperidad en cada pueblo, ciudad y Comunidad Autónoma. En suma, plena confianza en que seguiremos progresando."

Un país que por ahora va cada vez peor, quedando para los nietos la ruina del estado, del sistema de pensiones y la poca esperanza de encontrar empleos bien pagados y estables. Confianza es buena, control es mejor. Controlad al gobierno y a las instituciones, para empezar, y luego exigid que hagan lo que tienen que hacer para que este país pueda tener un futuro, que según las palabras del propio primer ministro Zapatero tardará al menos cinco años en recuperarse. Y si lo dice Vuestro amigo bolchevique, habrá que añadir tres años más.

Así que, ¿a quién le va a interesar lo que diréis las Navidades de 2011? Seguramente, la audiencia bajará en un millón de espectadores.



24 diciembre 2010

Mensaje de Navidad de Su Majestad el Rey de España


¡Buenas noches! Quiero que mis primeras palabras sean para transmitir de corazón a todos los españoles mis mejores deseos de paz, prosperidad y felicidad en estas Fiestas Navideñas y para el Año Nuevo 2011.

Llegamos al final de un año difícil y complejo, marcado por una crisis económica, en España y en otros países, más larga e intensa de lo esperado. En nuestro caso ha puesto de manifiesto desequilibrios y deficiencias estructurales que hemos de resolver juntos con eficacia y prontitud.

Lo más doloroso es que ha golpeado a tantos hombres y mujeres que han sufrido -en su propia carne o en sus familias- la pérdida de empleos. Los parados concentran nuestras preocupaciones; son una prioridad insoslayable. La sociedad española no puede dejar que, especialmente, tantos jóvenes carezcan por más tiempo de un trabajo.

Pienso asimismo en quienes han tenido que cerrar comercios, talleres o negocios. En todas las personas que han asumido grandes sacrificios y esfuerzos a lo largo de este año: trabajadores asalariados, autónomos, profesionales, empresarios, pensionistas o funcionarios. Todos ellos merecen nuestro más amplio respaldo. Sus múltiples desvelos diarios y los de millones de familias, cuentan con nuestra mayor gratitud pues contribuyen al bien de todos.

La crisis ha requerido la adopción de importantes decisiones por parte de nuestros poderes e instituciones públicas a todos los niveles. A escala europea ha exigido concertar nuevas iniciativas. Pese a ciertos signos alentadores, todavía no se ha logrado una plena estabilización y recuperación internacional.

Es preciso seguir adelante con empeño, ganar la batalla al paro con decisión, constancia y firmeza; mejorar en productividad y competitividad, en educación e innovación; y volver a situar a nuestra economía con visión de futuro en el pelotón de cabeza, manteniendo nuestra protección y cohesión social.

Sin un crecimiento adecuado no crearemos empleo. Y para crecer como necesitamos, debemos proseguir y abordar juntos las reformas necesarias, cumpliendo además nuestros compromisos en materia presupuestaria y de déficit. Se trata de modernizar nuestro modelo productivo y de generar mayor confianza para reactivar nuestra economía, proyectando al mundo nuevos ejemplos de vitalidad y de impulso como sociedad.

Pudimos salir con éxito de anteriores crisis económicas. Disponemos de las condiciones y de los instrumentos necesarios para lograrlo de nuevo.

Somos una gran Nación, orgullosa de su pluralidad y diversidad, integrada en la Unión Europea con la que estamos comprometidos y por la que siempre hemos apostado. Un país de personas laboriosas y creativas, con una juventud espléndida, un inmenso y variado patrimonio cultural, modernas infraestructuras y muchas empresas punteras a escala internacional. La misma España que ha sido capaz de progresar y de superar con éxito muchas pruebas.

No hemos llegado hasta aquí para dejarnos vencer por las dificultades, para renunciar a nuestras ambiciones de construir un país cada vez mejor.

