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01 julio 2008

Presidencia francesa de la UE

Hoy ha comenzado la presidencia francesa de la UE, con Sarkozy intentando dirigir los destinos de esa unión tan desunida en muchas cuestiones.

H
a dicho Sarko que durante estos meses Europa podría tener "políticas prácticas" "muy próximas a las preocupaciones diarias del hombre de la calle".

L
o que significa eso de la practicidad de la política europea del presidente francés y -por ahora- europeo ya lo hemos podido saber con motivo de la conversión del fracasado Tratado para una Constitución Europea en Tratado de Lisboa, pues Sarko es uno de los muchos políticos burócratas y oligárquicos de la UE que defienden la no implicación de los ciudadanos en las decisiones importantes de esta unión de 500 millones de habitantes y el saltarse sus opiniones a la torera con construcciones legales ajenas a la voluntad de "los hombres de la calle".

N
ota divertida del día es la dada por el presidente de la república de Polonia, uno de los gemelos patata que aún queda en el poder después de que los polacos desaprobaran a su hermanito echándole del cargo de primer ministro.

E
l presidente polaco, Lech Kaczynski, anunció que no firmará el tratado europeo de Lisboa al estimar que "no tiene sentido" tras el rechazo del texto por parte de los irlandeses, en declaraciones publicadas el martes.

"Por el momento, la cuestión del tratado no tiene sentido"
, aseguró el presidente conservador al periódico Dziennik, en una entrevista publicada en la edición en línea del diario.

"Es difícil decir cómo va a acabar ésto. Por el contrario, la afirmación de que no hay Unión si no hay tratado, no es seria"
, añadió Kaczynski, quien subrayó que ese mismo razonamiento ya fue utilizado tras el no francés y holandés a la Constitución en 2005.

"La UE ha funcionado, funciona y continuará funcionando", dijo Kaczynski, que agregó que "seguro que no es ideal, pero una estructura tan complicada no puede ser ideal".

E
l presidente polaco también advirtió a los otros dirigentes de la UE contra un aislamiento de Irlanda. "Si rompemos la regla de la unanimidad una vez, dejará de existir. Estamos muy debilitados como para aceptar una solución de este tipo".

P
arece paradógico que sea precisamente Lech Kaczynski quien rechaza ratificar un texto que él mismo negoció junto a su hermano gemelo, Jaroslaw Kaczynski, entonces primer ministro y actualmente líder del principal partido de la oposición polaca. Pero hay que tener en cuenta una cosa: Deberían ser los ciudadanos los que mandan, y si ahora Kaczynski modifica su postura oponiéndose a firmar el tratado, parece que respeta más los deseos de los ciudadanos irlandeses que no son otros que los presumibles deseos de los ciudadanos europeos en general y que no aprueban ser obviados en las grandes decisiones queriendo participar en ellas. Porque no cabe duda de si se celebraran más plebiscitos sobre la cuestión, otro gallo cantaría.

Sarkozy se siente muy bien en su nuevo papel de alto mandatario y quiere imponer las cosas que él considera que son prácticas. Como dice acertadamente Kaczynski, la UE existirá de todas formas y podrá vivir con otros tratados que éste de Lisboa. Lo que habrá que hacer es pensar en un tratado distinto, más escueto, comprensible y aceptable para los ciudadanos europeos. Más democracia directa adaptada a las necesidades y los deseos de los ciudadanos y menos imposición y burocracia.

Con cada cambio de la presidencia, no faltan los "buenos" propósitos de los presidentes de turno, sólo que hasta ahora prácticamente ninguno ha conseguido llevar a buen término esas grandes decisiones que había que tomar. Algo falla en esa Unión Europea, pero el principal fallo está en los mismos políticos que no aciertan al diseñar la estructura de algo que precisa de más principios y buena voluntad y menos burocracia. Quizás a la UE le pasa lo mismo que al PP en España: Prevalecen las ansias de poder y poltronas vitalicias sobre la idea de Europa. El europeísmo no existe - o se limita a cuestiones puramente económicas y burocráticas. El obstáculo somos los ciudadanos, así que hay que preguntarse: ¿Para quién y para qué se construye esta Unión Europea cada vez más extensa e inabarcable? ¿Para lo que quieren Sarkozy, Merkel y otros altos mandatarios en nombre de los ciudadanos o para lo que queremos los ciudadanos?

