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05 diciembre 2010

Caos aéreo y estado de alarma en un país a la deriva

Aeropùertos colapsados, viajeros desesperados
Llevamos meses, si no años, con el problema de los controladores aéreos en España. Según ellos, se trata de que el gobierno les quiere empeorar las condiciones laborales y que están saturados de trabajo, con muchas horas extraordinarias, mientras que ganan un pastón que los controladores aéreos de ningún país europeo ganan. Se trata de un estamento profesional privilegiado, que ha heredado sus prebendas de otros tiempos, y que no está dispuesto a adaptarse a los tiempos actuales.

Su contribución a la solución de la crisis es hacer perder cientos de millones de euros a todas las empresas y a los ciudadanos que o bien viven directa o indirectamente del transporte aéreo (como puede ser el turismo, el sector hotelero y todo tipo de personal relacionado con ambos) o bien se ven afectados por los efectos colaterales (pensemos en hombres de negocio, fletes aéreos de mercancías, etc.).

Además, el problema de las pérdidas y del caos de transporte aéreo no afecta sólo a España, sino a gran parte de Europa y el mundo entero, ya que España es un nudo importantísimo en el tráfico aéreo con América, de modo que al interrumpirse muchas conexiones vía España los efectos son de suma gravedad.

Caos e indignación: Un país a la deriva
Los controladores piensan que secuestrando a los ciudadanos en los aeropuertos nacionales e internacionales ejercen tal presión sobre el gobierno español que conseguirán todo lo que pretenden, ya que las pérdidas que causan a todo el mundo son mucho mayores a los beneficios personales que piensan obtener. Por añadidura, no son capaces de negociar sus reivindicaciones en tiempos normales, siempre esperan a épocas de vacaciones o minivacaciones como el puente de la Constitución y de la Inmaculada para que su huelga tenga el máximo impacto - una huelga salvaje y, por tanto, ilegal. Les da igual que muchos miles de ciudadanos pierdan sus pocos días de vacaciones o que otros se queden atrapados en aeropuertos no pudiendo asistir a reuniones, congresos o simplemente irse a casa.

Con sueldazos que rondan los 200.000 a 300.000 euros anuales, los controladores ganan el doble de sus colegas alemanes, lo que ya de por si es un dato alucinante. Sus condiciones de trabajo son de privilegio, y ellos cuentan con un empleo más que estable. La huelga salvaje no es otra cosa que una actitud egoísta para mejorar los privilegios que les parecen escasos. Les da igual lo que supone su huelga para la economía española, la imagen del país como destino comercial y turístico y la ciudadanía en general, bastante harta del caos en el que nos suman los trabajadores del transporte aéreo cada pocos meses.

La decisión del gobierno de declarar el estado de alarma, es decir, el estado de excepción, ha sido acertada y necesaria, pero es una muestra más de la imprevisión y la ineptitud del gobierno de Zapatero de resolver a tiempo los problemas de este país.

Rodríguez Zapatero brilla por su ausencia. Consciente de su incapacidad para gobernar, en momentos de crisis se esconde de los medios y deja que Rubalcaba se haga cargo de afrontar el embrollo.

Un gobierno dedicado a cuestiones ideológicas para dar la vuelta a la sociedad española en lugar de elaborar programas para salir de la crisis ya sólo sabe recurrir a medidas de excepción para mantener en cintura a un país en constante declive. La crisis no se resuelve manipulando estadísticas, sino poniéndose a trabajar con todos los estamentos y sectores industriales para dar con alternativas a su fracasada política económica y social.

¿Pronto una imagen habitual en España?
La situación creada este fin de semana por los controladores puede considerarse única en Europa. Desde tiempos del General Franco no ha habido estados de excepción, aunque éste sea uno muy particular que sólo afecta a los aeropuertos. Pero de seguir las cosas por este camino, pronto tendremos un estado de excepción en toda España, con revueltas sociales a causa del deterioro de la situación económica, con un país en quiebra técnica como consecuencia del despilfarro de los gobernantes y el riesgo de una salida del euro y una perspectiva económica más que sombría por lo que seguirá a una reforma monetaria de emergencia.

A Zapatero se le ha acabado ya su mandato. Sólo le queda huir del país si quiere salvar el pellejo, porque la ira de los desheredados puede ser imprevisible. Al final sólo nos quedará el Rey para actuar. Este caos ya se preveía en Alemania a principios de 2009, aunque de forma satírica, sólo que parece hacerse realidad un año más tarde. ¿No es curioso?

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Anexo:
El diario alemán Die Welt publica cada año durante los primeros días de enero un "resumen del año" nuevo haciendo conjeturas sobre las cosas que podrían ocurrir.

Con referencia a España, la sátira del resumen de 2009 publicada en Die Welt (capítulos 10 de 13) es la siguiente, y aunque en enero podía parecer una exageración, lo curioso es con qué claridad se ha descrito lo que podría ocurrir en nuestro país (y que lo digan en uno de los principales diarios alemanes es significativo, pues generalmente se presta poca atención a lo que ocurre en España) :


"El gestor de la crisis del año: Juan Carlos I de España. Este año, en el Mediterráneo no sólo hizo calor en verano. En octubre, la tasa de desempleo en España superó la marca del 20%, a las protestas violentas de las fábricas de SEAT cerradas por VW se añadieron enfrentamientos sangrientos entre jóvenes españoles, bolivianos y rumanos surgidos en Valencia y que se extendieron rápidamente hasta la capital española. Cuando el presidente del gobierno Zapatero se fue al exilio en Suiza, el Rey Juan Carlos asumió provisionalmente el gobierno. Nacionalizó los restos miserables del antaño tan fuerte sector financiero español y legalizó las ocupaciones de casas vacías que se habían generalizado en todo el país. Para el fin de año al menos volvió la calma a las calles, la democracia española ha sido salvada."