Debemos desterrar el desánimo, levantar la cabeza, aunar esfuerzos y continuar la faena, conscientes de lo que somos, de lo que ya tenemos y de lo que podemos avanzar.

Los nuevos tiempos requieren grandes compromisos por parte de todos. Si queremos ganar el futuro, debemos mirar más allá, estimular ilusiones y fortalecer capacidades, sabiendo que juntos llegaremos siempre más lejos.

Por todo ello, para salir de la crisis y asegurar nuevos horizontes de prosperidad y de bienestar, necesitamos unidad, responsabilidad y solidaridad. Estos son los mejores aliados para vencer dificultades y alimentar nuestras esperanzas. Los mismos que han guiado a otros países.

Creo que la actual situación ha puesto de relieve lo evidente: de cómo le vaya a España depende cómo le vaya a cada uno de los españoles. Por eso, no caben actitudes individuales ni colectivas de indiferencia o de egoísmo, que a la postre nos dañan a todos.

Nada que valga la pena se consigue sin renuncias y sin entrega. Es preciso fomentar el ejercicio de grandes valores y virtudes como la voluntad de superación, el rigor, el sacrificio y la honradez. Valores y virtudes cuya ausencia no es ajena al origen de la crisis, y que son consustanciales a toda sociedad justa y equitativa.

En definitiva, debemos unir nuestras fuerzas para alcanzar nuevos logros colectivos, con confianza en nosotros mismos y en nuestro país, contando con la acción de nuestras instituciones en el marco de convivencia y estabilidad que asegura nuestra Constitución.

Todos, empezando por nuestros partidos políticos y agentes económicos y sociales, somos importantes para conjugar voluntades en esta dirección, con generosidad, sentido de Estado y pensando en el interés general.

Quiero reiterar esta noche que el terrorismo solo suscita condena y repudio en cuantos defendemos la libertad y la democracia. No nos debe faltar determinación para acabar con esta lacra. Honremos y arropemos con todo nuestro cariño y solidaridad a las víctimas de la violencia terrorista y a sus familias.

Por otro lado, continuemos prestando la máxima atención a los excluidos y marginados, trabajando por la igualdad de oportunidades y en apoyo de los discapacitados. Redoblemos asimismo esfuerzos para combatir las drogas y terminar con la inaceptable violencia de género. Y por supuesto, cuidemos más nuestro entorno natural.

Nos jugamos mucho a diario en el mundo complejo y competitivo en que vivimos. Por eso tenemos que defender el papel y los intereses de España en el plano internacional y mantener nuestros compromisos con la paz y el desarrollo de muchas naciones necesitadas. En este marco dirijo mi gratitud y afecto, a los miembros de nuestras Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad desplazados en otros países, que han sufrido la pérdida de compañeros que permanecen en nuestro recuerdo.

Pero el año 2010 nos deja también alegrías, realizaciones y esperanzas, incluidos numerosos triunfos inolvidables en la historia de nuestro deporte. ¡Estoy convencido de que 2011 nos aportará nuevos éxitos y avances en muchos campos!

He contado siempre, y muy especialmente este año, con el afecto de los españoles y con el activo apoyo del Príncipe de Asturias. Al expresar mi agradecimiento quiero, una vez más, asegurar que sigo y seguiré cumpliendo siempre con ilusión mis funciones constitucionales al servicio de España. Es sin duda mi deber, pero es también mi pasión.

Quiero terminar reiterando mi plena confianza en España y en nuestros ciudadanos. Confianza en nuestra capacidad y fortaleza para dejar a nuestros hijos y nietos un país cada vez mejor, con mayor prosperidad en cada pueblo, ciudad y Comunidad Autónoma. En suma, plena confianza en que seguiremos progresando.

¡Muy feliz Navidad y Año Nuevo 2011, en nombre propio y de mi Familia, a todos los españoles y a cuantos extranjeros viven con nosotros!

Buenas noches. 