19 junio 2008

El NO de Irlanda al Tratado de Lisboa

Menos de la mitad de los irlandeses con derecho de voto acudieron a las urnas. El NO ha prevalecido con un 53,43% de los votos y el Gobierno se enfrenta a lo inevitable. El Tratado de Lisboa ha sido ya ratificado en 18 países miembro y continúan las discusiones sobre qué hacer tras este contratiempo.

La decisión de 1,5 millones de ciudadanos irlandeses parece tener consecuencias importantes para 500 millones de europeos. Es curioso que este resultado es tachado ahora de poco democrático porque un país pequeño bloquea un tratado que debe valer para 500 millones. La demagogia de los políticos de la oligocracia europea no parece tener límites. Hablan como si los 500 millones de habitantes desean este tratado, cuando en realidad no han sido preguntados.

Es más. El Tratado de Lisboa es esencialmente el mismo tratado que iba a sentar las bases de la Constitución Europea, sobre la que tampoco se dejó decidir al pueblo, sino sólo sobre un tratado previo regulador de esa constitución, y para colmo fueron sólo unos pocos estados miembro que convocaron referenda sobre el tratado, con el resultado conocido de Francia y Países Bajos.

Estos días se ha podido leer y escuchar que en el NO de Irlanda se trata de un NO a Europa. Esto es demagogia barata de la peor. Los irlandeses forman parte de la UE desde 1972, por lo que se les puede considerar casi un país fundador de la Unión, pues pertenecen a los primeros países adheridos con posterioridad a la fundación de la entonces CEE. Devaluar el voto irlandés calificándolo como un rechazo a Europa y una falta de agradecimiento por los elevados beneficios de su pertenencia a la Unión es tergiversar la realidad y mensopreciar a los ciudadanos europeos. Estoy seguro de que -si se celebraran más referenda sobre el Tratado de Lisboa- los Noes serían muchos más, pues la construcción europea se hace al margen de la voluntad y los deseos de los europeos.

Bruselas se ha convertido en una oligocracia que se parece cada vez más a una dictadura encubierta en la que mandan personajes como Javier Solana que parecen tener sus cargos a título vitalicio y cuyo nombramiento no responde tampoco a la composición del Parlamento Europeo, que actualmente tiene una mayoría conservadora-liberal de centro derecha.

Es precisamente el Parlamento Europeo que debería jugar un papel relevante en las decisiones de la Unión Europea, pero en realidad no tiene ninguna importancia relevante. Se parece más bien al Senado español y se dedica más a ratificar lo que han decidido en la Comisión que a elaborar la legislación europea desde las bases.

El NO irlandés se debe entender más bien como un NO a esa oligocracia, esa dictadura encubierta de la Comisión Europea y al tejemaneje de altos cargos con nombres cada vez más rimbombantes. El NO irlandés se debe entender como una apuesta por la participación popular en las decisiones que afectan a toda la Unión.

Uno de los argumentos de la oligocracia de burócratas en su torre de marfil es que si se sometieran las decisiones importantes a los pueblos europeos, no sería posible avanzar con la construcción europea, pues cada No supone un revés. Pero digo yo que someter a referendum los tratados de relevancia obligaría a los políticos a redactarlos de forma que respondan a los deseos de los europeos y no a los deseos de crear cada vez más privilegios y cargos aparentemente vitalicios ajenos a la voluntad pòpular y la composición del Parlamento Europeo.

En lugar de ser cada vez más democrática en su funcionamiento, la Unión Europea se parece cada vez más a un sistema feudal en el que se reparten los privilegios y los ingresos según el poder que cada grupo ejerce en esta Unión. Mientras se reparten los privilegios en Bruselas, se deja que los pueblos dediquen sus energías a discusiones lingüísticas, separatistas sobre campeonatos deportivos y eventos similares en lugar de prestar atención a lo que se cuece en Europa.

El NO de Irlanda debe ser una lección para que los pólíticos reflexionen sobre su manera de hacer las cosas al margen del pueblo. Decir ahora que Irlanda se debe ir si no quiere dar el Sí al tratado es, cuanto menos, una insolencia. Lo que toca ahora es rehacer el tratado y limitarlo a cuestiones fundamentales. Por mi parte, estoy con Irlanda. El No al Tratado de Lisboa es un No a la oligocracia europea.