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18 enero 2011

Humo ¿para quién? ¿para qué?


La Ley del Tabaco, como se llama popularmente la nueva ley de prohibición total del consumo de tabaco en lugares públicos cerrados, trae cola - o mejor dicho: humareda.

Se quejan los hosteleros de que van directamente a la ruina a causa del efecto de la prohibición de fumar. Algunos invierten en servicios complementarios como estufas de butano al aire libre, mantas, cubiteras para fidelizar a los clientes que se van a la calle a fumar. Y a molestar al vecindario. Otros tiran la toalla, como ese furbolero del bombo, que tiene un bar, y ese bar sólo funciona si los forofos de la pelota pueden fumar mientras beben. El negocio será de los ayuntamientos a base de multas - por ruidos, colillas en las calles y... ¡humo de tabaco que sube por las fachadas!

Quizás sea más por la cuesta de enero, que este año parece una pared vertical de alta montaña que debe ser escalada con equipo del siglo XIX. 

Los clientes menguan en todas partes. Basta con ir a un supermercado y ver las ofertas: Segunda unidad al 70%. ¡Vaya ganga! Pero no hay ni pavos. O se los han comido todos en Navidades o los han retirado del mercado por estar contaminados de dioxina. La cosa es que no hay ni uno. Y eso que iba a aprovechar los precios postnavideños para preparar un buen fricasé de pavo.

Sea como fuere, la economía va muy mal. Alguna caja catalana empieza a apretar, en vísperas de su ruina causada por una gestión socialista, para sacar los cuartos a sus clientes españoles fuera de Cataluña imponiéndoles seguros de vida a cambio de servicios que debería prestar de todas formas. La pela es la pela, aunque se llame ebro. Pero el Ebro ya fue obstáculo en otros tiempos. Ejem.

Quizás no sea tanto el tabaco que no se puede fumar, sino que sean los precios de las copas. Porque pagar 7 ebros en un garito normalito por un cubata no tan libre también es un criterio de reflexión. Y no todos son catalibanes pelateros. Digo.

Lo del fumar se va a acabar. En otros países fumatas, donde se atrevieron antes a prohibir totalmente el consumo de las hierbas secas adulteradas, el efecto dejó de ser tal después de un tiempo. Al fin y al cabo, la gente lo que quiere es socializar y beber. Si tiene que fumar en la calle, ya se acostumbrará. Incluso se acostumbrará a disfrutar de la ropa no apestando a humo de tabaco y de charlar con los amigos sin que le echen a uno el humo mientras hablan. Y los besos saben mejor sin tabaco, oye.

Ahora salen otra vez con los estudios científicos. Pero hay científicos para todos los gustos. Los científicos también quieren vivir - y por tanto se venden al mejor postor. No todos, claro. Pero algunos sí. Y cuanto más viejos y más catedráticos, más. Al fin y al cabo, un título vende. Sea académico o noble. Todo depende del momento y de la parte interesada.

No han faltado estudios que dicen que no es malo fumar de dos a tres pitillos al día, especialmente cuanto más avanzada sea la edad, no por hacer un favor a la seguridad social, sino porque mantiene la mente ágil. En cualquier caso, hay personas que toleran bien el tabaco y otras no. Algunos llegan a 90 años fumando y maldiciendo, y otros se mueren antes sin haber fumado ni bebido ni ná de ná. Hay pueblos longevos que beben mucho alcohol, y otros no lo toleran tanto.

Los estudios pueden ser discutibles, y muchos científicos se venden a quien tenga interés en sacar una noticia. Unas veces dicen que el café es malo, otras que es buenísimo. Follar también puede ser malo según con quién y en qué condiciones. ¿Será más feliz el que haya follado pillando una sífilis? Todo depende.

Lo que está claro es que fumar mucho deja los pulmones negros y causa muchas enfermedades. Estoy de acuerdo con la prohibición, aunque me parece inoportuna en los tiempos actuales. Las medidas educativas pueden esperar algo más, tal como va el país. Deberían haber dejado la solución anterior de espacios para fumadores hasta que se resolviera la crisis económica, porque se ve que por ahora el efecto de la nueva ley es desastroso para los bares. Se pasa de una permisividad a un prohibicionismo casi como en el Chicago de los años veinte. 


Pronto habrá garitos secretos donde fumar, beber y bailar, llegará la policía y los encerrará a todos, volverán los grises pegando palos, esta vez a los fumadores, crearán gulags para la reeducación. Antes el estado llevaba el negocio del tabaco, ahora se convierte en sobreprotector-opresor. 


Casi es como con la ortografía: hoy se permiten cosas que hace 20-30 años habrían supuesto el suspenso. Pasamos de un extremo a otro. La escala de valores empieza a tambalearse, porque ya no sabemos lo que es bueno y lo que es malo. Todo depende de lo que diga la autoridad, porque todos somos contingentes. 

Mientras, disfrutamos de los amaneceres, porque lo mismo nos quedan pocos. Amanece, que no es poco. Pero cada día amanece más oscuro y el futuro se presenta más negro. El socialismo no es rojo, ¡es negro! Negro como los pulmones de un fumador en cadena. Es el pulmón de España. El pulmón negro como el alma de José Luis. Negro como el betún. Betún que nos echarán como a los ladrones en la edad media para emplumarnos después. Es la progresía negra del socialismo. Tinieblas que se levantan más pesadamente cada mañana en este país de piel de toro. Toro negro, toro proscrito.

Es el humo convertido en las tinieblas del futuro inexistente de un mundo socialista sin esperanza sin salida sin vida. 

Humo ¿de quién? ¿para quién? ¿para qué? 

¿Para que no distingamos las tinieblas del ocaso de la realidad que vivimos?


We want cigarettes? I don't know, my dear. Do you really?