22 noviembre 2010

Trigésimo quinto aniversario de la Proclamación de Su Majestad el Rey de España Don Juan Carlos I

Hoy se cumplen treinta y cinco años de la Proclamación de Don Juan Carlos I como Rey de España, un aniversario que debería dar lugar a muchas celebraciones y a exposiciones sobre la evolución del Reino de España en estos siete lustros de historia.

Todos sabemos que el actual titular de la Corona de España llegó a ocupar el Trono por las complicadas maniobras del régimen franquista de asegurar una transición pacífica a un nuevo orden democrático, que el mismo General Franco consideró ineludible, aunque no cabía en su propia mentalidad política, y de enlazar el nuevo orden político en España con la legitimidad histórica de la Monarquía aún saltándose lo más importante en toda sucesión legítima al trono, ya que el titular verdadero de los derechos dinásticos y, por tanto, históricos fue Su Alteza Real Don Juan de Borbón, Conde de Barcelona, quien heredó la sucesión al trono de su augusto padre Don Alfonso XIII tras la renuncia primero del primogénito Don Alfonso y del segundo en la línea de sucesión, Don Jaime, por incapacidad para ejercer como príncipe heredero y eventual rey.

La situación en 1975 era lo bastante complicada como para replantear, tras la muerte del dictador, el aceso al trono previa renuncia por parte de Don Juan Carlos I a favor de su augusto padre. Los apoyos por parte del régimen franquista, que ostentaba el poder en España en aquel momento y que sólo aceptaba la sucesión en la jefatura del estado por haber sido una decisión del General Franco en 1969, eran muy precarios. Don Juan, por su parte, había reunido a su alrededor la oposición al franquismo en el exilio y defendía un restablecimiento de la democracia en contra de los criterios de Franco, lo que supuso para él ser excluido de la sucesión pudiendo sólo asegurar que su hijo Don Juan Carlos fuera formado en España para ser el sucesor definitivo de Franco, después de que el general jugara con la posibilidad de recurrir al Duque de Cádiz como alternativa a la línea de Don Juan.

Sea como fuere, en 1975 había que aceptar lo decidido por el que fuera jefe de estado y dictador durante cuarenta años con tal de salvar la Monarquía -restaurada ya nominalmente en 1947 bajo la regencia de Franco- y la transisicón pacífica, de modo que Don Juan Carlos I fue la solución de consenso de toda la clase política.

El resultado fue una época de cambios políticos ilusionante y bastante ordenada, dirigida por Adolfo Suárez, seguramente el hombre que en aquel momento supo hacer lo  más correcto o adecuado y asegurar la cooperación de todos los grupos políticos relevantes, aunque hoy en día se ve con más claridad que también cometió muchos errores. Pero a posteriori siempre es fácil criticar lo que en su día se consideraba un gran logro, y tampoco dependía todo de una sola persona, sino de muchos factores e intereses contrapuestos.

Quizás lo más criticable desde el punto de vista monárquico es que el Rey cediera en exceso prerrogativas que debería haber reservado, si no a la Corona, sí al menos a instituciones independientes para asegurar que los límites entre los poderes del estado no fueran transgredidas y que la Corona pudiese en todo momento velar por el máximo respeto a dicha separación de poderes. Porque hoy en día es un hecho que la separación de poderes no existe, precisamente porque la Constitución carece de mecanismos que la aseguran.

La Constitución en sí misma es resultado del consenso entre los más diversos grupos de interés y se elaboró con esta dificultad con la mejor de las intenciones. Pero querer complacer a todos conlleva los defectos intrínsecos de la misma. No vale con copiar modelos constitucionales de otros países, como la Ley Fundamental de la República Federal de Alemania y su sistema de estados federados convertido en España en él de comunidades autónomas, ambos técnicamente muy similares, pero de hecho muy defectuoso de partida por el concepto de la asimetría entre ellas, algo que no ocurre con los estados federados alemanes. La concesión excesiva a los intereses regionalistas en España llevó a lo que hoy destaca como principal fallo del sistema autonómico: un sistema  pseudofederal con demasiadas autonomías, descoordinación legislativa, exceso de competencias autonómicas que prevalecen sobre las del estado, coste desproporcionado de las administraciones autonómicas y despilfarro por una mentalidad irresponsable de la clase política española anclada en el siglo XIX y alejada del ciudadano que tiene que pagar los excesos de sus gobernantes.

Los treinta y cinco años de Monarquía Parlamentaria y Constitucional deberían ser la culminación de la democracia consolidada, una mentalidad democráctica, plural y respetuosa con todos, una sociedad cosmopolita, moderna y orgullosa de  las particularidades regionales sin caer en el extremismo nacionalista, es decir,  lo suficientemente racional y responsable para no permitir atropellos de la libertad individual por el fanatismo de políticos provincianos encerrados en un nacionalismo regionalista irreal, surrealista y peligroso para la convivencia pacífica de los ciudadanos españoles.

La democracia española y su régimen constitucional sufren hoy el mismo deterioro que la salud de Su Majestad el Rey, que en vísperas del trigésimo quinto aniversario de su proclamación no ha tenido reparos a la hora de recompensar la ineptitud de ministros que nada han hecho por el país concediéndoles altas distinciones de la Monarquía, debido a que cumple "órdenes" el presidente del gobierno y a que ni siquiera en esta materia reservó en su día alguna discrecionalidad a la Corona. Premiar la ineptitud de ministros con una gestión desastrosa es un acto poco enaltecedor del papel de la Corona en un país donde todo el poder parece estar en manos de un ejecutivo que no muestra ni el más mínimo respeto a la separación de poderes. El Rey no es responsable de actos que le impone el régimen constitucional, pero aún así es moralmente responsable por haber manifestado Su Real Aprecio a personas que nada han contribuido a la prosperidad del Reino de España.

Si los primeros lustros de la democracia que trajo Su Majestad el Rey a España fueron años de ilusión y de renovación, los últimos siete años han sido los de un deterioro sin precedentes de un régimen democrático, con una fuerza centrífuga cada vez más pronunciada, de una pérdida de garantías constitucionales, con opresión totalitaria de partes de la población en función de su lengua vehicular -que no es otra que la lengua oficial de todo el Reino de España- unida a todo tipo de vejaciones y limitaciones que su persecución supone, así como de un deterioro económico en todo el país y una política exterior nefasta como consecuencia -ante todo- de una gestión política irresponsable y la falta de voluntad de ver la realidad como es y no como algunos quieren que fuera, siendo, al parecer, más importante dedicarse a cuestiones ideológicas irrelevantes para poner a la sociedad patas arriba sin solucionar problemas reales como el desempleo y sin garantizar una convivencia pacífica en el respeto a una historia común que no cambiará por mucho que se intente manipular.

Este trigésimo quinto aniversario de la proclamación es, por ende, un motivo de preocupación más que un momento de alegría, ya que la aparente falta de preocupación de la Corona por el orden constitucional y político no favorece en absoluto la adhesión ciudadana a la forma de estado, porque especialmente en momentos de crisis lo que cuenta son los hechos, no los entramados legales que el ciudadano a pie no entiende.

Sea esta conmemoración a la vez una llamada a Su Majestad el Rey de preocuparse más por su pueblo para que su mensaje sea claro, decidido e independiente del ejecutivo a la hora de velar por el sentido de la responsabilidad de sus gobernantes.

¡Viva el Rey!
¡Viva la Monarquía!
¡Viva España!




12 octubre 2010

La Hispanidad, una fiesta nacional a la deriva


Hoy España ha celebrado su fiesta nacional, el Día de la Hispanidad. Pero ni la Hispanidad ni España son lo que eran. La nación española casi sólo existe ya cuando juega la selección nacional de fútbol, y ni siquiera ésa se puede seguir tranquilamente en toda España. Porque hay regiones cuyos mandatarios y una minoría relativa consideran que son naciones y tienen derecho a ser independientes, mientras que niegan el derecho a los demás ciudadanos de sus regiones a identificarse con la nación española.

España tiene una enseña nacional introducida por el Rey Carlos III, por cuestiones prácticas y no ideológicas. La verdad que en aquel entonces no existían las ideologías como las conocemos hoy. Y los colores usados son los de la bandera del Reino de Aragón, una de las dos Españas. Pero curiosamente, la bandera causa urticaria a esos nacionalistas, tan excluyentes ellos, inmersos en sus fantasías de reinos de taifas con una historia inventada.

España y la Hispanidad en cierto modo se caen a trozos entre el zarandeo al que se somete por nacionalistas e indigenistas. Aquí niegan la historia y la lengua, allá niegan la herencia consistente en que son fruto de una nación que antaño era grande y que hoy no es nada.

En ambos lados gobiernan patanes, incultos, ingnorantes e insensatos. Sienten morbo enfermizo viendo como se destruye la nación que deben gobernar y denegando de una historia común que deberían honrar. Para ellos lo que cuenta son sus ideologías, trasnochadas, caducas y superadas por la realidad, que imponen con entusiasmo a todos sin importar los deseos de la mayoría.

En ambos lados -España y América- no quedan grandes políticos ni intelectuales que sepan guiar a sus naciones y que sepan apreciar el bien común de la lengua, de la cultura y de la historia. Lo que es la cerca al español y a lo español en España, en América es la anglicanización del idioma y la expansión de modos de vida estadounidenses mezclados con costumbres indígenas un tanto dudosas, pero también la barbarización de los gobiernos, dominados por la incultura, la ignorancia, el fanatismo y la ineptitud. Y lo peor de todo es que los pueblos se dan estos gobernantes que luego les subyugan, expolian y oprimen, sumiéndolos en la miseria económica, social y cultural.

Esa misma miseria acecha a España, cada día más descompuesta política y económicamente. Lo que podía convertirse en una potencia económica industrializada se va quedando en precario, con la deslocalización del tejido productivo, la reducción a un destino turístico muchas veces de baja calidad y una sociedad que vive cada vez más de los servicios, mientras que importa bienes de Asia que antes producía en su mismo territorio.

Las fuerzas armadas, que marcan el Día de la Hispanidad con su desfile, también están en un estado lamentable. Una gran parte de sus efectivos prestan servicios en el exterior para garantizar intereses hegemónicos y económicos de potencias mayores en tierras lejanas, y no precisamente para proteger nuestro país y nuestra democracia - que es lo que nos intentan vender.

Son las fuerzas armadas de la indefensión y de la claudicación, porque si pasara algo grave, sería difícil tener todos los efectivos listos para actuar. Están lejos, y su lejanía nos deja indefensos.

¿Qué es, entonces, lo que se puede celebrar un día como hoy? En realidad, la Familia Real y los soldados deberían ir de luto, porque están a merced de un gobierno que trabaja constante y arduamente en la destrucción de la nación que hoy celebra su gran día. El desmontaje del orden constitucional es evidente, y la debilidad de las decisiones del Tribunal Constitucional no mejoran la situación.

No ha sido una fiesta memorable, por muy bien que se haya organizado el desfile. Con un  Rey decrépito como su nación, cumpliendo con su deber entre abucheos al presidente del gobierno, seguramente fuera de lugar al menos durante el acto en memoria a los caídos en misiónde guerra llamada humanitaria y de paz, este Día de la Hispanidad no ha tenido el brillo que debería tener. Porque España es una nación enferma y decrépita gracias a la mala gestión de sus gobernantes, que causan bochorno cada vez que salen a la calle.

Es evidente que el gobierno de España ha llegado a su fin. La situación aconseja adelantar las elecciones. La duda que queda es si Rajoy será el hombre adecuado para reconducir la situación del país, ya que la indecisión y la indefinición son lo último que necesitamos.
¡Viva España! ¡Viva el Rey! - ¿O habrá que decir: Ojalá sobrevivan España y el Rey a lo que se avecina?

30 agosto 2010

Chacón acaba con el chapiri - España pierde otra seña de identidad

El Chapiri de la Legión
El nombramiento de esta ministra de defensa fue una afrenta en toda regla a todo el estamento militar y la imagen de seriedad de España en el mundo. No sólo eso. Nombrar a una "miembra" del PSC, un partido claramente nacionalista catalán, dejaba claro lo que le espera a las Fuerzas Armadas con este gobierno de Zapatero: Su destrucción total como símbolo de la preservación de la unidad de España. La gestión de Chacón ha sido impecable en la consecución del objetivo perseguidopor el peor de todos los presidentes de gobierno de España.

Está clarísimo que la Legión para este gobierno antiespañol y pronacionalista supone una espina en el costado izquierdo de cualquier bolchevique de pro, y la Chacón no ha tardado en ir desmontando a un cuerpo de élite tan admirado por los españoles por su valentía, su porte y su particular vestimenta y forma de marchar. Y lo que gusta a los españoles no gusta a los socialistas del PSOE y mucho menos a los nacionalistas-separatistas del PSC.

Legionario con Chapiri
Se trata de un nuevo capítulo de la política de “de adaptación y mejora” del Cuerpo de la Legión, tal y como lo definió el año pasado el Teniente general Virgilio Sañudo, jefe de la Fuerza Terrestre. El Ministerio de Defensa y el Estado Mayor del Ejército de Tierra van a sustituir el ‘chapiri’ legionario por boinas de color granate, “similares a las que llevan los cadetes de la Academia General Militar”. Adaptación y subyugación, diría yo. Este gobierno acaba con todo lo que toca, y la mejora debe ser algo que no sabe muy bien lo que viene a ser.  Según confirman a El Confidencial Digital mandos de esta unidad militar, esta decisión se circunscribe en primera instancia a las misiones internacionales en las que participe la Legión, como Afganistán o Líbano. La nueva indumentaria entrará en vigor a partir de 2011, tal y como confirman estas fuentes.

La segunda parte del plan de destrucción avanzada de la Legión, que aún está en fase de debate, contempla la desaparición del ‘chapiri’ de toda la Legión. “Primero habrá que comprobar cómo reaccionan los legionarios, ya que el chapiri es una seña de identidad y tradición y puede causar mucho malestar”, concluyen fuentes militares conocedoras de este proyecto. Pero la intención del Ministerio de Defensa es ir adaptando la estética de este cuerpo a los nuevos tiempos. Pero crear malestar es lo que le mola a Zapatero y sus miembras del gobierno, y si se causa a los que sienten España, mejor que mejor.
Hace menos de un año, El Confidencial Digital publicaba en exclusiva la nueva ordenanza sobre aspecto físico impuesta a los legionarios, que ponía coto a las barbas frondosas, las patillas largas y las camisas abiertas dejando ver el pecho, características propias de estas unidades. La normativa levantó un gran revuelo, e incluso hubo quien se negó a acatarla y fue necesario aplicar herramientas informáticas para que se le permitiese renovar su carnet militar.


Millán Astray
El chapiri, la prenda legionaria por excelencia, está inspirado en los antiguos gorros de cuartel usados por las tropas de Isabel II. Su implantación en la Legión hay que atribuirla a su fundador, Millán Astray, quien definió al chapiri como el gorro “clásico y castizo, que tiene un especial atractivo, es gracioso, airoso y muy marcial. Es, desde luego, infinitamente más estético que los botones circulares: Es el que caracteriza a los Legionarios”.

¿Y qué dice Su Majestad el Rey a todo esto? Al fin y al cabo es Capitán General de los tres ejércitos y encarna la esencia de España. Seguramente no dirá nada, como siempre en estos asuntos españolísimos, como tampoco toma cartas en asuntos como la represión lingüística en Cataluña y la prohibición de la tauromaquia en dicha comunidad autónoma. En realidad, ante la omisión por parte de las instituciones del estado, sólo el Rey podría impedir que este gobierno acabe uno a tras otro con los símbolos de España. No en vano Zapatero fue pillado en el Congreso escribiendo Expaña. Y el Rey tuvo razón al decir que Zapatero sabe muy bien lo que hace. No me cabe ninguna duda. Lo que me preocupa es la inacción del Rey ante lo que hace Zapatero.


22 febrero 2010

Mucho ruido y pocas nueces

La pitada a Sus Majestades los Reyes de España con motivo de su asistencia a la final de la Copa del Rey de baloncesto entre el Regal FC Barcelona y el Real Madrid, en el Bizkaia Arena de Barakaldo, constituye un hecho lamentable que en absoluto es representativo para el sentir general del pueblo español respecto de su Monarquía, a parte de ser una muestra de falta de respeto hacia la persona que da nombre a dicho trofeo deportivo.

En los últimos años asistimos a una creciente politización de los clubes deportivos en España que, como en el caso del FC Barcelona son utilizados por sus dirigentes para apoyar a corrientes ideológicas concretas, cuando el deporte y sus organizaciones son y deberían seguir siendo compoletamente ajenos a las ideas políticas.

Utilizar un acontecimiento deportivo para manifestaciones de grupos minoritarios contrarios a la forma de estado actual de España es una característica sobre todo de organizaciones radicales que de esta forma quieren dar la impresión de ser representativos y manipular así la opinión pública a favor de sus posiciones, igual que ocurrió recientemente con las consultas populares ilegales celebradas con escaso éxito en varios municipios catalanes y para que tuvieran más participación de la real permitieron votar a inmigrantes y menores de edad.

S.M. el Rey de España es también el Rey de los vascos, y como tal debería ser recibido y respetado en dicha Comunidad Autónoma. La politización del acto deportivo constituye un hecho al que, por otra parte, no se debería dar mayor importancia, pues se trata de grupos aislados que cuando tienen que recurrir a procedimientos democráticos legales no tienen nunca la repercusión que buscan obtener acaparando de esta forma la actualidad informativa. Pero muchos medios de comunicación parecen tener un interés exagerado en resaltar incidentes irrelevantes que no se distinguen en nada de otros incidentes del pasado protagonizados por grupos de ultras sin que puedan ser considerados como un sentir generalizado de toda la afición reunida en los estadios y mucho menos aún de todo un pueblo.

Tal vez no sea sino un síntoma de que las cosas están cambiando en el País Vasco y que la pitada a los Reyes sólo es un intento desesperado de los radicales de hacerse ver y oír sin que tengan realmente nada que hacer desde sus posiciones independentistas. Y por otra parte, es otra contribución más a deteriorar la de por sí ya deteriorada imagen de España en el exterior, porque de seguro el espectáculo ha sido retransmitido en más de un telediario extranjero.

12 febrero 2010

S.M. el Rey cumple por fin con su papel

El Rey ha emprendido en estos días una ronda de contactos con diversos representantes del mundo económico, financiero, empresarial y laboral con el objetivo de reiterarles su deseo de que se esfuercen por alcanzar consensos y acuerdos para superar dificultades y asegurar el mayor progreso y la prosperidad de España, ha informado la Casa Real.

Ayer fue la vicepresidenta segunda del Gobierno, Elena Salgado Méndez, quien fue recibida por Su Majestad el Rey, y hoy han sido los representantes de los dos principales sindicatos, la Unión General de Trabajadores, Cándido Méndez, y de Comisiones Obreras, Ignacio González Toxo, quienes acudieron a ser recibidos en audiencia por Su Majestad el Rey.

Ambas audiencias se producen en una semana llena de importantes noticias en torno a la superación de la crisis económica. Todas las Instituciones y distintas fuerzas políticas, económicas y sociales se afanan por hallar salidas a la crisis y lanzar un mensaje tranquilizador sobre la economía española ante los mercados internacionales.

Ante esta ronda de contactos ha quedado patente la incapacidad del gobierno presidido por Rodríguez Zapatero se encontrar soluciones prácticas a la crisis económica y el menguante papel de España en Europa y en el mundo. Como es habitual, las actividades de S.M. el Rey se califican como habituales en el marco de las funciones del Rey, entre las cuales se encuentra la de estar permanentemente informado de todos los asuntos relevantes que afectan al país. Pero es bastante llamativo que la reacción del gobierno es la misma que la que tuvo a finales del año pasado en el caso de la activista saharaui Haidar.

Así es que ha salido a la palestra Madame Plissé, María Teresa de la Vega, para insistir en que las reuniones que ha convocado Don Juan Carlos en La Zarzuela son de carácter "institucional y habitual"y se enmarcan en el cumplimiento de las funciones del Rey, con lo que la Vicevogue ha querido despejar la impresión de que ante los graves problemas económicos y las profundas diferencias que existen entre el Gobierno y el primer partido de la oposición, el Rey haya tomado la iniciativa asumiendo un papel de árbitro e incluso de facilitador de acuerdos. "Lograr un acuerdo, ha recalcado la vicepresidenta, es responsabilidad del Gobierno".

Y muchas cosas más, Señora Arrugas, muchas más, pero ninguna es ejercida realmente por el gobierno. Dijo también que "el Gobierno siempre se ha mostrado dispuesto al consenso y al diálogo" y ha cargado la culpa de la falta de acuerdo en el terreno económico exclusivamente sobre las espaldas del PP. "Hasta ahora", ha dicho, "no ha habido por su parte ni voluntad política ni responsabilidad".

Eso es el tono general de palabrería hueca del gobierno socialista. Una cosa es dialogar y consensuar, y otra muy distinta imponer un discurso y un consenso, porque lo que desde siempre ha pretendido el Gabinete Zapatero es que el consenso y el diálogo sean los que el gobierno quiera, no que el resultado sea  que todas las partes cedan para buscar una solución común y compartida a los problemas. 

Dada la gravedad de la situación, si tenemos en cuenta las duras críticas que ha recibido la presidencia europea de Zapatero por parte de Alemania y Francia y la reciente cumbre sobre la situación de Grecia, en la que se destacó también la grave situación de España y Portugal, parece evidente que el gobierno ha perdido las riendas.

Que S.M. el Rey haya decidido buscar un consenso entre los diferentes grupos políticos resulta acertado y convincente, aunque a la vez preocupante, porque demuestra que el ejecutivo no está en condiciones de encontrar soluciones para contrarrestar los efectos de la crisis económica.

Un indicio claro de esta situación de gravedad son las últimas valoraciones de la prensa británica, que incluso no ha dudado en calificar a Zapatero de inmaduro.

La amplia experiencia de S.M. el Rey acumulada especialmente durante la transición, es un gran valor al que no debemos renunciar. En una situación de impasse lo que hace falta es que el Rey se implique en la defensa de los intereses de España y del pueblo español.

Recientemente se había criticado la pasividad del Rey ante problemas como el Estatuto catalán, la libertad lingüística y su actitud en algunos asuntos de relaciones internacionales. Pero resulta alentador que S.M. el Rey haya pasado a tomar la iniciativa para saber de primera mano lo que piensan los diferentes grupos sociales y políticos del país e intentar buscar una solución de consenso en la que se impliquen todos para garantizar que España pueda salir cuanto antes de la crisis económica. 

Hemos aquí una actuación ejemplar del “poder moderador de la Corona”, un poder más moral que efectivo, pero que sirve para aunar esfuerzos y encauzar las iniciativas políticas, económicas y sociales en la buena dirección.